Artículos de opinión personal

Fuente: Revista Pentagrama de la Agrupació Artística Musical de Dénia

Coordinación Editorial: Rosa Ribes, Maite Agulles

Es evidente que el título de este artículo es un llamamiento. Pero seguro que alguna pregunta te ha surgido de manera espontánea: ¿Voluntario ¿Yo?, ¿para qué? No seas impaciente que si la contesto tan pronto no leerás lo que sigue. Y aunque aburrido, tal vez sea interesante.

Revista Pentagrama Diciembre 2020

A mí me gusta empezar por concretar de que voy a hablar y así adelantamos. El diccionario de la RAE define como acto voluntario el que se hace por espontánea voluntad y no por obligación o deber. Y define como amateur al que cultiva o practica, sin ser profesional, un arte, oficio, ciencia, deporte, etc. Si esto lo estás leyendo en la revista de la Agrupació Artística Musical de Dénia, pues ya puedes imaginar que me refiero a ti músico/a y/o directivo/a de esta o de tantísimas otras sociedades musicales como la tuya.

Bien, parece que está claro: somos músicos porque queremos y la mayoría lo hacemos por afición y nos ganamos (o nos perdemos, quién sabe) la vida con otras cosas. Pero estas dos pequeñas circunstancias de ser músicos voluntarios y aficionados tienen más importancia de la que parece. Y me parece a mí que tienen mucha más de la que nosotros, los músicos le damos. Y ahora sí, entramos en harina.

La Ley del Voluntariado dice que tienen la condición de voluntarios las personas que, a través de entidades de voluntariado, decidan libre y voluntariamente dedicar todo o parte de su tiempo a la realización de las actividades de interés general, que son aquellas que contribuyen a mejorar la calidad de vida de las personas y de la sociedad en general y a proteger y conservar el entorno desde los ámbitos social, de cooperación para el desarrollo, ambiental, cultural, deportivo, educativo, socio-sanitario, de ocio y tiempo libre o de protección civil, entre otros.

Todo esto, que suena como muy bonito pero muy abstracto, la Ley lo concreta un poco más al decir que el voluntariado cultural es el que promueve y defiende el derecho de acceso a la cultura y, en particular, la integración cultural de todas las personas, la promoción y protección de la identidad cultural, la defensa y salvaguarda del patrimonio cultural y la participación en la vida cultural de la comunidad.

No sé si a ti, paciente lector/a, esto te suena (nunca mejor dicho, je,je) a algo, pero a mí desde que lo leí me sirve para identificar exactamente lo que hacemos desde nuestras bandas y escuelas de música.

Tenemos una definición bastante concreta del voluntariado cultural y, dada la íntima relación que establece la Ley entre el voluntariado y el interés general, podemos concluir que las actividades que se sitúen en el ámbito del voluntariado son sin ningún género de duda actividades de interés general. Y de ahí la tremenda importancia que yo le doy a todo esto y que confío en que tú también le darás a partir de ahora.

Venga, traducimos al cristiano los conceptos incorporados a la definición de voluntariado cultural y así te facilito la tarea:

  1. Promover el acceso a la cultura. A través de las enseñanzas impartidas en las escuelas de música no se hace otra cosa que promover el acceso a la cultura del alumnado, iniciándolo en la enseñanza de la música en sus primeras etapas y facilitando a través de las bandas de música y orquestas juveniles el disfrute de las actuaciones musicales en grupo. Una fórmula de éxito (en el más amplio sentido de la palabra) más que contrastado y que no es necesario detallar aquí. ¿Sí o no? 
  1. Integración cultural de todas las personas. Las escuelas de música son la cantera donde se forman los futuros integrantes de las bandas de música, orquestas y resto de agrupaciones musicales en las que no hace falta explicar que se integra entre sus miembros a personas de todas las edades: desde la última etapa infantil, en la que canalizan parte de su vitalidad y sus ganas de aprender, hasta personas jubiladas, a los que su participación les permite seguir sintiéndose útiles, a por supuesto personas jóvenes, que con su participación aportan la energía que necesitan estas entidades, y a personas adultas, para las que su pertenencia a la banda de música forma parte de su forma de entender la vida. Y eso no es otra cosa que integrar culturalmente a las personas. ¿Sí o no?
  1. Promoción y protección de la identidad cultural. Estarás de acuerdo en que estas agrupaciones musicales han interpretado desde su creación un amplísimo repertorio que sería imposible detallar, pero en el que indudablemente ocupa un papel protagonista la música con raíces propias y con ello se promueve y se protege la identidad cultural. ¿Sí o no?
  1. Defensa y salvaguarda del patrimonio cultural. Y estas agrupaciones musicales interpretan, entre otras, composiciones de autores del entorno cultural más próximo y, en este sentido, las composiciones de obras musicales vinculadas a las fiestas propias del ámbito territorial de cada una de ellas han jugado y siguen jugando un papel fundamental para el mantenimiento del rico patrimonio musical que se ha generado en las últimas décadas. Y de esta manera contribuimos a la defensa y salvaguarda del patrimonio cultural. ¿Sí o no? 
  1. Participación en la vida cultural de la comunidad. Y finalmente, no es necesario explicar la participación tan activa que tenemos en la vida cultural de la comunidad a través de conciertos, pasacalles, actuaciones en las fiestas patronales y populares, procesiones, actos organizados por los Ayuntamientos y distintas entidades públicas y privadas a lo largo de todo el año. Todo ello casi siempre de manera gratuita para el público asistente. ¿Sí o no?

Agrupació Artística i Musical de Denia en un pasacalle

A mí esto no me parece poca cosa por lo que, si has contestado afirmativamente a todas, no sabes lo que me alegro. Y si no es así, puedes hacer dos cosas: contactar conmigo enviando un mail a luisdeagres@gmail.com para que te lo intente explicar mejor o pensar que reflexionar sobre esto es una pérdida de tiempo y olvidarte.

Sea cual sea tu respuesta, piensa que todo esto no sería posible sin la existencia de las escuelas de música como la Escuela de Música Manuel Lattur y tantas otras donde se forma a miles de alumnos a los que no solo se les instruye en el arte de medir correctamente las semicorcheas. 

Se les forma en los valores que constituyen parte fundamental de la identidad de nuestro mundo asociativo musical y amateur como son el altruismo, la solidaridad, el respeto, el compañerismo, el valor del esfuerzo del grupo por encima de las individualidades, el interés colectivo por encima del individual, la tolerancia, la libertad y algunas otras pequeñas cosas de esta naturaleza.

Si sigues leyendo, ¡bien! Quiere decir que compartimos el planteamiento de que una sociedad musical es una entidad del voluntariado que gracias al trabajo desinteresado de sus músicos y directivos desarrolla actividades que mejoran la calidad de vida de las personas y que protegen y conservan el entorno. ¡Y yo sin saberlo!, supongo que habrás pensado. Ahora tenemos que ver que nos aporta todo esto.

La Ley del Voluntariado reconoce una serie de derechos a los voluntarios entre los que podemos citar el de percibir una compensación (que no supone en ningún caso una retribución por su trabajo) por los gastos que le genera su participación en las actividades de la entidad. Pero este no es, en mi opinión, el derecho al que debemos prestar más atención. El que puede ayudar a situar en su verdadera dimensión lo que hace un músico amateur o un directivo de una sociedad musical es el derecho a que se reconozca su aportación por el valor social de su contribución. En este sentido, la Ley de asociaciones reconoce expresamente “el importante papel de los voluntarios, por lo que la Administración deberá tener en cuenta la existencia y actividad de los voluntarios en sus respectivas asociaciones”. Y para todo ello es necesario que la entidad realice los trámites para darse de alta como Entidad del Voluntariado.

¿Y ya está? ¿Y para esto todo este rollo? Pues sí. Ser reconocido como voluntario perteneciente a una entidad del voluntariado creo que supone subir unos cuantos escalones en la consideración que tiene de nosotros el conjunto de la sociedad que de manera directa o indirecta se beneficia de lo que hacemos. Y es necesario subir esos escalones para llegar al piso en el que viven los que tienen la capacidad de decidir y poderles explicar, con convencimiento pleno, que nosotros, los músicos y directivos de nuestras sociedades musicales con nuestro tiempo y con nuestro dinero (y algo de dinero público, pero poco) mejoramos la calidad de vida de las personas y con ello contribuimos a una sociedad más diversa, más justa y más feliz. Creo que todo esto merece algo más que bolis Bic sin tinta (yo ya soy algo mayor) y que vídeos que promocionen lo nuestro.

¿Te ofreces voluntario para pelear por conseguirlo?

Luis Vidal es músico amateur de la Unió Musical de Muro, Economista y Tesorero de la CONFEDERACIÓN ESPAÑOLA DE SOCIEDADES MUSICALES (CESM)

P.D. Este artículo está escrito en singular y por tanto parece dirigido a una única persona, pero confío en que lo lean al menos dos.

