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Artículo por: Pedro Rodríguez Navarro

No hay un acuerdo científico sobre las causas de la extinción de los dinosaurios. Pero la mayor parte de expertos ve plausible la hipótesis del impacto del meteorito. A nosotros no nos ha caído un meteorito, pero si una pandemia global.

No voy a contaros nada nuevo sobre el SARS-CoV-2, bastante información y desinformación hay sobre el tema. Mi intención es compartir algunos pensamientos con vosotros.

Antes de la pandemia ya estábamos viviendo cambios sociales a un ritmo muy acelerado. Los que queríamos permanecer actualizados teníamos la necesidad de adaptarnos a todo lo que estaba sucediendo. Globalización, movilidad, tecnología y comunicaciones, startups… Cada cambio venía para quedarse y quedarse anclado en el pasado era un síntoma negativo, se percibía como algo parecido a quedarse rezagado. El conservadurismo más recalcitrante cada vez ha estado peor visto en nuestra sociedad o al menos estaba lleno de connotaciones negativas.

La pandemia está acelerando mucho más estos cambios, lo que se esperaba para los próximos diez años están sucediendo en diez meses. A principios de marzo, con el confinamiento, fui de los muchos que pensamos que esto sería un bache, un accidente, un mal sueño de una noche de primavera, un mes de abril perdido… Las noticias sobre las vacunas o el éxito en doblegar la primera curva invitaban a pensar en esa dirección. Pero a día de hoy,

¿ALGUIEN PIENSA QUE TODO VOLVERÁ A SER COMO ANTES? A MÍ, YA NO ME LO PARECE. Clic para tuitear

Los cambios en los hábitos laborales con el teletrabajo o los cambios en los hábitos de compra con la imposición del online, son bastante llamativos y profundos como para pensar que han venido para quedarse definitivamente. Aquello de cualquier tiempo pasado fue mejor puede estar más vigente que nunca, sobre todo, cualquier tiempo sin coronavirus. Pero aferrarse a ese tiempo implicaría quedarse anclado en el pasado.

Y mientras sucede todo esto no puedo evitar pensar en nuestras sociedades musicales y nuestra querida cultura de bandas de música, donde también incluyo orquestas y coros. ¿Queremos adaptarnos a los profundos cambios que estamos viviendo? O por el contrario queremos negarlos y, ¿quedarnos aferrados al pasado? Aferrarse al pasado parece una actitud temeraria, una postura que no conduce a nada. Tarde o temprano la mascarilla pasará, pero los nuevos hábitos permanecerán. Con el tiempo que llevamos con estos hábitos algunos ya empiezan a convertirse en costumbres y las costumbres permanecen.

Pienso en voz alta o, mejor dicho, pienso en voz escrita. Nadie quiere formar parte de la manada de dinosaurios cuando impacta el meteorito. Por eso necesitamos que la innovación vaya calando en nuestras actitudes para poder ir adaptándonos a las nuevas necesidades. Reuniones de Juntas directivas online, ¿podemos aprovechar esto para captar más miembros para las juntas directivas? ¿puede servirnos para ampliar nuestra red de colaboradores y con ello incrementar todavía más el mayor recurso que tenemos, el voluntariado? ¿Deberíamos formar nuevas y mayor número de agrupaciones con menos integrantes?, ¿formaciones reducidas ajustadas a las circunstancias actuales? ¿deberían los compositores empezar a componer mayoritariamente para grupos de pequeño formato? ¿qué tipo de composiciones nos aventura este futuro?, ¿qué arreglos? Las nuevas disposiciones con músicos o cantantes a metro y medio de distancia, ¿alguien puede asegurar que desaparecerán? ¿no hay nada aprovechable en las nuevas disposiciones de músicos sobre el escenario? ¿nadie quiere explorar nuevas sonoridades derivadas de ello? No se trata de parchear, se trata de empezar a buscar respuestas estables con la mirada fijada en que la supuesta “nueva normalidad” puede ser la “futura rutina”, termino que creo más ajustado a lo que se nos viene encima y que no he visto utilizar todavía.

