Noticias de la CESM

La Confederación Española de Sociedades Musicales abre hoy las inscripciones gratuitas para el encuentro que reunirá en Albacete, los días 16, 17 y 18 de octubre de 2026, a sociedades musicales, federaciones, músicos, directores, docentes, gestores, investigadores, instituciones y profesionales vinculados al movimiento bandístico.

Hoy comienza la cuenta atrás de verdad.

La Confederación Española de Sociedades Musicales (CESM) abre oficialmente las inscripciones para el I Congreso Nacional de la CESM, que convertirá Albacete, los días 16, 17 y 18 de octubre de 2026, en un gran punto de encuentro para las sociedades musicales españolas.

Tres días para encontrarnos.

Para escucharnos.

Para compartir lo que hacemos bien, pero también para hablar de aquello que nos preocupa.

Para conocer otras realidades.

Para aprender de quienes afrontan problemas similares a los nuestros.

Y, especialmente, para empezar a construir juntos respuestas ante algunos de los grandes retos que determinarán el futuro de nuestras sociedades musicales.

Porque este Congreso nace con una idea muy clara:

El futuro de las sociedades musicales no puede construirse sin las sociedades musicales.

Por eso queremos que Albacete reúna a las personas que hacen posible este movimiento cada día.

Y desde hoy hay una razón menos para no estar:

La inscripción es totalmente gratuita

Enlace de inscripción: https://coessm.org/i-congreso-nacional-de-la-cesm/

El I Congreso Nacional de la CESM abre oficialmente sus inscripciones con el objetivo de facilitar la participación de representantes y miembros de sociedades musicales procedentes de diferentes puntos de España.

Queremos que participen presidentes y miembros de juntas directivas.

Músicos y directores.

Profesorado y responsables de escuelas de música.

Gestores culturales.

Investigadores.

Representantes de federaciones.

Profesionales relacionados con nuestro sector.

Personas que llevan décadas trabajando por sus sociedades musicales y jóvenes que empiezan ahora a asumir responsabilidades.

Porque cuanto mayor sea la diversidad de experiencias reunidas en Albacete, mayor será el valor de lo que podamos construir entre todos.


¿Por qué necesitamos un Congreso Nacional?

Las sociedades musicales forman parte de la historia cultural de España desde hace generaciones.

Pero hablar de ellas únicamente desde la tradición sería quedarse muy lejos de su verdadera dimensión.

Detrás de cada banda existen personas, familias, escuelas de música, archivos, patrimonio, voluntariado, formación, proyectos culturales y cientos de horas de trabajo que permiten que estas instituciones continúen formando parte de la vida de nuestros pueblos y ciudades.

Son espacios de aprendizaje y convivencia intergeneracional. Son lugares donde se aprende música, pero también responsabilidad, compromiso, cooperación y pertenencia a una comunidad.

Y ese enorme patrimonio vivo afronta hoy nuevos desafíos.

La sostenibilidad económica de las entidades, las nuevas obligaciones administrativas, la modernización de la gestión, la transformación digital, la conservación del patrimonio documental, el relevo generacional o la realidad de las sociedades musicales del medio rural son algunas de las cuestiones que están condicionando su presente y su futuro.

Ninguna sociedad musical debería tener que afrontar todos estos retos sola.

Necesitamos compartir conocimiento.

Y necesitamos espacios para hacerlo.


Tres días para hablar de lo que realmente importa a nuestras sociedades musicales

El Congreso pretende alejarse de la idea de un encuentro en el que unos pocos hablan y el resto simplemente escucha.

Queremos generar conversación.

Contrastar experiencias.

Conocer soluciones que ya están funcionando en otros territorios.

Y poner encima de la mesa preguntas que muchas juntas directivas se hacen actualmente.

¿Cómo garantizamos la sostenibilidad de nuestras sociedades musicales?

¿Cómo podemos mejorar su gestión?

¿Cómo afrontamos las nuevas obligaciones administrativas y fiscales?

¿Cómo protegemos archivos musicales construidos durante décadas o incluso siglos?

¿Cómo fortalecemos nuestras escuelas de música?

¿Cómo incorporamos a las nuevas generaciones?

¿Cómo utilizamos correctamente las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial?

¿Cómo reforzamos el papel de las bandas en los municipios rurales?

¿Cómo conseguimos un mayor reconocimiento institucional del trabajo desarrollado por nuestras entidades?

El Congreso ha sido concebido precisamente para abordar cuestiones como la gestión, la financiación, el patrimonio, la educación musical, la transformación tecnológica, la inteligencia artificial, el liderazgo asociativo y el relevo generacional. BORRADOR – de trabajo CONGRESO …


Una sociedad musical puede enseñar mucho a otra

Esta puede ser una de las grandes oportunidades de Albacete.

Porque probablemente muchos de los problemas que hoy preocupan a una junta directiva ya hayan sido afrontados por otra sociedad musical en algún lugar de España.

Y probablemente también existan proyectos extraordinarios desarrollándose en pequeñas localidades que todavía son desconocidos fuera de su territorio.

Ahí reside una de las mayores fortalezas de nuestro movimiento.

Tenemos muchísimo conocimiento repartido por toda España.

Tenemos sociedades centenarias y otras de reciente creación.

Entidades de grandes ciudades y bandas de pequeños municipios.

Escuelas con cientos de alumnos y pequeños proyectos educativos que realizan un esfuerzo extraordinario para continuar abiertos.

Juntas directivas profesionalizadas y asociaciones sostenidas fundamentalmente gracias al voluntariado.

Realidades diferentes, pero muchas necesidades compartidas.

El Congreso quiere favorecer precisamente el intercambio de experiencias entre sociedades musicales y la cooperación entre las federaciones autonómicas, creando nuevas conexiones que puedan continuar mucho después de abandonar Albacete.


Patrimonio: proteger lo que generaciones anteriores nos confiaron

Muchas sociedades musicales conservan auténticos tesoros.

Partituras manuscritas.

Composiciones originales.

Fotografías.

Programas históricos.

Instrumentos.

Grabaciones.

Documentos administrativos.

Archivos construidos durante décadas.

En algunos casos, durante más de un siglo.

Ese patrimonio cuenta no solamente la historia de una banda, sino también una parte de la historia cultural de su municipio.

Su conservación, catalogación y digitalización constituye, por tanto, uno de los grandes desafíos del movimiento bandístico.

El Congreso quiere contribuir también a poner en valor ese legado y favorecer el intercambio de experiencias relacionadas con la protección y difusión del patrimonio musical.

Porque avanzar hacia el futuro también significa saber proteger de dónde venimos.


Educación musical: donde empieza prácticamente todo

Antes de una banda adulta suele existir una escuela.

Antes de un músico existe un alumno.

Y antes de ese alumno, muchas veces, existe un profesor capaz de despertar una vocación.

Las escuelas de música constituyen uno de los pilares fundamentales de nuestras sociedades musicales.

En ellas se forman futuras generaciones de músicos, pero también se crean espacios de convivencia, se acerca la cultura a las familias y se garantiza que la música continúe formando parte de nuestros municipios.

Su sostenibilidad, su evolución y su capacidad para adaptarse a las nuevas realidades educativas serán también cuestiones presentes en este gran espacio de reflexión nacional.

Hablar del futuro de las bandas es necesariamente hablar del futuro de sus escuelas.


Innovación y nuevas tecnologías: mirar hacia delante sin olvidar quiénes somos

Las sociedades musicales han sobrevivido durante generaciones porque han sabido evolucionar.

Ahora estamos ante otra de esas transformaciones.

La digitalización, las nuevas herramientas de gestión y la inteligencia artificial están modificando nuestra forma de trabajar, comunicarnos, organizar documentación y desarrollar proyectos.

El reto no consiste simplemente en incorporar tecnología.

Consiste en aprender a utilizarla para hacer más fuertes nuestras organizaciones.

El Congreso abordará estas posibilidades desde una perspectiva directamente relacionada con la realidad de las sociedades musicales, contemplando cuestiones como la gestión, la comunicación, la organización documental, la digitalización y la inteligencia artificial.