Fuente: Publicado en

Se acaba de publicar la LOMLOE en el BOE del 30 de diciembre y entrará en vigor dentro de 20 días. Esta nueva Ley Orgánica deroga la LOMCE y también modifica la LOE incorporando muchos cambios en el conjunto del sistema educativo español, de acuerdo con el perfil ideológico del gobierno de coalición actual.

No entraremos a valorar la ley en sus términos ideológicos o cuestiones generales, esto lo dejamos para otra ocasión. Solo queremos analizar y reflexionar sobre las modificaciones e innovaciones que afectan a las enseñanzas de Música que se imparten en escuelas de música y conservatorios.

La verdad sea dicha, encontramos una primera cuestión positiva: La Ley se ocupa de nuestras enseñanzas y realiza algunas mejoras de gran interés que suponen claramente un avance, aunque también es verdad que hubiéramos deseado bastante más ambición en sus términos. Pero nos han tenido en cuenta y esto se agradece.

Vayamos por partes y desde el principio. La LOMLOE incorpora un Artículo 5bis denominado “La educación no formal” que expone textualmente:

“La educación no formal, en el marco de una cultura del aprendizaje a lo largo de la vida, comprenderá todas aquellas actividades, medios y ámbitos de educación que se desarrollan fuera de la educación formal y que se dirigen a personas de cualquier edad, con especial interés en la infancia y la juventud, que tienen valor educativo en sí mismos y han sido organizados expresamente para satisfacer objetivos educativos en diversos ámbitos de la vida social tales como la capacitación personal, la promoción de valores comunitarios, la animación sociocultural, la participación social, la mejora de las condiciones de vida, artística, tecnológica, lúdica o deportiva, entre otros. Se promoverá la articulación y la complementariedad de la educación formal y no formal con el propósito de que ésta contribuya a la adquisición de competencias para un pleno desarrollo de la personalidad.»

Aquí tenemos una primera innovación interesante, la inclusión dentro de la Ley de un nuevo paradigma que viene a reforzar y concretar “el aprendizaje a lo largo de la vida” que incluyó la LOE en el 2006. Un avance interesante en la definición y en la concreción de este derecho educativo.

Al leer este artículo, uno no puede más que acordarse de las sociedades musicales valencianas (y españolas) y sus escuelas de música. Parece ser que quien lo ha redactado pensaba en nosotros.

Deberemos estar atentos para que tanto el Ministerio de Educación como las administraciones educativas cumplan con el mandato del legislador: “… la articulación y la complementariedad de la educación formal y no formal con el propósito de que ésta contribuya a la adquisición de competencias para un pleno desarrollo de la personalidad”.

Aquí se nos ocurren muchas acciones. Además, en el caso de la Comunitat Valenciana, con la impresionante red de sociedades musicales y escuelas de música, las posibilidades son enormes en terrenos como la acreditación de competencias profesionales y la mejora del aprendizaje de amplias capas de población. En definitiva, una gran oportunidad.

Seguimos. Otra medida que nos ha gustado mucho ha sido la nueva regulación del Título de Bachiller para el alumnado que cursa simultáneamente las enseñanzas de Música y las materias comunes del Bachillerato. Ahora se dice claramente que los alumnos que obtengan este Bachiller lo harán en la modalidad del Bachillerato en Artes. Ésta es la mejora. Simple y efectiva.

Este tipo de Bachillerato ya se implantó en 1990 con la LOGSE, pero tenía un problema por su indefinición. Era una especie de “pegote”, no era una modalidad propiamente dicha y planteaba problemas para aquellos que lo tenían y decidían no cursar las enseñanzas superiores o ir a la Universidad. De hecho, solo lo cursaban aquellos alumnos que estaban muy convencidos de seguir los estudios superiores de música en un conservatorio superior. A la mínima duda, el alumnado se decantaba por otra modalidad de Bachillerato con el consiguiente exceso de carga lectiva, doce horas más. Para salir corriendo.

Ahora ya no es así. Esta medida provocará directamente una mayor confianza del alumnado y de sus familias, facilitará también la comprensión de esta modalidad dentro del sistema educativo (¡las veces que tuve que explicar a muchos directores de Instituto este tipo de bachillerato cuando era yo director de un conservatorio profesional!). Y sobre todo facilitará a nuestro alumnado el acceso a otros itinerarios formativos superiores. Y no solo eso, también se incrementa el prestigio de nuestros conservatorios profesionales cuyas enseñanzas son homologables ahora a las del Bachillerato, algo que puede ser poco comprendido entre el sector, siempre proclive a sentirse “diferente”.

Siguiendo con las enseñanzas profesionales de música, se recupera el nombre de Título Profesional de Música, se pierde por el camino la mención “al Título de Técnico correspondiente”.

Con toda seguridad será bien recibido por el sector, a quien el título de “técnico” no le entusiasmaba por su analogía con la formación profesional. Y ya se sabe, somos artistas que nos consideramos diferentes, lo de mezclarnos con los la FP no es lo nuestro. Pero no lo tengo claro. Confieso que siempre me gustó lo del título de técnico de la LOMCE, entre otras cosas porque nuestro título profesional ha estado en una especie de terreno de nadie, sin prácticamente ninguna validez, bastante desprestigiado y desconectado dentro del sistema educativo. Por eso, el acercamiento a la formación profesional, con el prestigio e implantación que están paulatinamente obteniendo estas enseñanzas dentro del sistema educativo y de la sociedad en general es una oportunidad. Esperemos a ver.

Y finalmente las menciones a las Enseñanzas Superiores de Música. La primera de ellas muy buena, “blindando” la denominación de Grado para nuestras enseñanzas superiores en el marco de la Ley Orgánica:

«El alumnado que haya superado los estudios superiores de Música o de Danza obtendrá el Título de Grado en Enseñanzas Artísticas Superiores de Música o Danza en la especialidad que corresponda, que será equivalente, a todos los efectos, al título universitario de Grado. Siempre que la normativa aplicable exija estar en posesión del título universitario de Grado, se entenderá que cumple este requisito quien esté en posesión del Título de Grado en Enseñanzas Artísticas Superiores de Música o Danza.»

Por fin. Otra normalización que era necesaria después de la pérdida de esta denominación por sentencia judicial. En aquella ocasión, los reales decretos que regulaban las enseñanzas mínimas hablaban de Grado, pero no la Ley Orgánica. Ahora esto se subsana.

Y una sorpresa. La Disposición Adicional novena dedicada a la Regulación de las Enseñanzas Artísticas Superiores:

“En el plazo de dos años desde la entrada en vigor de esta Ley, el Gobierno, previa consulta a las comunidades autónomas, al Consejo Superior de Enseñanzas Artísticas y oído el Consejo de Universidades, presentará una propuesta normativa para la regulación de las condiciones básicas para la organización de las enseñanzas artísticas superiores previstas en el artículo 58, además de las que se refieren a las titulaciones y a los requisitos del profesorado derivados de las condiciones de inserción de estas enseñanzas en el marco de la educación superior. Del mismo modo, el Gobierno incluirá en dicha propuesta la organización y las equivalencias de las enseñanzas artísticas profesionales y su relación con el Catálogo Nacional de las Cualificaciones Profesionales.”

Se trata de un anuncio que pretende una regulación específica de nuestras enseñanzas. Habla de una “propuesta normativa”, un término como mínimo algo nebuloso. ¿Hablamos de un Real Decreto de carácter básico? ¿O de una norma de rango menor? ¿Por qué no abordarlo en esta misma Ley? Mejor oportunidad imposible. Otra vez con aquello de sentirnos “diferentes”. Me recuerda al lema franquista de Spain is different para justificar una dictadura en el seno de Europa a finales del siglo XX. Pues lo mismo, mejor ser normales y no tan diferentes.

Además, corremos el peligro de que esta disposición quede durmiendo “el sueño de los justos”; antecedentes tenemos. Y si no, miremos lo que está ocurriendo con el requisito de la formación pedagógica y didáctica para las enseñanzas profesionales: Se reguló en el 2006 y, catorce años después, nada de nada. Por no mentar lo que tardamos en publicar los temarios para el ingreso en el Cuerpo de Catedráticos de Música y Artes Escénicas, la friolera de 25 años sin poder organizar procedimientos selectivos por no tener una “simple” orden ministerial. Esperemos que esta vez no sea así.

Dicho esto, la disposición adicional tiene su miga. El profesorado puede salir beneficiado muy claramente ya que se abre la puerta a la mejora de su categoría profesional y de su nivel retributivo. No tardarán las organizaciones que aglutinan al profesorado a solicitar un estatus más elevado, el Cuerpo de Catedráticos de Música imparte enseñanzas de Grado y Máster, muchos de ellos/as son doctores, no tiene sentido que sigan en el nivel 26 al igual que los catedráticos de Instituto. Y si las administraciones no entran en “razón”, el sendero judicial puede ser bastante favorable.

