Puede que a muchos os suene este apellido. La Historia de la Música (la que va en mayúsculas, la más académica y convencional, la que se pierde un poco en aquellos tiempos que fueron antes y después del Barroco-Clasicismo-Romanticismo) nos dice que fue uno de los dos discípulos de Schoenberg.
Los tres juntos, Schoenberg y sus dos discípulos Berg y Webern, forman la que se ha llamado Segunda Escuela de Viena. La primera la forman las famosas tres B: Bach-Beethoven-Brahms. No sé si lo habrán notado, pero todos ellos son centroeuropeos, cuestión que ha suscitado ciertos recelos entre estudiosos y musicólogos. De alguna manera, la Historia de la Música (la de las mayúsculas) parece estar bastante centrada en determinadas coordenadas espacio-temporales, siendo esto algo que ha ido cambiando con el paso del tiempo, pero que sigue bastante arraigado. Sin embargo, no voy a entrar más en ello porque podría darnos para otro artículo fácilmente.
También merece la pena que les informe de un aspecto: en la Historia hay dos compositores con apellido similar: Webern y Weber. No los confundan o serán blanco fácil de los más listillos: el que nos atañe es el que lleva la ene al final. El que va sin ene es Carl Maria von Weber (1786-1826), compositor romántico (alemán también), conocido por la ópera El cazador furtivo. El que nos ocupa es el otro: Anton Webern (1883-1945).
Pues bien, Schoenberg, sin desprenderse del todo de la tradición, pero tratando de ser innovador, creó un sistema de composición (dodecafonismo) que se basaba en la serialización de las alturas. Para quien quiera saber más aquí puede leer:
https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-10182012000600011
Sus alumnos continuaron componiendo en este estilo, siguiendo con mayor o menor rigor estas serializaciones. Webern compuso música tanto empleando este sistema como sin él. Pero lo realmente interesante de Webern es que sentó las bases de gran parte de los derroteros que tomaron los compositores más vanguardistas que vinieron después.
Yo, personalmente, me quedo con dos aspectos. La importancia del gesto y del timbre en sus obras. Por una parte, condensaba el material que empleaba en pequeñas células o motivos donde se encontraba el, digamos, ADN de todas sus piezas. Y, por otra parte, tenía en cuenta aspectos tímbricos, es decir, no “solamente” importaban las notas y figuras en sus composiciones, sino que era muy importante la manera en que estas se tocaban y las características tímbricas de cada gesto musical. Cuando hablamos de timbre nos referimos a las cualidades intrínsecas del sonido, que dependen de factores físicos y acústicos un tanto complejos, pero que nos permite, por ejemplo, diferenciar entre un do3 tocado por una trompeta y el mismo do3 tocado por un piano. También el mismo do3 tocado por una trompeta con sordina o sin sordina. Si quieren saber un poco más de este elemento pueden leer: https://es.wikipedia.org/wiki/Timbre_(acústica)
La cuestión es que el timbre no había sido tratado en demasiada profundidad por la mayoría de los compositores anteriores, pero él comienza a poner el foco en este parámetro del sonido que, más adelante, será el eje vertebrador de muchas composiciones del s.XX. Un ejemplo de esto fueron los compositores espectralistas (les recomiendo este podcasts del programa Mikrokosmos de algunos compañeros del Conservatorio Superior de Música de Valencia en el que hablan de esto: http://www.upv.es/rtv/radio/microkosmos/64409)
Las obras de Webern están compuestas teniendo en cuenta al milímetro cada uno de los elementos de la música. Puede gustar más o menos, pero técnicamente son casi perfectas. Seguramente como consecuencia de esto, sus composiciones son generalmente breves y toda su obra está grabada en apenas dos CD.
Para lo último me he dejado el tema de su muerte, bastante curioso y controvertido. Circulan varias hipótesis en torno a ella, pero como yo no me atrevo a decantarme por ninguna, les dejo aquí un par de artículos por si les ha picado la curiosidad.
https://www.nosolocine.net/la-absurda-muerte-de-anton-webern-es-ist-aus-por-oriol-perez-trevino/
https://www.jotdown.es/2019/05/musica-y-muerte-de-anton-webern/
Esther Pérez Soriano.








El año 2019 asistí a la Presentación en la Casa de Cultura del libro “La velocidad de las nubes” de la yeclana Ana Fructuoso Ros, Finalista del III Certamen Literario “MUJER AL VIENTO” que organiza el Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz, y en el que colabora “Entrelineas Editores” publicando los libros. “La velocidad de las nubes” es una interesante novela que puede evocar sentimientos de cotidianeidad, de cercanía, de similitud, de escuchar la misma música, de leer los mismos libros, de vivir momentos de otras vidas semejantes, de conocer los mismos caminos,… es, pues, una novela que permite interactuar con una escritora que ha habitado y vive nuestras mismas calles. El libro lleva incluido un curioso índice, detrás del epílogo y delante de los agradecimientos, un índice sin la numeración de páginas habitual, un listado titulado “Banda sonora” con dos apartados: “En inglés” y “En castellano” en el que se incluyen cantantes y grupos musicales con las canciones que la autora ha ido nombrando a lo largo de la novela y actúa como si fuera una “playlist” de nuestros nuevos dispositivos tecnológicos, una “Banda sonora” que, según la autora, está preparada por su hermano, Juan Antonio Fructuoso Ros (“Ross” o “Juan Antonio Ros” que es como se le conoce en el panorama musical), un músico con relaciones familiares en Yecla que se desenvuelve desde hace muchos años en la música alternativa como multi-instrumentista, arreglista, productor…, comenzó su andadura como baterista y guitarrista en distintas bandas de su ciudad y ha participado en los primeros festivales nacionales (BAM, Benicasim, Festimad) y al otro lado del charco en la primera edición del IPO (Internacional Pop Overthrow) de Los Ángeles, ha publicado álbumes como “Sugar”, “Ross”, Supersonic Spacewalk”, “Rossland”, “Rumor“ y “Rumor 2“, “A Collection For Enemies And Friends”, “Durante el fin del mundo,… ha formado parte de grupos y ha actuado en solitario.
