Manuel Tomás Ludeña

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ESMAR abre sus puertas virtuales para que podáis conocer de primera mano tanto el centro, como a los profesores y todo el universo de opciones formativas que ESMAR pone a vuestra disposición.

Sábado, 17 de abril de 2021 · De 10:00 a 14:00 h.

El evento online GENERACIÓN ESMAR constará de:

  • Presentación ESMAR: Carles Subiela, presidente de la Junta Directiva
  • Conoce ESMAR: Manuel Tomás, director académico, nos presenta el modelo innovador de ESMAR, y responderá a las diferentes cuestiones de funcionamiento, matriculación o cualquier otra duda.
  • ConVersa ESMAR: Profesores de ESMAR responden a los alumnos interesados para orientarles de cara a sus futuros estudios en el centro.
  • Generación ESMAR: Estudiantes de nuestro centro de diferentes especialidades compartirán sus experiencias.

Inscripción –> https://www.esmarmusic.com/

por Esmar | 1 abril, 2021 | Actualidad

 

“Ningún avance se hizo nunca sin una conjetura audaz”

Isaac NEWTON

Una Banda de Música es por definición una agrupación musical formada mayoritariamente por instrumentos de viento y percusión. A diferencia de la orquesta, donde los instrumentos de cuerda tienen su mayor protagonismo.

Desde el periodo barroco hasta nuestros días, la música clásica centroeuropea ha considerado a la orquesta la agrupación musical por excelencia.

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En la Comunitat Valenciana, la tradición musical de origen popular y rural se aglutinó desde principios del siglo XIX a través de las agrupaciones de viento, herederas de la llamada “música militar”. En consonancia con el estilo de vida mediterráneo, donde el binomio música/fiesta ha estado siempre muy presente. Y así, durante todo el siglo XX la música sonó en los pueblos valencianos y sus calles a través de nuestras bandas de viento. Nada que no sea de sobra conocido.

Sin embargo, el carácter popular y festivo de nuestras bandas siempre fue considerado como una manifestación de orden menor por los sectores de la llamada “música culta”. La ausencia de un repertorio de calidad propio y específico para banda y el tener que recurrir a la interpretación de las llamadas “transcripciones” de obras orquestales fue entendida por muchos como una especie de “querer y no poder”. Los inspiradores de la “leyenda negra” contra las bandas de música esgrimieron justamente esto, entre otras lindezas. Ya ajustaremos cuentas con estos en otra ocasión…

A finales de los años 70, encontrar músicos de cuerda en nuestras sociedades musicales no era fácil, eran raros y escasos. Sólo las bandas más poderosas tenían contrabajos y algún violonchelo.

La entrada de los instrumentos de cuerda en las bandas de música vino de la mano de los contrabajos. Los encontramos ya en las bandas de Llíria en los años 50 y 60 del siglo XX. Fueron los pioneros, los encargados de abrir el sendero en la jungla.

Un poco más tarde, llegaron los violonchelos pero entraron con fuerza. Tanto unos como otros mejoraron la sonoridad de nuestras bandas, permitieron interpretar con más precisión y éxito el repertorio orquestal. Por ello, muchas de nuestras bandas de música pasaron a llamarse, henchidas de cierta satisfacción, Bandas Sinfónicas. La verdad sea dicha, oír un Cello interpretando el solo del poema sinfónico Poeta y Aldeano de Franz von  Suppé producía admiración. Sin ánimo de ofender a los sufridos saxofonistas.

A modo de anécdota, la Banda Municipal de Valencia, nuestra agrupación musical profesional por excelencia, no ha tenido jamás en su plantilla violoncelistas.

Pero hay un punto de inflexión que supuso una auténtica revolución y el inicio de un fenómeno de grandes repercusiones musicales, culturales y también profesionales: A las bandas les dio por crear orquestas de cuerda, traicionándose en cierta manera a sí mismas. ¡Toma innovación! ¿Cómo fue posible hacer esto? ¿Cómo se logró la convivencia entre las dos agrupaciones dentro de las sociedades musicales y “no estar loco”, como dice la canción de Antonio Machín?

