Revista Diapasón

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El pasado año, “Grease”, cumplió 50 años de su estreno que tuvo lugar en 1971 en Chicago en el teatro Kingston Mines.

Escrito en diapason / 23 junio, 2022

Al año siguiente pasó al off-Broadway, al teatro Eden, y su rotundo éxito hizo que pocos meses después en ese mismo año pasase a formar parte de la cartelera principal de Broadway. Las funciones tuvieron lugar en el teatro Broadhurst, donde se representó hasta abril de 1980 con un total de más de 3.400 representaciones.

A pesar de lo que muchos puedan pensar por lo conocida que fue y que ha sido la película “Grease”, lo que antes nació fue el propio musical en teatro y dado el éxito se propuso la producción de una película que fue estrenada en 1978.

Como ya conocemos, los actores principales fueron John Travolta y Olivia Newton-John, entre otros. Como curiosidad apuntaremos que el propio John Travolta formó parte del elenco de una de las primeras producciones en teatro.

En el año 1973, el musical llegó al West End de Londres, siendo protagonista en esta ocasión nada más y nada menos que Richard Gere.

La trama nos sitúa a finales de los años 50 en el instituto Rydell High y narra las diferentes situaciones de un grupo de adolescentes de clase obrera, las presiones de grupo, los valores personales, la amistad y evidentemente el amor.

A España llega por primera vez al teatro Lope de Vega en marzo de 1999 y desde octubre del pasado año 2021, la productora SOM Produce, nos permite disfrutar de este musical de puro rock and roll con temas que todos conocemos, en manos del mismo equipo creativo y de esta productora que ya hicieron un gran trabajo con Billy Elliot.

Actualmente se puede ver en el Teatro Nuevo Alcalá, aunque ya está en sus últimas semanas de funciones, así que si queréis disfrutar de este clásico habrá que darse prisa, sobre todo si no estáis en Madrid y tenéis que organizar un viaje, que nunca viene mal y sobre todo si es para ver musicales.

José Manuel Molina Azorín.

La primera actuación de la Banda Municipal de Música de Villena se realizó el día 5 de septiembre de 1922 bajo la dirección de D. Francisco Bravo Gracia.

Durante todo este año 2022 la Banda está celebrando el centenario de su fundación y con este motivo se vienen realizando diferentes actos.

Dimos comienzo a la celebración el día 28 de enero en un acto sencillo en el que se dieron a conocer las actividades previstas, de ellas, ya se han realizado algunas.

Escrito en diapason / 16 junio, 2022

 

El día 26 de febrero dentro de los actos del Ecuador Festero que organiza cada año la Junta Central de Fiestas, la Banda Municipal ofreció  el tradicional concierto, tal y como viene sucediendo año tras año, pero con un carácter especial por ser el año del Centenario. En la segunda parte del mismo se realizó un homenaje a los ex directores de la Banda que fueron invitados a dirigir nuevamente a la misma. Todos manifestaron su gratitud por haber tenido la posibilidad de ponerse de nuevo al frente de la Banda. Antes del  concierto nos ofrecieron una charla contando sus vivencias al frente de la Banda Municipal de Villena y firmaron en el libro de Honor de la Ciudad y el de la Banda Municipal.

El Conservatorio Profesional Municipal de nuestra ciudad nació por iniciativa de la Banda Municipal, como una escuela de música que vio la necesidad de crearla para nutrir sus filas. Por este motivo también quiso sumarse a la celebración del Centenario de la Banda y por ello este año la semana cultural la dedicó a la Banda. Se realizaron diferentes actividades organizadas por el Conservatorio y la Banda Municipal con la colaboración del AMPA del centro.  El viernes 8 de abril Andrés Valero Castells ofreció una conferencia bajo el título «Mi música sinfónica para banda». El lunes 11 continuaron las actividades con un coloquio, «El papel del Conservatorio en cien años de historia de la Banda» En él intervinieron José Maestre Saborí, Antonio Milán Juan, Pedro Ángel López Sánchez, Eloy Lorente Muñoz, Gaspar Ángel Tortosa Urrea y actuó como  moderador Francisco Serra Martínez. Al día siguiente, martes 12 de abril disfrutamos con la conferencia «Cien años de anécdotas en la Banda Municipal» a cargo de Eleuterio Gandía Hernández. Finalizaron estas actividades con la conferencia «La producción musical en orquesta» a cargo de José de Eusebio.

Tras el paréntesis de la Semana Santa y Pascua retomamos las actividades con una actividad que hemos denominado La Banda Educa. La Banda Juvenil de la Banda Municipal ofreció el día 4 de mayo en el Teatro Chapí, un concierto teatralizado a los escolares de cuarto, quinto y sexto de primaria. Y en este mismo mes de mayo se ha celebrado una jornada de convivencia de la Banda Municipal y Banda Juvenil, en la que también han participado tanto familiares de los componentes de ambas formaciones, como antiguos componentes de la Banda Municipal.

A la hora de redactar este artículo todavía no se han completado todas las actividades previstas para la celebración del centenario. El día 18 de junio, que se celebra el VEM (Villena es Música) en nuestra ciudad, está previsto realizar un desfile en el que nos acompañarán diferentes bandas de poblaciones cercanas.

En el plano musical el plato fuerte tendrá lugar el mes de julio con una semana en la que se celebrarán diferentes conciertos y masterclass con un programa muy interesante que se desarrollará durante los siguientes días:

1 DE JULIO

22:00 H. CONCIERTO BANDA MUNICIPAL DE MADRID

12 DE JULIO

10:00 H. MASTER CLASS DE SPANISH BRASS

23:00 H. CONCIERTO SPANISH BRASS

13 DE JULIO

19:00 H. CONCIERTO DE LA BANDA SINFÓNICA MUNICIPAL DE ALICANTE

23:00 H. CONCIERTO BARCELONA CLARINET PLAYERS  CON JOAN VIDAL (BATERÍA) Y  MARCO MEZQUIDA (PIANO)

14 DE JULIO

10:00 H. MASTER CLASS DE BARCELONA CLARINET PLAYERS

10:00 H MASTER CLASS AMORES PERCUSSION GRUP

19:00 H. CONCIERTO BANDA MUNICIPAL DE BARCELONA

23:00 H. CONCIERTO AMORES PERCUSSION GRUP

15 DE JULIO

23:00 H. CONCIERTO CLAUSURA

BANDA MUNICIPAL DE MÚSICA DE VILLENA- UNIÓN MUSICAL CIUDAD DE ASÍS (ALICANTE)

Concierto para orquesta y grupo de Rock de JON LORD

En agosto está previsto inaugurar una exposición en la Casa de Cultura, en la que se reflejarán los cien años de existencia de la Banda Municipal de Música de Villena. La exposición permanecerá durante dos meses para que pueda ser visitada por los villeneros y todos aquellos visitantes que acudan a Villena por diferentes motivos. También bendeciremos una nueva bandera que nos representará desde ese momento y que sea la que nos acompañe en todos los desfiles y conciertos.

Y llegará septiembre y tendremos una doble celebración ya que el día 5 se cumplirán también cien años del estreno del pasodoble La Entrada. Obra de nuestro paisano Quintín Esquembre Sáez, compuesto para que fuera interpretado por la Banda Municipal en su primera intervención en el desfile del mismo nombre, por encargo del director de aquella joven Banda, Francisco Bravo Gracia.

Y en noviembre, el mes de la música por excelencia realizaremos como todos los años, las actividades propias de Santa Cecilia, finalizando este año con la presentación de un libro en el que quedarán plasmados los cien años de historia de nuestra Banda. Un libro que promete ser muy interesante ya que contamos con la colaboración de personas muy competentes en las diferentes materias que se tratan.

Os invitamos a que compartáis con nosotros las actividades con las que celebramos cien años de la Banda Municipal de Música de Villena.

Maricruz Rojas Tomás

Cronista BMMV

«El trabajo del músico es enviar luz a las profundidades del alma humana». Robert Schumann.

Todavía puedo verme, con aquel libro de teoría, con aquella definición de música como el arte de combinar sonidos con silencio. Estaba en primer curso de solfeo, aprendiendo las primeras nociones de ese, para mí, lenguaje nuevo….