En este páramo de desgracias en que se ha convertido 2020 también hay sitio para la esperanza. El ámbito cultural está siendo seguro. Los museos, las bibliotecas, los cines, los teatros o los auditorios no están siendo lugar de contagio. Es muy buena noticia. Hay que perseverar en ello manteniendo todas las medidas implantadas para combatir el virus y sentirnos seguros, mejorándolas si cabe cada día. Esta coyuntura positiva hay que aprovecharla para estabilizar nuestra actividad y relanzarla hacia el mañana, hacia el futuro. A los pesimistas de siempre (por llamar de alguna manera a esos que nada aportan y solo ven la parte vacía de la botella) les diría que piensen que los estadios de futbol se mantienen vacíos mientras nosotros ya podemos disfrutar de espectáculos, aunque sea con aforos reducidos. Tenemos la iniciativa.

Por supuesto que hay que seguir con el principio de cautela. Pero al mismo tiempo tenemos la obligación de ir pensado en fórmulas que consigan que todos esos meteoritos que se alinean en el horizonte no supongan una amenaza para la música y podamos continuar esquivándolos.

Debemos preservar este legado de más de doscientos años de tradición y bagaje etnológico, para poder regalárselo a las generaciones venideras como nuestros mayores nos lo regalaron a nosotros. Sabemos que no fue fácil y que nuestros ancestros tuvieron que lidiar con las penurias y escasez material, con guerras, dictaduras y cambios constitucionales e inestabilidad social y política, la España de los últimos dos siglos sin ir más lejos.

Hoy ya nos hemos dado cuenta que para nosotros tampoco será fácil. Cada generación enfrenta sus propios problemas y el nuestro es el de una emergencia sanitaria sin parangón en la era reciente situada entre dos crisis económicas, la de 2008 a 2014 y la que se aventura para 2021. a ¿2028?

Nuestro reto será acomodar nuestra herencia musical a todos estos cambios que la emergencia está produciendo en nuestra sociedad, al igual que nuestros antepasados se adaptaron a los suyos.

Es responsabilidad nuestra y de cada una de las personas que configuramos este ecosistema no anclarnos al pasado con la sola esperanza de la vacuna. La innovación será la que nos permita mantener la iniciativa en la rutina futura.

Fuente: Por  https://www.radiobanda.com/ – 

IEEEP Artistas Deportistas! ¿Qué pasa?

La autoinstrucción es simplemente hablarte a ti mismo.

Éste dialogo íntimo con uno mismo, nos proporciona la identificación y resolución de problemas, dando potencial a tus aptitudes.

Por cierto…

¿Cómo eliminas tus  pensamientos negativos?

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RECUERDA: Nuestro PRINCIPAL instrumento somos NOSOTROS.

¡Saludos!

Paradoja: la cultura en tiempos de confinamiento

Fuente: Platea Magazine. Escrito por Dirección  

Lo primero es lo primero, y lo primero ha de ser nuestro bien más preciado por encima de cualquier otro: la vida. Salvarnos a nosotros mismos, salvar a los demás, cuidarnos los unos a los otros, siguiendo las directrices de las autoridades y cumpliendo con nuestros deberes como ciudadanos en estos duros momentos. Demos ejemplo a quienes nos rodean, ya sea cerca o a través de las redes sociales: quedémonos en casa. Es tiempo de priorizar valores y de dar gracias por lo que tenemos. Como siempre debería ser, en realidad, pero hoy más que nunca.

Desde un medio especializado como el nuestro, durante estos días, es inevitable tener la impresión de estar de algún modo frivolizando con nuestra actividad, ante la implacable crudeza de los acontecimientos ahí fuera. Pero lo cierto es que el arte forma parte de los cuidados que nos procuramos a nosotros mismos y a los nuestros. La música, como otras disciplinas artísticas, nos recuerda quiénes somos y cuánto nos importa la comunidad de la que formamos parte. Si bien no nos salva (o tal vez incluso sí), la música sin duda nos acompaña en estas horas duras y cruentas. Por eso seguimos ahí, al pie del cañón, aportando nuestro granito de arena, confiando en que la música inspire un poco más de esperanza y nos ayude a mirar juntos hacia un futuro mejor. Desde el confinamiento de nuestros domicilios la música nos hace sentir libres.