Esto ocurrió a principios de los años 80 y vino de la mano de algunas sociedades musicales pioneras. Creemos que la primera fue la Societat Musical Santa Cecília de Cullera (1979), luego la Unió Musical de Benaguasil (1980) y la Unió Musical de Llíria (1981). El fenómeno de rivalidad/emulación hizo el resto y en pocos años proliferaron las orquestas por doquier. Se había sembrado la semilla y se había desencadenado la tormenta. Imparable.

Cuarenta años después, los resultados son excepcionales, tenemos cientos de agrupaciones de cuerda en nuestras sociedades musicales. Desde hace bastantes años prácticamente todas las escuelas de música tienen profesorado y alumnado de todas las especialidades de cuerda. Y los profesionales de cuerda valencianos han alcanzado un nivel de excelencia y notoriedad igual o parecido al de los músicos de viento. Muchos de ellos y ellas comenzaron sus estudios en aquellas orquestas incipientes de los años 80 del siglo pasado.

Sin duda, una historia increíble de éxito. Una trasformación de un ecosistema de grandes proporciones, y una mejora sin precedentes.

Hacer un análisis de este proceso merece una investigación rigurosa y metódica, lejos de las posibilidades y la intención de este artículo. Aunque podemos descifrar algunas claves.

La primera, sin duda, la capacidad de innovación y de transformación que tienen nuestras sociedades, gracias al enorme colectivo que movilizan, su penetración y extensión por todo el territorio valenciano. También los recursos que son capaces de conseguir y, más aún, la pasión y el sentido de pertenencia que generan entre los valencianos. Como ya hemos dicho en alguna otra ocasión, son como el Rey Midas, convierten en oro todo lo que tocan. Ahora se llama aceleradoras culturales, clusters, etc.

Hubo también otros factores. La irrupción de las políticas educativas públicas, desaparecidas durante décadas si alguna vez existieron. Se crearon conservatorios y se dotaron con profesorado de calidad. También la reforma educativa de 1990 (LOGSE) incluyó en el currículo de las enseñanzas profesionales, la asignatura de Orquesta para todo el alumnado. Pero todo esto ya bien entrado los años 90 del siglo pasado. En el terreno cultural, asistimos a la creación de la Jove Orquestra de la Generalitat Valenciana, la instauración de un festival de orquestas por el Institut Valencià de la Música y sus organismos antecesores, ayudas a los cursos de verano con presencia de especialistas de cuerda, etc.

Mención especial merece una gran acción que, vista con el tiempo, nos parece genial y determinante: La introducción de cátedras ambulantes de violín y viola, sufragadas por la entonces denominada Obra Social de la Caixa d’Estalvis de Valencia. Gracias a esta iniciativa, profesores y profesionales de cuerda se desplazaban a dar clases a los pueblos valencianos y estos instrumentos, mayoritariamente violín y viola, se repartieron entre los niños y niñas valencianos que pudieron elegir tocar un violín en vez de un clarinete. Puede ser que esta acción fuera el “paciente cero” que desencadenó el inicio de la pandemia orquestal a finales de los años 70. Digno de elogio. Ya sé que no queda bien hablar en positivo de la banca y las cajas de ahorro. Pero es lo que hay.

Más recientemente, siguiendo el testigo ya encontramos Bankia escolta Valencia con su programa dedicado al estímulo de las orquestas valencianas que tantas alabanzas y mejoras están produciendo. Una revitalización vigorosa que ha venido a despertar al sector, sumido en un cierto letargo. Nos referimos al Concurso de Orquestas, el Festival y el Ciclo de conciertos. Y detrás, casi novecientos mil euros inyectados a estas políticas en apenas cinco años. Pero como decía Kipling: “Esto es otra historia” que merece un episodio con nombre propio y por todo lo alto.

Para finalizar, citar también la creación por parte de la FSMCV de su Jove Orquestra en 2014 que vino a culminar el apoyo del mundo asociativo musical a las orquestas de las sociedades valencianas.

Visto en perspectiva, es increíble la transformación y la mejora que la sociedad valenciana ha conseguido en este terreno. Al final se han conseguido beneficios culturales de gran magnitud y también la aparición de una “industria” alrededor de los músicos de cuerda valencianos.