También la inclusión de las enseñanzas profesionales dentro del Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales, tal como manifestamos más arriba, es el camino más interesante para estas enseñanzas que, una vez ganada la modalidad de Bachillerato en Artes, se podrán beneficiar además de todo lo que supone ir de la mano de la formación profesional.

En definitiva, encontramos medidas muy interesantes y hay que valorar y agradecer el interés por ocuparse y mejorar nuestras enseñanzas. Pero los que somos ya viejos en estas lides y conocemos la evolución de nuestras enseñanzas sabemos que uno de nuestros problemas históricos es el débil impulso normativo que hemos padecido desde siempre, algo que no ocurre con las enseñanzas generales. Una desatención que ha venido socavando la calidad y la actualización permanente de las enseñanzas regladas de Música.

Trabajo tienen los responsables de la ordenación de las enseñanzas de música en el Ministerio de Educación. Confiemos también en el Consejo Superior de Enseñanzas Artísticas, a ver si se reúne con más frecuencia y puede ser un elemento que impulse estas reformas necesarias.

Feliz 2021

Manuel Tomás Ludeña

Publicado el

La irrupción de la COVID19 ha supuesto un auténtico tsunami a nivel planetario, un suceso global que ha cambiado de manera repentina nuestras vidas, nuestras rutinas, nuestras costumbres, además de amenazar seriamente nuestras vidas y la de nuestros seres queridos.

Por otra parte, todos los entornos laborales y las diferentes profesiones han tenido que experimentar cambios y adaptaciones importantes. Empezando, claro está, por los profesionales de la Sanidad que están soportando sobre sus espaldas la atención sanitaria a la ciudadanía con riegos importantes para sus vidas. He leído que ya son cerca de 77.000 los profesionales contagiados. Los aplausos a las veinte horas estuvieron más que justificados. Pero no son los únicos, también están realizando esfuerzos muy significativos los profesionales de la educación. Y aquí quería llegar.

Nuestro sistema educativo y sus responsables han tenido que realizar transformaciones muy profundas en apenas quince días. Hemos cambiado más en tres meses que durante todo el último siglo, exagerando un poco, claro. Organizar todas las enseñanzas de manera telemática de un día para otro y “aguantar el tipo” puede considerarse un esfuerzo titánico al que han contribuido, sin duda, los responsables políticos y técnicos de las administraciones educativas, las direcciones de los centros escolares y el conjunto del profesorado. Naturalmente, también el resto de miembros de la comunidad educativa, pero mi reflexión se centra, en esta ocasión, en la respuesta profesional.

Un esfuerzo que va adaptándose a la misma evolución de la pandemia, pues si complicado ha sido organizar las diferentes enseñanzas a distancia, más complicado está siendo adecuar el funcionamiento de los centros a la “nueva realidad”. Por simplificar, se trata de garantizar en plena pandemia el funcionamiento normalizado y presencial de los centros educativos mitigando y evitando los riesgos de contagio. Algo así como la cuadratura del círculo. Y lo curioso es que se está consiguiendo; el nivel de contagio y de brotes en el ámbito escolar es bastante reducido. De momento. Por todo ello, creo sinceramente que las direcciones escolares y sus equipos directivos están realizando un trabajo excepcional en unos contextos muy complicados. Y me explicaré.

En primer lugar, han asumido una enorme  responsabilidad. Las administraciones educativas han estado raudas al anunciar que la responsabilidad para redactar y aplicar los planes de contingencia y gestionar los casos y los brotes correspondía a las direcciones escolares. Aquí sí que se les ha dado rápidamente autonomía. Sobre las espaldas de estos profesionales ha recaído la mayor parte de la  responsabilidad.

Y es lo suyo, vaya por delante. Cuando se cree en un modelo de dirección relevante y con capacidad ejecutiva hay que ser consecuentes. A las duras y a las maduras. Lo que duele es que solo sea para “las duras”. ¡Lástima que esta autonomía no la tengan en otros ámbitos, donde las administraciones se resisten a ello!

Sigamos. No sólo responsabilidad, nuestras direcciones escolares han tenido y están teniendo que realizar un ingente trabajo añadido, mucho trabajo. He sido director doce años de un centro público y convivo con una directora también. He vivido y sigo viviendo en primera persona las dificultades y el trabajo extraordinario que han tenido que realizar todos durante los meses que dura la pandemia.

De momento  este año, muy pocas vacaciones, pues el virus no ha descansado tampoco y las resoluciones de las autoridades educativas se sucedían también en julio y agosto. Además, la preparación del curso en septiembre en estas condiciones ha supuesto, imagino que para la mayoría, un trabajo continuado e intenso durante el verano.

Las nuevas tareas son muchas: Señalizar el centro, redactar planes de contingencia, organizar entradas escalonadas, modificar las programaciones didácticas, informar a la administración de los casos y de los brotes, cambios organizativos para adaptar el funcionamiento administrativo a la nueva realidad, conocer y manejar la nueva normativa y suma y sigue… Una gran cantidad de nuevas funciones.

Más responsabilidad, más trabajo y añadamos algo nuevo: Más conflictos que asumir. Unas circunstancias tan serias provocan miedo, ansiedad y preocupaciones en todos los sectores educativos (profesorado, padres/madres, etc.). Es lo normal. Y aunque el comportamiento del profesorado y del resto de los sectores educativos está siendo ejemplar, los nuevos conflictos no se pueden evitar en colectivos tan numerosos.

Para más inri, mucha responsabilidad y pocas competencias. Deben afrontar un reto descomunal con muy pocas herramientas: Un jefe de personal que no tiene competencias en la gestión de personal,  un líder pedagógico con poco margen para elaborar un proyecto educativo (a diferencia de los colegios privados), un responsable de gestión que no tiene prácticamente margen de maniobra para conseguir recursos extraordinarios. Vaya, para salir corriendo.

Nuestro modelo de dirección escolar es una anomalía en todo el mundo (junto a Portugal). En el resto de países, desde la China popular hasta la América capitalista, los directores gozan de más competencias y son auténticos profesionales, es decir, tienen una dirección profesionalizada. Aquí, este modelo profesional de la dirección nos recuerda al cuerpo de directores del franquismo. Por ello, una gran parte de los sectores educativos lo rechazan y consideran que “lo nuestro” es más democrático y participativo: Complejos del pasado. Y falso, porque son muchas las direcciones que acaban siendo nombradas por la administración por falta de candidatos; así que, de participación, no vamos muy sobrados.

Pensamos que no hay nada más democrático que un director/a con atribuciones y competencias para ejecutar los acuerdos tomados democráticamente en los órganos de gobierno colegiados. Esto, algunos lo venden como autoritarismo, pero cuando nadie manda ya se sabe… Lo dejo aquí, no quiero venirme arriba.

Así que, o todo el resto del mundo está equivocado, cambiará su modelo y nos seguirá en esta “senda democrática”, o somos nosotros los que caminamos en dirección contraria al sentido común. Más bien me inclino por esto último.

Creo que llegará el reconocimiento de la sociedad a los profesionales de la educación en su conjunto, pero jamás valoraremos lo suficiente a las direcciones de los centros escolares. Y no creo que lo hagamos de manera pública y notoria, no queda bien todavía reforzar a los directores/as.

Y esto me hace pensar, ¿por qué los directores/as son una figura poco simpática? Miren los Simpson, uno de los personajes más patéticos es, sin duda, el director del colegio de Springfield, Seymour Skinner, el estereotipo de alguien preocupado por las reglas y por amargarle la vida al pobre Bart Simpson. Casi igual de siniestro que la figura  del cazador en los cuentos de Walt Disney.

Bueno, es lo que hay. Pese a todo, ahí siguen trabajando y dando muestras de un compromiso colosal por el sistema educativo público. Nadie saldrá nunca a los balcones para aplaudir a estos profesionales; incluso en algunos centros educativos, no recibirán el apoyo y aliento de sus propios compañeros/as (en la mayoría, sí). Pero son necesarios, muy necesarios y en estos momentos lo han demostrado y lo están demostrando. Gracias y enhorabuena a todos estos profesionales. Se merecen también un aplauso unánime de todos nosotros.