Por todo ello desde Platea Magazine sentimos la obligación y la responsabilidad de aportar lo que tenemos. De hecho, hace unos días decidimos abrir a todos los lectores nuestra edición física, de forma íntegra y gratuita, a través de Internet. Hemos comenzado con nuestro último número, el de enero 2020, que acumula ya más de 3.000 lecturas. Nuestra web también está registrando, durante este mes de marzo, su máximo histórico de visitas (vamos camino de rebasar ya el medio millón). Gracias de corazón, de parte de toda nuestra redacción, por acompañarnos durante estos tiempos tan duros y por dejarnos estar a vuestro lado. Es un regalo sentiros tan cerca.

Se avecinan tiempos muy duros en lo económico, mientras luchamos por superar la urgencia sanitaria. La situación sin duda afectará a toda la población y por descontado también a artistas y entidades musicales. Y de igual manera a los medios, aunque no seamos el principal foco de atención cuando se habla de esta crisis económica. En estas circunstancias, una vez más, es desesperante constatar hasta qué punto España no se ha hecho cargo aún de la cultura como una parte sustancial de su tejido productivo. Ni la administración ni la sociedad civil asumen que la cultura es un motor fundamental de nuestra identidad como país. Se sigue hablando, con desprecio y desvergüenza, de los “titiriteros”, pero ¡qué vivan los titiriteros! Sin ellos nuestro acervo estaría realmente incompleto. De los artistas y de su labor sólo nos acordamos en los días más grises, cuando más nos hacen falta. Sucede algo parecido con nuestro personal sanitario. ¿De verdad no vamos a aprender la lección? ¿Volveremos a conformarnos con recortes y desprecios el día de mañana? ¿Seguiremos saliendo a aplaudir al balcón, sin haberles acompañado en sus reivindicaciones durante años?

Esta crisis nos va a cambiar, nos debería cambiar. Por eso es importante afirmar, hoy más que nunca, que la cultura no es gratis. El arte no surge por generación espontánea. Más allá del talento y la inspiración, la cultura es fruto del trabajo ingente de miles y miles de profesionales que se desviven por lo que hacen. Y sin embargo esta crisis corre el peligro de paralizarlo todo y lastrar las artes durante años. Estos días estamos asistiendo a una singular paradoja: hemos vuelto a descubrir que la cultura es nuestra última tabla de salvación en tiempos de crisis e incertidumbre. Desde nuestros confinamientos no dejamos de acudir a las numerosas instituciones que han abierto sus archivos a través de Internet. Y qué paradoja: de no ser por su generosidad, abriendo sus contenidos de manera gratuita, a muchos esta cuarentena se les haría aún más incómoda. ¿Sabremos estar ahí el día de mañana, cuando la cultura nos necesite a todos, cuando ya no pueda seguir siendo gratuita?

De momento brillan por su ausencia las acciones del Gobierno de España para paliar el impacto de esta crisis en el sector cultural. El Ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, se ha limitado a pedir propuestas, en una breve ronda de conversaciones con representantes de varias disciplinas, al tiempo que aplaudía la solidaridad de los músicos en estas horas difíciles. Sonroja comparar su inmovilismo con la determinación de las autoridades de países vecinos, como Alemania o Francia. De hecho, el propio Presidente del ejecutivo, Pedro Sánchez, parecía compartir esta postura tan poco resolutiva, cuando en su comparecencia del pasado día 17 dijo aquello de “aplausos al mundo de la cultura y a todas las personas que con su ingenio y su talento nos hacen más llevaderos estos días tan difíciles”. Aplausos, claro que sí, pero algo más también, porque sólo con aplausos no se pagan las facturas. Un país se puede permitir la confusión entre la cultura y el mero entretenimiento, pero un Ministerio de Cultura no puede cometer ese error. El entretenimiento ha de ser una consecuencia de la cultura, no al revés. Y los creadores de la cultura y el arte, al igual que quienes lo hacen posible desde todos los ámbitos que lo rodean, no trabajan gratis.

En mitad de todo esto resulta irónico, por no decir indignante, que el currículo de nuestro plan educativo haya confinado a la música a un lugar residual, en estos días en los que los balcones de media España se nutren de músicos que ofrecen su arte a sus vecinos, gratis et amore. Pensemos en una solidaridad de ida y vuelta, sería lo justo: la música y la cultura que ahora nos salvan y nos entretienen, necesitarán (necesitaremos) después de nuestro (vuestro) apoyo y soporte, o su supervivencia penderá de un hilo. Y sin embargo, no son días para exigir sino jornadas para arrimar el hombro, cada uno a su manera, en esta lucha común y mundial contra la pandemia. Dejemos a un lado la demagogia y el sectarismo, también entre los músicos y los artistas. Ahora no toca. Son días de responsabilidad y bien común.