Pongámoslo en valor, demos las gracias a sus responsables y aprendamos para mejorar nuestras políticas musicales y culturales. Además, todo ello con cuatro duros si lo comparamos con el coste de los “grandes proyectos”. Y lo que queda por hacer…

Manuel Tomás Ludeña

Dedicado a todos los músicos pioneros de cuerda valencianos que abrieron caminos y lograron con su esfuerzo el nivel de excelencia actual de las orquestas valencianas.

Fuente: Publicado en

Se acaba de publicar la LOMLOE en el BOE del 30 de diciembre y entrará en vigor dentro de 20 días. Esta nueva Ley Orgánica deroga la LOMCE y también modifica la LOE incorporando muchos cambios en el conjunto del sistema educativo español, de acuerdo con el perfil ideológico del gobierno de coalición actual.

No entraremos a valorar la ley en sus términos ideológicos o cuestiones generales, esto lo dejamos para otra ocasión. Solo queremos analizar y reflexionar sobre las modificaciones e innovaciones que afectan a las enseñanzas de Música que se imparten en escuelas de música y conservatorios.

La verdad sea dicha, encontramos una primera cuestión positiva: La Ley se ocupa de nuestras enseñanzas y realiza algunas mejoras de gran interés que suponen claramente un avance, aunque también es verdad que hubiéramos deseado bastante más ambición en sus términos. Pero nos han tenido en cuenta y esto se agradece.

Vayamos por partes y desde el principio. La LOMLOE incorpora un Artículo 5bis denominado “La educación no formal” que expone textualmente:

“La educación no formal, en el marco de una cultura del aprendizaje a lo largo de la vida, comprenderá todas aquellas actividades, medios y ámbitos de educación que se desarrollan fuera de la educación formal y que se dirigen a personas de cualquier edad, con especial interés en la infancia y la juventud, que tienen valor educativo en sí mismos y han sido organizados expresamente para satisfacer objetivos educativos en diversos ámbitos de la vida social tales como la capacitación personal, la promoción de valores comunitarios, la animación sociocultural, la participación social, la mejora de las condiciones de vida, artística, tecnológica, lúdica o deportiva, entre otros. Se promoverá la articulación y la complementariedad de la educación formal y no formal con el propósito de que ésta contribuya a la adquisición de competencias para un pleno desarrollo de la personalidad.»

Aquí tenemos una primera innovación interesante, la inclusión dentro de la Ley de un nuevo paradigma que viene a reforzar y concretar “el aprendizaje a lo largo de la vida” que incluyó la LOE en el 2006. Un avance interesante en la definición y en la concreción de este derecho educativo.

Al leer este artículo, uno no puede más que acordarse de las sociedades musicales valencianas (y españolas) y sus escuelas de música. Parece ser que quien lo ha redactado pensaba en nosotros.

Deberemos estar atentos para que tanto el Ministerio de Educación como las administraciones educativas cumplan con el mandato del legislador: “… la articulación y la complementariedad de la educación formal y no formal con el propósito de que ésta contribuya a la adquisición de competencias para un pleno desarrollo de la personalidad”.

Aquí se nos ocurren muchas acciones. Además, en el caso de la Comunitat Valenciana, con la impresionante red de sociedades musicales y escuelas de música, las posibilidades son enormes en terrenos como la acreditación de competencias profesionales y la mejora del aprendizaje de amplias capas de población. En definitiva, una gran oportunidad.

Seguimos. Otra medida que nos ha gustado mucho ha sido la nueva regulación del Título de Bachiller para el alumnado que cursa simultáneamente las enseñanzas de Música y las materias comunes del Bachillerato. Ahora se dice claramente que los alumnos que obtengan este Bachiller lo harán en la modalidad del Bachillerato en Artes. Ésta es la mejora. Simple y efectiva.

Este tipo de Bachillerato ya se implantó en 1990 con la LOGSE, pero tenía un problema por su indefinición. Era una especie de “pegote”, no era una modalidad propiamente dicha y planteaba problemas para aquellos que lo tenían y decidían no cursar las enseñanzas superiores o ir a la Universidad. De hecho, solo lo cursaban aquellos alumnos que estaban muy convencidos de seguir los estudios superiores de música en un conservatorio superior. A la mínima duda, el alumnado se decantaba por otra modalidad de Bachillerato con el consiguiente exceso de carga lectiva, doce horas más. Para salir corriendo.

