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Durante los últimos meses, lamentablemente, se ha hablado mucho de cómo se ha visto afectado, durante este año tan especial por la crisis sanitaria de Covid-19.

La situación de las Sociedades Musicales, sus bandas de música, sus escuelas y de todo el movimiento musical y cultural que se desarrolla alrededor de las mismas.

Puesto que las ha dejado bajo mínimos tanto en la parcela económica y social, como en la educativa y cultural, ya que a todas les ha perjudicado en menor o mayor grado.

Fuente: https://blogs.laverdad.es/febandasrmurcia/ – Miércoles, 16 diciembre 2020

Imagino que como todas las demás circunstancias que rodean nuestra vida, y que también han sido alteradas por esta nueva normalidad, todo irá volviendo a la calma. Pero quizás sería un buen momento para que desde todas las partes implicadas (sociedades musicales, federaciones, ayuntamientos, consejerías autonómicas, ministerio de cultura, músicos profesionales, profesores, etc.) se analicen estas circunstancias con tranquilidad y voluntad de llegar a soluciones, puesto que la música, y en correspondencia las sociedades musicales que en muchos pueblos y ciudades de nuestro país son la única forma de acceso a este arte a través de sus escuelas de música, se encuentra en una situación límite por la falta de apoyo, la ausencia de una legislación adecuada, la escasa financiación, los pocos recursos, las, muchas veces, deficientes infraestructuras, etc.

En la mayoría de los casos, estos proyectos, sus escuelas de música, bandas de educandos, bandas de música, etc. siguen adelante por el trabajo y esfuerzo titánico de las personas que las dirigen, muchos de ellos de forma casi heroica, y que siempre están al pié del cañón, luchando, trabajando, aportando su tiempo libre que roban a sus familias, incluso algunas veces aportando su propio capital, y a los que nunca estaremos lo suficientemente agradecidos.

Durante los meses de confinamiento se ha vuelto a demostrar que la cultura es esencial para toda sociedad que se precie. Durante esos días de aislamiento en casa, todos hemos consumido, mucha cultura: libros, cine, música, arte…, sin contar con la cantidad de actuaciones musicales improvisadas desde nuestros balcones o grabadas por infinidad de músicos de forma online, desde sus domicilios, y haciendo lo que mejor saben hacer: transmitir sus sentimientos a través de las notas musicales.

Este gran consumo de cultura ha supuesto para muchas personas la válvula de escape para controlar la ansiedad generada, reforzar la autoestima y el sentimiento de pertenencia a una sociedad, lo cual vuelve a poner en evidencia la imperiosa necesidad de dotar de los suficientes apoyos económicos, legislativos y de cualquier índole de las instituciones públicas correspondientes, pero ya no por la situación creada por la Pandemia, que también, sino para que se perpetúe en el tiempo, y de una vez por todas la Música y, en su caso, las sociedades musicales que, en la mayoría de los pueblos y ciudades de nuestro país son las que ofrecen la única posibilidad de acercarse a este bello arte, puedan seguir fomentando el disfrute y conocimiento de esta disciplina artística.

Imagino que será una tarea complicada, porque ahora todos los sectores necesitan de la ayuda de las administraciones públicas, pero desde estas líneas les pediría que no nos olviden, que también piensen en nosotros, y en lo mucho que aportamos a la sociedad, la cultura es fundamental, y se ha vuelto a demostrar en estos tiempos tan difíciles que nos está tocando vivir.

Enumerar todas las deficiencias que haría falta solucionar para equipararnos a la mayoría de los países con los que conformamos la Unión Europea, sería muy prolijo, porque atañen a muchos aspectos: educativos, culturales, sociales, económicos…; pero humildemente solicitaría a los responsables políticos que corresponda, que nos tengan en consideración, que nos escuchen, que nos atiendan, porque con casi toda seguridad somos uno de los colectivos que más sufre dichas carencias y, más ideas y propuestas para solucionarlas puede aportar.

