Artículos de opinión personal

Hace unos días subía en el ascensor que une el Casco Viejo de Bilbao con la calle Solokoetxe, hablando con un ascensorista que estudia violonchelo y con el cual siempre comento partituras, solistas que vienen al Euskalduna… Una compañera de viaje me dice: “Es usted el director de la banda, ¿verdad? Qué bien que sigan tocando y haciendo conciertos. No sabe cuánto se lo agradecemos…”. Salí del ascensor camino del ensayo pensando que somos afortunados de poder hacer lo que hacemos. Tal vez seamos un bien material y, posiblemente, de necesidad para cierta parte de la sociedad.

Ayer, el Consejo de Ministros, a propuesta del ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, declaró a las Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial. En un principio me he sentido contento como músico de banda y como valenciano. Sin embargo, no he podido dejar de pensar en las bandas de otros territorios con la misma tradición que la nuestra, el mismo tejido social y educativo, con las mismas problemáticas que las bandas que rodean nuestra tradición más autóctona. Humildemente creo que el Ministerio de Cultura ha perdido una oportunidad para reconocer el valor de las bandas de música en general, de darle el lugar que merecen por historia y por realidad, sobre todo después de un período tan difícil como el que estamos viviendo y en el cual la cultura está luchando por sobrevivir.

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El fenómeno bandístico de nuestro estado empezó a gestarse entre finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX. Mientras en Europa los movimientos de Harmoniemusik se convirtieron en grupos de viento de moda, amenizando igual salones aristocráticos como serenatas callejeras, procesiones religiosas o protocolos, la crisis económica en los cuerpos de música militares españoles, dio origen a la aparición de bandas de milicianos. Estos grupos de músicos eran iniciados, en su mayoría, por músicos militares retirados que al volver a sus núcleos de población, empezaron a organizar bandas de música que imitaban ceremonias y funciones de los grupos militares. Durante el siglo XIX, estas bandas evolucionaron de forma diversa, tanto en el ámbito estructural como en el social. Desde Galicia a Andalucía, pasando por ambas Castillas, Cantabria, Asturias, Euskadi, La Rioja, Navarra, Aragón, Cataluña, Madrid, Extremadura, Comunidad Valenciana, Murcia, Baleares, Canarias… la realidad bandística es un fenómeno sociocultural de una riqueza extraordinaria al cual siempre se le ha dado la espalda y se le ha juzgado con estereotipos anticuados y nada justos con su historia, en ocasiones de manera intencionada y en otros casos por pura ignorancia.

Ahora que las bandas valencianas han sido declaradas Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, confiemos que tal consideración se amplíe al resto de bandas de nuestro estado y que sirva de ayuda para visibilizar las necesidades del colectivo. Tal vez con este emolumento distintivo sea más fácil adecuar la situación de las escuelas de música de nuestras bandas, ofreciendo sueldos dignos para su profesorado, reconociendo su labor educativa y su dignidad para recibir la vacuna COVID igual que los profesores de conservatorios y de educación general. Seguro que después de tan importante condecoración las bandas de música que están teniendo problemas con sus partidas presupuestarias, recibirán ayudas para el pago de alquileres y gastos varios de sus sedes. Si el estado reconoce que somos patrimonio inmaterial, es momento que los Auditorios y Festivales subvencionados con fondos públicos adecuen sus programaciones con actuaciones de bandas con la misma regularidad con la que se programan otras formaciones artísticas y en igualdad de condiciones. Si realmente las bandas ya se consideran importantes para la cultura actual, es hora de generar proyectos educativos que ayuden a conocer su historia, a publicar sus obras originales, a grabarlas, a difundirlas, a crear currículos de formación en los cuales los futuros músicos profesionales vean en las bandas una salida laboral y artística de igual consideración que las orquestas sinfónicas, los grupos de cámara o los ensembles más diversos. Tras esta definición sería adecuado normalizar la visibilidad de las bandas en los medios de comunicación, no solo en su ámbito popular y/o tradicional, sino en su heterogénea vertiente artística y en su propuesta idiomática para el mundo de la creación musical contemporánea.

Después de una noticia tan singular para las bandas, confiamos en que nuestros representantes vean en estas instituciones musicales y sociales, un patrimonio único y diferenciador, en donde conviven distintas generaciones, se trabaja por un objetivo común, y se educa en la tolerancia y en el respeto por el papel que cada uno ejerce en la tarea colectiva. Invertir en las bandas de música es toda una inversión de futuro. El auténtico patrimonio de las bandas, sea o no inmaterial, son las mujeres y los hombres que las forman, con historias distintas, con credos diferentes, que hablan diversos idiomas y que piensan de formas muy diversas. La música sirve de amalgama a tal diversidad, y se convierte en alimento artístico de primer orden.

Esperemos que ser bien inmaterial no frene el flujo de materiales necesarios que permitan seguir funcionando a las bandas de música sean de donde sean.

José R. Pascual-Vilaplana

Cocentaina, 31 de marzo de 2021

Fuente: https://www.pascualvilaplana.com/

Artículo original

“Ningún avance se hizo nunca sin una conjetura audaz”

Isaac NEWTON

Una Banda de Música es por definición una agrupación musical formada mayoritariamente por instrumentos de viento y percusión. A diferencia de la orquesta, donde los instrumentos de cuerda tienen su mayor protagonismo.

Desde el periodo barroco hasta nuestros días, la música clásica centroeuropea ha considerado a la orquesta la agrupación musical por excelencia.

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En la Comunitat Valenciana, la tradición musical de origen popular y rural se aglutinó desde principios del siglo XIX a través de las agrupaciones de viento, herederas de la llamada “música militar”. En consonancia con el estilo de vida mediterráneo, donde el binomio música/fiesta ha estado siempre muy presente. Y así, durante todo el siglo XX la música sonó en los pueblos valencianos y sus calles a través de nuestras bandas de viento. Nada que no sea de sobra conocido.

Sin embargo, el carácter popular y festivo de nuestras bandas siempre fue considerado como una manifestación de orden menor por los sectores de la llamada “música culta”. La ausencia de un repertorio de calidad propio y específico para banda y el tener que recurrir a la interpretación de las llamadas “transcripciones” de obras orquestales fue entendida por muchos como una especie de “querer y no poder”. Los inspiradores de la “leyenda negra” contra las bandas de música esgrimieron justamente esto, entre otras lindezas. Ya ajustaremos cuentas con estos en otra ocasión…

A finales de los años 70, encontrar músicos de cuerda en nuestras sociedades musicales no era fácil, eran raros y escasos. Sólo las bandas más poderosas tenían contrabajos y algún violonchelo.

La entrada de los instrumentos de cuerda en las bandas de música vino de la mano de los contrabajos. Los encontramos ya en las bandas de Llíria en los años 50 y 60 del siglo XX. Fueron los pioneros, los encargados de abrir el sendero en la jungla.

Un poco más tarde, llegaron los violonchelos pero entraron con fuerza. Tanto unos como otros mejoraron la sonoridad de nuestras bandas, permitieron interpretar con más precisión y éxito el repertorio orquestal. Por ello, muchas de nuestras bandas de música pasaron a llamarse, henchidas de cierta satisfacción, Bandas Sinfónicas. La verdad sea dicha, oír un Cello interpretando el solo del poema sinfónico Poeta y Aldeano de Franz von  Suppé producía admiración. Sin ánimo de ofender a los sufridos saxofonistas.

A modo de anécdota, la Banda Municipal de Valencia, nuestra agrupación musical profesional por excelencia, no ha tenido jamás en su plantilla violoncelistas.

Pero hay un punto de inflexión que supuso una auténtica revolución y el inicio de un fenómeno de grandes repercusiones musicales, culturales y también profesionales: A las bandas les dio por crear orquestas de cuerda, traicionándose en cierta manera a sí mismas. ¡Toma innovación! ¿Cómo fue posible hacer esto? ¿Cómo se logró la convivencia entre las dos agrupaciones dentro de las sociedades musicales y “no estar loco”, como dice la canción de Antonio Machín?

Esto ocurrió a principios de los años 80 y vino de la mano de algunas sociedades musicales pioneras. Creemos que la primera fue la Societat Musical Santa Cecília de Cullera (1979), luego la Unió Musical de Benaguasil (1980) y la Unió Musical de Llíria (1981). El fenómeno de rivalidad/emulación hizo el resto y en pocos años proliferaron las orquestas por doquier. Se había sembrado la semilla y se había desencadenado la tormenta. Imparable.

Cuarenta años después, los resultados son excepcionales, tenemos cientos de agrupaciones de cuerda en nuestras sociedades musicales. Desde hace bastantes años prácticamente todas las escuelas de música tienen profesorado y alumnado de todas las especialidades de cuerda. Y los profesionales de cuerda valencianos han alcanzado un nivel de excelencia y notoriedad igual o parecido al de los músicos de viento. Muchos de ellos y ellas comenzaron sus estudios en aquellas orquestas incipientes de los años 80 del siglo pasado.

Sin duda, una historia increíble de éxito. Una trasformación de un ecosistema de grandes proporciones, y una mejora sin precedentes.

Hacer un análisis de este proceso merece una investigación rigurosa y metódica, lejos de las posibilidades y la intención de este artículo. Aunque podemos descifrar algunas claves.