Arte, sonidos, silencio…

Escrito en diapason / 8 junio, 2022

Recuerdo como en mi percepción infantil de estas tres palabras, esta última me resultaba en aquel entonces totalmente irrelevante. Hoy puedo constatarlo con mis alumnos: el silencio no cuenta, es aburrido, el estudiante inicial rara vez tiene en cuenta las pausas en la partitura; o bien las ignora o las hace más cortas. Ahora sin embargo, en mi madurez como artista, docente y por supuesto también en mi camino vital como persona, me doy cuenta de que esta palabra, este elemento musical, no sólo es primordial, sino que me atrevería a decir que es, sin duda, el más importante.

Si observamos y escuchamos con atención una melodía, interpretada incluso sin pausas y lo más legato posible, es decir lo más unido posible, podremos apreciar que cada nota que suena emerge del silencio y que, después de un siempre efímero recorrido, regresa de nuevo a él. Si observamos con detalle podemos apreciar que cada nota que nace es una curva sonora que surge tímida desde la nada, que después crece y se expande para a continuación y finalmente, volver a desaparecer. El silencio es pues para la música -por supuesto también para la vida, lo veremos más adelante- como el mar para el pez; es el hogar, la fuente, ese gran vacío o la gran madre de la que todo sonido nace.

Desde este enfoque, cuando como intérpretes cuidamos con esmero, con total delicadeza esta constante entrada y salida del sonido, como si fuera un pez que salta por instantes a la superficie del agua; cuando centramos nuestra atención ya no sólo en lo que ha de sonar sino en ese silencio del que todo nace y todo lo envuelve, es cuando el fraseo musical cobra, para mí, su más bella e íntima expresión.

Vemos pues que el silencio en la música no es únicamente ese elemento musical en el que no se interpreta o escucha ninguna nota, sino que es mucho más que eso, es la gran madre de todas las notas. Tocar por tanto no centrada en la búsqueda de perfección de esas notas, no en la necesidad de controlar esas notas sino entregándose a ese gran silencio del que todas las notas que toquemos nacerán, es lo que yo llamo meditación musical.

Lamentablemente no estamos educados para esta manera de tocar y soltarnos a esta aventura nos puede parecer extremadamente extraño. Todo lo aprendido intelectualmente nos domina de tal manera que nos cuesta trabajo cambiar de rumbo. Aprendemos con tal cantidad de expectativas, con tal cantidad de exigencias, con tal cantidad de comparaciones, juicios, ese „tu vales para la música, tu no…“ tan frecuente en mis tiempos de estudio y me temo que todavía vigente en los días de hoy, que es verdaderamente atroz. El resultado de esta educación es una necesidad de control, una constante tensión, una constante insatisfacción que fácilmente puede convertirse en nuestro mayor enemigo, bloqueando gravemente nuestro talento creativo.

Autor foto: Paul Eckert

No se trata de dejar de lado la mente. Por supuesto que nos ayuda a aprender muchos conceptos que sin ellos no sería posible tocar ningún instrumento. Si no conozco el lenguaje musical, si no sé qué son las notas, una tonalidad, un acorde…; si no he practicado miles de horas; si no he analizado y estudiado las grandes obras de la literatura musical, por dar unos ejemplos, difícilmente podré hacer música.

Un buen profesor me dijo un día: «Primero apréndelo todo, después olvídalo. Ahí empiezas en verdad, a tocar». Nunca llegué a entender del todo, hasta hace unos pocos años, esta frase.

La mente nos ayuda a aprender símbolos, sean letras o notas. Después, una vez aprendidos, es hora de “hablar“ y utilizar todo eso que ya está integrado.

En mi tiempo de estudio, yo era una niña tímida, con sensibilidad para la música, con muchas ganas de aprender, pero como tantos, víctima de esta educación, a su vez, con mucho miedo a equivocarme, con mucho miedo al error, con mucho miedo a no poder tocar tal como los demás (y por supuesto yo de mi misma), esperaban.

Toca muy bien, solían decir los demás, pero yo me sentía temerosa. Pocas veces o casi nunca satisfecha conmigo misma. Mis músculos estaban tensos. Mis manos estaban tensas. Mi cabeza, también.

Tocar un instrumento concentrada (en muchos casos obsesionada) en la perfección de la ejecución de sus notas tenía y tiene desagradables consecuencias. Vivir concentrados en las cosas que tenemos o las cosas que queremos tener o las que no queremos tener, tiene consecuencias desagradables.

No se trata de que no valoremos las notas, de que no valoremos las cosas, de que no cuidemos de ellas; por supuesto que sí. Además, aprender a tocar un instrumento no ocurre de un día para otro. Es necesario practicar y practicar y practicar… Es la exigencia, el control, esa necesidad de que esas notas o esas cosas (o esas personas, si vamos un paso mas allá) sean como yo quiera, lo que bloquea la creatividad. Lo que bloquea nuestra vida.

El arte, por mi propia experiencia y la de tantos otros artistas que así también lo expresan y definen, nace cuando le permites que sea, cuando te sueltas, cuando dejas que tu yo se aparte para darle paso a él. Dicho de otra forma, es ese desnudarte de tu yo, de sus interminables deseos, lo que te lleva a dar paso a que la música y su gran belleza irrumpa en escena. De esta manera puedes estar durante horas practicando, que no hay tensión, no hay aburrimiento; todo lo contrario. Es una intensa aventura en la que estás profundamente inmerso.

No es difícil imaginar que esta es una gran metáfora en nuestra vida, pues sin dudas comprobamos que allí ocurre exactamente igual.

Autor foto: Juan Jesús Cantó Palao

En definitiva, tocar desde el control, dominados por el miedo al error y esa necesidad enferma de perfección, nos lleva al juicio constante, nos lleva a la comparación, a no valorarnos, a sufrir, a tensarnos. A no disfrutar con lo que hacemos. A no «estar» con lo que hacemos.

En cambio, tocar desde el silencio, desde esa confianza que surge cuando lo hacemos, desde la plena aceptación del proceso, desde ese darte cuenta de que tu no haces la música sino que la música se hace a sí misma, no es de tu propiedad, tan sólo se manifiesta a través de ti… Todo esto te lleva a relajarte, te lleva a rendirte, a admirarte con lo que ocurre, a dar las gracias por lo que ocurre. Tocar desde el silencio, te lleva a «estar» plenamente en lo que haces y esto es meditar, cuando tus manos y tu mente están en el mismo lugar.

Tocar desde el silencio pues, eso que yo llamo meditación musical, te lleva a disfrutar plenamente lo que haces. Te lleva a amar lo que haces. Y es en ese amor verdadero, no condicionado, donde no sólo surge esa música que nos emociona; es donde ocurre la verdadera sanación y transformación de nuestro camino vital.

“Sólo hay que pararse, callar, escuchar y mirar; aunque pararse, callar, escuchar y mirar -y eso es meditar- se nos haga hoy tan difícil y hayamos tenido que inventar un método para algo tan elemental. Meditar no es difícil; lo difícil es querer meditar». Biografía del Silencio, Pablo d’Ors

Meditar no es pues, como muchas personas creen, algo extraño y esotérico. No es algo difícil. No es tan sólo sentarse en el suelo con las piernas cruzadas tratando de no pensar. No, meditar no es no pensar. Meditar es ser consciente de lo que piensas. Meditar es cuando tus manos, tu cuerpo y tu mente están unidas. Cuando caminan a la par. Es la práctica de aprender a utilizar la mente en lugar de dejar que tu mente te utilice a ti.

Meditar es entregarse al ahora, concentrarse en ese gran silencio del que la música surge, pero no sólo la música, sino la vida entera. Meditar es decir Sí a esa vida. Decir Sí a esa música. Un Sí incondicional, es decir sin deseo alguno de querer cambiarla. Meditar es encontrar el sentido a esa vida. Es aprender hasta el último de nuestros días -este aprendizaje no termina nunca- a confiar.

Volviendo a las definiciones y ya para terminar…

Hemos visto que la música es el arte de combinar sonidos con silencio, que meditar es el arte del silencio y que el silencio es la madre de la música.

Música. Silencio. Meditación. Tres maravillas juntas.