No quisiera concluir sin poner una nota positiva, porque a pesar de todo, siempre hay cosas que nos animan a seguir adelante, nos llena de energía, y sobre todo nos hacen sentirnos orgullos de nuestro trabajo.

Gracias a los directivos de nuestras sociedades musicales por su denodado esfuerzo para explicar y convencer a nuestras autoridades municipales de la necesidad de apoyarnos y buscar recursos por todos los medios; a los padres, madres y alumnos de las escuelas de música por su confianza y apoyo incondicional; a los profesores y resto del personal de las academias por su esfuerzo y profesionalidad, porque nos ayudaron a afrontar los duros meses del confinamiento, y ahora lo están haciendo con las clases presenciales manteniendo al máximo el cumplimiento de las medidas de seguridad sanitaria de los centros; a cada uno de los músicos que integran nuestras bandas de música por su implicación, entrega y buen hacer; a nuestras familias por animarnos; a nuestros socios, por ser nuestra masa social siempre, también como ahora en los malos momentos, a todas las personas y empresas que nos han apoyado tanto económica como moralmente; a los funcionarios tanto de Sanidad como de Seguridad Ciudadana por habernos orientado a la hora de afrontar esta difícil situación; a los Ayuntamientos por haber entendido que nuestra labor era totalmente necesaria.

Muchas gracias a todos.

José Miguel Ibáñez Lax.
AAM de Yecla.

Vamos a dedicar nuestra tercera entrega a un pasodoble que ya solo con su nombre nos indica qué inspiró a su autor a componerlo, qué motivó su escritura ya quién va dedicado.

Nos referimos a una obra que, para todos los yeclanos, con tan solo escuchar su primer compás, nos recuerda a nuestra tierra y, desde hace ya algunas décadas, a nuestras Fiestas Patronales, las cuales este año, debido a la pandemia del COVID-19, no se van a poder celebrar. Nos referimos al pasodoble “Corazón Yeclano”, compuesto por nuestro paisano Octavio Juan Palao.

Fuente: 2 diciembre, 2020 – Escrito por diapason

Como ya comentamos en el primer artículo de esta sección, existen diversos tipos de pasodobles: de concierto, taurinos, marchas, festivos, regionales, canción, etc.). Entre los pasodobles considerados regionales, por supuesto, hay tanta variedad como regiones: gallego, asturiano, andaluz, vasco, valenciano, catalán, aragonés… Ejemplos de ello son «Aires gallegos», «Viva la jota» y «Sabiñán» de Pascual Marquina, «Los de Aragón» de José Serrano, «Islas Canarias» de José María Tarridas, «Iscar en Fiestas» de Eugenio Gómez, «La Kermés de las Vistillas» de José María Martín Domingo, «Puenteareas» de Reveriano Soutullo, «Santander» de Ernesto Rosillo,…

Por su abundancia merecen un capítulo aparte los pasodobles andaluces y los falleros o valencianos. Entre los primeros se encuentran, entre otros, «Al son de mi pasodoble» y «Cuna cañí» de Bolaños y Ángel Ortiz de Villajos, «En er Mundo» y «Talento» de Juan Quintero, «Recuerdos» de Eugenio Gómez, por citar algunos. Y entre los valencianos «L’entra de la murta» de Salvador Giner, «El Fallero» de José Serrano, «El Socarrat» de José Terol Gandía, «La Entrada» de Quintín Esquembre, o «Les fogueres de San Chuan» de Luis Torregrosa García.

Este tipo de pasodobles se caracterizan o porque se inspiran en el folclore típico de cada una de las regiones de nuestro país o bien por estar dedicados a alguna ciudad, comarca, fiesta o simplemente a los habitantes de una zona determinada, resaltando el carácter que los identifica como sociedad.

“Corazón Yeclano”, aunque sería difícil de encuadrar dentro de un estilo o de otro, quizás al estar dedicado por el autor a nuestro pueblo, al carácter que nos identifica como yeclanos, entraría dentro de la categoría de pasodobles de concierto. Pero, a la vez, se podría incluir dentro de los denominados regionales o, incluso con más certeza, a los locales u obras dedicadas específicamente a una ciudad concreta, en esta ocasión a Yecla.