La primera, sin duda, la capacidad de innovación y de transformación que tienen nuestras sociedades, gracias al enorme colectivo que movilizan, su penetración y extensión por todo el territorio valenciano. También los recursos que son capaces de conseguir y, más aún, la pasión y el sentido de pertenencia que generan entre los valencianos. Como ya hemos dicho en alguna otra ocasión, son como el Rey Midas, convierten en oro todo lo que tocan. Ahora se llama aceleradoras culturales, clusters, etc.

Hubo también otros factores. La irrupción de las políticas educativas públicas, desaparecidas durante décadas si alguna vez existieron. Se crearon conservatorios y se dotaron con profesorado de calidad. También la reforma educativa de 1990 (LOGSE) incluyó en el currículo de las enseñanzas profesionales, la asignatura de Orquesta para todo el alumnado. Pero todo esto ya bien entrado los años 90 del siglo pasado. En el terreno cultural, asistimos a la creación de la Jove Orquestra de la Generalitat Valenciana, la instauración de un festival de orquestas por el Institut Valencià de la Música y sus organismos antecesores, ayudas a los cursos de verano con presencia de especialistas de cuerda, etc.

Mención especial merece una gran acción que, vista con el tiempo, nos parece genial y determinante: La introducción de cátedras ambulantes de violín y viola, sufragadas por la entonces denominada Obra Social de la Caixa d’Estalvis de Valencia. Gracias a esta iniciativa, profesores y profesionales de cuerda se desplazaban a dar clases a los pueblos valencianos y estos instrumentos, mayoritariamente violín y viola, se repartieron entre los niños y niñas valencianos que pudieron elegir tocar un violín en vez de un clarinete. Puede ser que esta acción fuera el “paciente cero” que desencadenó el inicio de la pandemia orquestal a finales de los años 70. Digno de elogio. Ya sé que no queda bien hablar en positivo de la banca y las cajas de ahorro. Pero es lo que hay.

Más recientemente, siguiendo el testigo ya encontramos Bankia escolta Valencia con su programa dedicado al estímulo de las orquestas valencianas que tantas alabanzas y mejoras están produciendo. Una revitalización vigorosa que ha venido a despertar al sector, sumido en un cierto letargo. Nos referimos al Concurso de Orquestas, el Festival y el Ciclo de conciertos. Y detrás, casi novecientos mil euros inyectados a estas políticas en apenas cinco años. Pero como decía Kipling: “Esto es otra historia” que merece un episodio con nombre propio y por todo lo alto.

Para finalizar, citar también la creación por parte de la FSMCV de su Jove Orquestra en 2014 que vino a culminar el apoyo del mundo asociativo musical a las orquestas de las sociedades valencianas.

Visto en perspectiva, es increíble la transformación y la mejora que la sociedad valenciana ha conseguido en este terreno. Al final se han conseguido beneficios culturales de gran magnitud y también la aparición de una “industria” alrededor de los músicos de cuerda valencianos.

Pongámoslo en valor, demos las gracias a sus responsables y aprendamos para mejorar nuestras políticas musicales y culturales. Además, todo ello con cuatro duros si lo comparamos con el coste de los “grandes proyectos”. Y lo que queda por hacer…

Manuel Tomás Ludeña

Dedicado a todos los músicos pioneros de cuerda valencianos que abrieron caminos y lograron con su esfuerzo el nivel de excelencia actual de las orquestas valencianas.

“Todos hemos tenido un año difícil, muy difícil. Sin embargo, seguimos creyendo en el mensaje de la Música.

Los músicos tienen en su poder flores en lugar de armas, flores que nos traen alegría, esperanza, paz, hermandad, AMOR. Por lo tanto, la Música no solo es importante por ser un entretenimiento, la Música no solo es una profesión, la Música es una MISIÓN.

Por eso hacemos este trabajo: para lograr a través de esa misión una sociedad mejor.

Pensemos que las nuevas generaciones se han visto privadas durante todo este año de la reflexión profunda y crítica por atender, casi exclusivamente, a la salud y por supuesto que la salud es lo primero y más importante, pero también importa la salud mental y la Música ayuda a ello.

Por eso, mi mensaje a los gobernantes, presidentes y primeros ministros de todo el mundo es: consideren siempre la cultura como uno de los elementos primordiales para tener una sociedad mejor en el futuro”.

Riccardo Muti. Transcripción del discurso realizado en el transcurso del Concierto de Año Nuevo en la Sala Dorada de la Filarmónica de Viena, 1 de enero de 2021

Fuente: https://blogs.laverdad.es/febandasrmurcia/ – Martes, 23 febrero 2021

Como casi siempre, la mañana del primer día del año mantengo el mismo ritual: ver y escuchar el famosísimo Concierto de Año Nuevo, unos años con más atención y otros, los que quizás la Nochevieja ha sido más intensa, la escucha ha mermado por culpa de la somnolencia. Este año no era el caso puesto que por desgracia, la Nochevieja de 2020, no pasará a la historia precisamente por la cantidad de horas bailando al son de las canciones del momento o los repetidos “brindis” con cava catalán, por lo tanto, en esta ocasión, mi atención estaba plenamente dirigida hacia lo que, con cierta curiosidad, iba a ser el primer concierto del 2021; digo con cierta curiosidad porque tenía la duda de cómo sería ver a la orquesta más famosa en el auditorio más televisado de la historia -¡sin público asistente!- espectadores, por otra parte, de cierta élite y que en esta ocasión, se quedarían al igual que yo año tras año, sin poder asistir a este magnífico evento; lo cual, tengo que decir, me producía cierto placer puesto que de esa manera y por una vez, todos los oyentes del mundo íbamos a ver este Concierto en las mismas condiciones -al fin éramos todos y todas iguales-. Sin embargo, ese extraño placer se fue al traste cuando vi el primer plano del auditorio vacío; en ese momento me recorrió una enorme tristeza y desolación: no era justo escuchar esa maravillosa orquesta tocando para un montón de asientos vacíos, carentes de japoneses, chinos, rusos, alemanes, austríacos, españoles, franceses….. Aquello tenía un aspecto extraño, fantasmagórico y desolador; solo la maravillosa decoración floral del auditorio lo hacía bello y esperanzador. A la estética floral se unió esplendorosamente la dirección con la que el Maestro comenzó a dar forma a la música. Por mencionar una de las interpretaciones, retengo en mi cabeza los ecos de una en particular – ¡qué Poeta y Aldeano interpretaron dios mío!, ¡Qué solo de violonchelo! – Esta composición fue una obra que no hace muchos años formaba parte del repertorio bandístico. El resto del concierto, sencillamente, estuvo maravilloso. Muti fue “Il Capo” absolutamente.

Además de todo esto, resulta que un murciano era el coreógrafo de los típicos bailes que todos los años intervienen en un momento de la retrasmisión: ¡qué más se podía pedir!

Pues sí, se podía pedir más, todavía quedaba lo mejor de la mañana. Antes de los tradicionales bises se produjo el milagro; el Maestro, Riccardo Muti, con la experiencia y sabiduría de sus 79 años, agarró con fuerza el micrófono y lanzó a los cuatro vientos el deseo para el Nuevo Año. Su alocución hecha en un inglés fácilmente entendible y con una maravillosa claridad, retumbó, no solo en la vacía Sala Dorada si no que hizo vibrar las paredes de los salones de todas las casas del mundo. Conforme el Maestro iba diciendo frase tras frase, mi corazón latía cada vez más fuerte y no era una fuerza cualquiera, era una fuerza enérgica, de ánimo y de alegría. Al mismo tiempo, mis ojos se humedecían y mi piel se erizaba. Ya con su magistral dirección a lo largo del concierto y a través de los sonidos producidos por la Filarmónica Vienesa esa sensación había hecho su aparición, sin embargo, en este instante, el estremecimiento era distinto; tenía otro cariz. Por fin, alguien y no cualquiera; el Maestro Muti y ante millones de espectadores, decía lo que yo – y sospecho que mucha más gente- pensaba, pienso y pensaré. Les puedo prometer que hubo un momento que mi loca imaginación me hizo ver una especie de alucinación: escuchando a uno de los más prestigiosos directores del mundo veía en él miles de bocas y voces a la vez expresando un único pensamiento. Es como si telepáticamente todos los músicos del mundo hablaran a través de la voz del maestro. Es como si la humilde labor que los músicos realizamos día tras día apareciera de repente en un gran luminoso de letras de luz en un color pleno de esperanza, dejando un mensaje que debemos trasmitir todos los días de nuestra vida: ¡La Música construye una sociedad mejor y esa debe ser nuestra misión!

Pocos días después recibía la siguiente noticia: la Asociación de Amigos de la Música de Yecla, su Escuela y su Banda eran reconocidas por el Ministerio del Interior como Entidad de Utilidad Pública. Casi cincuenta años de trabajo intenso se veían recompensados por el Gobierno de España, dos años después de iniciar el expediente se conseguía esa declaración. Resulta que el Maestro Muti tenía razón, resulta que los músicos tenemos la misión de hacer la sociedad mejor. Resulta que si trabajamos intensamente conseguiremos hacer entender a los demás que la Música es absolutamente necesaria. Resulta que si nos empeñamos, las asociaciones musicales, escuelas y bandas, con su labor sin ánimo de lucro, con su actividad altruista y sacrificada ayudan a mejorar el futuro y el presente de nuestra gente. Nuestros jóvenes y nuestros mayores tendrán una existencia más confortable y en definitiva más saludable. Nuestro cuerpo y alma andarán más felices por el camino de la vida.