Hay muchas maneras de meditar igual que hay muchas maneras de entender la música y de tocar. Pero para mí, meditar es la manera más bella de hacer música. Tocar el piano es la manera más bella de meditar.

Pero no sólo hacer música desde esta consciencia es meditar. Escuchar música desde esta consciencia, también es meditar.

Vivir conscientes de cada uno de los segundos -sean del color que sea, agradables o no- que nos regala la vida y dando las gracias por ello, es meditar.

Ponte pues a hacer música. Ponte a escuchar música. Ponte ahora mismo a meditar.

El mundo nos necesita.

Un abrazo fuerte,

Conchi Muna.

En el origen de toda cultura se encuentran los mitos. En la nuestra especialmente los de Grecia y Roma, posteriormente enriquecidos por la tradición bíblica.

En la música la influencia de la mitología ha producido obras extraordinarias, sobre todo en las óperas; no en vano una de las primeras es el “Orfeo” de Claudio Monteverdi (1607).

Escrito en diapason / 2 junio, 2022

Orfeo, de cuyo nombre deriva la palabra “orfeón”, era un joven que personificaba la música y su poder de seducción. Tan maravillosamente cantaba acompañado de su inseparable lira que todos se enternecían al escucharlo y no solo los hombres, sino también las aves y aun las fieras se conmovían con su voz. Por eso cuando su esposa, la bella Eurídice, muere al ser mordida por una serpiente, Orfeo con el poder de su canto consigue lo que estaba vedado al resto de  los seres vivos, que las puertas del inframundo se le abran para poder rescatarla. Allí los dioses que gobernaban aquellas tenebrosas regiones tampoco pueden resistirse a su llanto, convertido en dulce música, y acceden a su ruego. Eurídice puede volver a la vida, pero con una condición, que Orfeo no la mire hasta que abandonen el inframundo.

El desenlace es bien conocido. Orfeo camina ligero hacia la luz seguido por Eurídice, pero es tan fuerte su deseo de volver a verla que antes de tiempo se gira para mirarla, y entonces… la pierde para siempre.

Por razones evidentes este mito ha sido muy tratado por los compositores, especialmente por los barrocos. Seguramente, aparte de la ya citada de Monteverdi, la opera más conocida sea la de Gluck “Orfeo y Eurídice” de 1762, de la que es muy famosa el aria “Che faró senza Euridice”, en donde el protagonista expresa su desolación por la pérdida de su amada.

Si habéis conseguido leer hasta aquí, no quisiera que dejarais de escuchar –y ver, porque esas oportunidades nos ofrece la tecnología- dos momentos de estas óperas. En You Tube podéis encontrar muchos vídeos, peo yo os voy a recomendar dos fragmentos. El primero es el comienzo de la opera de Monteverdi dirigida por Jordi Savall en el Liceo de Barcelona, cuando el director aparece en escena vestido de época y atraviesa todo el patio de butacas mientras suena la obertura.

La segunda es una recomendación muy especial, porque tiene que ver con la figura tan fascinante de los “castrati”. Como seguramente sabéis, se trataba de niños a los que se les extirpaban los testículos para que no perdieran su voz aguda tras el cambio hormonal de la adolescencia. Desde nuestra perspectiva actual, una verdadera salvajada. Pero gracias a esto en la Italia del XVIII muchos niños de familias pobres pudieron recibir una sólida formación musical y a la vez encontrar un modo de ganarse el sustento; incluso algunos se enriquecieron enormemente y alcanzaron gran fama como cantantes extraordinarios, pues en la madurez conservaban la pureza de su voz infantil, pero con la potencia pulmonar y la sabiduría musical de un hombre adulto.

Gluck compuso su obra para ser cantada por un “castrato”. Pero como esta práctica desapareció por fortuna hace más de un siglo, actualmente es cantada por una soprano o por un contratenor, esto es, un hombre que ha educado su voz con una técnica muy precisa para cantar en una tesitura propia de una soprano. Para quien no ha escuchado nunca a un contratenor su voz puede resultar muy sorprendente. Aún me acuerdo, con algo de vergüenza ajena, de un contratenor que actuó en Yecla hace unos treinta años. Era un joven bastante fornido que, cuando empezó a cantar con aquella voz tan femenina, provocó en el auditorio ciertas carcajadas y comentarios soeces que prefiero no recordar.

Como despedida os aconsejo encarecidamente que escuchéis esta aria deliciosa de Gluck cantada por la voz extraordinaria del más famoso contratenor actual, Philippe Jaroussky, todo un prodigio de técnica y sensibilidad en su particular evocación de Orfeo, el mito que mejor representa el poder milagroso de la música para acceder a los rincones más secretos del ser humano.

Francisco Martí Hernández.

Todos los estudios coinciden en los efectos positivos de la música en el organismo:

Escrito en diapason / 19 mayo, 2022

  •  Ayuda a relajarnos.

La música tiene efectos directos sobre nuestro estado anímico. Entre ellos, destaca su capacidad de aportarnos calma, ya que reduce nuestros niveles de cortisol, la hormona relacionada con el estrés y la ansiedad.

  1. Mitiga el dolor.

La capacidad de la música de reducir el dolor crónico que provocan dolencias es un hecho demostrado. De acuerdo con estos estudios, la música ayuda a liberar endorfinas, que actúan como analgésicos naturales y que contribuyen a paliar el dolor. Asimismo, las melodías lentas enlentecen la frecuencia cardíaca y respiratoria, lo que atenúa la sensación de angustia.

  •  Combate las cefaleas.

Ayuda a luchar contra los dolores de cabeza, atenuando su duración, frecuencia e intensidad. El motivo es que algunas canciones incrementan la presencia de ciertos neurotransmisores en el cerebro, como la dopamina, lo que es ideal para disminuir el dolor.

  • Reduce la presión arterial.

Oír música relajante mínimo media hora diaria provoca que nuestra presión arterial se reduzca, lo que contribuye a mejorar la circulación sanguínea y la salud cardíaca. Por otro lado, los efectos beneficiosos sobre la respiración también favorecen el sistema cardiovascular.

  • Incrementa el rendimiento intelectual y estimula el cerebro.

Diversos estudios médicos aseguran que escuchar música o tocar un instrumento provoca que se activen áreas del cerebro que ayudan a mejorar el aprendizaje y la memoria. Además, también nos hace más creativos.

  •  Es eficaz para luchar contra la depresión.

Aumenta nuestra autoestima y autoconfianza, disminuye la sensación de fatiga y nos ayuda a sentirnos más activos.

  •  Mejora la coordinación y el rendimiento deportivo.
  •  Favorece el sueño.

Escuchar música relajante ayuda a conciliar el sueño y conseguir un descanso reparador, gracias a sus propiedades relajantes.

Aun así, se sigue entendiendo la música como si fuera un mero ornamento, cuando debería ser una asignatura troncal dentro del Sistema Educativo y un estilo de vida saludable.

En su momento José Ignacio Wert (ministro de educación del gobierno de Mariano Rajoy) aseguró que distraían al alumnado del conocimiento importante. Según plantea la nueva ley LOMLOE, parece que va a recuperar parte de la importancia con la que contaba anteriormente.

Como docente me preocupa que desde la administración no se proteja lo suficiente esta asignatura, que en muchas ocasiones ha sido minusvalorada.

Desde hace ya varios años soy socia colaboradora de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla. Me parece que realizan una labor extraordinaria. También quería felicitar al Ayuntamiento de Yecla por su apoyo, aunque me gustaría que promoviera más actuaciones culturales en el teatro, auditorio o Feria del Mueble, etc.

Muchas gracias de antemano.

Lupe Ortiz Medina.

Dentro de los diversos estilos de pasodobles, hay uno muy especial, los Pasodobles-Himnos, composiciones musicales dedicadas a algún colectivo social, religioso, lúdico, festivo, deportivo, etc.

La palabra himno, tiene diversas definiciones dentro del Diccionario de la RAE, de las que nosotros nos vamos a quedar con la siguiente:

Composición musical emblemática de una colectividad, que la identifica y que une entre sí a quienes la interpretan.