Manuel Tomás Ludeña

“Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados”. El inicio de El amor en los tiempos del cólera (1985) de Gabriel García Márquez es, sin duda, una transparente alegoría de cómo la sencillez de una situación nos puede evocar todo aquello que amamos. Siempre hay una almendra amarga en mitad del deleite, y no sabemos cuando nos puede tocar. Hace sólo un año, no hubiéramos imaginado que llegaríamos a anhelar poder hacer nuestro trabajo con la normalidad que creíamos establecida. Ahora es el simple calor de nuestro hogar quien nos acerca a los anhelos perdidos, a aquellos que tal vez nunca consideramos como necesarios, aquellos por los que nunca luchamos y que, a pesar de ello, ahora se convierten en nuestras más grandes victorias. De repente, un terrible virus ha sido el elemento generador para el reseteo de nuestra vida.

Sin embargo, dentro y fuera del período especial que nos ha tocado vivir, seguimos sin encontrar un reconocimiento y valoración de la cultura como actividad esencial para la vida. La heurística aplicada a disminuir riesgos de contagio ha llevado a situaciones límite a diferentes sectores de la cultura: músicos sin conciertos, actores sin funciones ni proyectos, artistas plásticos sin posibilidad de exponer sus obras, disminución o cancelación de encargos, reducción de aforos en teatros y cines, técnicos de espetáculos sin trabajo … En contraposición viajamos en aviones, trenes y metros repletos de gente, compartiendo espacios más pequeños que un auditorio o un teatro, y sin ninguna distancia de seguridad. Esta controversia que puede entenderse dentro del método empírico del ensayo y error aplicado en situaciones desconocidas, nos hace reflexionar, desde el más puro sentido común, sobre la situación que nos ha tocado vivir. Tal vez, el hecho de que la cultura sea ninguneada en muchos casos, sin aplicársele métodos de salvaguarda coherentes y dignos, sea el resultado de una educación general destinada a formar profesionales especialistas con grandes lagunas en el campo de la ética. Tener grados, másteres o doctorados, debería proporcionar valores más allá de las capacitaciones profesionales adquiridas. El conocimiento que no abre visión y que no contextualiza su uso en el mundo que nos rodea, es sólo materia de erudición sin contacto con la realidad.

Cuando se utilizan campañas publicitarias en las cuales se utilizan frases del tipo: “Papá, mamá, dejo los estudios para centrarme en la música”, se evidencia que una estrategia de marketing puede dejar aflorar la más cruel y desnuda ignorancia. Se supone que quienes hayan diseñado semejante spot tendrán una formación específica en al ámbito publicitario, sin embargo, parece que adolecen de la más mínima sensibilidad para pensar que pueden ofender a los que hemos estudiado música. O, simplemente, ignoran que dedicarse a la música supone un estudio comprometido, entregado, constante y que exige un gran esfuerzo vital. Más allá de lo anecdotario del tema, no deja de ser una prueba más de tan desconocido como es nuestro oficio y de la vigencia de los estereotipos que perduran sobre él.

Se avecinan o, más bien, ya nos invaden tiempos difíciles en los cuales, los trabajadores del ámbito cultural, habremos de reivindicar nuestra utilidad para que no se nos enmarque en el ostracismo de lo prescindible. La precaución y la prevención no pueden ser el alimento del miedo sino de la concienciación de una realidad nueva a la cual todos debemos enfrentarnos con lógica y con compromiso. Es más, aplicándose normativas de seguridad eficaces y específicas, se podría mantener el tejido cultural dentro de nuestro sistema económico, conservando un sector ya de por sí denostado que siempre ha sido destinatario de recortes en momentos de crisis. En estos meses tras la pandemia hemos asistido y/o participado en actividades culturales adaptadas desde todos los ámbitos, artísticos y protocolarios, a la nueva realidad. Y todo por sobrevivir, por seguir ofreciendo calidad cultural a pesar de la situación tan anómala en la que se desarrolla la vida actual.

En el ámbito musical, muchas bandas y orquestas han estado trabajando desde el primer momento, adecuando su actividad a la normativa de seguridad recomendada para reducir el riesgo de contagio. El esfuerzo de los profesionales de estas formaciones y de sus equipos organizativos y administrativos es una clara evidencia de que sí se puede mantener una actividad cultural segura. No es tiempo de grandes fastos culturales (aquellos que muchas veces hubieran sobrado), sino que es momento de poner de manifiesto la necesidad de la presencia cultural en nuestras vidas con sencillez, pero con total normalidad.

Tras el confinamiento, el pasado mes de junio volví a dirigir. El sonido de los aplausos era diferente, como más cálido, de más duración e intensidad y con una clara y evidente empatía. Desde el escenario vi ojos de felicidad que intuían muecas de complicidad tras las mascarillas. Después de los conciertos, mucha gente se acercaba para darnos las gracias. Y con ello, los momentos de tensión vividos en los ensayos con la preocupación por cumplir la distancia de seguridad o por si estábamos haciendo las cosas bien, parecían disiparse. Sí, hemos tenido y tenemos miedo, pero un miedo que no ha sido capaz de acabar con el entusiasmo por hacer el trabajo que tanto nos gusta. Y es que aquello que amas se convierte en elemento resiliente contra la adversidad. No es momento de heroicidades, pero he de reconocer que la profesionalidad con la que me he encontrado en mi trabajo, tanto por parte de los músicos como de los equipos técnicos y organizativos, es del todo esperanzadora y reconfortante. Así lo ha manifestado el público que ha venido a escucharnos, un público entregado que, con sus aplausos y comentarios, nos ha agradecido el poder ofrecerles nuestro trabajo. Hace unos días, tomando un café con unos compañeros en el descanso de un ensayo, se nos acercó una señora a la mesa y me dijo: “Disculpen…, son de la Banda Municipal, les he reconocido… Muchas gracias por su trabajo. No saben cuanto bien nos hace…”. A veces, momentos como éste, compensan todo esfuerzo y preocupación por reivindicar nuestro trabajo. La sensibilidad de muchas personas como esta señora existe y, en ocasiones, es ignorada por quienes se levantan en adalides de “lo necesario”. Confiamos en que no se ignore la necesidad que la sociedad tiene de un alimento cultural, básico y fundamental para una vida en equilibrio.

Y ahora, a estudiar, precisamente porque soy músico y no puedo dejar de hacerlo. No hay otro camino para aprender y para ser. Y aunque pueda encontrarme con alguna almendra amarga, insistiré en encontrar aquellas que no lo son, pues su sabor eclipsa el resabio de las otras. Y si alguien no lo entiende, que no deje de estudiar …

José R. Pascual-Vilaplana

Bilbao, 31 de octubre de 2020

Fuente: https://www.pascualvilaplana.com/

Artículo original: La Música en los tiempos de la Pandemia

El anuncio (globo sonda) lanzado por el gobierno de que posiblemente los presupuestos generales del Estado para 2021 incluirían el pago del IVA por hacer uso de la enseñanza privada han generado un enorme revuelo.

En lo que afecta al colectivo de las EEMM de las SSMM, esto supondría que el alumnado de estas debería pagar la cuota más el IVA aplicable (no se ha mencionado qué tipo de IVA se aplicaría) que podría ser el 4%, el 10% o en el peor de los casos el 21%.

Valencia 24/10/2020

En 2007 escribí un artículo que titulé “EL IVA Y LAS SEMICORCHEAS” donde intentaba situar al lector ante la realidad de aquellos momentos en relación con el IVA y las actuaciones musicales. Nada creo recordar que mencionara en aquel escrito sobre el IVA y las Escuelas de Música (EEMM) de nuestras Sociedades Musicales (SSMM) porque ni era de aplicación ni se esperaba que lo fuera.

Pero resulta que 13 años después me veo obligado a retomar la cuestión del IVA y las semicorcheas, no en el ámbito de su interpretación sino de su aprendizaje.

El anuncio (globo sonda) lanzado por el gobierno de que posiblemente los presupuestos generales del Estado para 2021 incluirían el pago del IVA por hacer uso de la enseñanza privada han generado un enorme revuelo.

En lo que afecta al colectivo de las EEMM de las SSMM, esto supondría que el alumnado de estas debería pagar la cuota más el IVA aplicable (no se ha mencionado qué tipo de IVA se aplicaría) que podría ser el 4%, el 10% o en el peor de los casos el 21%.

Pero antes de alarmarnos vamos a intentar analizar algunas cuestiones al respecto:

  • ¿Pagar el IVA por recibir las enseñanzas que se imparten en una EEMM de una SSMM es conforme con la legislación europea o por el contrario va contra la norma europea que fija el marco legislativo del IVA en la Unión Europea y por tanto en el que debe basarse la normativa de cada país?
  • ¿Hay algún país europeo que lo aplique?
  • ¿Contribuye a disminuir el déficit o por el contrario es probable que lo aumente?

Primera cuestión: El IVA y la normativa europea.