Ahora ya no es así. Esta medida provocará directamente una mayor confianza del alumnado y de sus familias, facilitará también la comprensión de esta modalidad dentro del sistema educativo (¡las veces que tuve que explicar a muchos directores de Instituto este tipo de bachillerato cuando era yo director de un conservatorio profesional!). Y sobre todo facilitará a nuestro alumnado el acceso a otros itinerarios formativos superiores. Y no solo eso, también se incrementa el prestigio de nuestros conservatorios profesionales cuyas enseñanzas son homologables ahora a las del Bachillerato, algo que puede ser poco comprendido entre el sector, siempre proclive a sentirse “diferente”.

Siguiendo con las enseñanzas profesionales de música, se recupera el nombre de Título Profesional de Música, se pierde por el camino la mención “al Título de Técnico correspondiente”.

Con toda seguridad será bien recibido por el sector, a quien el título de “técnico” no le entusiasmaba por su analogía con la formación profesional. Y ya se sabe, somos artistas que nos consideramos diferentes, lo de mezclarnos con los la FP no es lo nuestro. Pero no lo tengo claro. Confieso que siempre me gustó lo del título de técnico de la LOMCE, entre otras cosas porque nuestro título profesional ha estado en una especie de terreno de nadie, sin prácticamente ninguna validez, bastante desprestigiado y desconectado dentro del sistema educativo. Por eso, el acercamiento a la formación profesional, con el prestigio e implantación que están paulatinamente obteniendo estas enseñanzas dentro del sistema educativo y de la sociedad en general es una oportunidad. Esperemos a ver.

Y finalmente las menciones a las Enseñanzas Superiores de Música. La primera de ellas muy buena, “blindando” la denominación de Grado para nuestras enseñanzas superiores en el marco de la Ley Orgánica:

«El alumnado que haya superado los estudios superiores de Música o de Danza obtendrá el Título de Grado en Enseñanzas Artísticas Superiores de Música o Danza en la especialidad que corresponda, que será equivalente, a todos los efectos, al título universitario de Grado. Siempre que la normativa aplicable exija estar en posesión del título universitario de Grado, se entenderá que cumple este requisito quien esté en posesión del Título de Grado en Enseñanzas Artísticas Superiores de Música o Danza.»

Por fin. Otra normalización que era necesaria después de la pérdida de esta denominación por sentencia judicial. En aquella ocasión, los reales decretos que regulaban las enseñanzas mínimas hablaban de Grado, pero no la Ley Orgánica. Ahora esto se subsana.

Y una sorpresa. La Disposición Adicional novena dedicada a la Regulación de las Enseñanzas Artísticas Superiores:

“En el plazo de dos años desde la entrada en vigor de esta Ley, el Gobierno, previa consulta a las comunidades autónomas, al Consejo Superior de Enseñanzas Artísticas y oído el Consejo de Universidades, presentará una propuesta normativa para la regulación de las condiciones básicas para la organización de las enseñanzas artísticas superiores previstas en el artículo 58, además de las que se refieren a las titulaciones y a los requisitos del profesorado derivados de las condiciones de inserción de estas enseñanzas en el marco de la educación superior. Del mismo modo, el Gobierno incluirá en dicha propuesta la organización y las equivalencias de las enseñanzas artísticas profesionales y su relación con el Catálogo Nacional de las Cualificaciones Profesionales.”

Se trata de un anuncio que pretende una regulación específica de nuestras enseñanzas. Habla de una “propuesta normativa”, un término como mínimo algo nebuloso. ¿Hablamos de un Real Decreto de carácter básico? ¿O de una norma de rango menor? ¿Por qué no abordarlo en esta misma Ley? Mejor oportunidad imposible. Otra vez con aquello de sentirnos “diferentes”. Me recuerda al lema franquista de Spain is different para justificar una dictadura en el seno de Europa a finales del siglo XX. Pues lo mismo, mejor ser normales y no tan diferentes.