Seguiremos sumando cuando llegue el día después, siempre con la palabra al servicio de la música. Deseamos ahora más que nunca volver a compartir esas plateas que reposan estos días vacías y silentes. Estamos aquí, estaremos allí. Y os damos las gracias por contar con nosotros para mantener viva la llama de la esperanza en estas horas difíciles. Juntos lo conseguiremos.

Gonzalo Lahoz y Alejandro Martínez

Dirección · Platea Magazine

Foto: © Bayerische Staatsoper

Artículo original: PLATEA MAGAZINE. EDITORIAL. «PARADOJA: LA CULTURA EN TIEMPOS DE CONFINAMIENTO»

Publicado el

Os paso unos enlaces a mi blog donde podréis encontrar varios artículos relacionados con las Sociedades Musicales.

Una posible lectura durante estos días de confinamiento.

Mucha salud a todos/as y confianza en el futuro

Aquí analizo como las sociedades musicales pueden ayudar a fijar la población rural y contribuir a mitigar este gran problema social
La serie de artículos “EN NOMBRE PROPIO” analiza diferentes perfiles muy importantes en las sociedades musicales: directores, presidentes, músicos, etc.. En esta entrada describo la época del director Pablo Sánchez Torrella en la Unió Musical de Llíria allá por los años 80 del siglo pasado. Una etapa que tuve la oportunidad de vivir en primera persona.
Este artículo me permitió reflexionar e idear el máster que estamos desarrollando. Se trata de una gran oportunidad actual de empelabilidad en el sector de la música valenciana
Aquí tenemos a un gran presidente, de los de “toda la vida”. abnegado, sacrificado y eficiente. Un privilegio para el pueblo de Chelva
Un clásico. El autor lo ha experimentado también en primera persona y sabe de lo que habla. Como en todo, luces y sombras. Y división de opiniones¡
Sin duda, una gran sociedad musical. Además la gran rival de la mía (soy músico de la Unió Musical de Llíria). Por cierto a los “míos” no les gustó ni sentó nada bien este artículo. ¡Hay que ver cómo somos¡
Un deseo más que merecido. Esperemos que nos animemos a presentar un proyecto de esta naturaleza, es lo justo.
En este artículo reflexiono sobre el futuro de las sociedades musicales y cómo afrontar los nuevos retos. Posmodernismo y sociedad del conocimiento, es el momento de seguir transformándose.
Tema polémico donde los haya. Mojándome como siempre y recibiendo también algún revolcón. Sin duda, me lo merezco
Uno de mis preferidos. Siento verdadera devoción hacia los músicos aficionados
Bajo el amparo de  nuestra Santa hacemos muchos milagros. A ver si nos protege contra el Coronavirus, falta nos hará.
En el blog podréis encontrar más entradas sobre temas relacionados con la educación musical en conservatorios y escuelas de música
Manuel Tomás Ludeña

Fuente y publicado el  

“Si hay que ir, se va; pero ir pa ná, mejor no ir”. Parafraseando a José Mota

Los profesores/as de música iniciamos nuestra andadura elaborando las programaciones didácticas que nos exigen para superar los procedimientos de ingreso a la función pública. Y no solo eso, a lo largo de nuestra trayectoria profesional, las programaciones didácticas son el documento que utilizamos para planificar la acción docente en el aula. Así pues, mal que nos pese, este documento nos acompaña el resto de nuestras vidas.

Durante más de veinte años, he tenido la oportunidad de enseñar a cientos de opositores a redactar este documento y después, en el ejercicio de mi cargo como director de un conservatorio de música, tuve la responsabilidad de exigir, supervisar y asesorar a mis compañeros cuando las tenían que elaborar. Ello me ha permitido analizar cómo afrontamos este proceso.