Sea como fuere y tras su utilización como sintonía por las diferentes emisoras de radio locales, sobre todo a partir del año 1979 durante los programas emitidos por Radio Yecla y dirigidos por Francisco Ortin “Koki”, con motivo de la conmemoración del 25 Aniversario de la Coronación de la Purísima Concepción, patrona de Yecla, este pasodoble se convirtió en una melodía que nada más empezar a sonar las primeras notas todos los yeclanos lo relacionamos con dichas fiestas decembrinas de nuestra ciudad.

Este año no vamos a poder celebrar dichas fiestas debido a la crisis sanitaria motivada por el COVID-19, por lo que desde la revista Diapasón,  y concretamente desde esta sección dedicada al género del pasodoble, queremos aportar nuestro pequeño grano de arena para que esta situación sea más llevadera.

 

Fiestas de la Virgen de Yecla. Declaradas de Interés Turístico Nacional.

Octavio Juan Palao:

Nació en Yecla el 2 de julio de 1911. Fue hijo del eldense Luis Juan Fernando y la yeclana Josefa Palao Muñoz. Los primeros estudios musicales los recibió de su madre y de su tía materna Pilar Muñoz. Su primer profesor fue D. Marcos Ros, director de una de las bandas de música coexistentes en nuestra ciudad en aquella época, concretamente de la Banda de Música “La Primitiva”, donde ingresó a la edad de seis años como flautistay y ocupó en poco tiempo el puesto de flauta primera.

Cuando tenía 11 años, su familia se trasladó a Elda, donde continuó su formación musical con el profesor Enrique Albiñana, director de la Banda “Santa Cecilia” de esa ciudad. Octavio formó parte también de esta banda y actuó como flauta solista desde su incorporación a la misma.

En 1929 viajó a Madrid para continuar con sus estudios en el entonces denominado Real Conservatorio de Música y Declamación, lugar en el que cursó las especialidades de Flauta y Armonía con los profesores Francisco González y Benito García de la Parra (finalizando con las máximas calificaciones) y Composición con Conrado del Campo.

Durante su estancia en la capital de España ingresó como voluntario en el ejército. En un primer momento formó parte de la Banda de Música del Regimiento de Infantería “WAD-RAS”, dirigida por Pablo Cambronero, y dos años después obtuvo plaza en la banda más prestigiosa de la época tanto del ejército como en el resto del panorama bandístico español: la Banda del Segundo Regimiento de Zapadores Minadores de Ingenieros, conocida también popularmente por “la Banda de Ingenieros”, que estaba dirigida por el afamado director y compositor Pascual Marquina.  Bajo su dirección actuó como solista en multitud de conciertos no solo en Madrid, sino también en otras capitales y ciudades españolas. Durante un concierto realizado en Madrid al que asistieron Joaquín Turina y Gerardo Diego, el compositor y crítico Julio Gómez comentó en un artículo que “el flauta solista de la Banda de Ingenieros alcanzó en su instrumento las más altas cimas del virtuosismo”.

Octavio Juan Palao, año 1936

En el año 1935 se trasladó a Alicante al haber obtenido por oposición la plaza solista de la Banda Municipal, dirigida por el también flautista Luis Torregrosa García, trabajo que compaginó con la dirección de la Banda Filarmónica Alteanense, el puesto de solista en las Orquestas de Cámara y Sinfónica de Alicante y el puesto de profesor del Claustro de Profesores del Conservatorio del Casino de la capital alicantina. Todas estas labores profesionales las reanudaría en 1939, tras finalizar la Guerra Civil.

En 1940 ganó por oposición la plaza de flauta de primera en la Banda de la Escuela Naval Militar, desde donde pasó posteriormente al Tercio Sur de San Fernando, lo que compaginó con su actuación como solista en la Orquesta de Cámara de Jerez de la Frontera, dirigida en aquella época por Germán Beigdeber.