La Directiva 2006/112/CE DEL CONSEJO, de 28 de noviembre de 2006, relativa al sistema común del impuesto sobre el valor añadido dedica el Capítulo 2 del Título IX a las “Exenciones aplicables a ciertas actividades de interés generaly en su artículo 132 1.i) regula que:

  1. Los Estados miembros eximirán las operaciones siguientes:
  2. i) la educación de la infancia o de la juventud, la enseñanza escolar o universitaria, la formación o el reciclaje profesional, así como las prestaciones de servicios y las entregas de bienes directamente relacionadas con estas actividades, cuando sean realizadas por Entidades de Derecho público que tengan este mismo objeto o por otros organismos a los que el Estado miembro de que se trate reconozca que tienen fines comparables.

En este sentido no es de poca importancia que las actividades de interés general se mencionen en el propio nombre del referido Titulo IX. Veamos porqué:

El artículo 133 nos dice que los Estados miembros podrán subordinar la concesión (entre otras) de esta exención, al cumplimiento de una o de varias de las condiciones siguientes:

  1. a) los organismos de que se trate no deberán tener por objeto la consecución sistemática de beneficios, no pudiéndose distribuir en ningún caso los posibles beneficios, que deberán destinarse al mantenimiento o a la mejora de las prestaciones suministradas;
  2. b) estos organismos deberán ser gestionados y administrados, con carácter esencialmente filantrópico, por personas que no tengan, por sí mismas o por personas interpuestas, ningún interés directo ni indirecto en los resultados de la explotación;
  3. c) estos organismos deberán aplicar unos precios autorizados por las autoridades públicas o que no sean superiores a dichos precios o, por lo que se refiere a las actividades no susceptibles de autorización de precios, unos precios inferiores a los exigidos para operaciones análogas por las empresas comerciales sujetas al IVA;
  4. d) las exenciones no deberán ser capaces de provocar distorsiones de la competencia en perjuicio de las empresas comerciales sujetas al IVA.

Si pasamos a una EEMM de una sociedad musical por el filtro de estas condiciones llegamos a la rapidísima conclusión de que cumple con absoluta seguridad y por definición las condiciones a) y b) y que con una seguridad del 99,99% ninguna escuela de música de una sociedad musical cobra una cuota superior a la que puedan cobrar las escasas escuelas de música que en la Comunitat Valenciana prestan servicios comparables y son explotadas por empresas.

Es decir, las EEMM constituidas como asociaciones y por tanto entidades sin ánimo de lucro cumplen al menos tres de los cuatro requisitos.

Sobre el 4º requisito, excede del ámbito de este artículo profundizar en detalle sobre el complejísimo concepto de las distorsiones de competencia. Pero si diré con rotundidad que es difícil que la actividad educativa desarrollada por las EEMM de la SSMM que en el mejor de los casos se balancean sobre la finísima cuerda del equilibrio presupuestario puedan generar una distorsión de competencia. Y la prueba de la dificultad de alcanzar un excedente con el desarrollo de esta actividad educativa es que el peso de la iniciativa empresarial en este ámbito es muy bajo. Por algo será. Y si prácticamente no hay “empresas comerciales” (definición que utiliza la normativa europea) será difícil argumentar que se les causa un perjuicio.

Vemos pues que la 6ª Directiva nos marca con bastante claridad las “normas del juego”:

El usuario de los servicios educativos, de cualquier nivel y especialidad, en principio no debe satisfacer importe alguno por ello según el artículo 132. Y para el caso de que algún Estado miembro de la UE quiera condicionar este beneficio fiscal al cumplimiento de entre uno y tres de los cuatro requisitos referidos en el art. 133, podemos estar tranquilos porque las EEMM de las SSMM cumplen al menos 3 de los 4 requisitos. Y digo entre uno y tres porque la norma dice que se podrá condicionar la exención al cumplimiento de una o varias condiciones. Si el legislador europeo hubiera querido vincularlas al cumplimiento de todas las condiciones, lo habría escrito. En cualquier caso, me atrevería a decir que las EEMM de las SSMM cumplen las 4 condiciones.

Pero antes de acabar con esta cuestión, volvamos a título del Título IX ““Exenciones aplicables a ciertas actividades de interés general

La Ley 37/1992 del IVA no define el concepto de Interés general, pero, en el ámbito de las entidades no lucrativas, sí que encontramos una aproximación en la Ley del Voluntariado que en el apartado III del preámbulo pone en relación el concepto de interés general con el concepto de voluntariado:

“El interés general como elemento central del concepto de voluntariado y referente principal para deslindar la acción voluntaria, se erige en uno de los pilares fundamentales de la Ley.” Clic para tuitear 

Ya en el articulado el art. 3.2 nos indica que “Se entiende por actividades de interés general, aquellas que contribuyan en cada uno de los ámbitos de actuación del voluntariado a que hace referencia el artículo 6 a mejorar la calidad de vida de las personas y de la sociedad en general y a proteger y conservar el entorno.”

Y el artículo 6 se encarga de concretar el concepto en el ámbito cultural y por tanto musical y educativo: “d) Voluntariado cultural, que promueve y defiende el derecho de acceso a la cultura y, en particular, la integración cultural de todas las personas, la promoción y protección de la identidad cultural, la defensa y salvaguarda del patrimonio cultural y la participación en la vida cultural de la comunidad.”

Encontramos aquí una definición concreta del voluntariado cultural y, dada la íntima relación (establecida por la legislación como hemos visto) entre el voluntariado y el interés general podemos concluir que las actividades que se sitúen en el ámbito del voluntariado son sin ningún género de duda actividades de interés general. Y de aquí la importancia de la mención expresa al concepto de interés general en el apartado 2 del Título IX de la 6ª Directiva

Pues bien, a través de las enseñanzas impartidas en las EEMM no se hace otra cosa que promover el acceso a la cultura del alumnado, iniciándolo en la enseñanza de la música en sus primeras etapas y facilitando a través de las bandas de música y orquestas juveniles el disfrute de las actuaciones musicales en grupo. Una fórmula de éxito (en el más amplio sentido de la palabra) más que contrastado y que no es necesario detallar aquí.

Y no olvidemos que las EEMM son la cantera donde se forman los futuros integrantes de las bandas de música, orquestas y resto de agrupaciones musicales en las que no hace falta explicar que se integra entre sus miembros a personas de todas las edades: desde la última etapa infantil, en  la que canalizan parte de su vitalidad y sus ganas de aprender hasta personas jubiladas a los que su participación les permite seguir sintiéndose útiles a por supuesto personas jóvenes que con su participación aportan la necesaria energía que necesitan estas entidades y a personas adultas para las que su pertenencia a la banda de música forma parte de su forma de entender la vida. Y eso no es otra cosa que integrar culturalmente a las personas.

Y tampoco olvidemos que estas agrupaciones musicales han interpretado desde su creación un amplísimo repertorio que sería imposible detallar, pero en el que indudablemente ocupa un papel protagonista la música con raíces propias y con ello se promueve y se protege la identidad cultural.

Y estas agrupaciones musicales interpretan, entre otras, composiciones de autores del entorno cultural más próximo y en este sentido, las composiciones de obras musicales vinculadas a las fiestas propias del ámbito territorial de cada una de ellas, como las fiestas de Moros y Cristianos, la Semana Santa, las Fallas, Hogueras, Gayatas y resto de fiestas patronales o populares  ha jugado un papel fundamental para el mantenimiento del rico patrimonio musical que se ha generado en las últimas décadas. Y de esta manera, las EEMM de las SSMM contribuyen a la defensa y salvaguarda del patrimonio cultural.

Y finalmente, no es necesario explicar la participación activa en la vida cultural de la comunidad a través de conciertos, pasacalles, actuaciones en las fiestas patronales y populares, procesiones, actos organizados por los Ayuntamientos y distintas entidades públicas y privadas a lo largo de todo el año. Todo ello casi siempre de manera gratuita para el público asistente.

Todo esto, insisto, no sería posible sin la existencia de las EEMM de las SSMM donde se forma a miles de alumnos a los que no solo se les instruye en el arte de medir correctamente las semicorcheas. Se les forma en los valores que constituyen parte fundamental de la identidad de nuestro mundo asociativo cultural y amateur como son el altruismo, la solidaridad, el respeto, el compañerismo, el valor del esfuerzo del grupo por encima de las individualidades, el interés colectivo por encima del individual, la tolerancia, la libertad y algunas otras pequeñas cosas de esta naturaleza.