Sigamos creyendo pues en nuestra MISIÓN. Continuemos luchando como hasta ahora por la MÚSICA. Ella debe seguir sonando en todos los rincones del mundo a pesar de esta traicionera y maldita pandemia. Esforcémonos al máximo en superar cualquier adversidad.

Ángel Hernández Azorín (2021)
Director de la Banda y Escuela de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla.
Director de la Banda “Asociación Jumillana de Amigos de la Música” de Jumilla.

La publicación del Real Decreto de la Consellería de Educación que ordenará la transferencia de los conservatorios de Música y Artes Escénicas Municipales a la red de conservatorios de la Generalitat Valenciana es inminente.

Esta ordenación supondrá muchos beneficios para el sistema desde distintos aspectos como saben los educadores.

Todo esto está muy bien pero hurguemos en materia de personal ¿qué pasará con los profesores que ocupan en régimen de interinidad desde hace años las plazas estructurales? No se sabe a ciencia cierta. Vamos a dar algunas predicciones a la vista de los borradores que circulan por las mesas de los despachos profesionales.

Cada conservatorio pasará a formar parte de la red de la Generalitat Valenciana a través de un convenio interadministrativo, es decir, un acuerdo entre Consellería y Ayuntamiento que regulará el cambio de administración competente. Se establecerá un período transitorio para que las entidades locales corrijan las deficiencias de nombramiento y contratación de su personal interino y, en dicho lapso de tiempo. Los profesores dependerán del ayuntamiento como empleador en el ínterin. La administración saliente, en beneficio de su municipio, puede y debe convocar las plazas a través de un proceso de estabilización de los empleos al amparo de la normativa vigente y de la jurisprudencia comunitaria. ¿Cómo hacerlo? Desde un punto de vista decimonónico, el sistema a emplear es el de concurso oposición según establece la disposición transitoria cuarta del Texto Refundido del Estatuto Básico del Empleado Público vigente. Pero dicho modus operandi es retrógrado o, cuanto menos, obsoleto, porque obliga a los empleados públicos con una experiencia y capacidad contrastadas a un examen para músicos que poco o nada tiene que ver con la enseñanza de la disciplina y sus frutos.

Desde foros doctrinales y jurisprudenciales actuales, se destaca el inapropiado resultado derivado de estos exámenes en los que se aparta a profesores con cinco, diez, quince o más años de experiencia profesional contrastada en educación por reproductores de temas y grandes aprendices de músico – incluso virtuosos – pero, en muchos casos, sin ninguna experiencia laboral en la enseñanza. ¿Es esto  deseable en el siglo XXI? No, es ineficiente. Existen fórmulas para consolidar las plazas sin necesidad de establecer un procedimiento abierto de entrada. Se trata de conceder un par de oportunidades al profesor interino para que alcance su plaza si la merece. Y como he expresado, no sólo es para sancionar la desidia en la convocatoria de plazas o la sanción a la administración empleadora e incumplidora, que lo es, sino lo es para no perder a personal de tan alta cualificación. Y lo dicho lo traslado por analogía a mis profesores interinos que ya están en la red de la Consellería, que tienen una experiencia contrastada y pierden sus puestos por lo mismo, por un concurso oposición que los aparta, normalmente, en favor de educadores inexpertos.

¿Ocurriría en el sector privado? Contéstense ustedes mismos.

José Ramón Llopis Cotanda

Abogado

Carrau Corporación

Fuente: Revista Pentagrama de la Agrupació Artística Musical de Dénia

Coordinación Editorial: Rosa Ribes, Maite Agulles

Es evidente que el título de este artículo es un llamamiento. Pero seguro que alguna pregunta te ha surgido de manera espontánea: ¿Voluntario ¿Yo?, ¿para qué? No seas impaciente que si la contesto tan pronto no leerás lo que sigue. Y aunque aburrido, tal vez sea interesante.

Revista Pentagrama Diciembre 2020

A mí me gusta empezar por concretar de que voy a hablar y así adelantamos. El diccionario de la RAE define como acto voluntario el que se hace por espontánea voluntad y no por obligación o deber. Y define como amateur al que cultiva o practica, sin ser profesional, un arte, oficio, ciencia, deporte, etc. Si esto lo estás leyendo en la revista de la Agrupació Artística Musical de Dénia, pues ya puedes imaginar que me refiero a ti músico/a y/o directivo/a de esta o de tantísimas otras sociedades musicales como la tuya.

Bien, parece que está claro: somos músicos porque queremos y la mayoría lo hacemos por afición y nos ganamos (o nos perdemos, quién sabe) la vida con otras cosas. Pero estas dos pequeñas circunstancias de ser músicos voluntarios y aficionados tienen más importancia de la que parece. Y me parece a mí que tienen mucha más de la que nosotros, los músicos le damos. Y ahora sí, entramos en harina.

La Ley del Voluntariado dice que tienen la condición de voluntarios las personas que, a través de entidades de voluntariado, decidan libre y voluntariamente dedicar todo o parte de su tiempo a la realización de las actividades de interés general, que son aquellas que contribuyen a mejorar la calidad de vida de las personas y de la sociedad en general y a proteger y conservar el entorno desde los ámbitos social, de cooperación para el desarrollo, ambiental, cultural, deportivo, educativo, socio-sanitario, de ocio y tiempo libre o de protección civil, entre otros.

Todo esto, que suena como muy bonito pero muy abstracto, la Ley lo concreta un poco más al decir que el voluntariado cultural es el que promueve y defiende el derecho de acceso a la cultura y, en particular, la integración cultural de todas las personas, la promoción y protección de la identidad cultural, la defensa y salvaguarda del patrimonio cultural y la participación en la vida cultural de la comunidad.

No sé si a ti, paciente lector/a, esto te suena (nunca mejor dicho, je,je) a algo, pero a mí desde que lo leí me sirve para identificar exactamente lo que hacemos desde nuestras bandas y escuelas de música.

Tenemos una definición bastante concreta del voluntariado cultural y, dada la íntima relación que establece la Ley entre el voluntariado y el interés general, podemos concluir que las actividades que se sitúen en el ámbito del voluntariado son sin ningún género de duda actividades de interés general. Y de ahí la tremenda importancia que yo le doy a todo esto y que confío en que tú también le darás a partir de ahora.

Venga, traducimos al cristiano los conceptos incorporados a la definición de voluntariado cultural y así te facilito la tarea:

  1. Promover el acceso a la cultura. A través de las enseñanzas impartidas en las escuelas de música no se hace otra cosa que promover el acceso a la cultura del alumnado, iniciándolo en la enseñanza de la música en sus primeras etapas y facilitando a través de las bandas de música y orquestas juveniles el disfrute de las actuaciones musicales en grupo. Una fórmula de éxito (en el más amplio sentido de la palabra) más que contrastado y que no es necesario detallar aquí. ¿Sí o no? 
  1. Integración cultural de todas las personas. Las escuelas de música son la cantera donde se forman los futuros integrantes de las bandas de música, orquestas y resto de agrupaciones musicales en las que no hace falta explicar que se integra entre sus miembros a personas de todas las edades: desde la última etapa infantil, en la que canalizan parte de su vitalidad y sus ganas de aprender, hasta personas jubiladas, a los que su participación les permite seguir sintiéndose útiles, a por supuesto personas jóvenes, que con su participación aportan la energía que necesitan estas entidades, y a personas adultas, para las que su pertenencia a la banda de música forma parte de su forma de entender la vida. Y eso no es otra cosa que integrar culturalmente a las personas. ¿Sí o no?
  1. Promoción y protección de la identidad cultural. Estarás de acuerdo en que estas agrupaciones musicales han interpretado desde su creación un amplísimo repertorio que sería imposible detallar, pero en el que indudablemente ocupa un papel protagonista la música con raíces propias y con ello se promueve y se protege la identidad cultural. ¿Sí o no?
  1. Defensa y salvaguarda del patrimonio cultural. Y estas agrupaciones musicales interpretan, entre otras, composiciones de autores del entorno cultural más próximo y, en este sentido, las composiciones de obras musicales vinculadas a las fiestas propias del ámbito territorial de cada una de ellas han jugado y siguen jugando un papel fundamental para el mantenimiento del rico patrimonio musical que se ha generado en las últimas décadas. Y de esta manera contribuimos a la defensa y salvaguarda del patrimonio cultural. ¿Sí o no? 
  1. Participación en la vida cultural de la comunidad. Y finalmente, no es necesario explicar la participación tan activa que tenemos en la vida cultural de la comunidad a través de conciertos, pasacalles, actuaciones en las fiestas patronales y populares, procesiones, actos organizados por los Ayuntamientos y distintas entidades públicas y privadas a lo largo de todo el año. Todo ello casi siempre de manera gratuita para el público asistente. ¿Sí o no?

Agrupació Artística i Musical de Denia en un pasacalle

A mí esto no me parece poca cosa por lo que, si has contestado afirmativamente a todas, no sabes lo que me alegro. Y si no es así, puedes hacer dos cosas: contactar conmigo enviando un mail a luisdeagres@gmail.com para que te lo intente explicar mejor o pensar que reflexionar sobre esto es una pérdida de tiempo y olvidarte.

Sea cual sea tu respuesta, piensa que todo esto no sería posible sin la existencia de las escuelas de música como la Escuela de Música Manuel Lattur y tantas otras donde se forma a miles de alumnos a los que no solo se les instruye en el arte de medir correctamente las semicorcheas. 