Tradición e innovación no tienen por qué caminar en direcciones opuestas.

Precisamente nuestra historia demuestra lo contrario.


El relevo generacional no puede esperar

Hay otra conversación que debemos afrontar.

¿Quién gestionará nuestras sociedades musicales dentro de diez o veinte años?

¿Quién ocupará las juntas directivas?

¿Quién continuará organizando actividades, buscando financiación, coordinando escuelas y defendiendo nuestros proyectos ante las instituciones?

El relevo generacional no afecta solamente a los atriles.

También afecta a la gestión.

Necesitamos que las nuevas generaciones encuentren motivos para participar, asumir responsabilidades y sentirse parte de estas instituciones.

Por eso, entre los objetivos estratégicos del Congreso se encuentra favorecer la participación juvenil, la incorporación de jóvenes a la gestión asociativa, la formación y el fortalecimiento del voluntariado.

Porque garantizar el futuro de una banda significa garantizar también quién estará dispuesto a cuidarla.


Las bandas del medio rural también tienen mucho que decir

En muchos pequeños municipios españoles, una sociedad musical es muchísimo más que una agrupación artística.

Puede ser una de las principales instituciones culturales estables de la localidad.

Una escuela.

Un lugar de encuentro entre generaciones.

Una oportunidad para que niños y jóvenes accedan a formación musical sin abandonar su municipio.

Un elemento de identidad colectiva.

Y también una herramienta extraordinaria contra el aislamiento cultural y la despoblación.

El Congreso dedicará atención a esta realidad y al papel de las sociedades musicales como agentes de cohesión, participación y dinamización cultural en los territorios rurales.

Porque el futuro del movimiento bandístico español también se escribe desde nuestros pueblos.


De Córdoba a Albacete: el siguiente paso

El I Congreso Nacional no nace de cero.

Supone continuar un camino que la CESM inició con el I Congreso Internacional celebrado en Córdoba.

Aquel encuentro permitió reunir a representantes institucionales, investigadores, profesionales de la música y responsables federativos para reflexionar sobre el movimiento bandístico y sobre la necesidad de avanzar en su reconocimiento y fortalecimiento.

Albacete representa ahora un nuevo paso.

El objetivo es continuar aquella reflexión, pero avanzar hacia la generación de propuestas, cooperación y nuevas líneas de trabajo.

Queremos que cada encuentro deje algo detrás.

Que las conversaciones no terminen cuando finalice el Congreso.

Y que aquello que se comparta durante estos tres días pueda convertirse en conocimiento útil para nuestras federaciones y sociedades musicales.


🎁 Los primeros inscritos tendrán algo especial

Esta será la primera edición del Congreso Nacional de la CESM.

Y queremos que quienes decidan formar parte de ella desde el primer momento tengan también un recuerdo especial.

Por eso, los primeros congresistas que formalicen su inscripción recibirán la bolsa oficial del congresista, con materiales preparados especialmente para esta primera edición.

Además, a estos primeros inscritos se les podrá asegurar la asistencia al concierto del sábado a las 20:00 horas y del concierto del domingo a las 12:oo horas.

Para el resto de participantes, debido a las limitaciones de aforo, no podrá garantizarse la asistencia a dicho concierto.

Así que si tienes claro que quieres estar en Albacete…

no dejes tu inscripción para el último momento.


🎺 Este octubre, nos encontramos en Albacete

📍 Albacete
📅 16, 17 y 18 de octubre de 2026
🎟️ Inscripción totalmente gratuita
🎁 Bolsa oficial del congresista para los primeros inscritos
🎶 Asistencia al concierto del sábado a las 20:00 h. y del domingo a las 12:00 h. asegurada para los primeros inscritos

Las inscripciones están oficialmente abiertas.

Enlace de inscripción: https://coessm.org/i-congreso-nacional-de-la-cesm/

A las sociedades musicales de España, a sus juntas directivas, músicos, directores, docentes, escuelas, federaciones y a todas las personas que dedican parte de su vida a mantener vivo este extraordinario movimiento:

Albacete os espera.

Porque podemos hablar muchas veces sobre el futuro de nuestras sociedades musicales.

Pero llega un momento en el que tenemos que sentarnos juntos para empezar a construirlo.

Nos vemos en el I Congreso Nacional de la CESM.

Ante las informaciones aparecidas durante los últimos días relativas a la aplicación de un nuevo modelo para la gestión de los derechos de autor derivados de la interpretación de repertorio musical en procesiones, la Confederación Española de Sociedades Musicales (CESM) informa a sus federaciones miembro, a las sociedades musicales y al conjunto del sector de las actuaciones que ha comenzado a desarrollar.

CESM, como entidad que representa a las federaciones de sociedades musicales de España, considera imprescindible que las sociedades musicales estén representadas en cualquier proceso de diálogo o negociación cuyas decisiones puedan afectar directa o indirectamente a su actividad, a sus condiciones de contratación o a la sostenibilidad económica de sus actuaciones.

Por este motivo, CESM ha solicitado formalmente reuniones institucionales con SGAE y MUSAPRO, con el objetivo de conocer con precisión el alcance del modelo planteado, trasladar las inquietudes del sector y reclamar la participación efectiva de las sociedades musicales en el diálogo que se está produciendo.

La Confederación quiere dejar igualmente clara su posición respecto a los derechos de autor. CESM reconoce y defiende el derecho de los compositores a percibir las cantidades que legalmente les correspondan por la utilización de sus obras. La protección de la creación musical y la defensa de las sociedades musicales no son intereses contrapuestos. Autores, músicos y sociedades musicales forman parte de un mismo ecosistema cultural que debe ser protegido en su conjunto.

Sin embargo, CESM considera necesario analizar con rigor las consecuencias del modelo anunciado, especialmente cuando se plantea utilizar el presupuesto destinado al acompañamiento musical como referencia para determinar las cantidades correspondientes a derechos de autor.

Entre las cuestiones que la Confederación considera necesario abordar se encuentran la proporcionalidad y la base de cálculo de las tarifas, la gestión y comunicación de los repertorios, el tratamiento de las obras protegidas y de dominio público, los mecanismos de distribución de los derechos recaudados y, especialmente, las garantías necesarias para evitar que los nuevos costes que puedan corresponder a las entidades organizadoras terminen repercutiendo directa o indirectamente sobre la remuneración de las sociedades musicales.

Paralelamente, CESM comenzará a trabajar con sus federaciones miembro en el desarrollo de herramientas comunes de protección para las sociedades musicales, entre ellas el estudio de un modelo contractual común de ámbito nacional que delimite claramente las obligaciones y responsabilidades de cada una de las partes en la contratación de actuaciones musicales.

Este modelo contractual tendrá como uno de sus objetivos establecer con claridad la separación entre la remuneración correspondiente a la prestación realizada por la sociedad musical y aquellos derechos, licencias, tasas u obligaciones que legalmente correspondan a la entidad organizadora del acto, evitando que puedan repercutirse indebidamente sobre las condiciones económicas pactadas con las formaciones.

CESM considera, además, que la situación actual pone de manifiesto una cuestión que trasciende el debate concreto sobre los derechos de autor: la necesidad de reforzar la representación y la unidad de las sociedades musicales ante aquellas decisiones que afectan al conjunto del sector.

Las sociedades musicales son quienes ensayan, interpretan y mantienen vivo buena parte del patrimonio musical de nuestro país. Su participación no puede limitarse a ejecutar las obras una vez adoptadas las decisiones que afectan al marco en el que desarrollan su actividad.

Por ello, la Confederación defenderá la creación de un espacio de diálogo en el que estén adecuadamente representados autores, entidades de gestión, entidades organizadoras y sociedades musicales.

El presidente de CESM, Félix Ruiz González, ha señalado:

«Defendemos que los compositores perciban los derechos que legalmente les correspondan. Pero defendemos con la misma firmeza que ningún modelo que pueda afectar a las sociedades musicales se construya sin contar con las sociedades musicales. No queremos confrontación; queremos diálogo, transparencia y soluciones equilibradas para todas las partes».

