El relevo generacional se ha convertido en uno de los grandes desafíos de las sociedades musicales españolas. Mientras en numerosos municipios pequeños la banda continúa siendo un poderoso espacio de encuentro para niños y jóvenes, en poblaciones mayores y especialmente en los entornos metropolitanos compite con una oferta de ocio enorme y con una generación que crece entre pantallas, redes sociales, videojuegos y estímulos constantes. La cuestión no es únicamente cómo conseguir nuevos músicos. Es mucho más importante: ¿cómo conseguimos que quieran formar parte de una Sociedad Musical?

Hay una escena que continúa repitiéndose en muchos pueblos de España.

Un niño entra por primera vez en la escuela de música. Quizá porque toca su hermano. Porque su padre fue músico. Porque una amiga está aprendiendo clarinete. Porque vio pasar a la banda durante las fiestas. O, sencillamente, porque en su pueblo entrar en la banda sigue siendo una de esas cosas que forman parte de la vida del municipio.

Empieza lenguaje musical.

Después llega el instrumento.

Más tarde, la banda infantil o juvenil.

Y un día ocupa una silla en la banda.

Parece un proceso natural.

Pero cada vez lo es menos.

Desde la Confederación Española de Sociedades Musicales observamos una realidad sobre la que merece la pena detenerse: el relevo generacional no se está produciendo de la misma manera en todos los territorios ni en todos los contextos sociales.

Hay municipios pequeños, especialmente en zonas rurales y del interior, donde las sociedades musicales mantienen una extraordinaria capacidad de atracción entre niños y jóvenes.

Y existen otros contextos, principalmente municipios grandes, ciudades y áreas próximas a grandes núcleos urbanos, donde captar y, sobre todo, mantener a las nuevas generaciones resulta cada vez más complicado.

No significa que los jóvenes hayan dejado de querer la música.

Significa que el mundo alrededor de nuestros jóvenes ha cambiado.

Y nuestras sociedades musicales necesitan comprender ese cambio.

Donde la banda sigue siendo parte del pueblo

En muchas pequeñas localidades españolas, una Sociedad Musical no es simplemente una asociación cultural.

Es parte de la estructura social del municipio.

La banda participa en las fiestas, acompaña celebraciones, protagoniza conciertos, forma músicos, reúne generaciones y ocupa un lugar reconocible dentro de la comunidad.

El niño no descubre únicamente un instrumento.

Descubre un grupo al que puede pertenecer.

Y esto es mucho más importante de lo que parece.

Una investigación publicada en 2023 sobre el papel de las bandas de música en la educación musical rural analizó el caso de la Agrupación Musical La Lira de Valverde, en Valverde de Júcar (Cuenca). Uno de sus resultados resulta especialmente significativo: el 43% de las personas encuestadas afirmó que no habría podido acceder a la educación musical si no hubiera existido la banda de música de su localidad.

La cifra dice muchísimo.

Porque detrás de ese porcentaje hay una realidad que las sociedades musicales españolas conocen desde hace generaciones: allí donde existe una Sociedad Musical, existe una puerta de acceso a la cultura.

Y, muchas veces, esa puerta está a unos minutos andando de casa.

La investigación internacional sobre educación musical rural apunta además hacia otro elemento fundamental: la relación entre música y comunidad. Diferentes trabajos han encontrado que la implicación comunitaria, las relaciones personales, el apoyo familiar y el sentimiento de pertenencia desempeñan un papel importante en la participación y continuidad musical de los jóvenes.

En una pequeña localidad, además, la banda es visible.

Se escucha.

Se conoce a sus músicos.

Los niños saben quién toca la trompeta, quién lleva el bombo o quién dirige.

Muchas veces existe una relación familiar, vecinal o emocional con ella.

La Sociedad Musical no tiene que explicar constantemente quién es. El pueblo ya lo sabe.

Y ahí existe una enorme ventaja.

Pero cambia el código postal y cambia también la competencia

Traslademos ahora esa misma escena a una población de decenas de miles de habitantes situada junto a una capital.

El panorama puede ser completamente diferente.

Fútbol.

Baloncesto.

Danza.

Idiomas.

Robótica.

Gimnasio.

Artes marciales.

Academias.

Videojuegos.

Creación de contenido.

Redes sociales.

Plataformas audiovisuales.

Planes de ocio.

Centros comerciales.

Y una oferta prácticamente ilimitada a pocos kilómetros.

La escuela de música ya no compite únicamente con otra actividad extraescolar.

Compite por algo muchísimo más escaso: el tiempo y la atención de un niño.

Y también por el tiempo de su familia.

Esto obliga a hacerse una pregunta incómoda pero necesaria:

¿Podemos pretender captar a un niño de 2026 utilizando exactamente los mismos argumentos con los que captábamos a uno hace veinte o treinta años?

Probablemente no.

Hay un nuevo competidor que cabe en un bolsillo

Existe además otro elemento que ninguna estrategia de relevo generacional puede ignorar.

La pantalla.

Los datos son contundentes.

El estudio Infancia, adolescencia y bienestar digital, elaborado por UNICEF España junto a Red.es, la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Colegios de Ingeniería Informática, ha contado con la participación de casi 100.000 niños, niñas y adolescentes españoles.

A los 10 años, el 41% ya dispone de teléfono móvil propio.

A los 12 años, el porcentaje alcanza el 76%.

En Educación Secundaria Obligatoria, el 92,8% tiene su propio teléfono.

Y el 92,5% de los adolescentes participa al menos en una red social, mientras que el 75,8% está presente en tres o más.

No se trata de demonizar la tecnología.

Sería un error.

La tecnología ofrece extraordinarias posibilidades educativas, creativas y sociales. El propio estudio destaca esas oportunidades.

Pero existe una consecuencia evidente para cualquier organización que quiera atraer a las nuevas generaciones:

estamos intentando captar la atención de niños y adolescentes que viven dentro del ecosistema de estímulos más intenso que haya existido nunca.

Una clase de instrumento de una hora ya no compite únicamente con el fútbol del martes.

Compite con todo lo que ocurre dentro de un teléfono las veinticuatro horas del día.

Entonces, ¿está perdiendo atractivo tocar en una banda?

No necesariamente.

Y esta puede ser la parte más importante de todo este debate.

Porque quizá llevamos demasiado tiempo preguntándonos:

«¿Cómo conseguimos que los jóvenes estudien música?»

cuando deberíamos empezar a preguntarnos:

«¿Qué encuentran los jóvenes cuando llegan a nuestra Sociedad Musical?»