Se les forma en los valores que constituyen parte fundamental de la identidad de nuestro mundo asociativo musical y amateur como son el altruismo, la solidaridad, el respeto, el compañerismo, el valor del esfuerzo del grupo por encima de las individualidades, el interés colectivo por encima del individual, la tolerancia, la libertad y algunas otras pequeñas cosas de esta naturaleza.

Si sigues leyendo, ¡bien! Quiere decir que compartimos el planteamiento de que una sociedad musical es una entidad del voluntariado que gracias al trabajo desinteresado de sus músicos y directivos desarrolla actividades que mejoran la calidad de vida de las personas y que protegen y conservan el entorno. ¡Y yo sin saberlo!, supongo que habrás pensado. Ahora tenemos que ver que nos aporta todo esto.

La Ley del Voluntariado reconoce una serie de derechos a los voluntarios entre los que podemos citar el de percibir una compensación (que no supone en ningún caso una retribución por su trabajo) por los gastos que le genera su participación en las actividades de la entidad. Pero este no es, en mi opinión, el derecho al que debemos prestar más atención. El que puede ayudar a situar en su verdadera dimensión lo que hace un músico amateur o un directivo de una sociedad musical es el derecho a que se reconozca su aportación por el valor social de su contribución. En este sentido, la Ley de asociaciones reconoce expresamente “el importante papel de los voluntarios, por lo que la Administración deberá tener en cuenta la existencia y actividad de los voluntarios en sus respectivas asociaciones”. Y para todo ello es necesario que la entidad realice los trámites para darse de alta como Entidad del Voluntariado.

¿Y ya está? ¿Y para esto todo este rollo? Pues sí. Ser reconocido como voluntario perteneciente a una entidad del voluntariado creo que supone subir unos cuantos escalones en la consideración que tiene de nosotros el conjunto de la sociedad que de manera directa o indirecta se beneficia de lo que hacemos. Y es necesario subir esos escalones para llegar al piso en el que viven los que tienen la capacidad de decidir y poderles explicar, con convencimiento pleno, que nosotros, los músicos y directivos de nuestras sociedades musicales con nuestro tiempo y con nuestro dinero (y algo de dinero público, pero poco) mejoramos la calidad de vida de las personas y con ello contribuimos a una sociedad más diversa, más justa y más feliz. Creo que todo esto merece algo más que bolis Bic sin tinta (yo ya soy algo mayor) y que vídeos que promocionen lo nuestro.

¿Te ofreces voluntario para pelear por conseguirlo?

Luis Vidal es músico amateur de la Unió Musical de Muro, Economista y Tesorero de la CONFEDERACIÓN ESPAÑOLA DE SOCIEDADES MUSICALES (CESM)

P.D. Este artículo está escrito en singular y por tanto parece dirigido a una única persona, pero confío en que lo lean al menos dos.

Fuente: Publicado en

Se acaba de publicar la LOMLOE en el BOE del 30 de diciembre y entrará en vigor dentro de 20 días. Esta nueva Ley Orgánica deroga la LOMCE y también modifica la LOE incorporando muchos cambios en el conjunto del sistema educativo español, de acuerdo con el perfil ideológico del gobierno de coalición actual.

No entraremos a valorar la ley en sus términos ideológicos o cuestiones generales, esto lo dejamos para otra ocasión. Solo queremos analizar y reflexionar sobre las modificaciones e innovaciones que afectan a las enseñanzas de Música que se imparten en escuelas de música y conservatorios.

La verdad sea dicha, encontramos una primera cuestión positiva: La Ley se ocupa de nuestras enseñanzas y realiza algunas mejoras de gran interés que suponen claramente un avance, aunque también es verdad que hubiéramos deseado bastante más ambición en sus términos. Pero nos han tenido en cuenta y esto se agradece.

Vayamos por partes y desde el principio. La LOMLOE incorpora un Artículo 5bis denominado “La educación no formal” que expone textualmente:

“La educación no formal, en el marco de una cultura del aprendizaje a lo largo de la vida, comprenderá todas aquellas actividades, medios y ámbitos de educación que se desarrollan fuera de la educación formal y que se dirigen a personas de cualquier edad, con especial interés en la infancia y la juventud, que tienen valor educativo en sí mismos y han sido organizados expresamente para satisfacer objetivos educativos en diversos ámbitos de la vida social tales como la capacitación personal, la promoción de valores comunitarios, la animación sociocultural, la participación social, la mejora de las condiciones de vida, artística, tecnológica, lúdica o deportiva, entre otros. Se promoverá la articulación y la complementariedad de la educación formal y no formal con el propósito de que ésta contribuya a la adquisición de competencias para un pleno desarrollo de la personalidad.»

Aquí tenemos una primera innovación interesante, la inclusión dentro de la Ley de un nuevo paradigma que viene a reforzar y concretar “el aprendizaje a lo largo de la vida” que incluyó la LOE en el 2006. Un avance interesante en la definición y en la concreción de este derecho educativo.

Al leer este artículo, uno no puede más que acordarse de las sociedades musicales valencianas (y españolas) y sus escuelas de música. Parece ser que quien lo ha redactado pensaba en nosotros.

Deberemos estar atentos para que tanto el Ministerio de Educación como las administraciones educativas cumplan con el mandato del legislador: “… la articulación y la complementariedad de la educación formal y no formal con el propósito de que ésta contribuya a la adquisición de competencias para un pleno desarrollo de la personalidad”.

Aquí se nos ocurren muchas acciones. Además, en el caso de la Comunitat Valenciana, con la impresionante red de sociedades musicales y escuelas de música, las posibilidades son enormes en terrenos como la acreditación de competencias profesionales y la mejora del aprendizaje de amplias capas de población. En definitiva, una gran oportunidad.

Seguimos. Otra medida que nos ha gustado mucho ha sido la nueva regulación del Título de Bachiller para el alumnado que cursa simultáneamente las enseñanzas de Música y las materias comunes del Bachillerato. Ahora se dice claramente que los alumnos que obtengan este Bachiller lo harán en la modalidad del Bachillerato en Artes. Ésta es la mejora. Simple y efectiva.

Este tipo de Bachillerato ya se implantó en 1990 con la LOGSE, pero tenía un problema por su indefinición. Era una especie de “pegote”, no era una modalidad propiamente dicha y planteaba problemas para aquellos que lo tenían y decidían no cursar las enseñanzas superiores o ir a la Universidad. De hecho, solo lo cursaban aquellos alumnos que estaban muy convencidos de seguir los estudios superiores de música en un conservatorio superior. A la mínima duda, el alumnado se decantaba por otra modalidad de Bachillerato con el consiguiente exceso de carga lectiva, doce horas más. Para salir corriendo.

Ahora ya no es así. Esta medida provocará directamente una mayor confianza del alumnado y de sus familias, facilitará también la comprensión de esta modalidad dentro del sistema educativo (¡las veces que tuve que explicar a muchos directores de Instituto este tipo de bachillerato cuando era yo director de un conservatorio profesional!). Y sobre todo facilitará a nuestro alumnado el acceso a otros itinerarios formativos superiores. Y no solo eso, también se incrementa el prestigio de nuestros conservatorios profesionales cuyas enseñanzas son homologables ahora a las del Bachillerato, algo que puede ser poco comprendido entre el sector, siempre proclive a sentirse “diferente”.

Siguiendo con las enseñanzas profesionales de música, se recupera el nombre de Título Profesional de Música, se pierde por el camino la mención “al Título de Técnico correspondiente”.

Con toda seguridad será bien recibido por el sector, a quien el título de “técnico” no le entusiasmaba por su analogía con la formación profesional. Y ya se sabe, somos artistas que nos consideramos diferentes, lo de mezclarnos con los la FP no es lo nuestro. Pero no lo tengo claro. Confieso que siempre me gustó lo del título de técnico de la LOMCE, entre otras cosas porque nuestro título profesional ha estado en una especie de terreno de nadie, sin prácticamente ninguna validez, bastante desprestigiado y desconectado dentro del sistema educativo. Por eso, el acercamiento a la formación profesional, con el prestigio e implantación que están paulatinamente obteniendo estas enseñanzas dentro del sistema educativo y de la sociedad en general es una oportunidad. Esperemos a ver.

Y finalmente las menciones a las Enseñanzas Superiores de Música. La primera de ellas muy buena, “blindando” la denominación de Grado para nuestras enseñanzas superiores en el marco de la Ley Orgánica:

«El alumnado que haya superado los estudios superiores de Música o de Danza obtendrá el Título de Grado en Enseñanzas Artísticas Superiores de Música o Danza en la especialidad que corresponda, que será equivalente, a todos los efectos, al título universitario de Grado. Siempre que la normativa aplicable exija estar en posesión del título universitario de Grado, se entenderá que cumple este requisito quien esté en posesión del Título de Grado en Enseñanzas Artísticas Superiores de Música o Danza.»

Por fin. Otra normalización que era necesaria después de la pérdida de esta denominación por sentencia judicial. En aquella ocasión, los reales decretos que regulaban las enseñanzas mínimas hablaban de Grado, pero no la Ley Orgánica. Ahora esto se subsana.