CESM mantendrá informadas a sus federaciones miembro de la evolución de las reuniones y coordinará con ellas las actuaciones que resulten necesarias.

La Confederación Española de Sociedades Musicales asume así la defensa y representación de sus entidades ante esta cuestión y trabajará para que cualquier solución que finalmente se adopte respete tanto los legítimos derechos de los creadores como la sostenibilidad, la autonomía y las condiciones de contratación de las sociedades musicales.

Confederación Española de Sociedades Musicales (CESM)

El relevo generacional se ha convertido en uno de los grandes desafíos de las sociedades musicales españolas. Mientras en numerosos municipios pequeños la banda continúa siendo un poderoso espacio de encuentro para niños y jóvenes, en poblaciones mayores y especialmente en los entornos metropolitanos compite con una oferta de ocio enorme y con una generación que crece entre pantallas, redes sociales, videojuegos y estímulos constantes. La cuestión no es únicamente cómo conseguir nuevos músicos. Es mucho más importante: ¿cómo conseguimos que quieran formar parte de una Sociedad Musical?

Hay una escena que continúa repitiéndose en muchos pueblos de España.

Un niño entra por primera vez en la escuela de música. Quizá porque toca su hermano. Porque su padre fue músico. Porque una amiga está aprendiendo clarinete. Porque vio pasar a la banda durante las fiestas. O, sencillamente, porque en su pueblo entrar en la banda sigue siendo una de esas cosas que forman parte de la vida del municipio.

Empieza lenguaje musical.

Después llega el instrumento.

Más tarde, la banda infantil o juvenil.

Y un día ocupa una silla en la banda.

Parece un proceso natural.

Pero cada vez lo es menos.

Desde la Confederación Española de Sociedades Musicales observamos una realidad sobre la que merece la pena detenerse: el relevo generacional no se está produciendo de la misma manera en todos los territorios ni en todos los contextos sociales.

Hay municipios pequeños, especialmente en zonas rurales y del interior, donde las sociedades musicales mantienen una extraordinaria capacidad de atracción entre niños y jóvenes.

Y existen otros contextos, principalmente municipios grandes, ciudades y áreas próximas a grandes núcleos urbanos, donde captar y, sobre todo, mantener a las nuevas generaciones resulta cada vez más complicado.

No significa que los jóvenes hayan dejado de querer la música.

Significa que el mundo alrededor de nuestros jóvenes ha cambiado.

Y nuestras sociedades musicales necesitan comprender ese cambio.

Donde la banda sigue siendo parte del pueblo

En muchas pequeñas localidades españolas, una Sociedad Musical no es simplemente una asociación cultural.

Es parte de la estructura social del municipio.

La banda participa en las fiestas, acompaña celebraciones, protagoniza conciertos, forma músicos, reúne generaciones y ocupa un lugar reconocible dentro de la comunidad.

El niño no descubre únicamente un instrumento.

Descubre un grupo al que puede pertenecer.

Y esto es mucho más importante de lo que parece.

Una investigación publicada en 2023 sobre el papel de las bandas de música en la educación musical rural analizó el caso de la Agrupación Musical La Lira de Valverde, en Valverde de Júcar (Cuenca). Uno de sus resultados resulta especialmente significativo: el 43% de las personas encuestadas afirmó que no habría podido acceder a la educación musical si no hubiera existido la banda de música de su localidad.

La cifra dice muchísimo.

Porque detrás de ese porcentaje hay una realidad que las sociedades musicales españolas conocen desde hace generaciones: allí donde existe una Sociedad Musical, existe una puerta de acceso a la cultura.

Y, muchas veces, esa puerta está a unos minutos andando de casa.

La investigación internacional sobre educación musical rural apunta además hacia otro elemento fundamental: la relación entre música y comunidad. Diferentes trabajos han encontrado que la implicación comunitaria, las relaciones personales, el apoyo familiar y el sentimiento de pertenencia desempeñan un papel importante en la participación y continuidad musical de los jóvenes.

En una pequeña localidad, además, la banda es visible.

Se escucha.

Se conoce a sus músicos.

Los niños saben quién toca la trompeta, quién lleva el bombo o quién dirige.

Muchas veces existe una relación familiar, vecinal o emocional con ella.

La Sociedad Musical no tiene que explicar constantemente quién es. El pueblo ya lo sabe.

Y ahí existe una enorme ventaja.

Pero cambia el código postal y cambia también la competencia

Traslademos ahora esa misma escena a una población de decenas de miles de habitantes situada junto a una capital.

El panorama puede ser completamente diferente.

Fútbol.

Baloncesto.

Danza.

Idiomas.

Robótica.

Gimnasio.

Artes marciales.

Academias.

Videojuegos.

Creación de contenido.

Redes sociales.

Plataformas audiovisuales.

Planes de ocio.

Centros comerciales.

Y una oferta prácticamente ilimitada a pocos kilómetros.

La escuela de música ya no compite únicamente con otra actividad extraescolar.

Compite por algo muchísimo más escaso: el tiempo y la atención de un niño.

Y también por el tiempo de su familia.

Esto obliga a hacerse una pregunta incómoda pero necesaria:

¿Podemos pretender captar a un niño de 2026 utilizando exactamente los mismos argumentos con los que captábamos a uno hace veinte o treinta años?

Probablemente no.

Hay un nuevo competidor que cabe en un bolsillo

Existe además otro elemento que ninguna estrategia de relevo generacional puede ignorar.

La pantalla.

Los datos son contundentes.

El estudio Infancia, adolescencia y bienestar digital, elaborado por UNICEF España junto a Red.es, la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Colegios de Ingeniería Informática, ha contado con la participación de casi 100.000 niños, niñas y adolescentes españoles.

A los 10 años, el 41% ya dispone de teléfono móvil propio.

A los 12 años, el porcentaje alcanza el 76%.

En Educación Secundaria Obligatoria, el 92,8% tiene su propio teléfono.

Y el 92,5% de los adolescentes participa al menos en una red social, mientras que el 75,8% está presente en tres o más.

No se trata de demonizar la tecnología.

Sería un error.

La tecnología ofrece extraordinarias posibilidades educativas, creativas y sociales. El propio estudio destaca esas oportunidades.

Pero existe una consecuencia evidente para cualquier organización que quiera atraer a las nuevas generaciones:

estamos intentando captar la atención de niños y adolescentes que viven dentro del ecosistema de estímulos más intenso que haya existido nunca.

Una clase de instrumento de una hora ya no compite únicamente con el fútbol del martes.

Compite con todo lo que ocurre dentro de un teléfono las veinticuatro horas del día.

Entonces, ¿está perdiendo atractivo tocar en una banda?

No necesariamente.

Y esta puede ser la parte más importante de todo este debate.

Porque quizá llevamos demasiado tiempo preguntándonos:

«¿Cómo conseguimos que los jóvenes estudien música?»

cuando deberíamos empezar a preguntarnos:

«¿Qué encuentran los jóvenes cuando llegan a nuestra Sociedad Musical?»

La diferencia es enorme.

Aprender música requiere esfuerzo.

Tocar un instrumento exige repetición.

Hay que ensayar.

Hay que equivocarse.

Hay que volver a intentarlo.

Los resultados no llegan deslizando un dedo sobre una pantalla.

Precisamente por eso, una Sociedad Musical puede ofrecer hoy algo extraordinariamente valioso.

Un lugar donde suceden cosas reales.

Personas reales.

Amistades reales.

Objetivos compartidos.

Responsabilidades.

Escenarios.

Viajes.

Conciertos.

Emociones.

Una camiseta, un uniforme o un atril que significan: yo pertenezco a este grupo.

La investigación sobre educación musical comunitaria está encontrando precisamente ese valor. Un estudio publicado en 2026 sobre jóvenes participantes en programas comunitarios de educación musical señala el sentimiento de pertenencia como un elemento central para su asistencia, implicación y continuidad. Los participantes describían ambientes similares a una familia, conexiones personales, inclusión, sensación de logro y propósito.