La diferencia es enorme.

Aprender música requiere esfuerzo.

Tocar un instrumento exige repetición.

Hay que ensayar.

Hay que equivocarse.

Hay que volver a intentarlo.

Los resultados no llegan deslizando un dedo sobre una pantalla.

Precisamente por eso, una Sociedad Musical puede ofrecer hoy algo extraordinariamente valioso.

Un lugar donde suceden cosas reales.

Personas reales.

Amistades reales.

Objetivos compartidos.

Responsabilidades.

Escenarios.

Viajes.

Conciertos.

Emociones.

Una camiseta, un uniforme o un atril que significan: yo pertenezco a este grupo.

La investigación sobre educación musical comunitaria está encontrando precisamente ese valor. Un estudio publicado en 2026 sobre jóvenes participantes en programas comunitarios de educación musical señala el sentimiento de pertenencia como un elemento central para su asistencia, implicación y continuidad. Los participantes describían ambientes similares a una familia, conexiones personales, inclusión, sensación de logro y propósito.

Otra investigación sobre adolescentes participantes en una escuela de música encontró igualmente el desarrollo de un fuerte sentimiento de pertenencia relacionado con los vínculos afectivos creados dentro de la organización, además de beneficios psicosociales y académicos.

Por tanto, quizá nuestro principal producto nunca fue enseñar solfeo.

Nuestro verdadero valor es hacer comunidad a través de la música.

El gran reto no es captar. Es conseguir que quieran quedarse

Podemos llenar una jornada de puertas abiertas.

Podemos conseguir veinte matrículas nuevas.

Podemos visitar colegios.

Podemos prestar instrumentos.

Todo eso es necesario.

Pero el verdadero relevo generacional no sucede cuando un niño se matricula.

Sucede cuando, años después, sigue ahí.

Cuando pasa de la escuela a la agrupación juvenil.

De la agrupación juvenil a la banda.

Cuando cumple 16 años y sigue queriendo ensayar.

Cuando empieza Bachillerato y busca la manera de compatibilizarlo.

Cuando se marcha a estudiar fuera y continúa sintiendo que aquella sigue siendo su Sociedad Musical.

Y cuando, años después, vuelve.

Ese es el ciclo que debemos proteger.

No podemos pedir pertenencia sin dar protagonismo

Aquí las sociedades musicales tenemos también deberes.

No podemos pedir a las nuevas generaciones que quieran nuestras instituciones si nunca les permitimos sentirlas como propias.

El relevo generacional no consiste solamente en sustituir músicos mayores por músicos jóvenes en los atriles.

Significa incorporar nuevas miradas.

Escuchar.

Permitir participar.

Crear espacios para ellos.

Entender sus códigos.

Dar responsabilidades.

Modernizar la comunicación.

Revisar formatos de conciertos.

Utilizar la tecnología como aliada.

Crear proyectos juveniles.

Hacer visible todo lo que ocurre detrás de la banda.

Y, sobre todo, conseguir que un adolescente no piense:

«Voy a ensayo porque tengo que ir».

Sino:

«Voy porque allí está mi gente».

Cuando conseguimos eso, cambia todo.

Las sociedades musicales también tienen que competir por ser atractivas

Durante décadas, muchas bandas tuvieron una posición prácticamente natural dentro de sus municipios.

Hoy esa posición debe trabajarse.

Especialmente en los núcleos urbanos y metropolitanos.

No basta con esperar que las familias llamen a nuestra puerta.

Tenemos que salir a buscarlas.

Estar en los colegios.

Estar en los institutos.

Estar en las calles.

Estar en las redes.

Contar nuestras historias.

Enseñar nuestros ensayos.

Mostrar a nuestros jóvenes.

Convertir un concierto en una experiencia.

Crear proyectos en los que puedan participar personas que todavía no saben tocar.

Facilitar el acceso a instrumentos.

Reducir las barreras económicas cuando existan.

Colaborar con administraciones, centros educativos y otras asociaciones.

Y explicar muchísimo mejor algo que nosotros sabemos perfectamente, pero quizá fuera de nuestras paredes no resulta tan evidente:

entrar en una Sociedad Musical no significa únicamente aprender música.

Significa entrar en una comunidad.

Quizá los pueblos pequeños nos están enseñando algo

Es posible que parte de la respuesta al futuro esté precisamente en aquello que lleva décadas funcionando.

Los pueblos pequeños conservan algo enormemente poderoso: proximidad.

El músico veterano conoce al niño que empieza.

Las familias se encuentran.

El concierto es un acontecimiento colectivo.

La banda participa en la vida cotidiana.

Existe continuidad entre escuela, agrupación y comunidad.

Investigaciones sobre programas musicales rurales han señalado precisamente la importancia de la implicación comunitaria, la visibilidad, las relaciones personales y el apoyo social para construir programas musicales sólidos.

No se trata de convertir una ciudad en un pueblo.

Se trata de recuperar esa sensación dentro de nuestras entidades.

Crear pequeñas comunidades dentro de poblaciones enormes.

Ese puede ser uno de los grandes caminos.

El relevo generacional empieza mucho antes del primer ensayo

Desde la CESM creemos que este debate debe ocupar un lugar prioritario durante los próximos años.

Porque hablamos de algo que afecta directamente a la supervivencia del movimiento asociativo musical español.

Necesitamos conocer mejor nuestros datos.

Cuántos alumnos entran.

A qué edades.

Cuántos abandonan.

Cuándo abandonan.

Por qué.

Qué ocurre en municipios rurales.

Qué sucede en ciudades.

Qué modelos están funcionando.

Qué sociedades musicales consiguen retener a sus jóvenes y qué podemos aprender de ellas.

Necesitamos escuchar también a quienes se marcharon.

Puede que sus respuestas sean incluso más importantes que las de quienes continúan.

Y necesitamos comprender algo esencial:

los jóvenes no tienen que adaptarse a las sociedades musicales que nosotros heredamos. También nosotros tenemos la responsabilidad de construir sociedades musicales en las que ellos quieran estar.

Porque una banda puede tener 100 años y seguir teniendo 15

Esa es probablemente una de las mayores maravillas de nuestro movimiento.

Una Sociedad Musical puede haber nacido en 1850 y tener hoy músicos que nacieron en 2012.

Dos siglos separados por un atril.