Y una sorpresa. La Disposición Adicional novena dedicada a la Regulación de las Enseñanzas Artísticas Superiores:

“En el plazo de dos años desde la entrada en vigor de esta Ley, el Gobierno, previa consulta a las comunidades autónomas, al Consejo Superior de Enseñanzas Artísticas y oído el Consejo de Universidades, presentará una propuesta normativa para la regulación de las condiciones básicas para la organización de las enseñanzas artísticas superiores previstas en el artículo 58, además de las que se refieren a las titulaciones y a los requisitos del profesorado derivados de las condiciones de inserción de estas enseñanzas en el marco de la educación superior. Del mismo modo, el Gobierno incluirá en dicha propuesta la organización y las equivalencias de las enseñanzas artísticas profesionales y su relación con el Catálogo Nacional de las Cualificaciones Profesionales.”

Se trata de un anuncio que pretende una regulación específica de nuestras enseñanzas. Habla de una “propuesta normativa”, un término como mínimo algo nebuloso. ¿Hablamos de un Real Decreto de carácter básico? ¿O de una norma de rango menor? ¿Por qué no abordarlo en esta misma Ley? Mejor oportunidad imposible. Otra vez con aquello de sentirnos “diferentes”. Me recuerda al lema franquista de Spain is different para justificar una dictadura en el seno de Europa a finales del siglo XX. Pues lo mismo, mejor ser normales y no tan diferentes.

Además, corremos el peligro de que esta disposición quede durmiendo “el sueño de los justos”; antecedentes tenemos. Y si no, miremos lo que está ocurriendo con el requisito de la formación pedagógica y didáctica para las enseñanzas profesionales: Se reguló en el 2006 y, catorce años después, nada de nada. Por no mentar lo que tardamos en publicar los temarios para el ingreso en el Cuerpo de Catedráticos de Música y Artes Escénicas, la friolera de 25 años sin poder organizar procedimientos selectivos por no tener una “simple” orden ministerial. Esperemos que esta vez no sea así.

Dicho esto, la disposición adicional tiene su miga. El profesorado puede salir beneficiado muy claramente ya que se abre la puerta a la mejora de su categoría profesional y de su nivel retributivo. No tardarán las organizaciones que aglutinan al profesorado a solicitar un estatus más elevado, el Cuerpo de Catedráticos de Música imparte enseñanzas de Grado y Máster, muchos de ellos/as son doctores, no tiene sentido que sigan en el nivel 26 al igual que los catedráticos de Instituto. Y si las administraciones no entran en “razón”, el sendero judicial puede ser bastante favorable.

También la inclusión de las enseñanzas profesionales dentro del Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales, tal como manifestamos más arriba, es el camino más interesante para estas enseñanzas que, una vez ganada la modalidad de Bachillerato en Artes, se podrán beneficiar además de todo lo que supone ir de la mano de la formación profesional.

En definitiva, encontramos medidas muy interesantes y hay que valorar y agradecer el interés por ocuparse y mejorar nuestras enseñanzas. Pero los que somos ya viejos en estas lides y conocemos la evolución de nuestras enseñanzas sabemos que uno de nuestros problemas históricos es el débil impulso normativo que hemos padecido desde siempre, algo que no ocurre con las enseñanzas generales. Una desatención que ha venido socavando la calidad y la actualización permanente de las enseñanzas regladas de Música.

Trabajo tienen los responsables de la ordenación de las enseñanzas de música en el Ministerio de Educación. Confiemos también en el Consejo Superior de Enseñanzas Artísticas, a ver si se reúne con más frecuencia y puede ser un elemento que impulse estas reformas necesarias.

Feliz 2021

Manuel Tomás Ludeña

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La irrupción de la COVID19 ha supuesto un auténtico tsunami a nivel planetario, un suceso global que ha cambiado de manera repentina nuestras vidas, nuestras rutinas, nuestras costumbres, además de amenazar seriamente nuestras vidas y la de nuestros seres queridos.

Por otra parte, todos los entornos laborales y las diferentes profesiones han tenido que experimentar cambios y adaptaciones importantes. Empezando, claro está, por los profesionales de la Sanidad que están soportando sobre sus espaldas la atención sanitaria a la ciudadanía con riegos importantes para sus vidas. He leído que ya son cerca de 77.000 los profesionales contagiados. Los aplausos a las veinte horas estuvieron más que justificados. Pero no son los únicos, también están realizando esfuerzos muy significativos los profesionales de la educación. Y aquí quería llegar.

Nuestro sistema educativo y sus responsables han tenido que realizar transformaciones muy profundas en apenas quince días. Hemos cambiado más en tres meses que durante todo el último siglo, exagerando un poco, claro. Organizar todas las enseñanzas de manera telemática de un día para otro y “aguantar el tipo” puede considerarse un esfuerzo titánico al que han contribuido, sin duda, los responsables políticos y técnicos de las administraciones educativas, las direcciones de los centros escolares y el conjunto del profesorado. Naturalmente, también el resto de miembros de la comunidad educativa, pero mi reflexión se centra, en esta ocasión, en la respuesta profesional.

Un esfuerzo que va adaptándose a la misma evolución de la pandemia, pues si complicado ha sido organizar las diferentes enseñanzas a distancia, más complicado está siendo adecuar el funcionamiento de los centros a la “nueva realidad”. Por simplificar, se trata de garantizar en plena pandemia el funcionamiento normalizado y presencial de los centros educativos mitigando y evitando los riesgos de contagio. Algo así como la cuadratura del círculo. Y lo curioso es que se está consiguiendo; el nivel de contagio y de brotes en el ámbito escolar es bastante reducido. De momento. Por todo ello, creo sinceramente que las direcciones escolares y sus equipos directivos están realizando un trabajo excepcional en unos contextos muy complicados. Y me explicaré.

En primer lugar, han asumido una enorme  responsabilidad. Las administraciones educativas han estado raudas al anunciar que la responsabilidad para redactar y aplicar los planes de contingencia y gestionar los casos y los brotes correspondía a las direcciones escolares. Aquí sí que se les ha dado rápidamente autonomía. Sobre las espaldas de estos profesionales ha recaído la mayor parte de la  responsabilidad.

Y es lo suyo, vaya por delante. Cuando se cree en un modelo de dirección relevante y con capacidad ejecutiva hay que ser consecuentes. A las duras y a las maduras. Lo que duele es que solo sea para “las duras”. ¡Lástima que esta autonomía no la tengan en otros ámbitos, donde las administraciones se resisten a ello!

Sigamos. No sólo responsabilidad, nuestras direcciones escolares han tenido y están teniendo que realizar un ingente trabajo añadido, mucho trabajo. He sido director doce años de un centro público y convivo con una directora también. He vivido y sigo viviendo en primera persona las dificultades y el trabajo extraordinario que han tenido que realizar todos durante los meses que dura la pandemia.

De momento  este año, muy pocas vacaciones, pues el virus no ha descansado tampoco y las resoluciones de las autoridades educativas se sucedían también en julio y agosto. Además, la preparación del curso en septiembre en estas condiciones ha supuesto, imagino que para la mayoría, un trabajo continuado e intenso durante el verano.

Las nuevas tareas son muchas: Señalizar el centro, redactar planes de contingencia, organizar entradas escalonadas, modificar las programaciones didácticas, informar a la administración de los casos y de los brotes, cambios organizativos para adaptar el funcionamiento administrativo a la nueva realidad, conocer y manejar la nueva normativa y suma y sigue… Una gran cantidad de nuevas funciones.

Más responsabilidad, más trabajo y añadamos algo nuevo: Más conflictos que asumir. Unas circunstancias tan serias provocan miedo, ansiedad y preocupaciones en todos los sectores educativos (profesorado, padres/madres, etc.). Es lo normal. Y aunque el comportamiento del profesorado y del resto de los sectores educativos está siendo ejemplar, los nuevos conflictos no se pueden evitar en colectivos tan numerosos.

Para más inri, mucha responsabilidad y pocas competencias. Deben afrontar un reto descomunal con muy pocas herramientas: Un jefe de personal que no tiene competencias en la gestión de personal,  un líder pedagógico con poco margen para elaborar un proyecto educativo (a diferencia de los colegios privados), un responsable de gestión que no tiene prácticamente margen de maniobra para conseguir recursos extraordinarios. Vaya, para salir corriendo.

Nuestro modelo de dirección escolar es una anomalía en todo el mundo (junto a Portugal). En el resto de países, desde la China popular hasta la América capitalista, los directores gozan de más competencias y son auténticos profesionales, es decir, tienen una dirección profesionalizada. Aquí, este modelo profesional de la dirección nos recuerda al cuerpo de directores del franquismo. Por ello, una gran parte de los sectores educativos lo rechazan y consideran que “lo nuestro” es más democrático y participativo: Complejos del pasado. Y falso, porque son muchas las direcciones que acaban siendo nombradas por la administración por falta de candidatos; así que, de participación, no vamos muy sobrados.

Pensamos que no hay nada más democrático que un director/a con atribuciones y competencias para ejecutar los acuerdos tomados democráticamente en los órganos de gobierno colegiados. Esto, algunos lo venden como autoritarismo, pero cuando nadie manda ya se sabe… Lo dejo aquí, no quiero venirme arriba.

Así que, o todo el resto del mundo está equivocado, cambiará su modelo y nos seguirá en esta “senda democrática”, o somos nosotros los que caminamos en dirección contraria al sentido común. Más bien me inclino por esto último.

Creo que llegará el reconocimiento de la sociedad a los profesionales de la educación en su conjunto, pero jamás valoraremos lo suficiente a las direcciones de los centros escolares. Y no creo que lo hagamos de manera pública y notoria, no queda bien todavía reforzar a los directores/as.