Otra investigación sobre adolescentes participantes en una escuela de música encontró igualmente el desarrollo de un fuerte sentimiento de pertenencia relacionado con los vínculos afectivos creados dentro de la organización, además de beneficios psicosociales y académicos.

Por tanto, quizá nuestro principal producto nunca fue enseñar solfeo.

Nuestro verdadero valor es hacer comunidad a través de la música.

El gran reto no es captar. Es conseguir que quieran quedarse

Podemos llenar una jornada de puertas abiertas.

Podemos conseguir veinte matrículas nuevas.

Podemos visitar colegios.

Podemos prestar instrumentos.

Todo eso es necesario.

Pero el verdadero relevo generacional no sucede cuando un niño se matricula.

Sucede cuando, años después, sigue ahí.

Cuando pasa de la escuela a la agrupación juvenil.

De la agrupación juvenil a la banda.

Cuando cumple 16 años y sigue queriendo ensayar.

Cuando empieza Bachillerato y busca la manera de compatibilizarlo.

Cuando se marcha a estudiar fuera y continúa sintiendo que aquella sigue siendo su Sociedad Musical.

Y cuando, años después, vuelve.

Ese es el ciclo que debemos proteger.

No podemos pedir pertenencia sin dar protagonismo

Aquí las sociedades musicales tenemos también deberes.

No podemos pedir a las nuevas generaciones que quieran nuestras instituciones si nunca les permitimos sentirlas como propias.

El relevo generacional no consiste solamente en sustituir músicos mayores por músicos jóvenes en los atriles.

Significa incorporar nuevas miradas.

Escuchar.

Permitir participar.

Crear espacios para ellos.

Entender sus códigos.

Dar responsabilidades.

Modernizar la comunicación.

Revisar formatos de conciertos.

Utilizar la tecnología como aliada.

Crear proyectos juveniles.

Hacer visible todo lo que ocurre detrás de la banda.

Y, sobre todo, conseguir que un adolescente no piense:

«Voy a ensayo porque tengo que ir».

Sino:

«Voy porque allí está mi gente».

Cuando conseguimos eso, cambia todo.

Las sociedades musicales también tienen que competir por ser atractivas

Durante décadas, muchas bandas tuvieron una posición prácticamente natural dentro de sus municipios.

Hoy esa posición debe trabajarse.

Especialmente en los núcleos urbanos y metropolitanos.

No basta con esperar que las familias llamen a nuestra puerta.

Tenemos que salir a buscarlas.

Estar en los colegios.

Estar en los institutos.

Estar en las calles.

Estar en las redes.

Contar nuestras historias.

Enseñar nuestros ensayos.

Mostrar a nuestros jóvenes.

Convertir un concierto en una experiencia.

Crear proyectos en los que puedan participar personas que todavía no saben tocar.

Facilitar el acceso a instrumentos.

Reducir las barreras económicas cuando existan.

Colaborar con administraciones, centros educativos y otras asociaciones.

Y explicar muchísimo mejor algo que nosotros sabemos perfectamente, pero quizá fuera de nuestras paredes no resulta tan evidente:

entrar en una Sociedad Musical no significa únicamente aprender música.

Significa entrar en una comunidad.

Quizá los pueblos pequeños nos están enseñando algo

Es posible que parte de la respuesta al futuro esté precisamente en aquello que lleva décadas funcionando.

Los pueblos pequeños conservan algo enormemente poderoso: proximidad.

El músico veterano conoce al niño que empieza.

Las familias se encuentran.

El concierto es un acontecimiento colectivo.

La banda participa en la vida cotidiana.

Existe continuidad entre escuela, agrupación y comunidad.

Investigaciones sobre programas musicales rurales han señalado precisamente la importancia de la implicación comunitaria, la visibilidad, las relaciones personales y el apoyo social para construir programas musicales sólidos.

No se trata de convertir una ciudad en un pueblo.

Se trata de recuperar esa sensación dentro de nuestras entidades.

Crear pequeñas comunidades dentro de poblaciones enormes.

Ese puede ser uno de los grandes caminos.

El relevo generacional empieza mucho antes del primer ensayo

Desde la CESM creemos que este debate debe ocupar un lugar prioritario durante los próximos años.

Porque hablamos de algo que afecta directamente a la supervivencia del movimiento asociativo musical español.

Necesitamos conocer mejor nuestros datos.

Cuántos alumnos entran.

A qué edades.

Cuántos abandonan.

Cuándo abandonan.

Por qué.

Qué ocurre en municipios rurales.

Qué sucede en ciudades.

Qué modelos están funcionando.

Qué sociedades musicales consiguen retener a sus jóvenes y qué podemos aprender de ellas.

Necesitamos escuchar también a quienes se marcharon.

Puede que sus respuestas sean incluso más importantes que las de quienes continúan.

Y necesitamos comprender algo esencial:

los jóvenes no tienen que adaptarse a las sociedades musicales que nosotros heredamos. También nosotros tenemos la responsabilidad de construir sociedades musicales en las que ellos quieran estar.

Porque una banda puede tener 100 años y seguir teniendo 15

Esa es probablemente una de las mayores maravillas de nuestro movimiento.

Una Sociedad Musical puede haber nacido en 1850 y tener hoy músicos que nacieron en 2012.

Dos siglos separados por un atril.

Una partitura compartida por un músico de 70 años y otro de 14.

Una misma institución atravesando generaciones sin dejar de sonar.

Eso no ocurre por casualidad.

Ocurre porque durante décadas alguien enseñó a otro.

Alguien prestó un instrumento.

Alguien abrió una escuela.

Alguien llevó a un niño a un ensayo.

Alguien consiguió que aquel niño sintiera que aquella banda también era suya.

Ahora nos toca a nosotros.

El relevo generacional no consiste únicamente en preguntarnos quién tocará mañana.

La pregunta verdaderamente importante es otra:

¿Qué Sociedad Musical tenemos que construir hoy para que las nuevas generaciones quieran formar parte de ella mañana?

Desde la Confederación Española de Sociedades Musicales creemos que responderla será una de las tareas más importantes para garantizar el futuro de nuestro movimiento.

Porque podemos conservar archivos, instrumentos, partituras, locales y más de un siglo de historia.

Pero existe un patrimonio que solo puede conservarse de una manera:

transmitiéndolo.

Y para que una tradición siga viva no basta con tener pasado.

Necesita jóvenes que quieran convertirla en su futuro.

La Confederación Española de Sociedades Musicales (CESM) ha presentado ante el Ministerio de Cultura la solicitud formal para la incoación del expediente de declaración de las sociedades musicales de España como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial (MRPCI).

La presentación de esta solicitud se produce tras su aprobación por unanimidad en la Asamblea General Extraordinaria de la CESM celebrada el pasado 21 de junio, con el respaldo de todas las federaciones miembro de la Confederación. Un apoyo unánime que expresa la voluntad conjunta del movimiento de las sociedades musicales de España de avanzar hacia el reconocimiento, la protección y la salvaguarda de un patrimonio cultural construido y transmitido durante generaciones.

Se trata de un paso de enorme trascendencia para el movimiento asociativo musical español y del inicio de un proceso que aspira a reconocer, proteger y proyectar una realidad cultural construida durante generaciones en cientos de municipios de nuestro país.

No se ha presentado únicamente un escrito administrativo. Se ha dado un paso para que España reconozca oficialmente una parte esencial de su patrimonio colectivo.

Las sociedades musicales constituyen mucho más que estructuras dedicadas a la práctica y enseñanza de la música. Son espacios de transmisión cultural entre generaciones, escuelas de convivencia y participación, lugares de encuentro, estructuras de cooperación ciudadana y depositarias de repertorios, archivos, instrumentos, tradiciones, conocimientos, celebraciones y formas de organización comunitaria que han acompañado la historia de numerosos pueblos y ciudades.

Durante generaciones han conseguido que la música pase de padres a hijos, que miles de personas encuentren un espacio de pertenencia y que comunidades enteras construyan alrededor de ellas una parte de su identidad.