Escrito en diapason / 12 mayo, 2022

Asimismo en su primigenia, un Himno es un canto o un texto lírico que expresa sentimientos positivos, de alegría y de celebración. En la antigüedad era una composición coral dedicada a una divinidad, y que fue retomada durante la Edad Media con pleno valor litúrgico en la literatura latina cristiana, como por ejemplo con el “Pange lingua” de Tomás de Aquino para la conmemoración del Corpus Cristhie.

Puede estar dedicado a dioses, un santo, un héroe o a una persona célebre, también puede estar destinado a celebrar una victoria u otro suceso memorable o a expresar júbilo o entusiasmo, aunque en este caso estaría mejor llamarlo oda.

Igualmente puede ser una composición musical que identifica a una colectividad, una región, un pueblo o una nación y que une a quienes la interpretan (como hemos dicho según la RAE), y a estos últimos pertenece la obra de la que vamos a hablar hoy.

Los Labradores es el Himno de la Federación de Peñas de San Isidro de Yecla, entidad encargada de la organización de las tradicionales y populares fiestas que durante el mes de mayo se celebran en la ciudad de Yecla, en honor de San Isidro Labrador.

Este pasodoble-himno está compuesto por el músico yeclano Pedro Navarro Ruano y tiene letra escrita por Inmaculada Navarro Ruano.

Portada “Los Labradores” Pasodoble Himno de la Federación de Peñas de San Isidro de Yecla.

La devoción en Yecla por San Isidro Labrador, patrón de los agricultores, se remonta a los inicios del siglo XIX, cuanto entre los años 1816 y 1818 se constituyó la Real Empresa de Iluminación de Aguas de San Isidro, empresa fundada con el objetivo del alumbramiento de aguas en las inmediaciones del paraje del Cerrico de la Fuente, y que poco después fructificarían al conseguir alumbrar el nacimiento de un importante caudal, siendo el éxito de esta empresa el motivo para que se iniciase a celebrar el culto a San Isidro en Yecla, encargándose una imagen que fue puesta al culto en una capilla de la Ermita de Santa BárbaraA partir de esta fecha se empezó a celebrar la onomástica del Santo, con hogueras la tarde noche de la víspera el 14 de mayo, a las puertas de la Ermita de Santa Bárbara, donde se disparaban cohetes y tracas y repicaban las campanas y el día 15 de mayo, procesión por la mañana seguida de una Misa Solemne.

En el año 1941 se fundaron en nuestro país las “Hermandades Sindicales de Labradores y Ganaderos” las cuales se constituyeron bajo el patronazgo del santo madrileño, siendo las promotoras de las Fiestas en honor de San Isidro en toda España, entre ellas la de Yecla; Junto al Arcipreste Esteban Díaz, la Sección Femenina y las gentes del campo. En el año 1943, la Hermandad tomó el acuerdo de adquirir una talla de San Isidro al escultor alcoyano Miguel Torregrosa Alonso. La imagen llegó a Yecla el día 14 de mayo de 1945, celebrándose al día siguiente, 15 de mayo, la primera procesión en su honor y que sería el origen de las actuales Fiestas de San Isidro en Yecla.

Hasta 1948, los festejos eran fundamentalmente de carácter religioso. A partir de 1949 se empiezan a incluir otros actos como el desfile, la ofrenda y una exhibición de folclore local. En 1950 se incorporan carros engalanados, origen de las actuales carrozas, aunque la técnica de los “papelicos” aún tardaría otro año en llegar. Las Fiestas de San Isidro vivieron durante la década de los años 50 un periodo de gran consolidación y esplendor.

A partir de 1952 comenzó a realizarse la conocida como Batalla de Flores y el Concurso de carrozas. Durante la misma eran arrojadas desde las carrozas y balcones de las casas gran cantidad de flores, dulces, confetis y serpentinas y se estableció la primera entrega de premios a los mejores vehículos y animales engalanados, así como a los labradores y labradoras ataviados con el traje típico local. A partir de entonces han aumentado los premios, donados tanto por organismos oficiales como por empresas particulares. Los temas de las carrozas antiguamente iban relacionados con el campo y los títulos eran críticas en forma de verso. Hoy en día el tema ha variado, en la categoría de adulta son temas relacionados con el campo, Yecla y costumbres populares; mientras que en la categoría infantil, son más temas de fantasía.

Actualmente la Federación de Peñas está formada por más de 50 peñas federadas, lo que supone un total de más de 2000 peñeros/as que hacen que durante los días de fiesta la ciudad de Yecla sea un bullicio de color, música y alegría. La Federación organiza, junto con la Concejalía de Festejos una gran cantidad de actos, centrados en los dos fines de semanas más cercanos al día 15 de mayo.

El 14 de mayo de 2021, las Fiestas de San Isidro Labrador de Yecla, obtuvieron por parte de la Secretaría de Estado de Turismo la declaración de Interés Turístico Nacional, en reconocimiento a los valores culturales y de larga tradición cultural que representan. “La elaboración artesanal por parte de las peñas de las más de 60 carrozas que suelen participar en la Gran Cabalgata, representando aspectos relacionados con la labranza, convierten estas fiestas en unas celebraciones repletas de originalidad y de atractivo turístico para todos los visitantes que acuden a Yecla en esas fechas”.

Pedro Navarro Ruano:

Nace en Yecla (Murcia) en 1974. Comienza sus estudios musicales en la Escuela de música de la Asociación de Amigos de la Música de su ciudad natal. Continúa sus estudios en el Conservatorio Profesional de Música de Villena en la especialidad de trombón, en el que obtiene el Título de Profesor en 1998, perfeccionando sus estudios en dicha especialidad con los profesores Raúl García, Mario Calvo Ponce, Indalecio Bonet y Baltasar Perelló. Realiza cursos de dirección de Banda con José R. Pascual Vilaplana, Ricardo Correa y Jan Cober.

En su faceta como compositor ha estudiado con profesores como Ramón Ramos, César Cano, Andrés Valero y Emilio Calandín, Francisco Tamarit, Gregorio Jiménez  entre otros, con los que obtiene en 2006 el Título Superior de Composición en el Conservatorio Superior “Joaquín Rodrigo” de Valencia. Asiste a los cursos de Análisis Musical que Organiza el Festival de Música de Granada con los profesores Ivan Nommick, Francesc Cortés, Benet Casablanca, así como otros cursos impartidos por el compositor Sergio Blardony, Tomás Gilabert o la compositora y pedagoga húngara Katalin Szekely. Tiene en su haber distintas composiciones para banda, grupos de cámara, coro, así como obras electroacústicas. Su música ha sido interpretada tanto en nuestro país, como en otros países, Italia, Reino Unido, China, Japón, Corea del Norte, E.E.U.U.

Pedro Navarro Ruano.

En su labor como director de Coro, ha realizado cursos y seminarios con los directores Javier Busto, Albert Alcaraz, Esteban Sanz Vélez, Alonso Gómez Gallego, Marco Antonio García de Paz, Basilio Astulez, Julio Domínguez, César Alejandro Carillo, Tamara Brooks, Vytautas Miskinis, Rupert Damerell y Peter Phillips. Perfecciona su técnica vocal con los profesores José Ramírez, Carmen Lorenzo, Ricardo Castelló y Vincenzo Scarafile.

A lo largo de su carrera ha dirigido la Banda Juvenil de la Escuela de Música y el Coro Polifónico “La Purísima” de la A.A.M. de Yecla. En enero de 2008 se hace cargo de la dirección del Coro de la Unión Musical de Almansa (Albacete) y en 2009 del coro Voces de Hécula de Yecla (Murcia).

En julio de 2009 colabora con miembros de la Deustche Oper Berlin y su director de coro William Spaulding en la realización de la Ópera “La Flauta Mágica” en el I Festival Internacional de Música de Almansa.

En noviembre de este mismo año consigue el 1º Premio junto a la Coral Unión Musical de Almansa, en el V Certamen de Canción Castellana “Villa de Fuensalida” (Toledo).

En 2012 obtiene el Título Superior de Dirección de Coro bajo la tutela del profesor Ángel Martín Matute, en el Conservatorio Superior de Música de Murcia. Ha sido profesor de diversos Conservatorios de Música en la especialidad de Fundamentos de Composición, entre los que destacan Toledo, Almansa, Albacete, Alcázar de San Juan, Cieza, Jumilla y Pilar de la Horadada, así como el Conservatorio Superior de Castilla la Mancha.