Y esto me hace pensar, ¿por qué los directores/as son una figura poco simpática? Miren los Simpson, uno de los personajes más patéticos es, sin duda, el director del colegio de Springfield, Seymour Skinner, el estereotipo de alguien preocupado por las reglas y por amargarle la vida al pobre Bart Simpson. Casi igual de siniestro que la figura  del cazador en los cuentos de Walt Disney.

Bueno, es lo que hay. Pese a todo, ahí siguen trabajando y dando muestras de un compromiso colosal por el sistema educativo público. Nadie saldrá nunca a los balcones para aplaudir a estos profesionales; incluso en algunos centros educativos, no recibirán el apoyo y aliento de sus propios compañeros/as (en la mayoría, sí). Pero son necesarios, muy necesarios y en estos momentos lo han demostrado y lo están demostrando. Gracias y enhorabuena a todos estos profesionales. Se merecen también un aplauso unánime de todos nosotros.

Manuel Tomás Ludeña

“Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados”. El inicio de El amor en los tiempos del cólera (1985) de Gabriel García Márquez es, sin duda, una transparente alegoría de cómo la sencillez de una situación nos puede evocar todo aquello que amamos. Siempre hay una almendra amarga en mitad del deleite, y no sabemos cuando nos puede tocar. Hace sólo un año, no hubiéramos imaginado que llegaríamos a anhelar poder hacer nuestro trabajo con la normalidad que creíamos establecida. Ahora es el simple calor de nuestro hogar quien nos acerca a los anhelos perdidos, a aquellos que tal vez nunca consideramos como necesarios, aquellos por los que nunca luchamos y que, a pesar de ello, ahora se convierten en nuestras más grandes victorias. De repente, un terrible virus ha sido el elemento generador para el reseteo de nuestra vida.

Sin embargo, dentro y fuera del período especial que nos ha tocado vivir, seguimos sin encontrar un reconocimiento y valoración de la cultura como actividad esencial para la vida. La heurística aplicada a disminuir riesgos de contagio ha llevado a situaciones límite a diferentes sectores de la cultura: músicos sin conciertos, actores sin funciones ni proyectos, artistas plásticos sin posibilidad de exponer sus obras, disminución o cancelación de encargos, reducción de aforos en teatros y cines, técnicos de espetáculos sin trabajo … En contraposición viajamos en aviones, trenes y metros repletos de gente, compartiendo espacios más pequeños que un auditorio o un teatro, y sin ninguna distancia de seguridad. Esta controversia que puede entenderse dentro del método empírico del ensayo y error aplicado en situaciones desconocidas, nos hace reflexionar, desde el más puro sentido común, sobre la situación que nos ha tocado vivir. Tal vez, el hecho de que la cultura sea ninguneada en muchos casos, sin aplicársele métodos de salvaguarda coherentes y dignos, sea el resultado de una educación general destinada a formar profesionales especialistas con grandes lagunas en el campo de la ética. Tener grados, másteres o doctorados, debería proporcionar valores más allá de las capacitaciones profesionales adquiridas. El conocimiento que no abre visión y que no contextualiza su uso en el mundo que nos rodea, es sólo materia de erudición sin contacto con la realidad.

Cuando se utilizan campañas publicitarias en las cuales se utilizan frases del tipo: “Papá, mamá, dejo los estudios para centrarme en la música”, se evidencia que una estrategia de marketing puede dejar aflorar la más cruel y desnuda ignorancia. Se supone que quienes hayan diseñado semejante spot tendrán una formación específica en al ámbito publicitario, sin embargo, parece que adolecen de la más mínima sensibilidad para pensar que pueden ofender a los que hemos estudiado música. O, simplemente, ignoran que dedicarse a la música supone un estudio comprometido, entregado, constante y que exige un gran esfuerzo vital. Más allá de lo anecdotario del tema, no deja de ser una prueba más de tan desconocido como es nuestro oficio y de la vigencia de los estereotipos que perduran sobre él.

Se avecinan o, más bien, ya nos invaden tiempos difíciles en los cuales, los trabajadores del ámbito cultural, habremos de reivindicar nuestra utilidad para que no se nos enmarque en el ostracismo de lo prescindible. La precaución y la prevención no pueden ser el alimento del miedo sino de la concienciación de una realidad nueva a la cual todos debemos enfrentarnos con lógica y con compromiso. Es más, aplicándose normativas de seguridad eficaces y específicas, se podría mantener el tejido cultural dentro de nuestro sistema económico, conservando un sector ya de por sí denostado que siempre ha sido destinatario de recortes en momentos de crisis. En estos meses tras la pandemia hemos asistido y/o participado en actividades culturales adaptadas desde todos los ámbitos, artísticos y protocolarios, a la nueva realidad. Y todo por sobrevivir, por seguir ofreciendo calidad cultural a pesar de la situación tan anómala en la que se desarrolla la vida actual.

En el ámbito musical, muchas bandas y orquestas han estado trabajando desde el primer momento, adecuando su actividad a la normativa de seguridad recomendada para reducir el riesgo de contagio. El esfuerzo de los profesionales de estas formaciones y de sus equipos organizativos y administrativos es una clara evidencia de que sí se puede mantener una actividad cultural segura. No es tiempo de grandes fastos culturales (aquellos que muchas veces hubieran sobrado), sino que es momento de poner de manifiesto la necesidad de la presencia cultural en nuestras vidas con sencillez, pero con total normalidad.

Tras el confinamiento, el pasado mes de junio volví a dirigir. El sonido de los aplausos era diferente, como más cálido, de más duración e intensidad y con una clara y evidente empatía. Desde el escenario vi ojos de felicidad que intuían muecas de complicidad tras las mascarillas. Después de los conciertos, mucha gente se acercaba para darnos las gracias. Y con ello, los momentos de tensión vividos en los ensayos con la preocupación por cumplir la distancia de seguridad o por si estábamos haciendo las cosas bien, parecían disiparse. Sí, hemos tenido y tenemos miedo, pero un miedo que no ha sido capaz de acabar con el entusiasmo por hacer el trabajo que tanto nos gusta. Y es que aquello que amas se convierte en elemento resiliente contra la adversidad. No es momento de heroicidades, pero he de reconocer que la profesionalidad con la que me he encontrado en mi trabajo, tanto por parte de los músicos como de los equipos técnicos y organizativos, es del todo esperanzadora y reconfortante. Así lo ha manifestado el público que ha venido a escucharnos, un público entregado que, con sus aplausos y comentarios, nos ha agradecido el poder ofrecerles nuestro trabajo. Hace unos días, tomando un café con unos compañeros en el descanso de un ensayo, se nos acercó una señora a la mesa y me dijo: “Disculpen…, son de la Banda Municipal, les he reconocido… Muchas gracias por su trabajo. No saben cuanto bien nos hace…”. A veces, momentos como éste, compensan todo esfuerzo y preocupación por reivindicar nuestro trabajo. La sensibilidad de muchas personas como esta señora existe y, en ocasiones, es ignorada por quienes se levantan en adalides de “lo necesario”. Confiamos en que no se ignore la necesidad que la sociedad tiene de un alimento cultural, básico y fundamental para una vida en equilibrio.

Y ahora, a estudiar, precisamente porque soy músico y no puedo dejar de hacerlo. No hay otro camino para aprender y para ser. Y aunque pueda encontrarme con alguna almendra amarga, insistiré en encontrar aquellas que no lo son, pues su sabor eclipsa el resabio de las otras. Y si alguien no lo entiende, que no deje de estudiar …

José R. Pascual-Vilaplana

Bilbao, 31 de octubre de 2020

Fuente: https://www.pascualvilaplana.com/

Artículo original: La Música en los tiempos de la Pandemia

El anuncio (globo sonda) lanzado por el gobierno de que posiblemente los presupuestos generales del Estado para 2021 incluirían el pago del IVA por hacer uso de la enseñanza privada han generado un enorme revuelo.

En lo que afecta al colectivo de las EEMM de las SSMM, esto supondría que el alumnado de estas debería pagar la cuota más el IVA aplicable (no se ha mencionado qué tipo de IVA se aplicaría) que podría ser el 4%, el 10% o en el peor de los casos el 21%.

Valencia 24/10/2020

En 2007 escribí un artículo que titulé “EL IVA Y LAS SEMICORCHEAS” donde intentaba situar al lector ante la realidad de aquellos momentos en relación con el IVA y las actuaciones musicales. Nada creo recordar que mencionara en aquel escrito sobre el IVA y las Escuelas de Música (EEMM) de nuestras Sociedades Musicales (SSMM) porque ni era de aplicación ni se esperaba que lo fuera.

Pero resulta que 13 años después me veo obligado a retomar la cuestión del IVA y las semicorcheas, no en el ámbito de su interpretación sino de su aprendizaje.

El anuncio (globo sonda) lanzado por el gobierno de que posiblemente los presupuestos generales del Estado para 2021 incluirían el pago del IVA por hacer uso de la enseñanza privada han generado un enorme revuelo.

En lo que afecta al colectivo de las EEMM de las SSMM, esto supondría que el alumnado de estas debería pagar la cuota más el IVA aplicable (no se ha mencionado qué tipo de IVA se aplicaría) que podría ser el 4%, el 10% o en el peor de los casos el 21%.