 Por tanto, si compartimos el planteamiento de que las actividades desarrolladas en las EEMM de las SSMM son actividades de interés general, la conclusión es clarísima:

NO ES CONFORME A LA NORMATIVA EUROPEA LA APLICACIÓN DE NINGÚN TIPO DE IVA A LA CUOTA QUE PAGA EL ALUMNADO DE LAS ESCUELAS DE MUSICA DE LAS SOCIEDADES MUSICALES CONSTITUIDAS COMO ASOCIACIONES Clic para tuitear

Aclarada la primera cuestión vamos con la segunda:

Hasta donde he podido averiguar, ningún país de la Unión Europea salvo Grecia aplica IVA a las actividades de enseñanza prestados por entidades similares a nuestras EEMM. Y esta circunstancia fue impuesta por la U.E. en el marco del tercer rescate que le fue concedido. A cambio, el gobierno Heleno estableció medidas compensatorias y además no se aplica a aquellos casos en los que los centros públicos no cuentan con plazas suficientes para dar respuesta a todas las solicitudes. ¿Les parece que la red de conservatorios públicos podría absorber no ya la totalidad, siquiera una parte significativa del alumnado de nuestras EEMM?. La pregunta es retórica y por tanto no requiere respuesta.

Todos sabemos que, afortunadamente, van a llegar (esperemos que pronto) sustanciosos fondos europeos que paliaran la penosa situación económica que vivimos, pero también les llegaran al resto de países de la UE y por tanto nuestra situación, por suerte, no es comparable a la de Grecia cuando se aprobó el tercer rescate.

Por tanto, desde este punto de vista va a ser muy complicado que el gobierno pueda convencernos de que a pesar de que ningún país, ninguno, de nuestro entorno obliga al alumnado de instituciones de las mismas características que una EEMM a pagarlo, los alumnos de estas merecen ser perjudicados cobrándoles el IVA.

Y para rematar, vayamos con la tercera: ¿Obligar a pagar IVA a los alumnos de una EEMM contribuye a disminuir el déficit o por el contrario es probable que lo aumente?

No dispongo de datos del volumen agregado de cuotas que satisface la totalidad del alumnado en la Comunitat Valenciana y menos en España, pero si lo que se pretende con la medida anunciada es que el servicio prestado por estas entidades sea prestado por el Estado (en cualquiera de sus ámbitos) es una realidad contrastada que  el coste que para la administración pública supondría asumir a su costa y con medios propios la enseñanza musical que se imparte en las EEMM de las SSMM sería varias veces superior al que le supone costear solo en parte la precaria estructura económica que actualmente sostiene a las EEMM. Por tanto, no solo no se generaría superávit, sino que el déficit aumentaría considerablemente.  Quien tenga interés en el tema puede consultar el informe de la AIReF al respecto que estima en aproximadamente 1.000 millones el déficit neto que generaría la aplicación de la medida a todo el sistema de educación y sanidad privada.

Y un añadido final: algunas voces consideran que la medida es beneficiosa porque son las elites y la clase pudiente quien se beneficia de los servicios que en el ámbito de la educación y la sanidad privada se prestan a la ciudadanía. Espero que nadie extrapole este planteamiento al público objetivo de nuestras EEMM, es decir, a los niños, niñas y también algún que otro adulto de toda condición social y económica que llenan las aulas cada vez en mayor numero y contra viento y marea. Y el éxito del programa de becas puesto en marcha en el marco del proyecto “Bankia Escolta València” así lo corrobora.

Solo queda pedir a nuestros políticos que apliquen la normativa europea y el sentido común. Con ello protegerán el interés general como hacemos desde las Escuelas de Música de las Sociedades Musicales.

Luis Vidal Domínguez

Musico,

Economista

y Secretario General de la Confederación Española de Sociedades Musicales.

Artículo por: Pedro Rodríguez Navarro

No hay un acuerdo científico sobre las causas de la extinción de los dinosaurios. Pero la mayor parte de expertos ve plausible la hipótesis del impacto del meteorito. A nosotros no nos ha caído un meteorito, pero si una pandemia global.

No voy a contaros nada nuevo sobre el SARS-CoV-2, bastante información y desinformación hay sobre el tema. Mi intención es compartir algunos pensamientos con vosotros.

Antes de la pandemia ya estábamos viviendo cambios sociales a un ritmo muy acelerado. Los que queríamos permanecer actualizados teníamos la necesidad de adaptarnos a todo lo que estaba sucediendo. Globalización, movilidad, tecnología y comunicaciones, startups… Cada cambio venía para quedarse y quedarse anclado en el pasado era un síntoma negativo, se percibía como algo parecido a quedarse rezagado. El conservadurismo más recalcitrante cada vez ha estado peor visto en nuestra sociedad o al menos estaba lleno de connotaciones negativas.

La pandemia está acelerando mucho más estos cambios, lo que se esperaba para los próximos diez años están sucediendo en diez meses. A principios de marzo, con el confinamiento, fui de los muchos que pensamos que esto sería un bache, un accidente, un mal sueño de una noche de primavera, un mes de abril perdido… Las noticias sobre las vacunas o el éxito en doblegar la primera curva invitaban a pensar en esa dirección. Pero a día de hoy,

¿ALGUIEN PIENSA QUE TODO VOLVERÁ A SER COMO ANTES? A MÍ, YA NO ME LO PARECE. Clic para tuitear

Los cambios en los hábitos laborales con el teletrabajo o los cambios en los hábitos de compra con la imposición del online, son bastante llamativos y profundos como para pensar que han venido para quedarse definitivamente. Aquello de cualquier tiempo pasado fue mejor puede estar más vigente que nunca, sobre todo, cualquier tiempo sin coronavirus. Pero aferrarse a ese tiempo implicaría quedarse anclado en el pasado.

Y mientras sucede todo esto no puedo evitar pensar en nuestras sociedades musicales y nuestra querida cultura de bandas de música, donde también incluyo orquestas y coros. ¿Queremos adaptarnos a los profundos cambios que estamos viviendo? O por el contrario queremos negarlos y, ¿quedarnos aferrados al pasado? Aferrarse al pasado parece una actitud temeraria, una postura que no conduce a nada. Tarde o temprano la mascarilla pasará, pero los nuevos hábitos permanecerán. Con el tiempo que llevamos con estos hábitos algunos ya empiezan a convertirse en costumbres y las costumbres permanecen.

Pienso en voz alta o, mejor dicho, pienso en voz escrita. Nadie quiere formar parte de la manada de dinosaurios cuando impacta el meteorito. Por eso necesitamos que la innovación vaya calando en nuestras actitudes para poder ir adaptándonos a las nuevas necesidades. Reuniones de Juntas directivas online, ¿podemos aprovechar esto para captar más miembros para las juntas directivas? ¿puede servirnos para ampliar nuestra red de colaboradores y con ello incrementar todavía más el mayor recurso que tenemos, el voluntariado? ¿Deberíamos formar nuevas y mayor número de agrupaciones con menos integrantes?, ¿formaciones reducidas ajustadas a las circunstancias actuales? ¿deberían los compositores empezar a componer mayoritariamente para grupos de pequeño formato? ¿qué tipo de composiciones nos aventura este futuro?, ¿qué arreglos? Las nuevas disposiciones con músicos o cantantes a metro y medio de distancia, ¿alguien puede asegurar que desaparecerán? ¿no hay nada aprovechable en las nuevas disposiciones de músicos sobre el escenario? ¿nadie quiere explorar nuevas sonoridades derivadas de ello? No se trata de parchear, se trata de empezar a buscar respuestas estables con la mirada fijada en que la supuesta “nueva normalidad” puede ser la “futura rutina”, termino que creo más ajustado a lo que se nos viene encima y que no he visto utilizar todavía.

En este páramo de desgracias en que se ha convertido 2020 también hay sitio para la esperanza. El ámbito cultural está siendo seguro. Los museos, las bibliotecas, los cines, los teatros o los auditorios no están siendo lugar de contagio. Es muy buena noticia. Hay que perseverar en ello manteniendo todas las medidas implantadas para combatir el virus y sentirnos seguros, mejorándolas si cabe cada día. Esta coyuntura positiva hay que aprovecharla para estabilizar nuestra actividad y relanzarla hacia el mañana, hacia el futuro. A los pesimistas de siempre (por llamar de alguna manera a esos que nada aportan y solo ven la parte vacía de la botella) les diría que piensen que los estadios de futbol se mantienen vacíos mientras nosotros ya podemos disfrutar de espectáculos, aunque sea con aforos reducidos. Tenemos la iniciativa.

Por supuesto que hay que seguir con el principio de cautela. Pero al mismo tiempo tenemos la obligación de ir pensado en fórmulas que consigan que todos esos meteoritos que se alinean en el horizonte no supongan una amenaza para la música y podamos continuar esquivándolos.

Debemos preservar este legado de más de doscientos años de tradición y bagaje etnológico, para poder regalárselo a las generaciones venideras como nuestros mayores nos lo regalaron a nosotros. Sabemos que no fue fácil y que nuestros ancestros tuvieron que lidiar con las penurias y escasez material, con guerras, dictaduras y cambios constitucionales e inestabilidad social y política, la España de los últimos dos siglos sin ir más lejos.