Desde 2016 es socio fundador de Aedcoro, Asociación Española de Directores de Coro. En 2017 obtiene el título de Máster en Investigación Musical por la Universidad Internacional de la Rioja elaborando un trabajo de investigación sobre el análisis de la música de Tomás Luis de Victoria.

Actualmente compagina su labor de director de coro y compositor con la de docente como profesor en la especialidad de Fundamentos de Composición.

“Los Labradores” pasodoble-himno de la Federación de Peñas de San Isidro fue compuesto en el año 2004 por Pedro e Inmaculada Navarro Ruano, como autores de la música y la letra respectivamente, para representar el sentir de un pueblo en sus fiestas más populares.

Letra “Los Labradores”.

Según explican en la editorial GTE Música, donde se puede adquirir esta partitura: “La obra está estructurada en tres grandes secciones, a las que habría que añadir su introducción. Se trata de un Pasodoble que además hace las veces de Himno, ya que contiene un texto para ser cantado. Esta obra pretende poner música a las Fiestas de San Isidro Labrador que se vienen celebrando desde hace muchos años y que destacan por su gran colorido y participación de un pueblo totalmente entregado a ellas. Musicalmente hablando, la obra intenta adentrarse en el folclore y las tradiciones, es por ello que, tras la introducción, que recuerda al pasodoble “España Cañí”, comienza el 1º tema, elaborado con una melodía sencilla y pegadiza junto a su contrapunto, que rememora a los pasodobles clásicos de estilo taurino. Llegada la 2ª sección, el pasodoble se adentra en el folclore local, realizando citas literales de dicho folclore con el que tan ligada está esta fiesta vinculada a las tradiciones y a la agricultura. La obra finaliza con la 3ª sección que se adapta fielmente al texto. Texto que describe cada una de las escenas de la fiesta. Tema que, por otra parte, con el paso de los años, se ha hecho más popular en la ciudad y que recuerda a la música de un género tan nuestro como es la Zarzuela. En definitiva, es una obra pensada para representar a una fiesta multitudinaria, de corte sencillo y popular, que refleja el carácter y el sentir del pueblo yeclano”

En el siguiente vídeo, además de conocer las Fiestas de San Isidro de Yecla, podrán escuchar la grabación del estreno de dicho pasodoble realizada en el Teatro Concha Segura de Yecla, e interpretado por la Banda de Música y el Coro “La Purísima” de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla, dirigidos por Ángel Hernández Azorín.

– Archivo Pedro Navarro Ruano

– Archivo de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla (AAMY).

https://federacionsanisidro.com/

https://gtemusica.com/

José Miguel Ibáñez Lax.

Si todas las artes aspiran a ser como la música, todas las ciencias aspiran a ser como las matemáticas” , G. Santayana (1863-1952)

Me enfrento a este primer artículo sobre la música y las matemáticas, definiendo qué es lo que intentaré transmitir con los diferentes textos que vaya teniendo oportunidad de escribir.

En este sentido, procuraré que las lecturas sean amenas, didácticas y próximas a vosotros. Sé que sois amigos de la música, pero… ¿podréis ser también amigos de las matemáticas? Yo creo que sí.

Revista Diapasón

Vamos a empezar por el título de esta revista: Diapasón. Ya sabéis lo que es: un pieza en forma de U construida con un metal elástico que, cuando se le golpea y se le hace vibrar, genera un sonido casi inaudible, que normalmente suele oírse acercándolo al oído. El diapasón más utilizado es el denominado la 440, que genera la nota la que tiene exactamente 440 Hz. (hercios), y con la que se afinan todos los instrumentos de una banda u orquesta.

Vale, pues sin quererlo ni beberlo, ya estamos hablando de matemáticas. ¿Ya? ¿Dónde? Pues concretamente en la palabra ‘sonido’ y en la palabra ‘hercios’. El sonido son oscilaciones de la presión del aire, provocadas por ejemplo por la vibración del parche de un tambor, de los platillos o de una caña en un clarinete.

Estos cambios de presión en el aire son convertidos en ondas mecánicas en nuestro oído, y finalmente percibidas por el cerebro. Y estas variaciones de la presión del aire se transmiten de un modo análogo a cuando tiramos una piedra en un estanque, y tienen –y llegamos aquí a las matemáticas– unas ecuaciones matemáticas que las describen mediante funciones sinusoidales, y que vienen dadas por factores como la distancia, la velocidad o la presión atmosféica existente. Por eso no suenan igual los instrumentos los días soleados que los lluviosos, o una sirena de una ambulancia cuando se nos acerca que cuando se nos aleja.

Por otro lado, los hercios son las unidades que expresan la cantidad de vibraciones que emite una fuente sonora por unidad de tiempo. Así, nuestra nota la con 440 Hz. nos dice que cada segundo se efectúan 440 vibraciones por parte de los brazos del diapasón. Del mismo modo que con nuestro coche vamos a 70 km/h., pudiendo ir más rápido o más lento en función de los metros que recorramos en una hora, con nuestro instrumento musical podremos emitir una vibración que se repetirá más o menos veces por segundo como dicho instrumento nos permita, medición que se efectuará mediante hercios, y que nos generará las notas musicales.

 

Bueno, pues hay un teorema del año 1822 del matemático francés Joseph Fourier (1768-1830) que afirma, en términos sencillos, que cualquier sonido musical es la combinación de sonidos sencillos.

Es decir, que cualquier sonido puede ser duplicado mediante la combinación de diferentes diapasones: las ondas de cada uno de ellos se agruparán generando una nueva onda mecánica que configurará la nota final. Este teorema es vital para la música, puesto que nos explica el porqué con diferentes instrumentos podemos generar las mismas notas musicales.

Otro punto interesante tiene que ver con la representación de un sonido o de una nota en particular, que puede ser realizada mediante un pentagrama, como todos vosotros sabéis. En dicho pentagrama, podemos ver qué nota musical es. Pero también mediante las fórmulas matemáticas correspondientes podríamos representar dicha nota mediante sus hercios: más hercios, sonido más agudo; menos hercios, sonido más grave.

Hablando de pentagrama, es interesante comentar que muchos de los términos que aplicamos cuando aprendemos solfeo, tienen también una relación con las matemáticas. La altura –término puramente geométrico– o tono de una nota, que nos dice si un sonido es grave (pocos hercios) o agudo (muchos hercios), su duración, su intensidad (un sonido fuerte o débil) son, por ejemplo, factores que son perfectamente medibles y, por ello, matemáticos.

¿Habéis pensado en la relación que existe entre las diferentes figuras musicales? Sí, aquello de 1 redonda = 2 blancas, 1 blanca = 2 negras, 1 negra = 2 corcheas, 1 corchea = 2 semicorcheas, etc. Pues es un ejemplo más de matemáticas en la música.

Estoy seguro que observáis que sumando la duración de dos figuras iguales se obtiene la figura con una duración inmediatamente más larga. Hemos hecho, pues, una suma. O una multiplicación por el número dos. Pura aritmética, ¿verdad?

Pues ahora que tenemos un diapasón, y sabemos cómo representar las notas musicales, musical y matemáticamente, nos falta afinar a la banda, ¿no?. ¿Y que es esto? Pues ni más ni menos que seleccionar unos sonidos que juntos son agradables para el oído humano, y descartar el resto. En términos matemáticos, tenemos que seleccionar las frecuencias de unos sonidos que sirvan para hacer música, y olvidarnos del resto. Debemos, en definitiva, crear una escala musical. ¿Y nos pueden ayudar las matemáticas a ello? ¡Pues claro que sí! ¿Cómo? Seguramente te pienses que harán falta grandes ecuaciones para representar una escala musical, pues… ¿te puedes creer que solamente necesito los primeros números que aprendemos cuando somos niños? Sí: el uno, el dos y el tres.