Su patrimonio no reside únicamente en aquello que conservan, sino también en lo que hacen, en cómo lo transmiten y en las relaciones humanas y comunitarias que generan.

Por ello, la solicitud presentada por la CESM plantea el reconocimiento de las sociedades musicales desde una perspectiva que trasciende a las propias agrupaciones musicales que albergan. El objeto de protección es un modelo cultural, educativo, asociativo y comunitario, transmitido de generación en generación y profundamente arraigado en numerosos territorios de España.

Este paso representa además el resultado de una convicción que la CESM viene defendiendo con firmeza: las sociedades musicales deben dejar de ser valoradas exclusivamente por el número de músicos que reúnen, por los conciertos que realizan o por la formación musical que imparten.

Su verdadera dimensión es mucho mayor.

Las sociedades musicales generan vínculos sociales, favorecen la participación ciudadana, transmiten conocimientos y tradiciones, conservan patrimonio y mantienen viva una cultura compartida.

Desde la CESM se considera que la eventual declaración como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial supondría un reconocimiento de alcance estatal a una realidad que forma parte de la historia cultural y social de España y permitiría avanzar en su conocimiento, salvaguarda, transmisión y proyección hacia las generaciones futuras.

El presidente de la Confederación Española de Sociedades Musicales, Félix Ruiz González, ha señalado:

«Hoy hemos dado uno de los pasos más importantes de nuestra historia reciente. Y lo hemos dado juntos. El respaldo unánime de todas las federaciones que integran la CESM demuestra que existe una voluntad común de conseguir que las sociedades musicales ocupen el lugar que les corresponde en el patrimonio cultural de nuestro país. Durante generaciones, miles de personas han construido silenciosamente este patrimonio en nuestros pueblos y ciudades. Músicos, familias, docentes, directivos, socios y comunidades enteras han conseguido que las sociedades musicales lleguen vivas hasta nuestros días. Ahora tenemos la responsabilidad de conseguir que todo ese legado sea reconocido, protegido y transmitido a quienes vendrán después de nosotros».

Ruiz ha destacado además que este proceso «no pertenece únicamente a la CESM ni a sus federaciones. Pertenece a cada sociedad musical de España y, sobre todo, a todas las personas que durante generaciones han dedicado una parte de sus vidas a mantenerlas vivas».

La solicitud presentada ante el Ministerio de Cultura constituye el comienzo de un camino que la CESM afronta con responsabilidad, rigor y una enorme ilusión, y para el que será fundamental la implicación de las federaciones territoriales, las sociedades musicales, las administraciones públicas, investigadores, instituciones culturales y el conjunto de la sociedad.

Porque proteger este patrimonio no significa únicamente conservar el pasado.

Significa garantizar su futuro.

Comienza un nuevo capítulo en la historia de las sociedades musicales de España.

Un capítulo que persigue algo tan sencillo como trascendente:

que España reconozca el extraordinario patrimonio cultural y humano que sus sociedades musicales llevan generaciones construyendo.

Miles de músicos, escuelas, familias, docentes, asociaciones, voluntarios y proyectos culturales forman parte de una realidad extraordinaria extendida por todo el territorio. La CESM quiere dar un paso decisivo: conocer su verdadera dimensión, hacerla visible y conseguir que las Sociedades Musicales sean reconocidas por todo lo que aportan a España.

Hay realidades tan integradas en nuestra vida cotidiana que terminamos por no preguntarnos qué ocurriría si desaparecieran.

La música de nuestros pueblos y ciudades es una de ellas.

Está en las fiestas, en los auditorios, en las calles, en los encuentros, en los certámenes y en algunos de los acontecimientos más importantes de nuestra vida colectiva.

La hemos visto siempre ahí.

Y quizá precisamente por eso hemos cometido durante demasiado tiempo un error: dar por hecho todo lo que hace posible que esté ahí.

Desde la Confederación Española de Sociedades Musicales creemos que ha llegado el momento de cambiar esa mirada.

No queremos hablar solamente de música.

Queremos hablar de todo lo que la música es capaz de construir a su alrededor.

Y queremos hacerlo desde una perspectiva nacional.

¿Sabemos realmente lo que tenemos?

Esta es una pregunta que desde la CESM consideramos fundamental.

Sabemos que existen miles de músicos vinculados a nuestras entidades.

Sabemos que cada semana hay ensayos, clases, conciertos y actividades en numerosos puntos de España.

Sabemos que detrás existe una enorme red asociativa.

Pero necesitamos ir mucho más allá.

¿Cuántas personas participan realmente en nuestras Sociedades Musicales?

¿Cuántos alumnos se forman en sus escuelas?

¿Cuántos profesores trabajan alrededor de ellas?

¿Cuántas familias están vinculadas?

¿Cuántas personas dedican voluntariamente cientos de horas cada año a dirigirlas y gestionarlas?

¿Cuánto empleo generan?

¿Cuánta actividad económica movilizan?

¿Cuántos espacios culturales mantienen activos?

¿Cuántos instrumentos, archivos, repertorios y documentos históricos conservan?

¿Cuántas horas de formación ofrecen?

¿Y cuánto retornan a la sociedad por cada euro público que reciben?

Responder a estas preguntas no es una cuestión estadística.

Es una cuestión estratégica.

Lo que no conocemos con precisión resulta mucho más difícil de defender.

Y lo que no somos capaces de explicar difícilmente podrá ocupar el lugar que merece en las políticas públicas.

Nuestro reto es pasar de la percepción a la dimensión real

Durante años, buena parte de la sociedad ha conocido nuestras entidades principalmente por aquello que resulta más visible: sus agrupaciones musicales.

Es completamente lógico.

El público ve el concierto.

Ve el pasacalles.

Ve el certamen.

Ve una formación actuando sobre un escenario.

Pero la CESM quiere poner el foco también en todo aquello que normalmente queda fuera de esa imagen.

Porque una actuación de una hora puede necesitar años de formación.

Un músico que hoy ocupa un atril pudo comenzar su recorrido musical siendo un niño.

Para que ese aprendizaje fuera posible tuvo que existir una organización capaz de sostener profesores, aulas, instrumentos, actividades y proyectos.

Y para que esa organización siga existiendo hacen falta personas que gestionen, planifiquen, busquen recursos, preparen documentación, mantengan instalaciones, organicen actividades y piensen constantemente en el futuro.

Por eso nuestra realidad no puede analizarse exclusivamente desde aquello que ocurre sobre un escenario.

El escenario es solamente el lugar donde una pequeña parte de todo ese trabajo se hace visible.

Hablamos de Sociedades Musicales porque hablamos de estructuras culturales

Aquí se encuentra una de las claves de la hoja de ruta que queremos impulsar desde la CESM.

Necesitamos consolidar el concepto de Sociedad Musical.

No como una operación de comunicación.

No como una etiqueta moderna.

Y mucho menos como una forma de renunciar a nuestras bandas de música.

Las bandas son una parte esencial de nuestra historia y continuarán siendo uno de los grandes símbolos de nuestro movimiento.

Pero necesitamos una denominación capaz de explicar la dimensión completa de las entidades que las hacen posibles.

Una Sociedad Musical puede integrar enseñanza, diferentes agrupaciones, actividades culturales, proyectos sociales, patrimonio documental y musical, participación ciudadana y una importante estructura asociativa.

En ella conviven alumnos, músicos, profesores, directivos, socios, familias y colaboradores.

Eso cambia completamente la conversación.

Porque ya no estamos hablando únicamente de una formación artística.

Estamos hablando de una institución cultural.

Y si cambiamos la mirada, también cambian las preguntas

Esta diferencia puede parecer pequeña hasta que llega el momento de hablar con una administración.

Entonces resulta enorme.

Una banda puede ser percibida desde fuera como una agrupación que necesita recursos para realizar determinadas actuaciones.

Una Sociedad Musical obliga a plantear preguntas diferentes.

¿Qué necesita para garantizar su continuidad?

¿Cómo mantenemos su escuela?

¿Cómo favorecemos el acceso de nuevos alumnos?