Una partitura compartida por un músico de 70 años y otro de 14.

Una misma institución atravesando generaciones sin dejar de sonar.

Eso no ocurre por casualidad.

Ocurre porque durante décadas alguien enseñó a otro.

Alguien prestó un instrumento.

Alguien abrió una escuela.

Alguien llevó a un niño a un ensayo.

Alguien consiguió que aquel niño sintiera que aquella banda también era suya.

Ahora nos toca a nosotros.

El relevo generacional no consiste únicamente en preguntarnos quién tocará mañana.

La pregunta verdaderamente importante es otra:

¿Qué Sociedad Musical tenemos que construir hoy para que las nuevas generaciones quieran formar parte de ella mañana?

Desde la Confederación Española de Sociedades Musicales creemos que responderla será una de las tareas más importantes para garantizar el futuro de nuestro movimiento.

Porque podemos conservar archivos, instrumentos, partituras, locales y más de un siglo de historia.

Pero existe un patrimonio que solo puede conservarse de una manera:

transmitiéndolo.

Y para que una tradición siga viva no basta con tener pasado.

Necesita jóvenes que quieran convertirla en su futuro.

La Confederación Española de Sociedades Musicales (CESM) ha presentado ante el Ministerio de Cultura la solicitud formal para la incoación del expediente de declaración de las sociedades musicales de España como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial (MRPCI).

La presentación de esta solicitud se produce tras su aprobación por unanimidad en la Asamblea General Extraordinaria de la CESM celebrada el pasado 21 de junio, con el respaldo de todas las federaciones miembro de la Confederación. Un apoyo unánime que expresa la voluntad conjunta del movimiento de las sociedades musicales de España de avanzar hacia el reconocimiento, la protección y la salvaguarda de un patrimonio cultural construido y transmitido durante generaciones.

Se trata de un paso de enorme trascendencia para el movimiento asociativo musical español y del inicio de un proceso que aspira a reconocer, proteger y proyectar una realidad cultural construida durante generaciones en cientos de municipios de nuestro país.

No se ha presentado únicamente un escrito administrativo. Se ha dado un paso para que España reconozca oficialmente una parte esencial de su patrimonio colectivo.

Las sociedades musicales constituyen mucho más que estructuras dedicadas a la práctica y enseñanza de la música. Son espacios de transmisión cultural entre generaciones, escuelas de convivencia y participación, lugares de encuentro, estructuras de cooperación ciudadana y depositarias de repertorios, archivos, instrumentos, tradiciones, conocimientos, celebraciones y formas de organización comunitaria que han acompañado la historia de numerosos pueblos y ciudades.

Durante generaciones han conseguido que la música pase de padres a hijos, que miles de personas encuentren un espacio de pertenencia y que comunidades enteras construyan alrededor de ellas una parte de su identidad.

Su patrimonio no reside únicamente en aquello que conservan, sino también en lo que hacen, en cómo lo transmiten y en las relaciones humanas y comunitarias que generan.

Por ello, la solicitud presentada por la CESM plantea el reconocimiento de las sociedades musicales desde una perspectiva que trasciende a las propias agrupaciones musicales que albergan. El objeto de protección es un modelo cultural, educativo, asociativo y comunitario, transmitido de generación en generación y profundamente arraigado en numerosos territorios de España.

Este paso representa además el resultado de una convicción que la CESM viene defendiendo con firmeza: las sociedades musicales deben dejar de ser valoradas exclusivamente por el número de músicos que reúnen, por los conciertos que realizan o por la formación musical que imparten.

Su verdadera dimensión es mucho mayor.

Las sociedades musicales generan vínculos sociales, favorecen la participación ciudadana, transmiten conocimientos y tradiciones, conservan patrimonio y mantienen viva una cultura compartida.

Desde la CESM se considera que la eventual declaración como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial supondría un reconocimiento de alcance estatal a una realidad que forma parte de la historia cultural y social de España y permitiría avanzar en su conocimiento, salvaguarda, transmisión y proyección hacia las generaciones futuras.

El presidente de la Confederación Española de Sociedades Musicales, Félix Ruiz González, ha señalado:

«Hoy hemos dado uno de los pasos más importantes de nuestra historia reciente. Y lo hemos dado juntos. El respaldo unánime de todas las federaciones que integran la CESM demuestra que existe una voluntad común de conseguir que las sociedades musicales ocupen el lugar que les corresponde en el patrimonio cultural de nuestro país. Durante generaciones, miles de personas han construido silenciosamente este patrimonio en nuestros pueblos y ciudades. Músicos, familias, docentes, directivos, socios y comunidades enteras han conseguido que las sociedades musicales lleguen vivas hasta nuestros días. Ahora tenemos la responsabilidad de conseguir que todo ese legado sea reconocido, protegido y transmitido a quienes vendrán después de nosotros».

Ruiz ha destacado además que este proceso «no pertenece únicamente a la CESM ni a sus federaciones. Pertenece a cada sociedad musical de España y, sobre todo, a todas las personas que durante generaciones han dedicado una parte de sus vidas a mantenerlas vivas».

La solicitud presentada ante el Ministerio de Cultura constituye el comienzo de un camino que la CESM afronta con responsabilidad, rigor y una enorme ilusión, y para el que será fundamental la implicación de las federaciones territoriales, las sociedades musicales, las administraciones públicas, investigadores, instituciones culturales y el conjunto de la sociedad.

Porque proteger este patrimonio no significa únicamente conservar el pasado.

Significa garantizar su futuro.

Comienza un nuevo capítulo en la historia de las sociedades musicales de España.

Un capítulo que persigue algo tan sencillo como trascendente:

que España reconozca el extraordinario patrimonio cultural y humano que sus sociedades musicales llevan generaciones construyendo.

Miles de músicos, escuelas, familias, docentes, asociaciones, voluntarios y proyectos culturales forman parte de una realidad extraordinaria extendida por todo el territorio. La CESM quiere dar un paso decisivo: conocer su verdadera dimensión, hacerla visible y conseguir que las Sociedades Musicales sean reconocidas por todo lo que aportan a España.

Hay realidades tan integradas en nuestra vida cotidiana que terminamos por no preguntarnos qué ocurriría si desaparecieran.

La música de nuestros pueblos y ciudades es una de ellas.

Está en las fiestas, en los auditorios, en las calles, en los encuentros, en los certámenes y en algunos de los acontecimientos más importantes de nuestra vida colectiva.