Hoy ya nos hemos dado cuenta que para nosotros tampoco será fácil. Cada generación enfrenta sus propios problemas y el nuestro es el de una emergencia sanitaria sin parangón en la era reciente situada entre dos crisis económicas, la de 2008 a 2014 y la que se aventura para 2021. a ¿2028?

Nuestro reto será acomodar nuestra herencia musical a todos estos cambios que la emergencia está produciendo en nuestra sociedad, al igual que nuestros antepasados se adaptaron a los suyos.

Es responsabilidad nuestra y de cada una de las personas que configuramos este ecosistema no anclarnos al pasado con la sola esperanza de la vacuna. La innovación será la que nos permita mantener la iniciativa en la rutina futura.

Fuente: Por  https://www.radiobanda.com/ – 

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El universo de las sociedades musicales valencianas vivió anoche una de sus jornadas históricas con motivo del cálido homenaje que dedicó al insigne periodista Octavio Hernández Bolín. Era una oportunidad para mostrar el lado más solidario y fraternal  hacia “uno de los nuestros”. Y una vez más, las sociedades musicales han estado a la altura de las circunstancias.

En el marco incomparable del histórico Teatro de la Banda Primitiva de Llíria, los máximos representantes de las sociedades musicales acudieron masivamente a este sencillo homenaje. No faltaba nadie, los que estábamos de manera presencial y los que no han podido asistir pero que han querido sumarse con sus mensajes y testimonios  en estos tiempos difíciles de la COVID19. Como siempre, el presidente de la Banda Primitiva, José Luis Pérez Veses, hizo gala de su conocida hospitalidad y generosidad.

Hay que echar mano de hemeroteca para encontrar un acto al que asisten, fuera de las propias actividades federales, todos los expresidentes de la FSMCV. Allí estaban Vicent Escrig, Santiago Algado, Pepe Almería, Pedro Rodríguez, la actual presidenta Daniela González y el presidente de la Confederación de Sociedades Musicales Españolas Vicent Cerdá. Solo faltaba Ángel Asunción, que si no venido es porque no ha podido porque ganas no le faltaban. Todos unidos y juntos por una misma causa: Octavio Hernández.

Además en Llíria. Emotiva también la presencia del alcalde de la ciudad Manolo Civera que, en el día de su aniversario, ha encontrado un rato para aparcar los compromisos familiares propios de una día así y compartir su tiempo con todos nosotros.

El evento ha tenido de todo: Música de la mejor, una conducción insuperable a cargo de Carles Subiela y una autenticidad fuera de lo común. Casi nada. Uno ha tenido la sensación de asistir a uno de esos actos que jamás se olvidan.

De todos es conocido que Octavio se  merece esto y mucho más, sus aportaciones a la difusión, preservación y dignificación de nuestras bandas de música son insustituibles y de unas proporciones colosales. Ha quedado muy claro, todos lo sabemos y no hace falta insistir en ello.

Octavio, acompañado por su familia, se dirigió a todos los asistentes y no recuerdo a nadie que haya sido capaz de decir en tan pocas palabras lo que son nuestras bandas de música, se nota que se sabe perfectamente la “lección”, porque lo vive y lo siente. Puro magisterio en vena y todo un lujo para los oídos.

La figura de Octavio suscita una adhesión y reconocimiento generalizado. Por dos motivos fundamentales; por su contrastada profesionalidad y por su bondad extrema. Dos cualidades que le convierten en alguien insustituible. Su voz cuenta diariamente nuestras historias, las más grandes y también las más modestas. Posiblemente, el mejor documentado y el conocedor más exhaustivo de nuestro movimiento asociativo musical. Lo sabe casi todo.

Su archivo sonoro, sus artículos y su web son posiblemente nuestra particular Biblioteca de Alejandría. Si quieres saber algo sobre un director, la trayectoria de una banda de la comarca más remota, no hay más que preguntarle y te pone al día en un santiamén.

Como dice Tyrion Lannister, somos las historias que contamos, los relatos son la memoria colectiva de una comunidad, nos permiten saber de dónde venimos y a dónde vamos. Por eso Octavio, es más que nadie,  nuestra memoria, nuestro presente y nuestro futuro.

Al finalizar el acto, solo faltó sacarlo a hombros de la Banda Primitiva de Llíria, ganas no faltaron. Todos los presentes acabaron haciéndose fotos con él como si se tratara de una auténtica estrella de Rock. Por su parte él, estaba feliz y sonriente como siempre. Días así hacen que uno celebre tener amigos como Octavio y pertenecer a la familia de las bandas valencianas.

Enhorabuena Octavio y gracias a todos/as.

Manuel Tomás Ludeña

Todos, o al menos todos a los que nos preocupa un poco la cultura, hemos oído las manifestaciones del ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, en las que solemnemente declara que “la cultura es un bien de primera necesidad”.

No podemos más que celebrar estas declaraciones y esperamos con incierta esperanza trufada de cierto escepticismo como se traducirán en medidas concretas que de verdad la conviertan en una realidad futura. Supongo que estaremos de acuerdo en que actualmente tan rotunda afirmación solo constituye, en el mejor de los casos, la expresión de un deseo.  Y aquí está el quid de la cuestión. Cuando el autor es ni más ni menos que el ministro del ramo es razonable que el lector se cree la ilusa expectativa de que quien tiene la capacidad de decidir tenga también la voluntad, si no con carácter inmediato sí en un futuro próximo, de obrar en consecuencia y por tanto de destinar recursos públicos suficientes para que la bendita frase no quede solo en eso. Y claro, si hablamos de gestionar y administrar recursos públicos tenemos que hablar de decidir y de priorizar el destino de esos recursos.

Parece lógico deducir que un bien de primera necesidad ocupará uno de los primeros lugares en el orden de prioridades. Si no es así, y las dudas al respecto son más que razonables, supondría un ejercicio de incoherencia y alguna cosa más.

Desde el inicio de la actual legislatura (después de la larga siesta que se echaron nuestros políticos) la Confederación Española de Sociedades Musicales  (CoESsM) retomó los contactos iniciados en la anterior legislatura con nuestros representantes políticos con sendas reuniones con el presidente de la Comisión de Cultura del Congreso Agustín Zamarrón y con los presidentes de las Comisiones de Cultura Manuel Escarda y de Hacienda del Senado, Cosme Bonet a quienes expuso el enorme colectivo al que representa nuestra entidad y el proyecto de modificación del marco normativo que afecta (en el sentido de menoscabar, perjudicar e influir negativamente) a nuestras bandas y escuelas de música en el ámbito tributario, en el asociativo, en el laboral y el educativo. Ello se traduce en un legislación que trata a nuestras asociaciones como empresas (25% de gravamen a los resultados derivados de realizar la actividad musical que les es propia) la no aplicación del  “IVA cultural” a la compra de instrumentos (gravados al 21%, cuando Francia, Italia y Portugal sí que aplican el tipo reducido o bonifican la diferencia) como si la música no fuera cultura, la nula consideración del voluntariado cultural, el sangrante anacronismo de la actual Ley del Mecenazgo que no tiene en cuenta la vital aportación no monetaria que realizamos los voluntarios y que es la base de la pervivencia de nuestro colectivo, que no debemos olvidar que es el más numeroso de España y que protagoniza el fomento y acceso a  la cultura de base. A todo ello se une el menguante protagonismo de la enseñanza de la música en nuestro sistema educativo; situación que esperamos y que lucharemos para que revierta la próxima ley de educación.

Todas ellas tuvieron una favorable acogida por parte de los representantes políticos que nos aseguraron que mantenían un estrecho contacto con el ministro, a quien, obviamente, la COESsM se las ha hecho llegar, y se abrió un canal de interlocución directo que nos permitía ser moderadamente optimistas. Incluso se trató la posibilidad de presentar iniciativas legislativas consensuadas (como no puede ser de otra manera) con todos los grupos políticos.

Señor ministro de Cultura, le animo a releer nuestras reivindicaciones (todas ellas en la línea de considerar la cultura un bien de primera necesidad) tomarlas en consideración y convocar a la CoESsM Clic para tuitear

Pero desgraciadamente llego la pandemia y casi todo se paralizó. Lo que no se paralizó fue la dedicación de la CoESsM para defender a nuestras asociaciones, a nuestros músicos y a nuestros alumnos. Para ello, remitió sendas cartas al ministro de Cultura al que ofreció su interlocución y participación en las mesas de trabajo creadas para la reconstrucción del sector cultural y al de Sanidad al que pidió que redactara un protocolo basado en el estudio por parte de los profesionales competentes para analizar el comportamiento del virus en el desarrollo de nuestras actividades musicales y educativas, facilitó los estudios llevados a cabo por el Instituto Bernhard Richter de Friburgo y por la Filarmónica de Viena  y redactó un documento con 33 medidas encaminadas a garantizar la supervivencia de nuestras entidades. Asimismo, remitió al ministerio de Educación la misma información  que a los ministerios de Cultura y Sanidad para su conocimiento y solicitó al presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) una entrevista para tratar de que desde esta entidad se coordinara la respuesta de todos los ayuntamientos para atemperar en la medida de sus posibilidades el muy negativo impacto que tiene la cancelación o suspensión de todas las actividades, tanto culturales como festivas, en las que nuestras asociaciones musicales participan o son protagonistas. Aprovecho para agradecer a la presidenta de la FSMCV que le recordara a Rodríguez Uribes algunas de estas reivindicaciones.