El año 1948 se presenta a las oposiciones al Cuerpo Técnico de Bandas de Músicas Civiles, donde obtiene el puesto número tres. El número uno de dicha promoción la obtuvo Moisés Davia, director de la Banda Municipal de Madrid.

En 1954 ingresa en la Banda del Tercio de Levante de Cartagena, puesto en el que permaneció hasta su jubilación el año 1969.

Tras su jubilación y tras rechazar varias ofertas para dirigir importantes bandas de fuera de la Región de Murcia, decidió permanecer en ella e incorporarse como flauta solista a la Banda de Música de la Diputación Provincial de Murcia, dirigida por Francisco Cebrián, donde permaneció hasta dar por finalizada su actividad musical en el año 1984.

Octavio Juan Palao (Yecla 1911-Murcia 1999)

Además del pasodoble “Corazón Yeclano”, Octavio Juan Palao es autor de un gran número de composiciones tales como un ciclo de canciones sobre textos de poetas españoles y un buen número de partituras de música para banda, entre las que destacan los pasodobles “Músicos de Marina”, “Solera Jumillana” o “Semblanza Cartagenera” y las marchas lentas de procesión “Profundo Recuerdo” y “Eres tú Bendita”.

En el año 1990, durante la segunda parte del acto del Pregón de Fiestas de Yecla, la Asociación de Mayordomos de la Purísima Concepción de Yecla rindió un justo y merecido homenaje a Octavio Juan Palao, interpretándose por la Banda de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla en primer lugar “SUMY”, del maestro D. José Ortuño, y posteriormente “Corazón Yeclano” dirigido por el propio autor.

El músico director y compositor yeclano falleció en Murcia el 25 de febrero de 1999 a la edad de 87 años.

Guión partitura “Corazón Yeclano” (1952)

Corazón Yeclano:

Es un pasodoble de los denominados “de concierto” compuesto el año 1951 y que fue revisado con posterioridad en Cartagena en 1979.  Fue escrito durante la estancia del autor en la ciudad de San Fernando porque sentía añoranza de su patria chica.

Según palabras del propio del autor: “comienza el pasodoble con unos compases de introducción al primer tema que intenta reflejar el porte tenaz y vibrante del alma yeclana, tras el cual se escucha el diseño de unos cantos infantiles que dan paso, de nuevo, a la primera idea. Una breve preparación lleva al “trío”, construido sobre un canto de vagas reminiscencias árabes, que quieres ser noble generoso como todo CORAZÓN YECLANO”.

El día 2 de febrero de 1952 Octavio Juan escribe una carta a D. Ricardo Tomás y Soriano, alcalde de Yecla, en la que le informa de que, debido al cariño que procesa a su querido pueblo, ha compuesto un pasodoble titulado “Corazón Yeclano” que ofrece a la Excelentísima Corporación Municipal de la ciudad de Yecla con el deseo de que sea aceptado. Además, comunica que, adjunto, envía el material para banda de música del mencionado pasodoble.

En pleno del Ayuntamiento de Yecla, en sesión permanente celebrada el día 5 de febrero de 1952,  en el apartado cuatro del orden del día, se da a conocer por el señor alcalde la carta dirigida al músico Octavio Juan Palao que textualmente decía: “Enterados los señores componentes de esta Comisión, acuerdan complacidos aceptar la producción del músico yeclano, el señor Juan Palao, con el mayor agrado, expresando la gratitud de este Ayuntamiento hacia el mismo por la dedicatoria y envío del pasodoble, acordándose que se toque por vez primera el próximo 1 de abril con motivo del Día de la Victoria e invitando a su autor para que venga a esta dicho día a presenciar el estreno”.

Y así fue. “Corazón Yeclano” sonó por primera vez dicho día 1 de abril de 1952 en el templete del Parque de la Constitución por la Banda Municipal de Música de Yecla.

Seguidamente les ofrecemos la versión interpretada por la Banda de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla, y que forma parte del disco compacto “La Música en las fiestas” editado en la década de los años 90 del pasado siglo, por la Asociación de Mayordomos de la Purísima Concepción de Yecla.