Acostumbrados, durante la época pre/LOGSE, a elaborar aquellos sencillos programas de estudio con los que planificamos nuestras enseñanzas, la exigencia de las administraciones educativas para redactar un documento nuevo fue percibida por el profesorado como una carga burocrática sin ningún sentido, una auténtica “maldición bíblica”. Y así seguimos en cierta manera, aunque las cosas han ido cambiando y evolucionando. Las nuevas generaciones de profesores han ido modificando esta actitud, aumentando su capacidad para planificar adecuadamente las enseñanzas.

Pasar del programa de estudios a la gestión del currículo ha sido un camino lleno de espinas. Y aún queda algo de todo aquello.

Desde siempre me he considerado un militante a favor de la planificación educativa y he percibido este proceso como una oportunidad y no como una amenaza. Creo firmemente que debemos asumir su elaboración con la máxima seriedad.

De hecho, uno de los elementos de calidad de un centro educativo, con independencia de las enseñanzas que imparta, residirá siempre en su capacidad para plasmar de manera explícita un proyecto educativo y unas programaciones didácticas que definan su personalidad pedagógica y didáctica. Las ventajas son muchas, citemos solo algunas:

  1. Las programaciones permiten registrar nuestras decisiones y evaluar mejor nuestra acción docente.
  2. Son un elemento de transparencia ya que permiten comunicar al conjunto de la comunidad educativa nuestras decisiones curriculares.
  3. Representan una herramienta de investigación muy efectiva.
  4. Pueden representar una oportunidad de trabajo en equipo y avanzar en la interdisciplinariedad.
  5. Y muchas más.

Sin embargo, no es fácil concienciar a los jóvenes opositores de su verdadera utilidad ni tampoco al profesorado experimentado de nuestros centros. Por este motivo, en muchos casos, las programaciones acaban abandonadas en el cajón del armario del aula y su utilidad queda reducida a cumplir un trámite exigido en la normativa sin que aquello suponga una medida real de calidad educativa.

Evidentemente, existen muchas causas para explicar por qué se produce esto. A veces, observamos una cierta comodidad del profesorado que prefiere ahorrarse la redacción de este documento. Digamos las cosas por su nombre y el que no haya pensado y actuado así alguna vez que levante la mano.

Pero, sobre todo, el verdadero motivo de este rechazo se encuentra, a mi entender, en la incapacidad para explicar al profesorado su verdadera utilidad y también que no hemos sido capaces de elaborar modelos específicos que sirvan “de verdad” en nuestros centros singulares. Y no es fácil. Pero si lo logramos, las programaciones saldrían del rincón del olvido para convertirse en una herramienta útil.

Hace bastantes años leí un magnífico artículo de Maravillas Corbalán en la revista Música y Educación que abordaba este “problema”. En ese artículo se defendía una tesis muy sensata: Las programaciones didácticas en la enseñanza de las especialidades instrumentales deben tener unas características propias y diferenciadas de los modelos vigentes en las enseñanzas de régimen general con los que nos han “bombardeado” durante muchos años. Y explicaba este hecho singular nuestro.

  1. La organización de las clases de instrumento en los conservatorios de música es individual, una especificidad exclusiva en el sistema educativo. Y lo más relevante: Cada alumno tiene un ritmo de aprendizaje individual y, ¡atención!, también imprevisible.

Así pues, muchas decisiones curriculares van a tener que adaptarse a cada alumno. ¿Qué sentido tiene plasmar previamente una decisión que la realidad de cada alumno va a dejar desactualizada en el primer minuto? La flexibilidad debe ser su principal característica y una programación didáctica nunca debe convertirse en una especie de camisa de fuerza.