¿Cómo aseguramos el relevo generacional?

¿Dispone de instalaciones adecuadas?

¿Cómo protegemos su patrimonio?

¿Cómo mejoramos la formación de quienes gestionan estas entidades?

¿Cómo aprovechamos su capacidad para generar cultura y cohesión social?

¿Cómo contribuimos a su digitalización?

¿Cómo garantizamos una financiación más estable?

¿Cómo podemos colaborar entre administraciones para fortalecerlas?

Ese es el terreno en el que la CESM quiere situar progresivamente el debate.

Porque nuestro futuro no puede depender únicamente de conseguir recursos para el próximo concierto.

Tenemos que empezar a hablar de cómo garantizar la próxima generación.

Un modelo construido desde abajo

Existe además una característica que convierte a las Sociedades Musicales en organizaciones especialmente valiosas.

Buena parte de todo este entramado ha sido construido desde la propia ciudadanía.

Personas que se asociaron.

Familias que participaron.

Músicos que decidieron enseñar a otros.

Directivos que asumieron responsabilidades sin esperar nada a cambio.

Generaciones enteras que entendieron que aquello que habían recibido merecía continuar.

Así se han levantado proyectos culturales extraordinarios.

No siempre con grandes presupuestos.

No siempre con instalaciones ideales.

No siempre con el reconocimiento institucional que merecían.

Pero han continuado.

Una generación detrás de otra.

Y eso explica por qué existen entidades cuya historia está íntimamente ligada a la propia historia de sus municipios.

No son organizaciones colocadas artificialmente sobre un territorio.

Han nacido de él.

Forman parte de él.

Una infraestructura humana que funciona cada semana

Cuando hablamos de infraestructura cultural solemos pensar inmediatamente en edificios.

Auditorios.

Teatros.

Museos.

Bibliotecas.

Conservatorios.

Pero existe otra infraestructura muchísimo más difícil de construir: la humana.

Conseguir que personas de diferentes edades, profesiones y circunstancias participen juntas durante años en un proyecto colectivo no se puede levantar con ladrillos.

Necesita confianza.

Necesita identidad.

Necesita compromiso.

Necesita sentimiento de pertenencia.

Eso es precisamente lo que nuestras Sociedades Musicales llevan generaciones construyendo.

Un niño puede entrar como alumno y años después convertirse en músico.

Ese músico puede acabar enseñando a otros.

Puede asumir responsabilidades dentro de la entidad.

Puede convertirse en socio.

Y muchos años después puede regresar llevando de la mano a otro niño que comienza exactamente el mismo camino.

Ese ciclo tiene un valor incalculable.

Porque significa que la cultura no solamente se consume.

Se transmite.

Necesitamos datos para convertir esa realidad en políticas

Desde la CESM queremos avanzar hacia una nueva etapa.

Una etapa en la que seamos capaces de acompañar nuestra enorme historia con conocimiento, información y capacidad de interlocución.

Necesitamos saber quiénes somos.

Dónde estamos.

Qué hacemos.

Qué necesitamos.

Qué problemas compartimos.

Qué diferencias existen entre territorios.

Qué modelos funcionan.

Qué impacto generamos.

Y qué oportunidades podemos construir juntos.

Disponer de esa información permitirá algo fundamental: sentarnos ante las instituciones no solamente para explicar nuestra importancia, sino también para demostrarla.

Con datos.

Con proyectos.

Con propuestas.

Con una visión de país.

Porque el reconocimiento institucional no puede depender exclusivamente de la sensibilidad particular que exista en cada momento hacia nuestro movimiento.

Necesitamos avanzar hacia políticas capaces de comprender su dimensión estructural.

La CESM quiere construir esa voz común

España tiene realidades musicales muy diferentes.

Hay entidades centenarias y otras muy jóvenes.

Hay grandes Sociedades Musicales y pequeños proyectos que realizan una labor extraordinaria en municipios con poca población.

Hay territorios con una tradición asociativa musical enormemente desarrollada y otros donde este movimiento necesita todavía crecer.

Esa diversidad es una riqueza.

Pero existe algo que puede unirnos: la necesidad de construir una voz común capaz de representar todo este ecosistema.

Ahí la CESM tiene una enorme responsabilidad.

Escuchar.

Conectar.

Investigar.

Representar.

Proponer.

Generar alianzas.

Abrir espacios de interlocución.

Y conseguir que aquello que sucede cada semana en nuestros pueblos y ciudades llegue también a los lugares donde se diseñan las políticas culturales.

No queremos sustituir las identidades territoriales.

Queremos hacerlas más fuertes trabajando juntas.

Nuestro futuro no empieza en el próximo concierto

Empieza mucho antes.

Empieza cuando conseguimos que un niño tenga acceso a la educación musical.

Cuando una escuela puede continuar abierta.

Cuando encontramos nuevos modelos de financiación.

Cuando una junta directiva dispone de mejores herramientas para gestionar su entidad.

Cuando conservamos un archivo que lleva décadas guardando nuestra memoria musical.

Cuando conseguimos unas instalaciones dignas.

Cuando una administración comprende que apoyar este movimiento es invertir en cultura durante todo el año.

Cuando logramos atraer nuevas generaciones.

Cuando una entidad pequeña descubre que forma parte de algo mucho mayor.

Y cuando todos somos capaces de explicar con claridad qué representamos.

Ese es el horizonte.

España debería saber lo que tiene entre manos

Durante generaciones, las Sociedades Musicales han hecho algo extraordinariamente difícil: conseguir que miles de personas dediquen una parte de su vida a construir cultura junto a otras.

Eso merece ser conocido.

Merece ser medido.

Merece ser protegido.

Y merece ser tenido en cuenta cuando se diseñan las políticas culturales del futuro.

Desde la CESM queremos contribuir a que llegue ese momento.

Queremos una España que conozca mejor a sus Sociedades Musicales.

Que comprenda su dimensión educativa.

Que valore su aportación social.

Que reconozca su capacidad cultural.

Que proteja su patrimonio.

Que facilite su crecimiento.

Y que entienda que detrás de cada actuación existe una enorme estructura humana trabajando para que la música continúe pasando de generación en generación.

Esta es parte de la hoja de ruta que queremos recorrer.

Con nuestras federaciones.

Con nuestras entidades.

Con los músicos.

Con las escuelas.

Con las familias.

Con las administraciones.

Y con toda la sociedad.

Porque quizá el gran reto que tenemos por delante no sea explicar cuánto hacemos.

Sea conseguir que España descubra todo lo que podría perder si algún día dejáramos de hacerlo.

Y, sobre todo, todo lo que podemos construir si decidimos fortalecerlo juntos.

El convenio nace con el propósito de promover la modernización en las entidades musicales, aportando herramientas clave para optimizar la gestión comunicativa, económica, académica y administrativa. De esta manera, se logra disminuir la carga burocrática y maximizar la eficiencia de los procedimientos cotidianos.

Gracias a este acuerdo, todas las asociaciones pertenecientes o vinculadas a la CESM que decidan implantar el sistema de gestión Amadeus Magister (ERP) podrán beneficiarse de un 35% de descuento durante el primer año de uso.

Con esta alianza, Amadeus Magister SL y la CESM reafirman su compromiso con la innovación, la colaboración institucional y el fortalecimiento del movimiento asociativo musical, poniendo la tecnología al servicio de las personas y de la música.

 

 

Amadeus Magister es un software de gestión integral (ERP) diseñado específicamente para escuelas de música, conservatorios, bandas y asociaciones musicales, que centraliza la gestión académica, administrativa, económica y la comunicación con alumnado, familias y profesorado.

Hay noticias que merecen ser destacadas porque demuestran que el apoyo institucional a la música no solo es posible, sino que genera un impacto directo en la vida de miles de personas.

La Diputación Provincial de Albacete ha aprobado una inversión de 637.857 euros destinada a fortalecer el tejido musical de la provincia mediante tres líneas de ayudas dirigidas a los ayuntamientos: el mantenimiento de las academias de música, la adquisición de instrumentos musicales y la compra de uniformes para las bandas. En total, más de 170 ayudas llegarán a municipios de toda la provincia, reforzando uno de los movimientos culturales más importantes del territorio.