– HERNÁNDEZ CUTILLAS ALFONSO. “Música y músicos yeclanos”. Pag 368 y a la 372. Depósito Legal: -MU-2874-2008. Edición Asociación de Amigos de la Música de Yecla 2008.
– En línea: http://www.elrincondelpasodoble.com/historia.html
– Archivo Asociación de Amigos de la Música de Yecla, sección pasodobles, números 6 y 7 “Corazón Yeclano).
– En línea: https://revistadiapason.com/octavio-j-palao-flautista-de-honor-de-la-banda/

José Miguel Ibáñez Lax.

Por José Miguel Ibáñez Lax, AAM Yecla.

Una pregunta compleja y realmente difícil de contestar, porque además de su complejidad, seguro que habría una respuesta por cada una de las escuelas de música; según su tipología, pueden ser públicas o privadas, estar situadas en ciudades grandes o pequeñas, gestionadas por los Ayuntamientos, las sociedades musicales, por los propios profesores, etc.

Yo hoy voy a centrarme en lo que realmente conozco, y de lo que con el paso del tiempo he observado que es beneficioso para el funcionamiento de una escuela de música, puesto que llevo trabajando en una de ellas desde el año 1995.

En primer lugar remarcar que, como ya dije al principio, no hay ningún sistema ni mejor ni peor, sino el método que cada centro por sus propias características se ha ido creando, siempre que por supuesto este funcione.

Dentro de un centro educativo como es una escuela de música nos encontramos con varias partes implicadas: profesores, alumnos, padres, gestores; todos ellos son importantes para que todo se desarrolle correctamente, cada uno tiene su responsabilidad para que el proyecto funcione correctamente, así como sus derechos y por supuesto sus obligaciones.

Para que todo se desenvuelva con normalidad y se obtengan los resultados más óptimos, a las personas implicadas se les debe de dotar de los medios adecuados para que se cumplan los objetivos planteados como fines principales de la escuela de música.

Quizás este es uno de los dilemas más peliagudos con el que nos podemos encontrar, sobre todo si como es nuestro caso somos una “academia” de una sociedad musical. Hay que determinar entre centrar la enseñanza que impartimos en instrumentos específicos para las bandas de música o abrir nuestra enseñanza a otro tipo de instrumentos que no formarán parte de la plantilla de dichas agrupaciones.

Desde nuestra experiencia, y tuvimos la misma duda hace ya algunos años, esto fue lo que se decidió. Pero para entenderlo mejor primero les vamos a explicar cómo está constituida nuestra Escuela. Pertenecemos a una Sociedad Musical que desde el año 1974 hasta 1994 mantuvo una academia en la que se podía estudiar instrumentos enfocados a ingresar en la Banda, asimismo el Ayuntamiento tenía su propia Escuela Municipal donde se impartía piano y solfeo. En el año 1995 y tras conversaciones con el Ayuntamiento, y reconocer que éramos las personas más preparadas para ello, se firmó un Convenio entre ambos por el que ambas escuelas se fusionaron en una que fue gestionada totalmente por nuestra Sociedad Musical.

Desde el primer momento vimos que no podíamos centrarnos en ofrecer solamente la posibilidad de enseñar, además del Lenguaje Musical, instrumentos de viento-madera, viento-metal y percusión, entre otras cosas porque aunque la directrices del centro las marcábamos nosotros ya no era sólo nuestra academia para la banda sino que era la escuela de música de toda la ciudad, y por tanto nos abrimos a otras especialidades que nos demandaba la sociedad, como piano, guitarra, cuerda, y con posterioridad, y debido a la demanda que nos iban solicitando los jóvenes de la localidad se creó el Aula de Música Moderna donde poder estudiar instrumentos como guitarra y bajo eléctrico, batería, teclado, combos, composición de canciones, producción musical…, con sus correspondientes teóricas; y hace algunos años, también tras una fuerte demanda, se implantó la asignatura de canto.