Pero antes de alarmarnos vamos a intentar analizar algunas cuestiones al respecto:

  • ¿Pagar el IVA por recibir las enseñanzas que se imparten en una EEMM de una SSMM es conforme con la legislación europea o por el contrario va contra la norma europea que fija el marco legislativo del IVA en la Unión Europea y por tanto en el que debe basarse la normativa de cada país?
  • ¿Hay algún país europeo que lo aplique?
  • ¿Contribuye a disminuir el déficit o por el contrario es probable que lo aumente?

Primera cuestión: El IVA y la normativa europea.

La Directiva 2006/112/CE DEL CONSEJO, de 28 de noviembre de 2006, relativa al sistema común del impuesto sobre el valor añadido dedica el Capítulo 2 del Título IX a las “Exenciones aplicables a ciertas actividades de interés generaly en su artículo 132 1.i) regula que:

  1. Los Estados miembros eximirán las operaciones siguientes:
  2. i) la educación de la infancia o de la juventud, la enseñanza escolar o universitaria, la formación o el reciclaje profesional, así como las prestaciones de servicios y las entregas de bienes directamente relacionadas con estas actividades, cuando sean realizadas por Entidades de Derecho público que tengan este mismo objeto o por otros organismos a los que el Estado miembro de que se trate reconozca que tienen fines comparables.

En este sentido no es de poca importancia que las actividades de interés general se mencionen en el propio nombre del referido Titulo IX. Veamos porqué:

El artículo 133 nos dice que los Estados miembros podrán subordinar la concesión (entre otras) de esta exención, al cumplimiento de una o de varias de las condiciones siguientes:

  1. a) los organismos de que se trate no deberán tener por objeto la consecución sistemática de beneficios, no pudiéndose distribuir en ningún caso los posibles beneficios, que deberán destinarse al mantenimiento o a la mejora de las prestaciones suministradas;
  2. b) estos organismos deberán ser gestionados y administrados, con carácter esencialmente filantrópico, por personas que no tengan, por sí mismas o por personas interpuestas, ningún interés directo ni indirecto en los resultados de la explotación;
  3. c) estos organismos deberán aplicar unos precios autorizados por las autoridades públicas o que no sean superiores a dichos precios o, por lo que se refiere a las actividades no susceptibles de autorización de precios, unos precios inferiores a los exigidos para operaciones análogas por las empresas comerciales sujetas al IVA;
  4. d) las exenciones no deberán ser capaces de provocar distorsiones de la competencia en perjuicio de las empresas comerciales sujetas al IVA.

Si pasamos a una EEMM de una sociedad musical por el filtro de estas condiciones llegamos a la rapidísima conclusión de que cumple con absoluta seguridad y por definición las condiciones a) y b) y que con una seguridad del 99,99% ninguna escuela de música de una sociedad musical cobra una cuota superior a la que puedan cobrar las escasas escuelas de música que en la Comunitat Valenciana prestan servicios comparables y son explotadas por empresas.

Es decir, las EEMM constituidas como asociaciones y por tanto entidades sin ánimo de lucro cumplen al menos tres de los cuatro requisitos.

Sobre el 4º requisito, excede del ámbito de este artículo profundizar en detalle sobre el complejísimo concepto de las distorsiones de competencia. Pero si diré con rotundidad que es difícil que la actividad educativa desarrollada por las EEMM de la SSMM que en el mejor de los casos se balancean sobre la finísima cuerda del equilibrio presupuestario puedan generar una distorsión de competencia. Y la prueba de la dificultad de alcanzar un excedente con el desarrollo de esta actividad educativa es que el peso de la iniciativa empresarial en este ámbito es muy bajo. Por algo será. Y si prácticamente no hay “empresas comerciales” (definición que utiliza la normativa europea) será difícil argumentar que se les causa un perjuicio.

Vemos pues que la 6ª Directiva nos marca con bastante claridad las “normas del juego”:

El usuario de los servicios educativos, de cualquier nivel y especialidad, en principio no debe satisfacer importe alguno por ello según el artículo 132. Y para el caso de que algún Estado miembro de la UE quiera condicionar este beneficio fiscal al cumplimiento de entre uno y tres de los cuatro requisitos referidos en el art. 133, podemos estar tranquilos porque las EEMM de las SSMM cumplen al menos 3 de los 4 requisitos. Y digo entre uno y tres porque la norma dice que se podrá condicionar la exención al cumplimiento de una o varias condiciones. Si el legislador europeo hubiera querido vincularlas al cumplimiento de todas las condiciones, lo habría escrito. En cualquier caso, me atrevería a decir que las EEMM de las SSMM cumplen las 4 condiciones.

Pero antes de acabar con esta cuestión, volvamos a título del Título IX ““Exenciones aplicables a ciertas actividades de interés general

La Ley 37/1992 del IVA no define el concepto de Interés general, pero, en el ámbito de las entidades no lucrativas, sí que encontramos una aproximación en la Ley del Voluntariado que en el apartado III del preámbulo pone en relación el concepto de interés general con el concepto de voluntariado:

“El interés general como elemento central del concepto de voluntariado y referente principal para deslindar la acción voluntaria, se erige en uno de los pilares fundamentales de la Ley.” Clic para tuitear 

Ya en el articulado el art. 3.2 nos indica que “Se entiende por actividades de interés general, aquellas que contribuyan en cada uno de los ámbitos de actuación del voluntariado a que hace referencia el artículo 6 a mejorar la calidad de vida de las personas y de la sociedad en general y a proteger y conservar el entorno.”

Y el artículo 6 se encarga de concretar el concepto en el ámbito cultural y por tanto musical y educativo: “d) Voluntariado cultural, que promueve y defiende el derecho de acceso a la cultura y, en particular, la integración cultural de todas las personas, la promoción y protección de la identidad cultural, la defensa y salvaguarda del patrimonio cultural y la participación en la vida cultural de la comunidad.”

Encontramos aquí una definición concreta del voluntariado cultural y, dada la íntima relación (establecida por la legislación como hemos visto) entre el voluntariado y el interés general podemos concluir que las actividades que se sitúen en el ámbito del voluntariado son sin ningún género de duda actividades de interés general. Y de aquí la importancia de la mención expresa al concepto de interés general en el apartado 2 del Título IX de la 6ª Directiva

Pues bien, a través de las enseñanzas impartidas en las EEMM no se hace otra cosa que promover el acceso a la cultura del alumnado, iniciándolo en la enseñanza de la música en sus primeras etapas y facilitando a través de las bandas de música y orquestas juveniles el disfrute de las actuaciones musicales en grupo. Una fórmula de éxito (en el más amplio sentido de la palabra) más que contrastado y que no es necesario detallar aquí.

Y no olvidemos que las EEMM son la cantera donde se forman los futuros integrantes de las bandas de música, orquestas y resto de agrupaciones musicales en las que no hace falta explicar que se integra entre sus miembros a personas de todas las edades: desde la última etapa infantil, en  la que canalizan parte de su vitalidad y sus ganas de aprender hasta personas jubiladas a los que su participación les permite seguir sintiéndose útiles a por supuesto personas jóvenes que con su participación aportan la necesaria energía que necesitan estas entidades y a personas adultas para las que su pertenencia a la banda de música forma parte de su forma de entender la vida. Y eso no es otra cosa que integrar culturalmente a las personas.

Y tampoco olvidemos que estas agrupaciones musicales han interpretado desde su creación un amplísimo repertorio que sería imposible detallar, pero en el que indudablemente ocupa un papel protagonista la música con raíces propias y con ello se promueve y se protege la identidad cultural.

Y estas agrupaciones musicales interpretan, entre otras, composiciones de autores del entorno cultural más próximo y en este sentido, las composiciones de obras musicales vinculadas a las fiestas propias del ámbito territorial de cada una de ellas, como las fiestas de Moros y Cristianos, la Semana Santa, las Fallas, Hogueras, Gayatas y resto de fiestas patronales o populares  ha jugado un papel fundamental para el mantenimiento del rico patrimonio musical que se ha generado en las últimas décadas. Y de esta manera, las EEMM de las SSMM contribuyen a la defensa y salvaguarda del patrimonio cultural.

Y finalmente, no es necesario explicar la participación activa en la vida cultural de la comunidad a través de conciertos, pasacalles, actuaciones en las fiestas patronales y populares, procesiones, actos organizados por los Ayuntamientos y distintas entidades públicas y privadas a lo largo de todo el año. Todo ello casi siempre de manera gratuita para el público asistente.

Todo esto, insisto, no sería posible sin la existencia de las EEMM de las SSMM donde se forma a miles de alumnos a los que no solo se les instruye en el arte de medir correctamente las semicorcheas. Se les forma en los valores que constituyen parte fundamental de la identidad de nuestro mundo asociativo cultural y amateur como son el altruismo, la solidaridad, el respeto, el compañerismo, el valor del esfuerzo del grupo por encima de las individualidades, el interés colectivo por encima del individual, la tolerancia, la libertad y algunas otras pequeñas cosas de esta naturaleza.