Desde la Confederación Española de Sociedades Musicales (CESM) queremos poner en valor esta decisión porque representa un ejemplo de cómo las administraciones públicas pueden contribuir de manera real al desarrollo y fortalecimiento de las sociedades musicales.

Invertir en música es invertir en el futuro

Las cifras hablan por sí solas.

La convocatoria destina 341.873 euros al mantenimiento de las academias de música en 58 municipios, garantizando la continuidad de la enseñanza musical y favoreciendo el relevo generacional de las futuras bandas y agrupaciones.

A ello se suman 195.985 euros para la adquisición de instrumentos musicales en 59 localidades, permitiendo renovar y ampliar el material necesario para que las sociedades musicales continúen desarrollando su labor artística con las mejores condiciones posibles.

Finalmente, otros 100.000 euros se destinan a la compra de uniformes para 55 municipios, contribuyendo a reforzar la imagen institucional de unas entidades que representan a sus localidades en conciertos, procesiones, festivales, certámenes y numerosos actos culturales y oficiales.

No se trata únicamente de ayudas económicas. Se trata de apostar por la continuidad de un modelo cultural que forma parte de la identidad de nuestros pueblos.

Mucho más que una banda de música

Desde la CESM insistimos desde hace tiempo en una idea que resulta fundamental: detrás de cada banda de música existe una sociedad musical.

Una sociedad musical es una organización que, además de mantener una o varias bandas, desarrolla una intensa actividad educativa, social, cultural y patrimonial. Gestiona escuelas de música, forma a niños y jóvenes, promueve actividades culturales, impulsa el voluntariado, crea espacios de convivencia intergeneracional y mantiene vivo un patrimonio que ha pasado de generación en generación.

Por ello, cuando una administración apoya a una sociedad musical no está financiando únicamente conciertos o actuaciones.

Está apoyando escuelas de música.

Está impulsando la formación de miles de jóvenes.

Está favoreciendo la igualdad de oportunidades en el acceso a la cultura.

Está fortaleciendo el tejido asociativo.

Está ayudando a fijar población en el medio rural.

Y está preservando una parte esencial del patrimonio cultural de nuestro país.

Un ejemplo que merece ser reconocido

La iniciativa de la Diputación Provincial de Albacete demuestra que es posible desarrollar políticas públicas estables que entiendan la música como una inversión y no como un gasto.

Este tipo de medidas generan estabilidad, permiten planificar el futuro de las entidades musicales y ofrecen seguridad a cientos de personas que trabajan diariamente para mantener viva la actividad cultural de sus municipios.

Las sociedades musicales necesitan precisamente eso: planificación, continuidad y apoyo institucional sostenido en el tiempo.

Un modelo que debería extenderse a toda España

Desde la Confederación Española de Sociedades Musicales consideramos que actuaciones como esta deberían servir de inspiración para muchas otras administraciones provinciales, autonómicas y locales.

La realidad de una sociedad musical no debería depender del territorio donde se encuentre.

Todos los municipios de España cuentan con entidades que desempeñan una función social, educativa y cultural extraordinaria, y todas ellas merecen disponer de herramientas que les permitan seguir creciendo y prestando ese servicio a la ciudadanía.

Las necesidades son similares en cualquier comunidad autónoma: mantener las escuelas de música, renovar instrumentos, actualizar uniformes, mejorar instalaciones, impulsar proyectos educativos y garantizar la continuidad de unas entidades que, en muchos casos, llevan más de un siglo formando parte de la historia de sus pueblos.

La música también se construye desde las instituciones

La colaboración entre administraciones públicas y sociedades musicales constituye uno de los pilares para garantizar el futuro del movimiento musical amateur español.

Cada inversión en una escuela de música es una oportunidad para formar nuevos músicos.

Cada instrumento adquirido es una puerta abierta para nuevos alumnos.

Cada uniforme renovado representa la imagen y el orgullo de una sociedad musical que continúa escribiendo su historia.

Desde la CESM felicitamos a la Diputación Provincial de Albacete por esta importante iniciativa y animamos al conjunto de las administraciones públicas de España a seguir este camino.

Porque apoyar a las sociedades musicales no es solo respaldar a quienes hacen música.

Es apostar por la cultura, la educación, el patrimonio, la convivencia, el asociacionismo y el futuro de nuestros municipios.

Y esa es, sin duda, una inversión que siempre merece la pena.

La Confederación Española de Sociedades Musicales celebrará del 16 al 18 de octubre de 2026 su I Congreso Nacional, un encuentro que reunirá a representantes de todo el país para reflexionar, compartir experiencias y construir juntos el futuro de nuestras sociedades musicales.

Hay momentos que marcan un antes y un después. Y este será, sin duda, uno de ellos.

Del 16 al 18 de octubre de 2026, la ciudad de Albacete acogerá el I Congreso Nacional de la Confederación Española de Sociedades Musicales (CESM), una cita histórica que nace con la vocación de convertirse en el gran punto de encuentro de las sociedades musicales españolas.

Durante tres jornadas, representantes de federaciones, sociedades musicales, bandas de música, escuelas de música, directivos, músicos, investigadores, instituciones públicas y empresas del sector compartirán un mismo objetivo: analizar el presente y diseñar el futuro del movimiento asociativo musical en España.

Un Congreso para impulsar el futuro de las sociedades musicales

Las sociedades musicales constituyen uno de los movimientos culturales y educativos más importantes de nuestro país. Miles de personas, de todas las edades, dedican su tiempo de forma altruista para mantener viva una tradición que genera cultura, educación, cohesión social y participación ciudadana en cientos de municipios.

Este Congreso nace precisamente para poner en valor esa realidad y ofrecer un espacio donde compartir ideas, experiencias y soluciones a los grandes retos que afrontan nuestras entidades.

Será un foro abierto al diálogo, la innovación y la colaboración entre todos los agentes implicados en el desarrollo de las sociedades musicales.

Un programa pensado para inspirar

El Congreso contará con un amplio programa de actividades que combinará diferentes formatos para favorecer el intercambio de conocimientos y experiencias.

Los asistentes podrán participar en:

  • Ponencias de expertos de ámbito nacional.
  • Mesas redondas sobre los principales retos del sector.
  • Espacios dedicados a la sostenibilidad y financiación de las sociedades musicales.
  • Presentaciones sobre nuevas oportunidades para el desarrollo de nuestras entidades.
  • Encuentros entre representantes institucionales y federaciones.
  • Feria especializada con empresas, aplicaciones, servicios y patrocinadores relacionados con el mundo de la música.
  • Actividades culturales y musicales que convertirán Albacete en un auténtico punto de encuentro para todo el sector.

Además, el Congreso servirá para seguir impulsando proyectos estratégicos de gran importancia para el reconocimiento y fortalecimiento de las sociedades musicales dentro del panorama cultural español y europeo.

Mucho más que un Congreso

Este encuentro no será únicamente un espacio de formación.

Será también una oportunidad para crear nuevas alianzas, descubrir proyectos innovadores, conocer herramientas que ayuden a mejorar la gestión de nuestras entidades y fortalecer la red de colaboración entre las sociedades musicales de todo el país.

La convivencia entre asistentes, los encuentros profesionales y las actividades culturales permitirán seguir construyendo una comunidad cada vez más unida y preparada para afrontar los desafíos del futuro.

Albacete, una ciudad con profunda tradición musical

La elección de Albacete como sede de este primer Congreso Nacional no es casual.

Su compromiso con la música, el trabajo desarrollado por la Federación Castellano-Manchega de Sociedades Musicales y la implicación de las instituciones convierten a la ciudad en el escenario idóneo para acoger un evento llamado a convertirse en una referencia nacional.

Durante ese fin de semana, Albacete será el punto de encuentro donde confluirán experiencias, talento, tradición e innovación en torno a un mismo lenguaje universal: la música.