Y en ese engarce entre música y literatura no podemos olvidar a Haruki Murakami con sus exclusivas “Playlist”, en Spotify y otras aplicaciones digitales, que pueden tener más de tres mil canciones favoritas y que pueden perfectamente acompañar la lectura de sus obras, incluso en algunas la música da pistas de la trama y se imbrica entre las palabras como parte del mismo espacio textual. Haruki Murakamies un autor, que a muchas de sus obras les ha puesto el título relacionado con la música, a la que le da un papel destacado como uno más de sus personajes en las novelas; que habla de sus inicios trabajando en una tienda de discos o, después, sirviendo copas y poniendo música en “Peter Cat, algo parecido a un club de jazz” que regentaba junto a su mujer Yoko en Kokubunji, Tokio, donde también, alguna noche, había actuaciones en directo; que tiene una colección de más de 6000 discos de vinilo y que, últimamente, ha publicado el libro “Música, solo música” junto al, también japonés, director de orquesta Seiji Ozawa. “Música, solo música” no es una novela, es más bien una reflexión personal basándose en sus propias experiencias vitales, en la línea que también ha utilizado en “De qué hablo cuando hablo de escribir” sobre el oficio de escritor, o en “De qué hablo cuando hablo de correr” con los conocimientos del tema como corredor que ha participado en más de veinte maratones y su correspondiente tiempo de preparación, en este caso, “Música, solo música” no es un monólogo como los anteriores, es un diálogo con un director de orquesta japonés, famoso en todo el mundo, como es Seiji Ozawa y los dos maestros, en sus diferentes oficios, muestran sus conocimientos, hablan y reflexionan de todo tipo de música, sobre todo la etiquetada como clásica, desde los grandes compositores como Beethoven o Mahler al jazz o la ópera, dejando traslucir preferencias, afinidades, debates y discusiones sobre la gestión y el trabajo de la Música en mayúsculas, con múltiples referencias al diferente trabajo de cada uno. Una lectura interesante que, por supuesto, se puede acompañar de su correspondiente “playlist” en las plataformas digitales con las composiciones, canciones y títulos que nombran los dos autores a lo largo del libro y que es un repaso a partituras e interpretaciones míticas de la Historia de la Música, una obra que te mantiene entretenido y que puede incentivar para buscar y conocer otros horizontes, una buena reflexión sobre música y lectura.

La vida de Manuel Marvizón Carvallo (Sevilla, 1956) no comienza principalmente en la música pues en realidad comenzó su educación adulta como estudiante de medicina y psicología en la Universidad de Sevilla. Ya a la edad de 24 años, mientras estudiaba en la universidad, fue cuando ingresó en el Conservatorio Superior de Música de Sevilla para estudiar, armonía, solfeo, piano y arpa. Este cambio radical supuso el surgimiento de un compositor de corazón y alma que ha escrito y sigue escribiendo grandes obras maestras, de hecho, su primera marcha fue “Madre Hiniesta” que es una de las más celebres marchas de la semana santa. Manuel, no solo es un compositor brillante en la música procesional si no que fuera de ésta ha escrito obras para muchos artistas como Los del Rio, María del Monte o Alejandro Sanz entre otros. También para el mundo audiovisual, televisión, publicidad y radio, donde en esta última hay que recordar que la sintonía que utiliza el locutor de radio Carlos Herrera en su programa es de él. Como hemos mencionado anteriormente, su primera aportación musical a la semana santa fue “Madre Hiniesta”, obra que compuso en el año 1997 para su pregón en la Hermandad de la Hiniesta a la cual pertenece. Luego le seguiría “Azul y Plata”, “Candelaria” y un largo etcétera.
Para saber que es o qué significado tiene esta marcha tenemos que saber que “Candelaria” es, en primer lugar, la imagen de María Santísima de la Candelaria, talla que data del s. XX esculpida originariamente por Manuel Galiano en 1924 y que es propia de la Hermandad de la Candelaria, hermandad sevillana sita en la Iglesia parroquial de San Nicolás de Bari. Por otro lado, el vínculo de la Hermandad de la Candelaria con el locutor Carlos Herrera es principalmente, a parte de su amor a su ciudad adoptiva que es Sevilla y otras cosas, es también porque Carlos Herrera pertenece a la Junta de Gobierno de esta hermandad en calidad de Diputado de Caridad y Obras Benéfico-Sociales.