Además, corremos el peligro de que esta disposición quede durmiendo “el sueño de los justos”; antecedentes tenemos. Y si no, miremos lo que está ocurriendo con el requisito de la formación pedagógica y didáctica para las enseñanzas profesionales: Se reguló en el 2006 y, catorce años después, nada de nada. Por no mentar lo que tardamos en publicar los temarios para el ingreso en el Cuerpo de Catedráticos de Música y Artes Escénicas, la friolera de 25 años sin poder organizar procedimientos selectivos por no tener una “simple” orden ministerial. Esperemos que esta vez no sea así.

Dicho esto, la disposición adicional tiene su miga. El profesorado puede salir beneficiado muy claramente ya que se abre la puerta a la mejora de su categoría profesional y de su nivel retributivo. No tardarán las organizaciones que aglutinan al profesorado a solicitar un estatus más elevado, el Cuerpo de Catedráticos de Música imparte enseñanzas de Grado y Máster, muchos de ellos/as son doctores, no tiene sentido que sigan en el nivel 26 al igual que los catedráticos de Instituto. Y si las administraciones no entran en “razón”, el sendero judicial puede ser bastante favorable.

También la inclusión de las enseñanzas profesionales dentro del Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales, tal como manifestamos más arriba, es el camino más interesante para estas enseñanzas que, una vez ganada la modalidad de Bachillerato en Artes, se podrán beneficiar además de todo lo que supone ir de la mano de la formación profesional.

En definitiva, encontramos medidas muy interesantes y hay que valorar y agradecer el interés por ocuparse y mejorar nuestras enseñanzas. Pero los que somos ya viejos en estas lides y conocemos la evolución de nuestras enseñanzas sabemos que uno de nuestros problemas históricos es el débil impulso normativo que hemos padecido desde siempre, algo que no ocurre con las enseñanzas generales. Una desatención que ha venido socavando la calidad y la actualización permanente de las enseñanzas regladas de Música.

Trabajo tienen los responsables de la ordenación de las enseñanzas de música en el Ministerio de Educación. Confiemos también en el Consejo Superior de Enseñanzas Artísticas, a ver si se reúne con más frecuencia y puede ser un elemento que impulse estas reformas necesarias.

Feliz 2021

Manuel Tomás Ludeña

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La irrupción de la COVID19 ha supuesto un auténtico tsunami a nivel planetario, un suceso global que ha cambiado de manera repentina nuestras vidas, nuestras rutinas, nuestras costumbres, además de amenazar seriamente nuestras vidas y la de nuestros seres queridos.

Por otra parte, todos los entornos laborales y las diferentes profesiones han tenido que experimentar cambios y adaptaciones importantes. Empezando, claro está, por los profesionales de la Sanidad que están soportando sobre sus espaldas la atención sanitaria a la ciudadanía con riegos importantes para sus vidas. He leído que ya son cerca de 77.000 los profesionales contagiados. Los aplausos a las veinte horas estuvieron más que justificados. Pero no son los únicos, también están realizando esfuerzos muy significativos los profesionales de la educación. Y aquí quería llegar.

Nuestro sistema educativo y sus responsables han tenido que realizar transformaciones muy profundas en apenas quince días. Hemos cambiado más en tres meses que durante todo el último siglo, exagerando un poco, claro. Organizar todas las enseñanzas de manera telemática de un día para otro y “aguantar el tipo” puede considerarse un esfuerzo titánico al que han contribuido, sin duda, los responsables políticos y técnicos de las administraciones educativas, las direcciones de los centros escolares y el conjunto del profesorado. Naturalmente, también el resto de miembros de la comunidad educativa, pero mi reflexión se centra, en esta ocasión, en la respuesta profesional.

Un esfuerzo que va adaptándose a la misma evolución de la pandemia, pues si complicado ha sido organizar las diferentes enseñanzas a distancia, más complicado está siendo adecuar el funcionamiento de los centros a la “nueva realidad”. Por simplificar, se trata de garantizar en plena pandemia el funcionamiento normalizado y presencial de los centros educativos mitigando y evitando los riesgos de contagio. Algo así como la cuadratura del círculo. Y lo curioso es que se está consiguiendo; el nivel de contagio y de brotes en el ámbito escolar es bastante reducido. De momento. Por todo ello, creo sinceramente que las direcciones escolares y sus equipos directivos están realizando un trabajo excepcional en unos contextos muy complicados. Y me explicaré.