La hemos visto siempre ahí.

Y quizá precisamente por eso hemos cometido durante demasiado tiempo un error: dar por hecho todo lo que hace posible que esté ahí.

Desde la Confederación Española de Sociedades Musicales creemos que ha llegado el momento de cambiar esa mirada.

No queremos hablar solamente de música.

Queremos hablar de todo lo que la música es capaz de construir a su alrededor.

Y queremos hacerlo desde una perspectiva nacional.

¿Sabemos realmente lo que tenemos?

Esta es una pregunta que desde la CESM consideramos fundamental.

Sabemos que existen miles de músicos vinculados a nuestras entidades.

Sabemos que cada semana hay ensayos, clases, conciertos y actividades en numerosos puntos de España.

Sabemos que detrás existe una enorme red asociativa.

Pero necesitamos ir mucho más allá.

¿Cuántas personas participan realmente en nuestras Sociedades Musicales?

¿Cuántos alumnos se forman en sus escuelas?

¿Cuántos profesores trabajan alrededor de ellas?

¿Cuántas familias están vinculadas?

¿Cuántas personas dedican voluntariamente cientos de horas cada año a dirigirlas y gestionarlas?

¿Cuánto empleo generan?

¿Cuánta actividad económica movilizan?

¿Cuántos espacios culturales mantienen activos?

¿Cuántos instrumentos, archivos, repertorios y documentos históricos conservan?

¿Cuántas horas de formación ofrecen?

¿Y cuánto retornan a la sociedad por cada euro público que reciben?

Responder a estas preguntas no es una cuestión estadística.

Es una cuestión estratégica.

Lo que no conocemos con precisión resulta mucho más difícil de defender.

Y lo que no somos capaces de explicar difícilmente podrá ocupar el lugar que merece en las políticas públicas.

Nuestro reto es pasar de la percepción a la dimensión real

Durante años, buena parte de la sociedad ha conocido nuestras entidades principalmente por aquello que resulta más visible: sus agrupaciones musicales.

Es completamente lógico.

El público ve el concierto.

Ve el pasacalles.

Ve el certamen.

Ve una formación actuando sobre un escenario.

Pero la CESM quiere poner el foco también en todo aquello que normalmente queda fuera de esa imagen.

Porque una actuación de una hora puede necesitar años de formación.

Un músico que hoy ocupa un atril pudo comenzar su recorrido musical siendo un niño.

Para que ese aprendizaje fuera posible tuvo que existir una organización capaz de sostener profesores, aulas, instrumentos, actividades y proyectos.

Y para que esa organización siga existiendo hacen falta personas que gestionen, planifiquen, busquen recursos, preparen documentación, mantengan instalaciones, organicen actividades y piensen constantemente en el futuro.

Por eso nuestra realidad no puede analizarse exclusivamente desde aquello que ocurre sobre un escenario.

El escenario es solamente el lugar donde una pequeña parte de todo ese trabajo se hace visible.

Hablamos de Sociedades Musicales porque hablamos de estructuras culturales

Aquí se encuentra una de las claves de la hoja de ruta que queremos impulsar desde la CESM.

Necesitamos consolidar el concepto de Sociedad Musical.

No como una operación de comunicación.

No como una etiqueta moderna.

Y mucho menos como una forma de renunciar a nuestras bandas de música.

Las bandas son una parte esencial de nuestra historia y continuarán siendo uno de los grandes símbolos de nuestro movimiento.

Pero necesitamos una denominación capaz de explicar la dimensión completa de las entidades que las hacen posibles.

Una Sociedad Musical puede integrar enseñanza, diferentes agrupaciones, actividades culturales, proyectos sociales, patrimonio documental y musical, participación ciudadana y una importante estructura asociativa.

En ella conviven alumnos, músicos, profesores, directivos, socios, familias y colaboradores.

Eso cambia completamente la conversación.

Porque ya no estamos hablando únicamente de una formación artística.

Estamos hablando de una institución cultural.

Y si cambiamos la mirada, también cambian las preguntas

Esta diferencia puede parecer pequeña hasta que llega el momento de hablar con una administración.

Entonces resulta enorme.

Una banda puede ser percibida desde fuera como una agrupación que necesita recursos para realizar determinadas actuaciones.

Una Sociedad Musical obliga a plantear preguntas diferentes.

¿Qué necesita para garantizar su continuidad?

¿Cómo mantenemos su escuela?

¿Cómo favorecemos el acceso de nuevos alumnos?

¿Cómo aseguramos el relevo generacional?

¿Dispone de instalaciones adecuadas?

¿Cómo protegemos su patrimonio?

¿Cómo mejoramos la formación de quienes gestionan estas entidades?

¿Cómo aprovechamos su capacidad para generar cultura y cohesión social?

¿Cómo contribuimos a su digitalización?

¿Cómo garantizamos una financiación más estable?

¿Cómo podemos colaborar entre administraciones para fortalecerlas?

Ese es el terreno en el que la CESM quiere situar progresivamente el debate.

Porque nuestro futuro no puede depender únicamente de conseguir recursos para el próximo concierto.

Tenemos que empezar a hablar de cómo garantizar la próxima generación.

Un modelo construido desde abajo

Existe además una característica que convierte a las Sociedades Musicales en organizaciones especialmente valiosas.

Buena parte de todo este entramado ha sido construido desde la propia ciudadanía.

Personas que se asociaron.

Familias que participaron.

Músicos que decidieron enseñar a otros.

Directivos que asumieron responsabilidades sin esperar nada a cambio.

Generaciones enteras que entendieron que aquello que habían recibido merecía continuar.

Así se han levantado proyectos culturales extraordinarios.

No siempre con grandes presupuestos.

No siempre con instalaciones ideales.

No siempre con el reconocimiento institucional que merecían.

Pero han continuado.

Una generación detrás de otra.

Y eso explica por qué existen entidades cuya historia está íntimamente ligada a la propia historia de sus municipios.

No son organizaciones colocadas artificialmente sobre un territorio.

Han nacido de él.

Forman parte de él.

Una infraestructura humana que funciona cada semana

Cuando hablamos de infraestructura cultural solemos pensar inmediatamente en edificios.

Auditorios.

Teatros.

Museos.

Bibliotecas.

Conservatorios.

Pero existe otra infraestructura muchísimo más difícil de construir: la humana.

Conseguir que personas de diferentes edades, profesiones y circunstancias participen juntas durante años en un proyecto colectivo no se puede levantar con ladrillos.