  1. En las especialidades instrumentales, los contenidos de nuestras asignaturas son de carácter “procedimental”. En román paladino, hay mucha práctica y poca teoría. La adquisición de un procedimiento tiene elementos muy “imprevisibles”. ¿Sabemos a ciencia cierta lo que tardará en adquirir un alumno un proceso tan complicado como el desarrollo del estacato? La experiencia nos dice que esto no obedece a ningún patrón; al contrario, cada alumno muestra una repuesta diferenciada. ¿Tiene sentido elaborar modelos de programaciones cerradas?
  2. A diferencia del resto de enseñanzas, compartimos con nuestro alumno una hora de clase semanal. Después, cada uno de ellos debe dedicar un tiempo de estudio individual de manera autónoma en sus propias casas. Por ello, nuestra tarea no solo es planificar las clases y organizarlas muy bien, sino dotar al alumnado de las suficientes estrategias de autoaprendizaje y la creación de hábitos de estudio continuado. De ello dependerá en gran medida el éxito de nuestra planificación.
  3. Por último, las unidades didácticas tradicionales no nos sirven, es mejor utilizar unidades llamémoslas “temáticas” donde las decisiones sobre su temporalización sean de naturaleza diferente. Una unidad didáctica que aborde “el vibrato” o “los diferentes golpes de arco” no puede ser temporalizada y acotada en un periodo de tiempo… Pongamos otro ejemplo: Un contenido como “el dominio de las articulaciones” en los instrumentos de viento aparece desde el primer curso de las enseñanzas elementales y se mantiene hasta los últimos cursos de las enseñanzas superiores. Mucho mejor es decir que se trabajarán durante todo el curso y que el tiempo dedicado a su enseñanza dependerá del ritmo individual del alumno. Porque las necesidades de cada alumno van a variar, sí o sí.

No nos equivoquemos, a todos nosotros, educados más como artistas que otra cosa, confeccionar una programación nunca será algo que realizaremos con alegría, no forma parte de nuestro ADN, al contrario. Pero como dice José Mota, “si hay que ir, se va; pero ir pa ná, mejor no ir”.

En nuestros cursos no solo enseñamos a nuestro alumnado a confeccionar estos documentos tal como los exige la convocatoria. También queremos que aprendan a utilizarlos de manera efectiva durante su vida profesional. No es fácil, pero lo intentaremos.

Manuel Tomás Ludeña

Por Miquel Hernández ÉvoleWHOSE IP AgencyGraduado en Derecho. Especialista en Propiedad Intelectual

A lo largo de la historia de la humanidad, todo aquello que se ha creado, producto del intelecto humano, ha venido directa o indirectamente influenciado por el trabajo de alguien posterior. La originalidad no puede ser concebida como algo puro, sino que se basa en poner el sello personal de uno en un concepto que ya existía. Es por ello que la defensa de los derechos de autor debe ser realizada desde el justo equilibro entre los titulares de derechos y la libertad de los usuarios.

La revolución digital, junto a los distintos avances tecnológicos, ha producido una democratización del “arte” de la creación; simplificando y abaratando el proceso de producción y distribución, sin que sea requisito indispensable contar con un determinado capital, un productor y distribuidor, y ni siquiera con conocimientos artísticos, haciendo posible que cualquier persona pueda crear una obra. Hoy en día, todo el mundo crear una obra nueva y ponerla a disposición del público sin ni siquiera tener que levantarse de la silla. Pero ¿Cómo podemos entender la noción de la libertad de los usuarios? ¿En qué contexto situamos la libertad artística? Desde mi punto de vista, esto se puede realizar resaltando la importancia del dominio público.

El dominio público, también conocido como «patrimonio común», podría definirse como el estado jurídico que consiste en el libre acceso y uso de creaciones intelectuales, sin que nadie reclame la propiedad de un derecho exclusivo sobre ellos. El dominio público es Propiedad Intelectual que no pertenece a nadie, lo que, al mismo tiempo, significa que pertenece a todos.

La Propiedad Intelectual se caracteriza por su temporalidad. El dominio público beneficia a la comunidad, pero también juega un papel vital en la generación de nuevas creaciones y producciones intelectuales, a través del acceso al estado del arte y la cultura.

Hoy en día, una creación no es un hecho aislado, sino que forma parte de un contexto complejo de cada creación previa insertada en uno o más sectores del conocimiento de la humanidad. Debe entenderse de la siguiente manera: cada creación intelectual se genera en parte, aprovechando el esfuerzo colectivo desarrollado por muchas generaciones de creadores e investigadores anteriores. No existe tal cosa como «completamente nuevo»: todo es un remix.

Cada nueva creación y distribución de conocimiento puede estar protegida por un registro de Propiedad Intelectual o puede integrar el «patrimonio común de la humanidad», es decir, el dominio público.