En primer lugar, han asumido una enorme  responsabilidad. Las administraciones educativas han estado raudas al anunciar que la responsabilidad para redactar y aplicar los planes de contingencia y gestionar los casos y los brotes correspondía a las direcciones escolares. Aquí sí que se les ha dado rápidamente autonomía. Sobre las espaldas de estos profesionales ha recaído la mayor parte de la  responsabilidad.

Y es lo suyo, vaya por delante. Cuando se cree en un modelo de dirección relevante y con capacidad ejecutiva hay que ser consecuentes. A las duras y a las maduras. Lo que duele es que solo sea para “las duras”. ¡Lástima que esta autonomía no la tengan en otros ámbitos, donde las administraciones se resisten a ello!

Sigamos. No sólo responsabilidad, nuestras direcciones escolares han tenido y están teniendo que realizar un ingente trabajo añadido, mucho trabajo. He sido director doce años de un centro público y convivo con una directora también. He vivido y sigo viviendo en primera persona las dificultades y el trabajo extraordinario que han tenido que realizar todos durante los meses que dura la pandemia.

De momento  este año, muy pocas vacaciones, pues el virus no ha descansado tampoco y las resoluciones de las autoridades educativas se sucedían también en julio y agosto. Además, la preparación del curso en septiembre en estas condiciones ha supuesto, imagino que para la mayoría, un trabajo continuado e intenso durante el verano.

Las nuevas tareas son muchas: Señalizar el centro, redactar planes de contingencia, organizar entradas escalonadas, modificar las programaciones didácticas, informar a la administración de los casos y de los brotes, cambios organizativos para adaptar el funcionamiento administrativo a la nueva realidad, conocer y manejar la nueva normativa y suma y sigue… Una gran cantidad de nuevas funciones.

Más responsabilidad, más trabajo y añadamos algo nuevo: Más conflictos que asumir. Unas circunstancias tan serias provocan miedo, ansiedad y preocupaciones en todos los sectores educativos (profesorado, padres/madres, etc.). Es lo normal. Y aunque el comportamiento del profesorado y del resto de los sectores educativos está siendo ejemplar, los nuevos conflictos no se pueden evitar en colectivos tan numerosos.

Para más inri, mucha responsabilidad y pocas competencias. Deben afrontar un reto descomunal con muy pocas herramientas: Un jefe de personal que no tiene competencias en la gestión de personal,  un líder pedagógico con poco margen para elaborar un proyecto educativo (a diferencia de los colegios privados), un responsable de gestión que no tiene prácticamente margen de maniobra para conseguir recursos extraordinarios. Vaya, para salir corriendo.

Nuestro modelo de dirección escolar es una anomalía en todo el mundo (junto a Portugal). En el resto de países, desde la China popular hasta la América capitalista, los directores gozan de más competencias y son auténticos profesionales, es decir, tienen una dirección profesionalizada. Aquí, este modelo profesional de la dirección nos recuerda al cuerpo de directores del franquismo. Por ello, una gran parte de los sectores educativos lo rechazan y consideran que “lo nuestro” es más democrático y participativo: Complejos del pasado. Y falso, porque son muchas las direcciones que acaban siendo nombradas por la administración por falta de candidatos; así que, de participación, no vamos muy sobrados.

Pensamos que no hay nada más democrático que un director/a con atribuciones y competencias para ejecutar los acuerdos tomados democráticamente en los órganos de gobierno colegiados. Esto, algunos lo venden como autoritarismo, pero cuando nadie manda ya se sabe… Lo dejo aquí, no quiero venirme arriba.

Así que, o todo el resto del mundo está equivocado, cambiará su modelo y nos seguirá en esta “senda democrática”, o somos nosotros los que caminamos en dirección contraria al sentido común. Más bien me inclino por esto último.

Creo que llegará el reconocimiento de la sociedad a los profesionales de la educación en su conjunto, pero jamás valoraremos lo suficiente a las direcciones de los centros escolares. Y no creo que lo hagamos de manera pública y notoria, no queda bien todavía reforzar a los directores/as.