Protocolo y medidas de apoyo

Como única respuesta hemos recibido sendas comunicaciones tanto del ministerio de Cultura como de Sanidad en la que cada uno nos remite al otro y se sacude el problema como si no fuera con ellos. Así, el ministerio de Sanidad considera que con la normativa general publicada en el BOE es más que suficiente para que cada uno redacte su propio protocolo. Por su parte, el ministerio de Cultura en el decreto de apoyo al sector cultural obvia por completo al sector asociativo y amateur y se centra única y exclusivamente en el sector profesional, olvidando que la cultura popular o de base es eso precisamente: la base de nuestra cultura. ¿O no es así? Lo único que dice el decreto es que será el INAEM el organismo encargado de dictar una resolución por la que se aprueben las medidas de apoyo a nuestro colectivo. Publicada la esperada resolución por el INAEM, esta no resuelve casi ninguno de los problemas generados por la pandemia. Ni tampoco los anteriores.

Y mientras tanto, nuestras bandas están intentando retomar la actividad que les da sentido y que provee a toda la sociedad de ese bien de primera necesidad que es la cultura. Pero lo hacen con tanto miedo e incertidumbre como ilusión. La ilusión nunca nos la quitará nadie. Pero nuestro miedo es consecuencia, entre otras cosas, de la total y absoluta ausencia de estudio alguno que aporte rigor científico y certidumbre sobre los riesgos que para la salud y para la vida de un musico supone participar en un ensayo o en un concierto.

Con nuestra labor de voluntariado cultural quitamos una parte de nuestro tiempo al trabajo, a la familia y los amigos para realizar actividades de interés general que, según reza la Ley del Voluntariado, es aquel que promueve y defiende el derecho de acceso a la cultura y, en particular, la integración cultural de todas las personas, la promoción y protección de la identidad cultural, la defensa y salvaguarda del patrimonio cultural y la participación en la vida cultural de la comunidad. Creo que esto es exactamente lo que hacemos todos los músicos y directivos de nuestras bandas y escuelas de música.

Señor ministro de Cultura, le animo a releer nuestras reivindicaciones (todas ellas en la línea de considerar la cultura un bien de primera necesidad) tomarlas en consideración y convocar a la CoESsM para debatirlas y analizar la posibilidad de su aprobación con el fin de proteger y mejorar las condiciones de vida de nuestras asociaciones y de sus integrantes. Ello con independencia de la urgente necesidad de que el Gobierno de España destine recursos públicos a proteger la salud y la vida de los miles de músicos de todo origen y condición. Los músicos y toda la sociedad que disfruta de la música lo merecemos y lo necesitamos.

Luis Vidal Domínguez es secretario general de la Confederación Española de Sociedades Musicales.

IEEEP Artistas Deportistas! ¿Qué pasa?

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Éste dialogo íntimo con uno mismo, nos proporciona la identificación y resolución de problemas, dando potencial a tus aptitudes.

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Estimat mestre:

Avui fa quinze anys que ens va dir adéu. Era un dijous 7 de juliol de 2005. Havia matinat buscant la frescor del matí per estudiar, i a les vuit sonava el meu telèfon. Era la nostra amiga i excel·lent pianista Marisa Blanes. “José, Amando ens ha deixat…”. En un principi no ho vaig entendre, o més be, el subconscient cercava trobar una realitat forana davant les paraules que em traslladaven un missatge tan inesperat com gens desitjat. El dilluns anterior, havíem parlat per telèfon per acordar la cita que teníem enmig el Certamen de València, amb els amics de la Banda Municipal de Santa Cruz de Tenerife. Em digué que volia quedar be amb aquella gent que tant ens cuidaren uns mesos abans en un concert memorable al Teatre Guimerà de la capital de l’illa. Encara recorde com si fos ahir, quan agafà del braç a l’Alcalde de la ciutat i tots dos feren esquadra a un racó de l’escenari, mentre jo dirigia El Somni.

Cada dia que passa hi ha sempre un moment per recordar-lo. Aquest matí, a l’assaig amb la Banda Municipal de Barcelona, no he pogut evitar recordar la seua música mentre hi trobava paral·lelismes amb dues obres del programa que estem preparant. D’una banda, el Chorale and Alleluia (1954) de Howard Hanson, ens apropa a una relectura dels corals clàssics amb les vestimentes estètiques de la dècada dels cinquanta del segle XX. Comentava als companys, com de properes poden estar tant aquesta partitura i la seua Aleluya (1958), de la qual en diem que és la primera marxa cristiana. En totes dues hi ha una clara intenció estètica de barrejar elements arcaics amb els ulls de la contemporaneïtat. La litúrgia i la destresa de totes dues ens fan evolucionar i ens poden servir d’aliment pedagògic per al futur. Amb partitures com aquestes, te n’adones que la bona música la porta i la transporta la pròpia evolució de l’ésser humà. Després, el llenguatge litúrgic del Poème du Feu (1978) de la mestra francesa Ida Gotkovsky, ens evocava records dels acords i textures del seu Concert per a banda que gaudirem el passat gener tot barrejant els músics de Barcelona amb els de la Banda Municipal de Bilbao a dos concerts inoblidables. Les escalístiques de Messiaen, la disciplina de Nadia Boulanger, han marcat el treball de vostè i el de la mestra Gotkovsky, tot fent que, quan ens apropem a les seues partitures, esdevenim infants meravellats davant un immens paisatge d’art que ens envolta d’amor; aquell amb el qual han creat tots dos els seus pentagrames. En dues setmanes, també amb la Banda Municipal de Barcelona, tindrem la sort de rodar entre els miralls de colors del seu preciosista Caleidoscopio (1995), una obra de la qual mai n’havíem parlat i que vaig descobrir, sobtadament, a Suïssa, país que li l’encarregà per al Internationale Festliche Musiktage de la ciutat d’Uster. Quan tingué la partitura entre mans, vaig respirar ambients que ja coneixia amb obres com Abracadabra (1980) i vaig gaudir de la pulcritud, el detall i la puresa de llenguatge que aprofita la gama bandística des d’una perspectiva molt acurada i artesanal. Recorde quan l’estrenàrem amb l’Orquestra de Vents “Filharmonia” allà pel 2014 i un músic em digué: “No sembla Blanquer…”. I és que, mestre, necessitem més d’una vida per entendre la grandiositat del seu art, la immensitat del seu legat artístic i humà. Som dèbils i febles, però la seua música ens ajuda a créixer i evolucionar. És quasi com una teràpia, aquella que sempre m’explicava de l’espiral, que torna enrere per pillar força i seguir sempre cap al davant, tot generant un moll que amorteix el dolor de la vida.

I si, mestre, ens fa buit. Hi ha una mena d’esvoranc a l’ànima sempre que una persona estimada deixa de compartir moments amb nosaltres. I tot i que tenim la seua música, els seus llibres, les fotografies o els vídeos que compartírem, egoistament voldríem tenir-lo ací, per que ens digués alguna cosa, amb paraules, amb música… Tots els anys, la nit de Cap d’Any, quan entra l’1 de gener, a casa ens mirem i diem: “Ara estaria telefonant-nos Amando,…”. I és que tenia molta gràcia per endolcir-nos la vida amb moments senzills plens d’absoluta tendresa. No sap quant ho trobem a faltar.

Ja se que no llegirà aquesta epístola. Sempre em deia que li escrigués en valencià, tot i que vostè ho faria en castellà (igual m’ho deia l’enyorat Carlos Palacio). No se si és el pas del temps o la pròpia natura vital la que et fa tenir la necessitat d’evocar a qui estimes tot i ja no estar-hi present. Potser és un tractament curatiu per al dolor de l’ànima, una mena de medicina casolana que serveix de bàlsam davant l’absència. L’oblit és l’autèntica mort. Ni l’oblidem, ni podem fer-ho.

La terra li ha estat lleu, doncs no hi ha terra que eclipse la seua figura ni la seua música. Gràcies per seguir estant i per continuar donant-nos força.

Per sempre, mestre….

José R. Pascual-Vilaplana

Barcelona, 7 de juliol de 2020

Fuente https://www.pascualvilaplana.com

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