Asimismo desde los inicios nos planteamos que la enseñanza que se ofreciera desde nuestra Escuela, no sólo estuviera enfocada para personas cuyo objetivo fuera dedicarse profesionalmente a la música continuando sus estudios en Conservatorios, sino por el contrario que estuviese abierta a todo el mundo que quisiera acercarse a este bello arte, desde los niños de 3 a 7 años a través de Música y Movimiento, y hasta grupos para Adultos, y por supuesto para cualquier alumno que simplemente deseará aprender música como parte de su formación personal, aprendizaje que como todos ustedes sabrán aporta una gran cantidad de aspectos positivos: disciplina, responsabilidad, trabajo en equipo, solidaridad, respeto, inclusión, etc.

Para conseguir que todo esto llegara a buen puerto necesitábamos varias cosas. Un claustro de profesores motivado e implicado con nuestra filosofía, para lo que desde el primer momento estuvo claro que para conseguirlo lo primero que había que darles era una estabilidad laboral. Todos nuestros trabajadores, profesores y personal auxiliar, han contado desde el primer día con su contrato de trabajo; la mayoría de ellos llevan con nosotros más de 15 años, incluso algunos algo más, lo que les hace estar totalmente implicados en el proyecto. Para su elección, además de su formación, siempre que ha sido posible hemos contado con personas de nuestra ciudad, y en muchos casos los mismos alumnos que han empezado estudiando en el centro han vuelto al mismo como profesores, con lo que damos un gran sentido a nuestro proyecto.

También ha sido prioritario el tema de las instalaciones, tras estar durante varios años en diversos locales no lo suficientemente apropiados, sobre todo por el tema de la acústica y el espacio, y después de años de dialogo con las autoridades locales, y ante el aumento de alumnos que se producía curso a curso, nuestro Ayuntamiento decidió construir una nueva Escuela de Música, para lo cual desde el primer momento contaron con nuestra opinión y consejo para que de esta manera fuera lo más practica y funcional posible. Puesto que para que tanto el profesor como el alumno consigan el mejor rendimiento, necesitan: aulas amplias, aulas de estudio, salas de ensayo para las diferentes agrupaciones (banda titular, banda escuela, orquesta de cuerda, coro, combos, etc.) una sala de audiciones donde poder mostrar a los padres, amigos, familiares, socios, etc, el trabajo que durante el día a día se realiza. Además de esto que suele ser lo más básico e imprescindible actualmente también contamos con vestíbulo, conserjería, cafetería, biblioteca, almacén….

Otro pilar fundamental es el de dar la oportunidad de interpretar su música a los propios alumnos y profesores, para lo cual desde al año 2002 creamos un Ciclo de Conciertos, donde los auténticos protagonistas somos todos, desde los propios músicos que los ofrecen, dándoles una oportunidad de tocar ante el público que en otras circunstancias sería muy complicado; a los demás miembros del centro a los que se les ofrece la posibilidad de asistir a estos conciertos en directo y de forma gratuita; al resto de la sociedad a la que invitamos a asistir a dichos conciertos donde mostramos el fruto de nuestro trabajo.

Por supuesto no todo ha sido un camino de rosas, hemos tenido que probar, improvisar, inventar, fracasar, volver a probar, muchas veces. En definitiva, y volviendo a incidir que cada Escuela es un ente propio y tiene su situación y sus propias circunstancias, me he expresado simplemente desde mi experiencia, yo no soy músico profesional, estoy más relacionado con la gestión, que es lo que nos ha funcionado bien a nosotros.

 

Fuente: blogs.laverdad.es, por José Miguel Ibáñez Lax

En primer lugar, quisiera presentarme. Tengo 50 y algunos años; soy administrativo; trabajo en la Escuela de Música de mi Asociación; estoy casado; tengo un niño de 12 años que estudia Tuba; soy músico aficionado en mi Banda de Música desde el año 1976, además de estar ligado a la Asociación de Amigos de la Música de Yecla desde el año 1974, prácticamente toda mi vida.