 Por tanto, si compartimos el planteamiento de que las actividades desarrolladas en las EEMM de las SSMM son actividades de interés general, la conclusión es clarísima:

NO ES CONFORME A LA NORMATIVA EUROPEA LA APLICACIÓN DE NINGÚN TIPO DE IVA A LA CUOTA QUE PAGA EL ALUMNADO DE LAS ESCUELAS DE MUSICA DE LAS SOCIEDADES MUSICALES CONSTITUIDAS COMO ASOCIACIONES Clic para tuitear

Aclarada la primera cuestión vamos con la segunda:

Hasta donde he podido averiguar, ningún país de la Unión Europea salvo Grecia aplica IVA a las actividades de enseñanza prestados por entidades similares a nuestras EEMM. Y esta circunstancia fue impuesta por la U.E. en el marco del tercer rescate que le fue concedido. A cambio, el gobierno Heleno estableció medidas compensatorias y además no se aplica a aquellos casos en los que los centros públicos no cuentan con plazas suficientes para dar respuesta a todas las solicitudes. ¿Les parece que la red de conservatorios públicos podría absorber no ya la totalidad, siquiera una parte significativa del alumnado de nuestras EEMM?. La pregunta es retórica y por tanto no requiere respuesta.

Todos sabemos que, afortunadamente, van a llegar (esperemos que pronto) sustanciosos fondos europeos que paliaran la penosa situación económica que vivimos, pero también les llegaran al resto de países de la UE y por tanto nuestra situación, por suerte, no es comparable a la de Grecia cuando se aprobó el tercer rescate.

Por tanto, desde este punto de vista va a ser muy complicado que el gobierno pueda convencernos de que a pesar de que ningún país, ninguno, de nuestro entorno obliga al alumnado de instituciones de las mismas características que una EEMM a pagarlo, los alumnos de estas merecen ser perjudicados cobrándoles el IVA.

Y para rematar, vayamos con la tercera: ¿Obligar a pagar IVA a los alumnos de una EEMM contribuye a disminuir el déficit o por el contrario es probable que lo aumente?

No dispongo de datos del volumen agregado de cuotas que satisface la totalidad del alumnado en la Comunitat Valenciana y menos en España, pero si lo que se pretende con la medida anunciada es que el servicio prestado por estas entidades sea prestado por el Estado (en cualquiera de sus ámbitos) es una realidad contrastada que  el coste que para la administración pública supondría asumir a su costa y con medios propios la enseñanza musical que se imparte en las EEMM de las SSMM sería varias veces superior al que le supone costear solo en parte la precaria estructura económica que actualmente sostiene a las EEMM. Por tanto, no solo no se generaría superávit, sino que el déficit aumentaría considerablemente.  Quien tenga interés en el tema puede consultar el informe de la AIReF al respecto que estima en aproximadamente 1.000 millones el déficit neto que generaría la aplicación de la medida a todo el sistema de educación y sanidad privada.

Y un añadido final: algunas voces consideran que la medida es beneficiosa porque son las elites y la clase pudiente quien se beneficia de los servicios que en el ámbito de la educación y la sanidad privada se prestan a la ciudadanía. Espero que nadie extrapole este planteamiento al público objetivo de nuestras EEMM, es decir, a los niños, niñas y también algún que otro adulto de toda condición social y económica que llenan las aulas cada vez en mayor numero y contra viento y marea. Y el éxito del programa de becas puesto en marcha en el marco del proyecto “Bankia Escolta València” así lo corrobora.

Solo queda pedir a nuestros políticos que apliquen la normativa europea y el sentido común. Con ello protegerán el interés general como hacemos desde las Escuelas de Música de las Sociedades Musicales.

Luis Vidal Domínguez

Musico,

Economista

y Secretario General de la Confederación Española de Sociedades Musicales.

Artículo por: Pedro Rodríguez Navarro

No hay un acuerdo científico sobre las causas de la extinción de los dinosaurios. Pero la mayor parte de expertos ve plausible la hipótesis del impacto del meteorito. A nosotros no nos ha caído un meteorito, pero si una pandemia global.

No voy a contaros nada nuevo sobre el SARS-CoV-2, bastante información y desinformación hay sobre el tema. Mi intención es compartir algunos pensamientos con vosotros.

Antes de la pandemia ya estábamos viviendo cambios sociales a un ritmo muy acelerado. Los que queríamos permanecer actualizados teníamos la necesidad de adaptarnos a todo lo que estaba sucediendo. Globalización, movilidad, tecnología y comunicaciones, startups… Cada cambio venía para quedarse y quedarse anclado en el pasado era un síntoma negativo, se percibía como algo parecido a quedarse rezagado. El conservadurismo más recalcitrante cada vez ha estado peor visto en nuestra sociedad o al menos estaba lleno de connotaciones negativas.

La pandemia está acelerando mucho más estos cambios, lo que se esperaba para los próximos diez años están sucediendo en diez meses. A principios de marzo, con el confinamiento, fui de los muchos que pensamos que esto sería un bache, un accidente, un mal sueño de una noche de primavera, un mes de abril perdido… Las noticias sobre las vacunas o el éxito en doblegar la primera curva invitaban a pensar en esa dirección. Pero a día de hoy,

¿ALGUIEN PIENSA QUE TODO VOLVERÁ A SER COMO ANTES? A MÍ, YA NO ME LO PARECE. Clic para tuitear

Los cambios en los hábitos laborales con el teletrabajo o los cambios en los hábitos de compra con la imposición del online, son bastante llamativos y profundos como para pensar que han venido para quedarse definitivamente. Aquello de cualquier tiempo pasado fue mejor puede estar más vigente que nunca, sobre todo, cualquier tiempo sin coronavirus. Pero aferrarse a ese tiempo implicaría quedarse anclado en el pasado.

Y mientras sucede todo esto no puedo evitar pensar en nuestras sociedades musicales y nuestra querida cultura de bandas de música, donde también incluyo orquestas y coros. ¿Queremos adaptarnos a los profundos cambios que estamos viviendo? O por el contrario queremos negarlos y, ¿quedarnos aferrados al pasado? Aferrarse al pasado parece una actitud temeraria, una postura que no conduce a nada. Tarde o temprano la mascarilla pasará, pero los nuevos hábitos permanecerán. Con el tiempo que llevamos con estos hábitos algunos ya empiezan a convertirse en costumbres y las costumbres permanecen.

Pienso en voz alta o, mejor dicho, pienso en voz escrita. Nadie quiere formar parte de la manada de dinosaurios cuando impacta el meteorito. Por eso necesitamos que la innovación vaya calando en nuestras actitudes para poder ir adaptándonos a las nuevas necesidades. Reuniones de Juntas directivas online, ¿podemos aprovechar esto para captar más miembros para las juntas directivas? ¿puede servirnos para ampliar nuestra red de colaboradores y con ello incrementar todavía más el mayor recurso que tenemos, el voluntariado? ¿Deberíamos formar nuevas y mayor número de agrupaciones con menos integrantes?, ¿formaciones reducidas ajustadas a las circunstancias actuales? ¿deberían los compositores empezar a componer mayoritariamente para grupos de pequeño formato? ¿qué tipo de composiciones nos aventura este futuro?, ¿qué arreglos? Las nuevas disposiciones con músicos o cantantes a metro y medio de distancia, ¿alguien puede asegurar que desaparecerán? ¿no hay nada aprovechable en las nuevas disposiciones de músicos sobre el escenario? ¿nadie quiere explorar nuevas sonoridades derivadas de ello? No se trata de parchear, se trata de empezar a buscar respuestas estables con la mirada fijada en que la supuesta “nueva normalidad” puede ser la “futura rutina”, termino que creo más ajustado a lo que se nos viene encima y que no he visto utilizar todavía.

En este páramo de desgracias en que se ha convertido 2020 también hay sitio para la esperanza. El ámbito cultural está siendo seguro. Los museos, las bibliotecas, los cines, los teatros o los auditorios no están siendo lugar de contagio. Es muy buena noticia. Hay que perseverar en ello manteniendo todas las medidas implantadas para combatir el virus y sentirnos seguros, mejorándolas si cabe cada día. Esta coyuntura positiva hay que aprovecharla para estabilizar nuestra actividad y relanzarla hacia el mañana, hacia el futuro. A los pesimistas de siempre (por llamar de alguna manera a esos que nada aportan y solo ven la parte vacía de la botella) les diría que piensen que los estadios de futbol se mantienen vacíos mientras nosotros ya podemos disfrutar de espectáculos, aunque sea con aforos reducidos. Tenemos la iniciativa.

Por supuesto que hay que seguir con el principio de cautela. Pero al mismo tiempo tenemos la obligación de ir pensado en fórmulas que consigan que todos esos meteoritos que se alinean en el horizonte no supongan una amenaza para la música y podamos continuar esquivándolos.

Debemos preservar este legado de más de doscientos años de tradición y bagaje etnológico, para poder regalárselo a las generaciones venideras como nuestros mayores nos lo regalaron a nosotros. Sabemos que no fue fácil y que nuestros ancestros tuvieron que lidiar con las penurias y escasez material, con guerras, dictaduras y cambios constitucionales e inestabilidad social y política, la España de los últimos dos siglos sin ir más lejos.

Hoy ya nos hemos dado cuenta que para nosotros tampoco será fácil. Cada generación enfrenta sus propios problemas y el nuestro es el de una emergencia sanitaria sin parangón en la era reciente situada entre dos crisis económicas, la de 2008 a 2014 y la que se aventura para 2021. a ¿2028?

Nuestro reto será acomodar nuestra herencia musical a todos estos cambios que la emergencia está produciendo en nuestra sociedad, al igual que nuestros antepasados se adaptaron a los suyos.

Es responsabilidad nuestra y de cada una de las personas que configuramos este ecosistema no anclarnos al pasado con la sola esperanza de la vacuna. La innovación será la que nos permita mantener la iniciativa en la rutina futura.

Fuente: Por  https://www.radiobanda.com/ –