Y esto me hace pensar, ¿por qué los directores/as son una figura poco simpática? Miren los Simpson, uno de los personajes más patéticos es, sin duda, el director del colegio de Springfield, Seymour Skinner, el estereotipo de alguien preocupado por las reglas y por amargarle la vida al pobre Bart Simpson. Casi igual de siniestro que la figura  del cazador en los cuentos de Walt Disney.

Bueno, es lo que hay. Pese a todo, ahí siguen trabajando y dando muestras de un compromiso colosal por el sistema educativo público. Nadie saldrá nunca a los balcones para aplaudir a estos profesionales; incluso en algunos centros educativos, no recibirán el apoyo y aliento de sus propios compañeros/as (en la mayoría, sí). Pero son necesarios, muy necesarios y en estos momentos lo han demostrado y lo están demostrando. Gracias y enhorabuena a todos estos profesionales. Se merecen también un aplauso unánime de todos nosotros.

Manuel Tomás Ludeña

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El universo de las sociedades musicales valencianas vivió anoche una de sus jornadas históricas con motivo del cálido homenaje que dedicó al insigne periodista Octavio Hernández Bolín. Era una oportunidad para mostrar el lado más solidario y fraternal  hacia “uno de los nuestros”. Y una vez más, las sociedades musicales han estado a la altura de las circunstancias.

En el marco incomparable del histórico Teatro de la Banda Primitiva de Llíria, los máximos representantes de las sociedades musicales acudieron masivamente a este sencillo homenaje. No faltaba nadie, los que estábamos de manera presencial y los que no han podido asistir pero que han querido sumarse con sus mensajes y testimonios  en estos tiempos difíciles de la COVID19. Como siempre, el presidente de la Banda Primitiva, José Luis Pérez Veses, hizo gala de su conocida hospitalidad y generosidad.

Hay que echar mano de hemeroteca para encontrar un acto al que asisten, fuera de las propias actividades federales, todos los expresidentes de la FSMCV. Allí estaban Vicent Escrig, Santiago Algado, Pepe Almería, Pedro Rodríguez, la actual presidenta Daniela González y el presidente de la Confederación de Sociedades Musicales Españolas Vicent Cerdá. Solo faltaba Ángel Asunción, que si no venido es porque no ha podido porque ganas no le faltaban. Todos unidos y juntos por una misma causa: Octavio Hernández.

Además en Llíria. Emotiva también la presencia del alcalde de la ciudad Manolo Civera que, en el día de su aniversario, ha encontrado un rato para aparcar los compromisos familiares propios de una día así y compartir su tiempo con todos nosotros.

El evento ha tenido de todo: Música de la mejor, una conducción insuperable a cargo de Carles Subiela y una autenticidad fuera de lo común. Casi nada. Uno ha tenido la sensación de asistir a uno de esos actos que jamás se olvidan.

De todos es conocido que Octavio se  merece esto y mucho más, sus aportaciones a la difusión, preservación y dignificación de nuestras bandas de música son insustituibles y de unas proporciones colosales. Ha quedado muy claro, todos lo sabemos y no hace falta insistir en ello.

Octavio, acompañado por su familia, se dirigió a todos los asistentes y no recuerdo a nadie que haya sido capaz de decir en tan pocas palabras lo que son nuestras bandas de música, se nota que se sabe perfectamente la “lección”, porque lo vive y lo siente. Puro magisterio en vena y todo un lujo para los oídos.

La figura de Octavio suscita una adhesión y reconocimiento generalizado. Por dos motivos fundamentales; por su contrastada profesionalidad y por su bondad extrema. Dos cualidades que le convierten en alguien insustituible. Su voz cuenta diariamente nuestras historias, las más grandes y también las más modestas. Posiblemente, el mejor documentado y el conocedor más exhaustivo de nuestro movimiento asociativo musical. Lo sabe casi todo.

Su archivo sonoro, sus artículos y su web son posiblemente nuestra particular Biblioteca de Alejandría. Si quieres saber algo sobre un director, la trayectoria de una banda de la comarca más remota, no hay más que preguntarle y te pone al día en un santiamén.