En el año 1988 tuve mi primer contacto con la Junta Directiva de dicha Asociación, de la que he sido miembro durante varios años. Y desde entonces hasta la actualidad, siempre he escuchado una pregunta muy curiosa ¿Para qué sirve ser socio de una Sociedad musical? Imagino que, en gran medida, esa duda generalizada de la población la hemos creado nosotros mismos al no saber transmitir con claridad para qué sirve apoyar como socio a estas asociaciones culturales.

Las Sociedades musicales son entidades privadas, compuestas por socios, que realizan una actividad cultural sin ánimo de lucro, y que han sido creadas básicamente para fomentar el conocimiento y disfrute de la música.

Los socios, al ingresar en las mismas, se comprometen a abonar una cuota, con la que se ayuda a cubrir en parte los gastos originados por el funcionamiento de la Asociación, y que a su vez son complementados con otros ingresos obtenidos por otros cauces: subvenciones de Organismos Públicos, convenios, actuaciones, conciertos, donativos, patrocinios, etc.

Es verdad que, en la actualidad, en la mayoría de las Asociaciones, la parte que aportan los socios no es la mayor aportación económica obtenida por la entidad, como sucedía en el pasado, aunque toda ayuda es bienvenida para poder sufragar los numerosos gastos que conllevan estas sociedades culturales; pero a veces es mucho más importante para el colectivo de personas que integran y trabajan por la misma, siempre de una forma totalmente altruista, el sentirse arropados por una masa social que los apoye y anime, haciéndoles sentir que su duro esfuerzo del día a día tiene un reconocimiento por parte de nuestros asociados.

No obstante, y volviendo a la pregunta del principio ¿para qué sirve ser socio de una Sociedad musical? Tras todos estos años de experiencia, y en mi humilde opinión, pienso que ser Socio sirve para:

Apoyar a una entidad cultural sin ánimo de lucro, dedicada a fomentar el amor por la música, y que en muchos lugares ha sido y es la única manera de poder acceder a este bello arte.

Ayudar al mantenimiento de sus Escuelas de Música, en las que se suelen matricular personas de cualquier edad, desde niños que inician aquí su formación, llegando muchos de ellos a dar el salto a un Conservatorio donde finalizan con un Título Profesional de Música, así como a personas que simplemente desean formarse de una forma amateur, como afición y disfrute de la misma.

Alentar a las Bandas de Música, y otras agrupaciones, surgidas en el seno de las Sociedades Musicales, colectivos donde un gran número de músicos/as de todas las edades, y esta es otra de las particularidades de estas formaciones, puesto que se funden en ellas varias generaciones que trabajan unidas por un mismo objetivo.

Respaldar las actividades de dichas Bandas, acompañándoles y animándoles, sobre todo cuando participan en algún Festival o Certamen, a nivel Regional, Nacional e incluso Internacional, ejerciendo como grandes Embajadoras de cada uno de nuestros pueblos, Región y País.

Ayudar en la adquisición de instrumentos, trajes, partituras, material, etc.

Asimismo con su contribución, se pueden realizar muchas más actividades culturales: Ciclos de Conciertos, Cursos de Formación y Perfeccionamiento, Conferencias, Edición de libros, Partituras, Grabación de discos compactos, etc.

En definitiva, ser socio de una Sociedad Musical es algo más que pagar una cuota sin saber muchas veces por qué; es sentirse orgulloso de que con ello se apoya la cultura musical de un pueblo, consiguiendo que, a través de sus escuelas, niños, jóvenes y adultos reciban una formación adecuada que a muchos de ellos, con el tiempo, les suele incluso proporcionar una salida profesional; es estar junto a los miembros de la Banda de Música, para que nuestros músicos/as sientan nuestro ánimo cada vez que participan en un desfile, concierto, Festival, Certamen…; es ayudar al desarrollo de todas las actividades enfocadas hacia la Sociedad que, como ya apunté antes, en pequeñas poblaciones muchas veces son las únicas que se realizan; y sobre todo es apoyar a este colectivo de personas, de cualquier condición, sexo y edad, a seguir FOMENTANDO LA MÚSICA EN NUESTRA REGIÓN.