Reserva la fecha

Desde la Confederación Española de Sociedades Musicales invitamos a todas las federaciones, sociedades musicales, músicos, directivos, profesores, estudiantes, empresas e instituciones a reservar desde este momento las fechas del 16 al 18 de octubre de 2026.

Muy pronto iremos desvelando nuevos detalles sobre el programa, los ponentes, las actividades y el proceso de inscripción.

Porque este Congreso no pertenece únicamente a la CESM.

Pertenece a todas las personas que creen que las sociedades musicales son una de las mayores riquezas culturales de nuestro país.

Albacete nos espera. Del 16 al 18 de octubre de 2026, escribiremos juntos una nueva página en la historia de las sociedades musicales de España.

La Confederación Española de Sociedades Musicales (CESM) estará presente este sábado 11 de julio en el V Congreso Bandístico “O Patrimonio Itinerante. Bandas de música galegas entre Europa e América”, un encuentro de referencia para el estudio, la investigación y la difusión del patrimonio bandístico que se celebra del 9 al 11 de julio de 2026 en la Cidade da Cultura de Santiago de Compostela.

La participación de la CESM estará representada por su presidente, Félix Ruiz González, quien ofrecerá la ponencia titulada “Sociedades musicales y cohesión social en el siglo XXI”, una intervención que pondrá el foco en el enorme valor social, educativo, cultural y humano que desarrollan diariamente las sociedades musicales en toda España.

Un congreso para reflexionar sobre el presente y el futuro del patrimonio bandístico

Bajo el lema “O Patrimonio Itinerante. Bandas de música galegas entre Europa e América”, el congreso reúne durante tres jornadas a investigadores, musicólogos, directores, intérpretes, docentes, gestores culturales y representantes del movimiento bandístico para analizar la evolución histórica de las bandas de música, su patrimonio material e inmaterial, su influencia cultural y los retos que afrontan en la actualidad.

El programa aborda cuestiones como la recuperación del patrimonio musical, la investigación histórica, la conservación de archivos, la educación musical, la identidad cultural, las redes internacionales creadas por las bandas de música y las nuevas perspectivas para garantizar su futuro.

La presencia de la CESM en este foro supone una oportunidad para trasladar una visión que trasciende el ámbito exclusivamente musical y sitúa a las sociedades musicales como una de las mayores redes de participación ciudadana existentes en nuestro país.

Las sociedades musicales: mucho más que música

Durante su intervención, Félix Ruiz defenderá que las sociedades musicales representan hoy uno de los modelos asociativos más sólidos de España y constituyen auténticos espacios de convivencia donde conviven distintas generaciones, se fomenta el compromiso colectivo y se fortalece el sentido de pertenencia a la comunidad.

La conferencia pondrá de manifiesto que, en un contexto social marcado por el individualismo, la inmediatez y la pérdida de espacios comunes de encuentro, las sociedades musicales continúan siendo lugares donde se transmiten valores como:

  • La participación ciudadana.
  • El voluntariado y el compromiso social.
  • La convivencia intergeneracional.
  • La educación en valores.
  • La integración y la inclusión.
  • La identidad cultural de pueblos y ciudades.
  • La preservación del patrimonio musical y asociativo.

La música se convierte así en el vehículo, pero el verdadero impacto de estas entidades va mucho más allá de los conciertos: crean comunidad, generan cohesión social y fortalecen el tejido asociativo de todo el territorio.

Una realidad que merece mayor reconocimiento

Uno de los mensajes centrales de la ponencia será la dimensión real del movimiento de las sociedades musicales en España.

Actualmente, este modelo asociativo reúne más de 1.800 sociedades musicales, integra a más de 160.000 músicos y moviliza directamente a más de un millón de personas, convirtiéndose en una de las mayores estructuras culturales de carácter asociativo del país.

Sin embargo, este enorme impacto social no siempre recibe el reconocimiento institucional que merece.

Desde la CESM se continúa trabajando para que las administraciones públicas, las instituciones culturales y la sociedad en general comprendan que apoyar a una sociedad musical significa apoyar la educación, la cultura, el patrimonio, la participación ciudadana y el desarrollo social de nuestros municipios.

La CESM, presente en los principales foros de reflexión

La participación en este congreso se enmarca dentro de la estrategia de la Confederación Española de Sociedades Musicales de mantener una presencia activa en los principales espacios nacionales e internacionales donde se debate el presente y el futuro del movimiento bandístico.

En los últimos meses, la CESM ha intensificado su actividad institucional participando en encuentros nacionales, reuniones con administraciones públicas y organismos europeos, impulsando iniciativas destinadas a reforzar el reconocimiento de las sociedades musicales como agentes culturales, educativos y sociales de primer nivel.

Estar presentes en congresos de investigación como el organizado por la Federación Galega de Bandas de Música Populares permite además estrechar la colaboración entre el ámbito académico y el movimiento asociativo, favoreciendo que la investigación, la conservación del patrimonio y la realidad cotidiana de las sociedades musicales avancen de la mano.

Comprometidos con el futuro de las sociedades musicales

Desde la CESM queremos agradecer a la organización del IV Congreso Bandístico la invitación para formar parte de un encuentro que contribuye a poner en valor el patrimonio bandístico y el papel fundamental que desempeñan las sociedades musicales en la sociedad actual.

Seguiremos trabajando para que la voz de nuestras sociedades musicales continúe estando presente allí donde se construye el futuro de la cultura, defendiendo un modelo que, desde hace generaciones, ha demostrado ser una de las mayores herramientas de educación, convivencia, participación ciudadana y cohesión social de nuestro país.

Más información en: https://bandas.gal/evento/v-congreso-bandistico-internacional-international-conference

Durante el pasado fin de semana, nuestro presidente, Félix Ruiz, ha visitado Castilla y León para continuar con una de las principales líneas de trabajo de la Confederación Española de Sociedades Musicales: estar cerca de nuestras federaciones y sociedades musicales, conocer su realidad y escuchar de primera mano sus necesidades.

La visita comenzó en Tordesillas, con motivo del XIX Festival de Bandas “Tratado de Tordesillas”, y continuó en Benavente, donde nuestro presidente asistió al IX Certamen Internacional de Bandas de Música “Ciudad de Benavente”, dos importantes encuentros que ponen de manifiesto la calidad artística, el compromiso y la vitalidad del movimiento bandístico en Castilla y León.

Durante estas jornadas, Félix Ruiz mantuvo diferentes encuentros con representantes políticos, músicos, directivos y responsables de sociedades musicales, así como una reunión de trabajo con miembros de la Federación de Bandas de Música de Castilla y León, encabezada por su presidente, José López Cid, junto a José Núñez Ventosa, miembro de la Junta de Gobierno de la CESM y directivo de la Federación de Bandas de Música de Castilla y León.

Estos encuentros permitieron analizar la situación actual del movimiento bandístico en el territorio, sus principales retos y las líneas de colaboración necesarias para seguir avanzando dentro del proyecto común que representa la CESM.

Desde la Confederación Española de Sociedades Musicales defendemos que la verdadera representación nace de la cercanía: estando presentes en el territorio, escuchando a quienes cada día trabajan por nuestras bandas y transformando sus necesidades en propuestas que impulsen su futuro.

Castilla y León cuenta con sociedades musicales que son mucho más que agrupaciones artísticas: son espacios de formación, cultura, convivencia, identidad y cohesión social que vertebran sus municipios y mantienen vivo un patrimonio construido durante generaciones.

Agradecemos profundamente la acogida recibida durante este fin de semana y felicitamos a todas las bandas participantes, músicos, directivos, instituciones y organizadores que hacen posible que nuestras sociedades musicales continúen creciendo y ocupando el lugar que merecen.

La CESM seguirá recorriendo cada territorio, trabajando junto a sus federaciones y defendiendo un movimiento que representa a más de 1.800 sociedades musicales, más de 160.000 músicos, más de 200.000 alumnos y a más de un millón de personas vinculadas en toda España.

Seguimos escuchando. Seguimos construyendo. Seguimos avanzando juntos por el presente y el futuro de nuestras sociedades musicales.