Necesita confianza.

Necesita identidad.

Necesita compromiso.

Necesita sentimiento de pertenencia.

Eso es precisamente lo que nuestras Sociedades Musicales llevan generaciones construyendo.

Un niño puede entrar como alumno y años después convertirse en músico.

Ese músico puede acabar enseñando a otros.

Puede asumir responsabilidades dentro de la entidad.

Puede convertirse en socio.

Y muchos años después puede regresar llevando de la mano a otro niño que comienza exactamente el mismo camino.

Ese ciclo tiene un valor incalculable.

Porque significa que la cultura no solamente se consume.

Se transmite.

Necesitamos datos para convertir esa realidad en políticas

Desde la CESM queremos avanzar hacia una nueva etapa.

Una etapa en la que seamos capaces de acompañar nuestra enorme historia con conocimiento, información y capacidad de interlocución.

Necesitamos saber quiénes somos.

Dónde estamos.

Qué hacemos.

Qué necesitamos.

Qué problemas compartimos.

Qué diferencias existen entre territorios.

Qué modelos funcionan.

Qué impacto generamos.

Y qué oportunidades podemos construir juntos.

Disponer de esa información permitirá algo fundamental: sentarnos ante las instituciones no solamente para explicar nuestra importancia, sino también para demostrarla.

Con datos.

Con proyectos.

Con propuestas.

Con una visión de país.

Porque el reconocimiento institucional no puede depender exclusivamente de la sensibilidad particular que exista en cada momento hacia nuestro movimiento.

Necesitamos avanzar hacia políticas capaces de comprender su dimensión estructural.

La CESM quiere construir esa voz común

España tiene realidades musicales muy diferentes.

Hay entidades centenarias y otras muy jóvenes.

Hay grandes Sociedades Musicales y pequeños proyectos que realizan una labor extraordinaria en municipios con poca población.

Hay territorios con una tradición asociativa musical enormemente desarrollada y otros donde este movimiento necesita todavía crecer.

Esa diversidad es una riqueza.

Pero existe algo que puede unirnos: la necesidad de construir una voz común capaz de representar todo este ecosistema.

Ahí la CESM tiene una enorme responsabilidad.

Escuchar.

Conectar.

Investigar.

Representar.

Proponer.

Generar alianzas.

Abrir espacios de interlocución.

Y conseguir que aquello que sucede cada semana en nuestros pueblos y ciudades llegue también a los lugares donde se diseñan las políticas culturales.

No queremos sustituir las identidades territoriales.

Queremos hacerlas más fuertes trabajando juntas.

Nuestro futuro no empieza en el próximo concierto

Empieza mucho antes.

Empieza cuando conseguimos que un niño tenga acceso a la educación musical.

Cuando una escuela puede continuar abierta.

Cuando encontramos nuevos modelos de financiación.

Cuando una junta directiva dispone de mejores herramientas para gestionar su entidad.

Cuando conservamos un archivo que lleva décadas guardando nuestra memoria musical.

Cuando conseguimos unas instalaciones dignas.

Cuando una administración comprende que apoyar este movimiento es invertir en cultura durante todo el año.

Cuando logramos atraer nuevas generaciones.

Cuando una entidad pequeña descubre que forma parte de algo mucho mayor.

Y cuando todos somos capaces de explicar con claridad qué representamos.

Ese es el horizonte.

España debería saber lo que tiene entre manos

Durante generaciones, las Sociedades Musicales han hecho algo extraordinariamente difícil: conseguir que miles de personas dediquen una parte de su vida a construir cultura junto a otras.

Eso merece ser conocido.

Merece ser medido.

Merece ser protegido.

Y merece ser tenido en cuenta cuando se diseñan las políticas culturales del futuro.

Desde la CESM queremos contribuir a que llegue ese momento.

Queremos una España que conozca mejor a sus Sociedades Musicales.

Que comprenda su dimensión educativa.

Que valore su aportación social.

Que reconozca su capacidad cultural.

Que proteja su patrimonio.

Que facilite su crecimiento.

Y que entienda que detrás de cada actuación existe una enorme estructura humana trabajando para que la música continúe pasando de generación en generación.

Esta es parte de la hoja de ruta que queremos recorrer.

Con nuestras federaciones.

Con nuestras entidades.

Con los músicos.

Con las escuelas.

Con las familias.

Con las administraciones.

Y con toda la sociedad.

Porque quizá el gran reto que tenemos por delante no sea explicar cuánto hacemos.

Sea conseguir que España descubra todo lo que podría perder si algún día dejáramos de hacerlo.

Y, sobre todo, todo lo que podemos construir si decidimos fortalecerlo juntos.

El convenio nace con el propósito de promover la modernización en las entidades musicales, aportando herramientas clave para optimizar la gestión comunicativa, económica, académica y administrativa. De esta manera, se logra disminuir la carga burocrática y maximizar la eficiencia de los procedimientos cotidianos.

Gracias a este acuerdo, todas las asociaciones pertenecientes o vinculadas a la CESM que decidan implantar el sistema de gestión Amadeus Magister (ERP) podrán beneficiarse de un 35% de descuento durante el primer año de uso.

Con esta alianza, Amadeus Magister SL y la CESM reafirman su compromiso con la innovación, la colaboración institucional y el fortalecimiento del movimiento asociativo musical, poniendo la tecnología al servicio de las personas y de la música.

 

 

Amadeus Magister es un software de gestión integral (ERP) diseñado específicamente para escuelas de música, conservatorios, bandas y asociaciones musicales, que centraliza la gestión académica, administrativa, económica y la comunicación con alumnado, familias y profesorado.

Hay noticias que merecen ser destacadas porque demuestran que el apoyo institucional a la música no solo es posible, sino que genera un impacto directo en la vida de miles de personas.

La Diputación Provincial de Albacete ha aprobado una inversión de 637.857 euros destinada a fortalecer el tejido musical de la provincia mediante tres líneas de ayudas dirigidas a los ayuntamientos: el mantenimiento de las academias de música, la adquisición de instrumentos musicales y la compra de uniformes para las bandas. En total, más de 170 ayudas llegarán a municipios de toda la provincia, reforzando uno de los movimientos culturales más importantes del territorio.

Desde la Confederación Española de Sociedades Musicales (CESM) queremos poner en valor esta decisión porque representa un ejemplo de cómo las administraciones públicas pueden contribuir de manera real al desarrollo y fortalecimiento de las sociedades musicales.