Pitágoras de Samos (aproximadamente 582 a. C. – 507 a. C.), además de ser famoso por un teorema atribuido a él, pero perteneciente a uno de sus colegas llamado Hipaso de Metaponto, fue un matemático griego que nos dio un sistema para construir una escala musical: es la denominada afinación pitagórica. Dedujo que un sonido musical producido por una cuerda es más agudo cuando más corta es dicha cuerda, y que para generar la octava siguiente más alta de una nota, había que dividir entre dos la longitud de dicha cuerda. Además, generó una fórmula para conocer todas las notas de la escala: partiendo de una nota cualquiera, basta generar seis quintas (un salto que comprende cinco notas de la escala musical) consecutivas por encima y una por debajo, lo que da lugar a las siete notas de la escala.

De este modo, continuando las quintas, obtendríamos toda la escala cromática.

¿Y cómo generamos estas octavas mediante a nivel matemático con las frecuencias, que hemos dicho que representan a las notas musicales mediante las ondulaciones de una cuerda? Pues considerando que si la onda se desplaza por una cuerda de longitud l, y tarda un tiempo t en llegar al final y volver hasta el inicio, lo que nos daría todo un ciclo de onda, pues entonces si la cuerda es la mitad de larga, veremos que la onda volverá justamente en la mitad del tiempo a su principio, lo que provocará que si en un segundo teníamos, con la nota la, 440 ondulaciones por segundo, para su octava tendremos 880 ondulaciones por segundo. O sea, que para conseguir una octava superior, bastará multiplicar por dos la frecuencia –los hercios– de la nota original.

Para visualizar mejor lo que pasa en una cuerda, podemos pensar que si tiramos una pelota a una pared que está de nosotros d metros, y nos llega rebotada después de 2 segundos, bastará acercarse la mitad de la distancia d/2 a la pared, para observar que nos llega en un segundo, es decir, en la mitad de tiempo. De este modo, con la mitad de una cuerda las ondas llegan en la mitad de tiempo a su origen, y vuelven a ser rebotadas, por lo que en el mismo tiempo, hay el doble de vibraciones. De ahí que una nota y su octava tengan un factor múltiplo de 2 entre sus frecuencias.

¿Y cómo encontramos estas quintas consecutivas, que nos generan el conjunto de toda la escala musical? Pues en lugar de multiplicar por 2, lo que tendremos que hacer es multiplicar la frecuencia por 3/2, que, mira por dónde, es la fracción más simple posible, puesto que solamente implica a los números naturales más pequeños que generan un número fraccionario: el 2 y el 3. Así, las diferentes frecuencias de las notas musicales vendrán dadas por una multiplicación iterativa por la razón 3/2.

Así, si partimos del la estándar para la afinación, podemos encontrar el resto de notas multiplicando poco a poco por 3/2 (para encontrar todas las notas de la escala) y por 1/2 (para encontrar la octava correcta). ¿Se puede con menos complicaciones generar algo tan rico como la escala musical.

Bueno, creo que ha sido una buen principio: sabemos lo que es el sonido, lo que produce el tono de una nota, cómo representarla, cómo dar su duración, y cómo generar el conjunto de la escala musical. Y todo ello haciendo solamente sumas y multiplicaciones de los números más elementales respecto a cualquier sonido que queramos coger como nota origen. ¿Véis como trabaja un órgano electrónico? ¿O los politonos de vuestro móvil? ¿O el equipo de música? ¿O el mp3 que escucháis todo el rato? ¡Solamente haciendo sumas en base a un sonido tomado como base!

Para acabar el artículo, me gustaría hablar de las simetrías y la música. En matemáticas, dos objetos son simétricos respecto a unas operaciones, cuando uno puede ser obtenido del otro mediante la aplicación de dichas operaciones. En un papel, por ejemplo, todos podemos realizar traslaciones, rotaciones y reflexiones de cualquier figura que dibujemos. Basta con copiar íntegramente el objeto en otra posición del folio que estemos utilizando, después de haberlo dejado igual que estaba respecto al punto de vista que teníamos antes del cambio, o después de haberlo girado del mismo modo que giran las agujas de un reloj, o haberlo dibujado copiando la imagen que obtenemos de dicho dibujo en un espejo.

Bueno, pues del mismo modo que podemos generar una frase que sea simétrica, como las frases “Dábale arroz a la zorra el abad” y “Anita lava la tina”, que se pueden leer al revés y nos resulta la misma frase (es una frase palíndroma), o de igual manera que existen los números capicúas, como el 77, el 303, o el 11411, pues los compositores musicales han tenido siempre en cuenta las simetrías que podrían obtenerse de las piezas y composiciones que creaban. Así, el siguiente fragmento de partitura es un ejemplo de simetría en una pieza musical. ¿Veis las notas de los primeros compases son las mismas que aparecen en los últimos compases?

Fragmento de «Six unisono melodies» de Bartók

En fin, ¡espero que la lectura del artículo haya sido interesante!

Un saludo cordial,

Juanfran

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Juan Francisco Martínez Cerdá

Matemático, antiguo músico de la Banda de música de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla.

Artículo aparecido en la Revista Diapasón de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla.

 

 

 

 

 

 

El pensamiento, cuanto más puro, tiene su número, su medida, su música”, María Zambrano Alarcón (1904 – 1991) 

Revista Diapasón

Bueno, pues seguimos hablando sobre las matemáticas y la música. ¿Sabías que Johannes Kepler (1571-1630), el astrónomo y matemático que definió las leyes sobre el movimiento de los planetas sobre su órbita alrededor del sol, escribió un libro llamado Harmonices Mundi en el que intentaba explicar los movimientos de los planetas gracias a la proporción de diferentes poliedros, los denominados sólidos platónicos, que relacionaba con las escalas musicales? Lamentablemente, el hombre se equivocaba, puesto que las observaciones no coincidían con la teoría planteada, pero su esfuerzo, dedicación e ilusión son dignas de valorar.

El tema de relacionar los planetas con la música es algo que ya venía desde Pitágoras (582 a.C.-507 a.C.) y su Música de las Esferas, que defendía que las distancias entre los planetas debería tener la misma proporción que la de los sonidos armónicos obtenidos en una cuerda. Se definía el sistema solar como diez esferas circulares, con un fuego central -el Sol-, y en el que cada esfera emitía un sonido: las más cercanas las notas graves, y las más lejanas, las notas agudas. Platón (427 a.C.-347 d.C.) también habló después sobre ello en su República.

Como véis, esta idea ha acompañado a la humanidad durante toda su historia. El año pasado, sin ir más lejos, Mike Oldfield editó un disco denominado Music of The Spheres, y la mismísima NASA grabó los sonidos emitidos por el Sol y por Júpiter.

Cambiando de tema, os comentaré ahora un juego que inventó Mozart. Este fabuloso músico, en 1777, teniendo 21 años, cogió un dado y pensó que sería válido para que cualquier persona pudiese componer un vals, y que sonase bien. Incluso en el caso de que no supiese música. Pues se puso manos a la obra, y en su obra Musikalisches Würfelspiel consiguió crear un auténtico generador de valses.

¿Cuáles son las reglas de este juego? Pues tenemos que ir incorporando notas musicales a los 16 compases que formarán el vals. Empecemos por el primer compás: tiramos dos dados y sumamos los números que obtenemos, que siempre tendrán un valor entre 2 y 12. Después, buscamos en unas tablas las notas musicales que pondremos en dicho compás, mirando el número de la columna del compás en el que estamos -en nuestro caso el compás primero-, y localizando el número de fila de la tabla que se corresponde con el valor de la suma que nos ha salido de los dos dados. En las casillas habremos encontrado uno de los 176 compases que Mozart compuso, que tendremos que copiar en nuestro pentagrama que acogerá la creación musical que estamos haciendo. Después, haremos lo mismo con el segundo compás: volveremos a tirar los dos dados, sumaremos los valores, buscaremos la fila con dicho valor y la casilla de la segunda columna, y copiaremos el valor en nuestro pentagrama. Y así, con el tercer y subsiguientes compases.

Al final, y gracias a este genial músico, que asociaba conceptos matemáticos relacionados con las notas musicales de una forma inconsciente, podremos componer un vals tranquilamente, y sabremos que sonará bien.