Esta diferencia tiene una gran importancia: la diferencia entre tener que pagar a los propietarios del derecho de Propiedad Intelectual por el uso de un conocimiento específico necesario para desarrollar algo nuevo, o tener libre acceso al conocimiento, que está bajo dominio público. Esto no solo se traduce en un proceso de sobrevaloración de la creación, sino que no hay garantía de protección del resultado o de difundirlo más adelante.

En conclusión, considerar la relevancia del dominio público tiene amplias consecuencias en el continuo desarrollo de la tecnología, las ciencias y las artes, ya que servirá directamente al interés privado de aquellos dispuestos a seguir investigando, desarrollando o creando innovaciones o cualquier otro tipo de expresiones intelectuales.

Por Manuel Martín Ventura.

En este artículo voy a exponer una serie de herramientas que se utilizan habitualmente en la reparación de instrumentos musicales de viento-madera y viento-metal con una pequeña explicación sobre su utilización.

En primer lugar comentaremos las herramientas utilizadas para instrumentos de viento-madera:

  • Los rascadores triangulares que tienen un diseño especial para retirar los restos de impurezas o pegamentos en las llaves.
  • Los rascadores curvos que tienen una forma de gancho y su principal función es la de retirar el corcho o restos en las juntas de las espigas.
  • Planchadores de zapatillas que son unas herramientas fabricadas en acero templado y de uso exclusivo para planchar y dar asiento a todo tipo de zapatillas excepto las sintéticas.
  • Alicates dentados que tienen una gran resistencia y poseen unas hendiduras de metal más blando permitiendo doblar fácilmente las llaves sin riesgo de marcarlas.
  • Alicates de cabeza de pato especialmente indicada para el doblado de llaves. Al tener su cabeza plana facilita el trabajo entre llaves.
  • Juego de niveladores utilizado para la medición de la abertura de las llaves del saxofón. Esta herramienta es muy importante, con ella lograremos con exactitud la altura que debe tener una zapatilla con relación a la chimenea del saxofón logrando que la afinación sea la adecuada.
  • Palancas niveladoras de llaves de saxofón que permiten una nivelación de las llaves con facilidad. Con ellas se podrá doblar la parte de detrás de las llaves. Son siete piezas con diferentes formas, una vez seleccionada la adecuada, enganchamos los bordes de la palanca debajo del brazo de la llave que lo une al cuerpo del instrumento y presionaremos hasta conseguir la inclinación necesaria para el cierre correcto de las zapatillas.
  • Los mandriles que son herramientas que se utilizan para la reparación de abolladuras y enderezamientos en los cuerpos de las flautas.
  • Por último indicar que existe un producto especial para reparar grietas y roturas de la madera, este producto denominado “Hot-Stuff” junto con el polvo de granadilla bien utilizado permite una unión perfecta de la grieta. Es una sustancia acrílica especialmente fina de fácil absorción y de una gran facilidad en el trabajo manual para su acabado.

Herramientas utilizadas para instrumentos de metal:

  • Cinta limpiadora, la mas utilizada es la de subida de persianas, que tiene una capacidad limpiadora perfecta. Si la unimos a un producto limpiametales adecuado la limpieza del instrumento es genial, debiendo saber que nunca se debe utilizar productos abrasivos.
  • Alicates ajustables, diseñados para extraer piezas oxidadas en todos los instrumentos de metal. Se utilizan situando la herramienta correctamente y ajustada con el tornillo en la unión entre la parte interior y exterior del tubo, evitando así que este sufra daños por la presión ejercida al extraer la pieza. Después proceder a golpear con una maza blanda recomendando que antes de realizar esta operación deberemos aceitar y calentar con anterioridad la zona a extraer.
  • Barra de acero diametrada, estas barras sirven par ala reparación de gran numero de abolladuras al deslizarse por el interior de las piezas del instrumento ejerciendo una presión adecuada logramos reparar la deformación del metal. Existen barras rectas y otras con diferentes curvas que permiten alcanzar cualquier tipo de abolladura del instrumento, si por algún casual el metal no se enderezara por su extremada dureza podríamos calentar y cocer el lugar de la abolladura consiguiendo así un reblandecimiento del metal, aunque esto exige una labor de un profesional del sector.

Antes de terminar quiero comentar que estas son unas herramientas de las muchas que se utilizan en la reparación de instrumentos y que su utilización requiere las manos de profesionales expertos para que el resultado sea el mejor.