Invertir en música es invertir en el futuro

Las cifras hablan por sí solas.

La convocatoria destina 341.873 euros al mantenimiento de las academias de música en 58 municipios, garantizando la continuidad de la enseñanza musical y favoreciendo el relevo generacional de las futuras bandas y agrupaciones.

A ello se suman 195.985 euros para la adquisición de instrumentos musicales en 59 localidades, permitiendo renovar y ampliar el material necesario para que las sociedades musicales continúen desarrollando su labor artística con las mejores condiciones posibles.

Finalmente, otros 100.000 euros se destinan a la compra de uniformes para 55 municipios, contribuyendo a reforzar la imagen institucional de unas entidades que representan a sus localidades en conciertos, procesiones, festivales, certámenes y numerosos actos culturales y oficiales.

No se trata únicamente de ayudas económicas. Se trata de apostar por la continuidad de un modelo cultural que forma parte de la identidad de nuestros pueblos.

Mucho más que una banda de música

Desde la CESM insistimos desde hace tiempo en una idea que resulta fundamental: detrás de cada banda de música existe una sociedad musical.

Una sociedad musical es una organización que, además de mantener una o varias bandas, desarrolla una intensa actividad educativa, social, cultural y patrimonial. Gestiona escuelas de música, forma a niños y jóvenes, promueve actividades culturales, impulsa el voluntariado, crea espacios de convivencia intergeneracional y mantiene vivo un patrimonio que ha pasado de generación en generación.

Por ello, cuando una administración apoya a una sociedad musical no está financiando únicamente conciertos o actuaciones.

Está apoyando escuelas de música.

Está impulsando la formación de miles de jóvenes.

Está favoreciendo la igualdad de oportunidades en el acceso a la cultura.

Está fortaleciendo el tejido asociativo.

Está ayudando a fijar población en el medio rural.

Y está preservando una parte esencial del patrimonio cultural de nuestro país.

Un ejemplo que merece ser reconocido

La iniciativa de la Diputación Provincial de Albacete demuestra que es posible desarrollar políticas públicas estables que entiendan la música como una inversión y no como un gasto.

Este tipo de medidas generan estabilidad, permiten planificar el futuro de las entidades musicales y ofrecen seguridad a cientos de personas que trabajan diariamente para mantener viva la actividad cultural de sus municipios.

Las sociedades musicales necesitan precisamente eso: planificación, continuidad y apoyo institucional sostenido en el tiempo.

Un modelo que debería extenderse a toda España

Desde la Confederación Española de Sociedades Musicales consideramos que actuaciones como esta deberían servir de inspiración para muchas otras administraciones provinciales, autonómicas y locales.

La realidad de una sociedad musical no debería depender del territorio donde se encuentre.

Todos los municipios de España cuentan con entidades que desempeñan una función social, educativa y cultural extraordinaria, y todas ellas merecen disponer de herramientas que les permitan seguir creciendo y prestando ese servicio a la ciudadanía.

Las necesidades son similares en cualquier comunidad autónoma: mantener las escuelas de música, renovar instrumentos, actualizar uniformes, mejorar instalaciones, impulsar proyectos educativos y garantizar la continuidad de unas entidades que, en muchos casos, llevan más de un siglo formando parte de la historia de sus pueblos.

La música también se construye desde las instituciones

La colaboración entre administraciones públicas y sociedades musicales constituye uno de los pilares para garantizar el futuro del movimiento musical amateur español.

Cada inversión en una escuela de música es una oportunidad para formar nuevos músicos.

Cada instrumento adquirido es una puerta abierta para nuevos alumnos.

Cada uniforme renovado representa la imagen y el orgullo de una sociedad musical que continúa escribiendo su historia.

Desde la CESM felicitamos a la Diputación Provincial de Albacete por esta importante iniciativa y animamos al conjunto de las administraciones públicas de España a seguir este camino.

Porque apoyar a las sociedades musicales no es solo respaldar a quienes hacen música.

Es apostar por la cultura, la educación, el patrimonio, la convivencia, el asociacionismo y el futuro de nuestros municipios.

Y esa es, sin duda, una inversión que siempre merece la pena.

La Asamblea General Extraordinaria de la Confederación Española de Sociedades Musicales (CESM), celebrada el pasado 21 de junio por vía telemática, ha aprobado los principales acuerdos estratégicos incluidos en el orden del día, otorgando un amplio respaldo a la hoja de ruta impulsada por la organización para reforzar el reconocimiento institucional de las sociedades musicales españolas.

La sesión, convocada con el objetivo de debatir y autorizar el inicio de los expedientes para el reconocimiento de las sociedades musicales como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de España y, en una fase posterior, como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, supone un hito de especial relevancia en la defensa y proyección de uno de los movimientos culturales más importantes del país.

La Asamblea aprobó por unanimidad el inicio del expediente para solicitar la declaración de las sociedades musicales como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de España, dando así un paso decisivo hacia el reconocimiento oficial de una realidad que integra a más de 1.800 sociedades musicales, más de 160.000 músicos, más de 200.000 alumnos y más de un millón de personas vinculadas directamente a este extraordinario movimiento asociativo.

Asimismo, la propuesta para impulsar la futura candidatura de las sociedades musicales españolas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO fue aprobada por mayoría, registrándose únicamente el voto en contra de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana. Dicha federación fundamentó su posición en el hecho de haber promovido previamente un expediente propio para el reconocimiento por la UNESCO de las sociedades musicales de la Comunidad Valenciana, considerando prioritario continuar con esa iniciativa específica en el ámbito autonómico.

Durante la Asamblea, las federaciones miembro expresaron un amplio respaldo a la labor que la CESM viene desarrollando en los últimos meses para fortalecer la posición institucional de las sociedades musicales y defender sus intereses ante las distintas administraciones públicas. El resultado de las votaciones constituye una muestra inequívoca de confianza en el trabajo realizado por la Junta de Gobierno y en una estrategia basada en la unidad, la cooperación y la visión de futuro.

Los asistentes coincidieron en señalar que las sociedades musicales representan mucho más que una manifestación artística. Son un instrumento de cohesión social, formación musical, participación ciudadana, dinamización cultural y vertebración territorial, especialmente en pequeños y medianos municipios, desempeñando una función que trasciende el ámbito estrictamente musical y que merece el máximo reconocimiento por parte de las instituciones.