Aquí podemos ver estas dos tablas, una para la primera parte del vals, y otra para la segunda, con 8 compases cada una:

Y ahora, ya solamente falta conocer las notas musicales de los 176 compases (la figura siguiente incluye los primeros 24 compases), tener un papel pautado y un lápiz, y empezar a componer vuestro propio vals:

¿La relación con las matemáticas? Pues el hecho de saber que prácticamente nadie podrá componer la misma partitura, puesto que existen 1116 combinaciones posibles. Y eso solamente con 16 compases. Imagínate las posibilidades con 32 ó 64 compases. Venga, anímate a coger el lápiz que utilizabas para la partitura, y ponte a hacer la cuenta. ¿Qué… hay ánimos para hacerlo?

Y eso sin pensar en el hecho de orientar tablas a hacer un minueto, jugando con dos dados, y un trío, jugando con solamente un dado. O uniendo ambas posibilidades:

En este caso, las posibilidades serían 1116 * 616 = 130 * 1027 para 32 compases.

Para acabar, y considerando que hemos acabado hablando de teoría de juegos, comentaros que también podéis jugar al dominó con notas matemáticas, o tener una baraja. Desde los siguientes enlaces podéis imprimiros las plantillas necesarias:

Un saludo cordial,

Juanfran

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Juan Francisco Martínez Cerdá

Matemático, antiguo músico de la Banda de música de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla.

Artículo aparecido en la Revista Diapasón de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla.

La música es el placer que experimenta la mente humana al contar sin darse cuenta de que está contando”, Gottfried Leibniz (1646-1716)

¿Qué tal? ¿Cómo va este inicio de año 2011? Espero que podamos seguir compartiendo a lo largo de este año algunas de las conexiones que se dan entre la música y las matemáticas.

Revista diapasón

Ya que acabamos de empezar un nuevo año, y que este hecho -que tiene que ver con la astronomía- es algo que se repite a lo largo del tiempo, como todos sabéis, podemos hablar del concepto de repetición de determinados sucesos. Por ejemplo, todos somos conscientes de que el día y la noche, las semanas, los meses, las estaciones o los años, son sucesos físicos que se repiten y que pueden ser medidos gracias a determinados instrumentos que el hombre ha ido investando, descubriendo, desarrollando, adaptando y perfeccionando desde el inicio de los tiempos. De alguna manera, para las medidas que el hombre ha ido realizando de todos aquellos sucesos que ha querido observar, y gracias a las matemáticas, se ha ido avanzando en la mejor métrica para dicha medición, en su simplificación y en su belleza: en su armonía, en última instancia. ¿Os suena alguno de estos conceptos: repetición, medida, armonía? Estoy seguro de que sí: cuando hacemos música, tenemos unas medidas (compases, notas, etc.), unas repeticiones (melodías, canons, etc.), y una armonía (relaciones entre sonidos simultáneas).

El origen del término “música” es la palabra griega “musiké” (“de las musas”), y aparecía como una de las siete artes liberales, asociada a los Saberes exactos (Quatrivium o Matemáticas):

Como podéis ver, antiguamente quien decidiese estudiar Matemáticas debía aprender también Música. En mi opinión, es una pena que hoy en día no ocurra así, y que sean disciplinas no comunes.

Respecto al concepto de repetición, que comentaba antes que puede aplicarse a melodías, ¿conocéis alguna de las oberturas de Rossini? La de “Guillermo Tell” o la de “El barbero de Sevilla” son absolutamente brillantes y, básicamente, formadas por repeticiones. Si hace tiempo que no las escucháis, probad a hacerlo bajo este punto de vita matemático.

Si hablamos de medidas, quizás conozcáis la denominada “razón áurea”, que es aquel número obtenido de una figura geométrica en la que la proporción de alguna de sus partes C con respecto a su parte B inmediatamente mayor en tamaño, es igual a la proporción de esta parte mayor B con respecto a su superior C. Por ejemplo:

  • La proporción entre la longitud del segmento a y el segmento b, es igual a la del segmento a+b y el segmento b:

  • La proporción entre el rectángulo ADCB y AFEB, dado por las proporciones entre AD y DC, y AB y AF:

Pues resulta que esta razón áurea la encontramos entre algunas de las partes de instrumentos como el violín:

Y no solamente eso. También encontramos que la razón áurea aparece en el primer movimiento de la Sonata Nº 1 de Mozart, que está dividido en 38 y 62 compases, y en su segundo movimiento, con 28 y 46 compases. Las proporciones entre ambos pares de números se corresponden con el número áureo. Incluso se puede encontrar otra aproximación a dicha razón en la Quinta Sinfonía de Beethoven, en la que su famoso lema parece en compases relacionados con dicho número:

 

Interesante, ¿verdad? Me pregunto si los compases de “Corazón yeclano” tienen también esta proporción, o si el repiqueteo que se oye cuando los pajes de las Fiestas de la Virgen guardan también dicha razón. ¡Qué lástima no tener aquí una partitura para comprobarlo!  🙂

Acabaré el artículo comentando algunos libros relacionados con nuestro tema, para que podáis ir creando una pequeña biblioteca sobre el tema:

  • “El Armonógrafo”, de Anthony Ashton. Ediciones Orino. Colección: La aventura de la ciencia.

Este libro nos explica la relación entre las notas musicales y los números enteros, y nos presenta diversos gráficos generados por el armonógrafo, un instrumento inventado en el siglo XIX que genera dibujos mediante un péndulo, a partir de los sonidos que recibe.

  • “La idea del cosmos. Cosmos y música en la antigüedad”, de Radamés Molina Montes y Daniel Ranz Riera. Ediciones Paidós Ibérica. Colección: Paidós studio.

Aquí se nos ofrece una visión de la historia del mundo a través de la interpretación en clave musical y matemáticas de algunos de los sucesos más importantes ocurridos, ya sea en el ámbito de la filosofía, la política, la medicina, la arquitectura, la teología o la técnica.

  • “El número sonoro: La matemática en las teorías armónicas de Salinas y Zarlino”, de Amaya Sara García Pérez. Editorial: Caja Duero (Salamanca).

Esta publicación nos ilustra las diversas investigaciones de dos teóricos del siglo XVI, que analizaron las teorías existentes hasta la época, en materia de interrelación entre música y matemáticas. El libro nos presenta las diferentes relaciones históricas entre las entonaciones, la armonía y las proporciones existentes entre las notas musicales, desarrolladas y estudiadas a través de las matemáticas. Además, nos ofrece interesantes preguntas de carácter filosófico: ¿siempre tiene que ser percibida la música mediante el sentido del oído, además de por la razón, o podemos denominar música a cualquier estructura válida para la razón, como lo son las matemáticas?

Interesante cuestión, ésta última: ¿qué tiene que ser denominado “música”?

¿Lo sabemos? ¿Puede ésta ser definida de un modo colectivo, o la música siempre será algo subjetivo y personal?

¿Qué nos dice la razón?

¿Qué nos dice el corazón?

Mmmmmmnnnnnnnn…

¡Un saludo cordial!

Juanfran

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Juan Francisco Martínez Cerdá

Matemático, antiguo músico de la Banda de música de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla.

Artículo aparecido en la Revista Diapasón de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla.

En aquellos tiempos en que era estudiante de composición, había un argumento en el aire que se sentía generalizado.

Una dramática pregunta con una, por demasiado fácil, absurda respuesta: “¿Ha habido compositoras en la historia de la música? Si no se conocen será porque no han existido, por algo no están en los libros de historia”.

Escrito en diapason / 5 mayo, 2022

Hoy en día esto es inasumible, incluso vergonzoso, pero en las generaciones de compositoras ha creado una dura sensación, una pesada mochila que multiplica injustamente los esfuerzos por entrar en un mundo atribuido a los hombres, en el que estaba vetado el acceso a las mujeres. Las consecuencias negativas de esta incompleta historia de la música, de esta falta de referentes, ya fue expresada por Clara Wieck:

Hubo un tiempo en que creía tener talento creativo, pero he renunciado a esa idea; una mujer no debe tener el deseo de componer: si ninguna ha podido hacerlo. ¿Por qué iba a poder yo?[1].

