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Hace mucho tiempo que la Banda de Música de Gijón tiene un objetivo claro: un crecimiento continuo que permita llevar la cultura a todos los gijoneses.

En base a ello, el 2020 había sido planeado al detalle, con determinación y un mimo exquisito.

Fuente: https://www.bandamusicagijon.es/ – 

En nuestra agenda se encontraban repertorios de todo tipo. Conciertos honrando a los más grandes maestros de la música clásica y canciones modernas que hicieran mover los pies hasta al más escéptico de los jóvenes. Colaboraciones con otras disciplinas artísticas, baile, teatro, danza, cuentacuentos y festivales, y escenarios de música de jazz, latina y un gran conjunto de músicas de todo el mundo.

ESPECTACULO ¡TOTUM REVOLUTUM! DE LA BANDA DE MUSICA DE GIJON, TEATRO JOVELLANOS Foto: Juan Plaza

La temporada 2019/20 había empezado a lo grande. Con el programa OperANDo, a través de ParsifalCarmen y Porgy and Bess habíamos llegado a palpar los límites más insospechados de la sombra humana. Tras el periodo navideño, nuestra primera apuesta de 2020 fue con la Orquesta Malabares. Este espectáculo que combina la interacción teatral de los músicos, el humor y el gran arte del malabar, superó con creces las expectativas del Teatro Jovellanos, plasmado todo ello en la gran ovación del público en cada una de las funciones.

A este programa le siguió uno de extractos de grandes zarzuelas a petición de nuestro querido público. Fue perfecto. Además de ser un placer de repertorio para nosotros, nos permitía tener algo más de tiempo para trabajar la sutileza y detalle necesario para Este cuento me suenaEn este programa con la colaboración de actores de la Escuela de Arte Dramático, la Banda llevó a cabo un proyecto nunca antes abordado por la agrupación: la maravilla de contar las aventuras de GuilliverAlí Ba Ba y Rapunzel, sumando a la voz de increíbles cuentacuentos, nuestra música.

Tras el éxito recogido de nuestro proyecto con la ESAD, nos encontrábamos inmersos en una de las más grandes apuestas del 2020: el programa Danceries. El hilo conductor de la danza nos permitiría ir de Oriente a Occidente, transportarnos a momentos increíbles de la historia, y todo ello a través de la magia del movimiento de los grandes profesionales de la danza que nos acompañarían en tan excitante viaje.

Las ideas estaban claras, la maquinaria en pleno funcionamiento y la energía en total ebullición cuando, de repente, se produjo el apagón. La impactante noticia de la pandemia había paralizado al mundo.

Foto: Alejandro Jordán

Contando con que grandes profesionales en cada hospital y centro de salud se encargaban de reestablecer la parte sanitaria, nosotros teníamos quince días en casa. Un pequeño traspiés de tan solo dos semanas que debíamos aprovechar para replantear las fechas de ensayos y conciertos para llevar a cabo la vorágine de ideas que deseábamos mostrar al mundo.

Pero los quince días se convirtieron en otros quince, y otros quince más, y así hasta que no pudimos más que aceptar que este año era diferente.

Estábamos agradecidos de encontrarnos bien, conscientes y apenados por el sufrimiento de muchos y tremendamente frustrados por no poder salir a ayudar.

La música de banda es una actividad de conjunto que se desarrolla y enriquece a través de la cercanía y el contacto. ¿Cómo podíamos hacer llegar el calor que tanto necesitaba la gente desde el aislamiento de nuestras casas?

Como para el resto de la sociedad, la informática se volvió una herramienta fundamental. Reuniones telemáticas interminables se volvieron el pan de cada día. Lluvias de ideas que podían ser una posibilidad y que había que encontrar la manera de que funcionasen. Grabaciones, montajes, entrevistas, tutoriales, clases virtuales, todo llevaba mucho más tiempo del que parecía y más problemas de los que podíamos imaginar.

Afortunadamente llegó el mes de junio y tras cuatro largos meses pudimos volver a salir. El escenario era completamente diferente. Volvíamos a estar en la calle y con más ganas que nunca de llevar a la gente esa alegría que tanto necesitaba. No podíamos ensayar juntos, estar en sitios cerrados y para tocar en la calle debíamos cumplir los protocolos de más absoluto control de distancias, temperatura e higiene. Debíamos elegir y acotar minuciosamente los escenarios y salvar las grandes dificultades que suponían la imposibilidad de ensayos y la distancia entre los músicos en el concierto. Nos daba igual. Por mucho que viniera lo sortearíamos porque lo único que queríamos era tocar. Salir a la calle y tocar.

Y así fue. Hicimos todo el verano con la espada de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas. No sabíamos qué pasaría mañana, pero hoy podíamos tocar, así que lo haríamos. Recuperamos en el verano todas las fechas perdidas en los meses anteriores e hicimos muchas más. Por si acaso. Estábamos agotados pero la gente se lo merecía. Gijón se lo merecía.

El verano acabó y tras un breve descanso tocaba plantear la nueva temporada. La incertidumbre se había convertido en nuestra compañera y tocaba hacerse la pregunta: ¿renovarse o morir? Claramente renovarse.

Con unos teatros con aforos reducidos y unas distancias que impedían a toda la Banda en el escenario, solo quedaba esperar los permisos que nos permitieran hacer conciertos de pequeñas agrupaciones de cámara. Aprovechamos la situación para presentar los instrumentos por familias: viento madera, viento metal y percusión. No es lo que queremos, pero nos permite seguir adelante. La música no puede parar. La cultura no puede parar. Y bien sea con protocolos, con audios, vídeos, talleres, entrevistas, clases presenciales y virtuales, y con todas las posibilidades físicas y telemáticas que estén a nuestro alcance, no pararemos jamás.

Desde la Banda de Música de Gijón queremos enviar nuestro más fuerte abrazo a todas y cada una de las personas que de un modo u otro han sufrido las consecuencias de la pandemia. Queremos brindar apoyo y esperanza a todo el que lo necesita, que quien más y quien menos somos todos. Y queremos asegurar a todo el que nos conozca, que nos dejaremos la piel en contribuir a devolver al mundo la luz, la ilusión y la vida.

Foto: Vanesa Menéndez