La Asamblea también manifestó su preocupación por el actual contexto de bloqueo político a nivel nacional, que está dificultando el avance de reformas normativas y fiscales de gran importancia para el futuro del sector. Entre ellas se encuentran iniciativas destinadas a mejorar la sostenibilidad económica de las entidades, adaptar el marco jurídico y tributario a la realidad de las asociaciones culturales sin ánimo de lucro y facilitar el desarrollo de su actividad en beneficio de la sociedad.

En este sentido, la CESM hizo un llamamiento a todas las fuerzas políticas para que estas cuestiones sean abordadas desde el consenso y la responsabilidad institucional, evitando que la parálisis legislativa continúe retrasando medidas ampliamente demandadas por un movimiento que constituye una referencia cultural, educativa y social en España.

Con los acuerdos adoptados, la Confederación Española de Sociedades Musicales reafirma su compromiso de seguir trabajando para que las sociedades musicales ocupen el lugar que les corresponde dentro del patrimonio cultural español e internacional. La entidad continuará impulsando iniciativas de reconocimiento, protección y promoción que permitan garantizar el futuro de un legado construido durante generaciones gracias al esfuerzo de miles de músicos, directivos, voluntarios y familias.

El presidente de la CESM, Félix Ruiz González, agradeció el respaldo recibido por parte de las federaciones y destacó que «el movimiento de las sociedades musicales tiene la fuerza, el conocimiento y la dimensión suficientes para ser un actor de referencia en las políticas culturales, educativas y sociales de nuestro territorio. Los acuerdos alcanzados hoy representan un paso histórico para seguir construyendo ese reconocimiento desde la unidad y el compromiso colectivo».

La Confederación Española de Sociedades Musicales (CESM) vive un momento histórico.

En un tiempo en el que el movimiento bandístico español ha demostrado su fuerza, su cohesión y su ambición colectiva —especialmente tras la celebración del I Congreso Internacional— hoy celebramos una noticia que nos llena de orgullo y emoción:

La Federación Galega de Bandas de Música Populares pasa a formar parte de la gran familia de la CESM.

Y no es una adhesión más.
Es un paso firme.
Es un gesto de confianza.
Es una declaración de unidad.


Galicia y España: una misma partitura

Galicia es tierra de tradición, identidad y cultura viva. Sus bandas de música no son solo agrupaciones musicales: son escuela, son comunidad, son patrimonio emocional de sus pueblos.

Que la Federación Galega se integre en la CESM significa que el sonido atlántico se suma al latido común de todas las sociedades musicales de España. Significa que el norte y el sur, el este y el oeste, tocan ahora con mayor coordinación, con mayor determinación y con una visión compartida.

Porque cuando una federación se une, no se suma: se multiplica.


El impulso del I Congreso Internacional

La reciente celebración del I Congreso Internacional “Las Bandas de Música Amateurs como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad” marcó un antes y un después.

Fue un punto de encuentro. Fue un espacio de diálogo. Fue una demostración de madurez colectiva.

Pero, sobre todo, fue una llamada clara a la unidad.

El Congreso no fue solo reflexión académica. Fue compromiso. Fue estrategia. Fue visión de futuro. Y hoy vemos cómo sus frutos comienzan a materializarse.

La incorporación de la Federación Galega es una consecuencia natural de ese impulso. Es la prueba de que el mensaje ha calado: solo unidos podremos alcanzar los grandes objetivos que nos hemos propuesto como colectivo.


La unión como estrategia y como valor

El movimiento bandístico español es uno de los fenómenos culturales más potentes de nuestro país. Miles de músicos. Cientos de escuelas. Décadas —y en muchos casos siglos— de historia.

Sin embargo, durante demasiado tiempo hemos caminado de forma paralela.

Hoy el camino es otro.

Hoy entendemos que la fuerza está en la estructura común.
Que la interlocución institucional necesita voz única.
Que los grandes reconocimientos —como la candidatura a Patrimonio Cultural Inmaterial— requieren cohesión real.

La incorporación de Galicia fortalece nuestra representatividad, amplía nuestra capacidad de acción y refuerza nuestro peso ante las administraciones públicas, organismos culturales y entidades internacionales.


Un paso más hacia un objetivo compartido

Desde la CESM trabajamos con una hoja de ruta clara:

  • Defender el papel social y educativo de las bandas.
  • Impulsar su reconocimiento institucional.
  • Garantizar su sostenibilidad futura.
  • Situarlas en el lugar que merecen dentro del patrimonio cultural español e internacional.

Cada federación que se integra no solo respalda esta visión. La hace más posible.

Hoy Galicia camina con nosotros. Y nosotros caminamos con Galicia.


Un mensaje para toda la comunidad bandística

Esta incorporación es también un mensaje para todas las sociedades musicales, para todas las federaciones, para todos los músicos y directivos que sienten que las bandas merecen más.

Merecen reconocimiento.
Merecen apoyo estructural.
Merecen visibilidad.
Merecen futuro.

La unión no es una opción estratégica secundaria. Es la base de todo lo que queremos construir.

Desde la CESM celebramos esta integración con emoción y con responsabilidad. Porque cada nuevo miembro implica más compromiso, más trabajo y más responsabilidad colectiva.

Pero también más esperanza.


Seguimos avanzando

Hoy es un día para felicitarnos.
Para agradecer.
Para reconocer la valentía y la visión de quienes han dado este paso.

La Federación Galega de Bandas de Música Populares ya forma parte activa de este proyecto común.

Y este proyecto no es pequeño.

Es un movimiento cultural que vertebra pueblos, educa generaciones y construye identidad.

Es la música como herramienta de cohesión social.
Es la tradición convertida en futuro.
Es la cultura organizada, profesionalizada y consciente de su valor.

Galicia ya está dentro.
España suena más fuerte.

Y juntos, seguiremos escribiendo la partitura de una historia que aún tiene muchas páginas por llenar.

Unidos somos más fuertes. Unidos llegaremos más lejos.

Las sociedades musicales en España atraviesan una crisis estructural de enormes dimensiones. Este no es un problema coyuntural ni una dificultad pasajera: es la consecuencia de décadas de negligencia política, falta de planificación y desprecio institucional por un movimiento cultural que, lejos de ser marginal, constituye la base misma de la educación musical y la vertebración cultural de amplias zonas del país.