La crítica postmoderna dio un giro en la valoración del hecho artístico, “conceptos como sujeto, razón, clase, género, identidad, arte, verdad, etc. son construidos histórica y socialmente, y que, como tales, no son eternos ni estables”[2]. Este enfoque supuso un radical cambio en la reflexión, la crítica y la redacción de la historia de la música, favoreciendo nuevas vías de análisis de la historia, destituyendo conceptos herméticos que no permitían percibir la realidad más allá de unos arcaicos conceptos estancos, superando las creencias culturales obsoletas. “Para el posmodernismo el conocimiento no es objetivo y neutral como pensaba el positivismo”[3].

Hoy en día se está reescribiendo la historia de la música, Sacando a la luz la presencia de las mujeres en el ámbito de la composición, compositoras que desarrollaron su profesión de uno u otro modo, llegando a codearse, en diferentes épocas, con los grandes compositores de su tiempo. Este rescate de la memoria da constancia de registros de autoras, de sus obras, de sus estrenos, de su presencia en la prensa, y de las circunstancias que favorecieron o complicaron su desarrollo artístico.

La segunda edición del reciente estudio llamado ¿Dónde están las mujeres en la música sinfónica? realizado por las asociaciones Clásicas y modernas y Mujeres en la Música, junto con la SGAE, coordinado por Soraya Sánchez y Pilar Pastor, aporta el lamentable dato de que sólo el 1% de las obras programadas por orquestas sinfónicas españolas es de autoría de mujer, 21 frente a las 1.864 compuestas por hombres. En un tiempo en el que se presupone la igualdad, este tipo de estudios sacan a la luz el desequilibrio que existe entre las leyes en el papel y su ejecución en la sociedad. Es necesario reflexionar sobre las causas que provocan la desigualdad efectiva, dejar atrás el cuestionamiento de la calidad de la producción de las compositoras atribuyéndole una merma creativa por una cuestión de género.  La doble vara de medir la calidad de la obra de compositores y compositoras ya fue denunciada por la compositora Elisabeth Lutyens, 1906-1983: “Si Britten escribía una obra mala, decían: ha tenido un mal día. Si yo escribía una, se debía a que era mujer”[4].

Programadores, gerentes, editores, críticos y medios de comunicación tienen el poder y la responsabilidad de crear un panorama musical en el que, bien sesgadamente, predomine el género masculino, o bien, poner sobre la mesa una realidad justa que equilibre la presencia de artistas masculinos y femeninos.

La editorial Monte Victoria ha creado un proyecto cuyo objetivo es la visibilización de composiciones con firma de mujer, que han quedado ocultas por la desmemoria de una historia de la música contada a medias. https://montevictoria.com/compositoras

El primer libro que conforma este gran proyecto, Grandes Compositoras al piano, incluye diecinueve autoras internacionales nacidas entre 1720 y 1893, como Augusta Holmes, Amy Beach, Clara Wieck, Fanny Mendelssohn y Teresa Carreño, entre otras. El siguiente volumen, de ámbito nacional, Grandes Compositoras al piano con acento español, incorpora catorce autoras españolas o con estrecha vinculación con España. En él podemos encontrar autoras como Pauline Viardot, Soledad Bengoechea, Eloísa Galluzo y Eloisa D´Herbilentre otras.

La editorial Monte Victoria ha continuado editando obras monográficas como la obra de Eugenia Osterberger y ha dado un paso hacia el presente sacando a la luz obras de compositoras actuales como Fragmentos de génesis, de Ana Teruel.

La consecuencia natural del proyecto Compositoras de la editorial, ha sido ubicarse en el presente, con el añadido de centrarse en el panorama andaluz. De este modo, el libro es testimonio de diferentes sensibilidades conectadas con esta tierra, que está absolutamente ligada al arte, dando valor a la producción musical actual, paradójicamente, tan desconocida como viva en los actuales espacios culturales.

Compositoras Andaluzas Contemporáneas, publicado por la editorial Monte Victoria en septiembre de 2021recoge dieciséis obras de dieciséis compositoras andaluzas o de fuerte arraigo andaluz. De izquierda a derecha y de arriba abajo, en la imagen: Diana Pérez Custodio, Ana Teruel, Dolores Serrano, Pilar Osado, Reyes Oteo, María José Arenas, Cristina Gallego, Dolores Romero, Isabel Royán, Inmaculada Godoy, Iluminada Pérez, Sara Almendros, Inmaculada Almendral, Elena Morínez, Ana Blanco y la abajo firmante, Silvia Olivero.

El editor, Jorge Díaz, confió en mi persona para coordinar esta obra, lo cual me ha permitido conocer a extraordinarias mujeres cuya valía es, sin duda alguna, merecedora de reconocimiento. Este volumen, enmarcado en un presente que abarca diferentes generaciones de compositoras, es testimonio vivo de la evolución del lenguaje pianístico, invalidando otro de los mitos atribuidos a la producción con firma de mujer: Sólo al pasearse por las páginas del libro se percibe la no existencia del llamado “lenguaje femenino”. Cada obra manifiesta un particular carácter, estética, lenguaje y personalidad individual, no como mujer sino como persona, una diversidad manifiesta en la escritura e incluso en las grafías. En las diferentes obras podemos encontrar elementos contrastantes, ya sean expresionistas, minimalistas, impresionistas, experimentales, orientales, así como caracteres pasionales, intimistas, enérgicos, extrovertidos, pedagógicos, estructurales, y hallamos la relación entre la música y otras manifestaciones artísticas como el teatro, el audiovisual, la poesía o la narrativa del cuento.

A fin de subrayar la presencia de las compositoras en los diferentes ámbitos de la música, y de dejar constancia del trabajo constante desarrollado a través de la experiencia de cada una de las autoras, el libro contiene la fotografía y la biografía artística de cada una de ellas donde describe la trayectoria profesional de cada una en heterogéneos ámbitos, como la música experimental, la música electrónica, el ámbito educativo, la música audiovisual, música de cine y videojuegos, la música sinfónica, camerística, el teatro musical, la búsqueda de sonoridades en culturas asiáticas, la performance, la relación con las artes plásticas e incluso la dirección orquestal. Encontramos en estas biografías la proyección nacional e internacional del panorama musical andaluz, representado a través del recorrido de las diferentes artistas.

Este libro pretende mostrar que las compositoras no son una excepcionalidad, sí son una realidad que ejerce su labor dentro y fuera de nuestras fronteras. El proyecto Compositoras, de la editorial Monte Victoria, está haciendo su aportación a la recuperación de la memoria y está sembrando desde el pasado hasta el presente, a fin de crear un futuro más justo.

Como testimonio auditivo, los siguientes enlaces permiten escuchar alguna de las obras publicadas en Compositoras Andaluzas Contemporáneas. Abramos el telón y disfrutemos de ellas.

Senderos, Cristina Gallego. Pianista: Juan Manuel Rodríguez Écija

https://soundcloud.com/cristinagallegocomposer/senderos?utm_source=clipboard&utm_medium=text&utm_campaign=social_sharing

Carroussel, Inmaculada Almendral

Susúrrame al oído, Dolores Serrano. Pianista: Sofya Melikyan

…Y sin embargo, gira, Ana Teruel. Pianista: Nieves Romero

El erizo y la liebre, Reyes Oteo. Pianista: Cristina López García

Ucronías, Mª José Arenas. Pianista: Sofya Melikyan

Cosmic Delights, Pilar Osado

Efímero, Elena Morínez. Pianista: Amaya Goicoechea

Pandemia, Silvia Olivero. Pianista: Rafael Ruíz Rodríguez.

Bibliografía

Beer, Anna (2919). Armonías y suaves cantos. Barcelona, Acantilado

Ramos, Pilar (2003). Feminismo y música, Introducción Crítica. Madrid, Narcea.

Turina, Joaquín (1914). “El feminismo y la música”. En Revista Musical Hispano-Americana, nº2, febrero, 8-9. (1982). Escritos de Joaquín Turina. Madrid: Ed. Alpuerto.

http://www.fundacionsgae.org/es-ES/SitePages/Programacion_Noticia.aspx?i=669&s=12

Silvia Olivero Anarte.


[1] Beer, Anna (1919:10)

[2] Ramos, Pilar, (2003:34)

[3] Ramos, Pilar, (2003:37)

[4] Beer, Anna (2019: 369-370)