Desde la Confederación Española de Sociedades Musicales (CESM), hemos denunciado insistentemente la situación, pero las respuestas de las administraciones han sido insuficientes cuando no directamente inexistentes. No estamos ante una cuestión de sensibilidades culturales o de prioridades presupuestarias: estamos ante un fracaso rotundo de las políticas públicas en materia de cultura, educación y patrimonio inmaterial.

El modelo de apoyo a las sociedades musicales está roto, y la pasividad de las instituciones solo agrava la situación. Si no se toman medidas urgentes y estructurales, nos encaminamos hacia un colapso del sistema que podría significar la desaparición de buena parte del tejido bandístico del país.

Un patrimonio cultural en peligro: la urgencia de su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC)

Las sociedades musicales no son simples agrupaciones de aficionados a la música. Son instituciones centenarias que han desempeñado un papel crucial en la historia, la educación y la cultura de España. Su influencia se extiende mucho más allá de la música: han sido elementos de cohesión social, generadores de identidad local y motores de educación musical en municipios donde no existían otras alternativas.

Razones para la declaración de las sociedades musicales como BIC

 

  1. Un legado histórico que se remonta siglos atrás
    • Desde el siglo XIX, las bandas de música han sido el principal vehículo de educación musical en gran parte del país.
    • Muchas sociedades musicales tienen más de 100 años de historia y han sido testigos y protagonistas de la evolución cultural de España.

     

  2. Un modelo de educación musical único en Europa
    • Más de 60.000 alumnos estudian en escuelas de sociedades musicales, a pesar de no contar con reconocimiento institucional.
    • Son la principal cantera de músicos que después nutren conservatorios y orquestas profesionales.
    • Ofrecen formación accesible en municipios donde el Estado no garantiza educación musical pública.

     

  3. Un impacto social y cultural incalculable
    • Más de 1.100 sociedades musicales vertebran la vida cultural de sus municipios, organizando conciertos, festivales y actos de enorme relevancia.
    • Son espacios de integración social, donde conviven personas de todas las edades y clases sociales.
    • Suponen un refugio para miles de jóvenes, evitando la despoblación cultural de zonas rurales y proporcionando alternativas de ocio formativo.

     

  4. Una tradición viva con impacto internacional
    • Las bandas de música españolas han obtenido reconocimiento internacional en certámenes de primer nivel.
    • España es un referente mundial en el modelo de sociedades musicales, con miles de músicos formados en ellas integrando orquestas y proyectos en todo el mundo.

     

¿Qué supone la declaración como Bien de Interés Cultural?

La declaración de las sociedades musicales como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de patrimonio inmaterial garantizaría su protección, reconocimiento y apoyo financiero estable. Esto implicaría:

  • Un compromiso institucional real para su conservación y promoción.
  • Acceso a financiación específica para su mantenimiento, modernización y desarrollo.
  • Integración dentro de las políticas culturales y educativas del Estado.
  • Mayor visibilidad y reconocimiento dentro y fuera de España.

Países como Austria han protegido su tradición musical con medidas similares. ¿Por qué España no reconoce y protege su propio patrimonio musical?

La negligencia de las administraciones públicas: entre la improvisación y la incompetencia

Las administraciones han demostrado una incapacidad absoluta para gestionar de manera eficiente el apoyo a las sociedades musicales. No existe un modelo sólido ni una planificación estratégica que garantice la continuidad y el desarrollo de estas instituciones.

Lo que encontramos, en su lugar, es un mosaico de políticas erráticas, ayudas parciales y una fragmentación normativa que impide cualquier estabilidad a largo plazo. Dependemos de convocatorias de subvenciones inestables, de decisiones arbitrarias de gobiernos autonómicos y locales, y de un sistema de financiación que obliga a las sociedades musicales a sobrevivir en la precariedad.

El resultado es desastroso:

  • Subvenciones insuficientes y tardías que impiden una planificación adecuada.
  • Normativas contradictorias que, en algunos casos, complican más de lo que ayudan.
  • Falta de coordinación entre administraciones, con criterios cambiantes y sin una visión de conjunto.
  • Ausencia de reconocimiento institucional real, lo que deja a las sociedades musicales fuera de los grandes circuitos culturales y educativos.

Se nos exige un nivel de calidad y profesionalización que las administraciones no están dispuestas a respaldar con recursos. Es la clásica estrategia del abandono encubierto: se pide excelencia, pero sin dotar de medios para alcanzarla.

Comparación de inversión pública en cultura

Gráfico: Comparación de inversión pública por músico en orquestas vs. bandas de música

  • Las orquestas sinfónicas públicas reciben hasta 15 veces más financiación por músico que las bandas de música.
  • El presupuesto destinado a las bandas no supera el 2% del total de inversión cultural en algunas comunidades.
  • El 80% de las bandas no tiene acceso a infraestructuras adecuadas porque los ayuntamientos no priorizan la inversión en sus locales de ensayo.

Un modelo en riesgo de desaparición

Si esta tendencia continúa, las previsiones indican que:

  • En la próxima década, el 30% de las bandas pequeñas desaparecerán por falta de financiación y relevo generacional.
  • Más del 50% de las escuelas de música podrían cerrar si no se regula su reconocimiento dentro del sistema educativo.
  • España perdería un patrimonio musical único, con la disolución de cientos de bandas y la desaparición de una tradición de siglos.

Conclusión: la declaración de BIC es urgente

Las sociedades musicales no pueden seguir dependiendo de la voluntad política de turno ni de modelos de financiación insuficientes y desiguales. Su valor histórico, educativo y social exige un reconocimiento jurídico y cultural que las proteja de la inacción institucional.

Desde la CESM, exigimos la inmediata declaración de las sociedades musicales como Bien de Interés Cultural (BIC) a nivel nacional, con un plan de acción que garantice:

  1. Financiación estable y estructural que garantice su continuidad y desarrollo.
  2. Protección legal para evitar el cierre de bandas y escuelas de música por falta de apoyo.
  3. Integración real en el sistema educativo y cultural, con reconocimiento de sus escuelas de música.
  4. Un plan estratégico de modernización, que contemple mejoras en infraestructuras, digitalización y formación.

Si las administraciones siguen ignorando esta realidad, el daño será irreversible. La cultura musical de España está en juego, y con ella, un legado que no podemos permitirnos perder. Ha llegado la hora de actuar.

 

Félix Ruiz González
Presidente de la Confederación Española de Sociedades Musicales
Presidente de la Federación Andaluza de Bandas de Música