Como dice Tyrion Lannister, somos las historias que contamos, los relatos son la memoria colectiva de una comunidad, nos permiten saber de dónde venimos y a dónde vamos. Por eso Octavio, es más que nadie,  nuestra memoria, nuestro presente y nuestro futuro.

Al finalizar el acto, solo faltó sacarlo a hombros de la Banda Primitiva de Llíria, ganas no faltaron. Todos los presentes acabaron haciéndose fotos con él como si se tratara de una auténtica estrella de Rock. Por su parte él, estaba feliz y sonriente como siempre. Días así hacen que uno celebre tener amigos como Octavio y pertenecer a la familia de las bandas valencianas.

Enhorabuena Octavio y gracias a todos/as.

Manuel Tomás Ludeña

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Comenzamos esta semana el curso académico 2020/21 en la Escuela Superior  de Música de Alto Rendimiento (ESMAR), un curso condicionado fundamentalmente, en el conjunto del sistema educativo, por la crisis sanitaria de la COVID 19.

El objetivo fundamental de todos nosotros es garantizar la seguridad y la protección ante el virus. Y a ello nos hemos dedicado con denuedo. Recientemente decía el CSIC que los mayores de 16 años debían cursar sus estudios en un formato no presencial. Todo nuestro alumnado es mayor de edad, salvo unas pocas excepciones, y son personas responsables conscientes de los peligros que conlleva una actuación inadecuada en estos tiempos. La sensibilización es fundamental.

En ESMAR hemos tomado importantes decisiones, basadas en la experiencia que adquirimos durante los duros meses de confinamiento cuando las clases se desarrollaron con cierta normalidad. Por ello, todas las clases teóricas se desarrollarán en formato presencial por medios telemáticos, además serán grabadas y puestas a disposición del alumnado que podrá visualizarlas tantas veces como lo deseen. El profesorado contestará y tutorizará al alumnado para responder las dudas y aclaraciones que precise. Con esta medida, además de promover la innovación educativa y el uso de las tecnologías, evitamos de un “plumazo” el riesgo más grande de contagio en ESMAR.

Pero la calidad educativa nos preocupa y mucho, las clases de Instrumento, Música de Cámara y Orquesta se desarrollará de manera presencial directa. Eso sí, con todas las garantías: distancia de 1,5 metros entre alumnado y profesorado, limpieza y desinfección de manos, ventilación de los espacios educativos y uso de la máscara de protección de manera continuada, entre otras medidas. Además dispondremos de un médico exclusivo en ESMAR que atenderá cualquier urgencia que pudiera surgir.

En definitiva, buscar un equilibrio entre seguridad y calidad educativa.

Pero hay mucho más. ESMAR ha experimentado un crecimiento muy elevado del alumnado propio; en la actualidad y a falta de las últimas matriculaciones, tenemos ya más de 100 alumnos/as. Y no solo eso, nuestro claustro de profesorado se ha incrementado con incorporaciones de grandes artistas y profesores que son punteros dentro del panorama musical internacional. A todos/as ellos muchas gracias.

En este curso, hemos ofertado por primera vez la especialidad de Pedagogía y hemos encontrado una enorme acogida, tenemos matriculados 20 alumnos  Y sigue creciendo, algo que ha mejorado nuestras expectativas más optimistas.

Crece con fuerza también la especialidad de Producción y Gestión y la especialidad de Interpretación incrementa el alumnado procedente de toda España y del extranjero. Alumnado de Colombia, Soria, Madrid las Islas Canarias y del resto de áreas geográficas del territorio español que han establecido su residencia en Valencia para incorporarse a ESMAR.

Otra novedad durante este curso será la finalización de las obras del nuevo edificio que esperamos ocupar en marzo de 2021 y que supondrá una mejora sustancial de nuestras instalaciones educativas.

Y nuestra orquesta, que iniciara su andadura en noviembre bajo la dirección del prestigioso maestro Cristóbal Soler. En esta ocasión será Berta Belinchón, una alumna brillante de oboe que obtuvo la Matrícula de Honor durante el curso pasado, la que actuará de solista, una experiencia que tenemos reservada a muchos más alumnos y alumnas de ESMAR. Porque de eso se trata, de ofrecer las competencias profesionales y artísticas que el ejercicio de la profesión musical del futuro exige.

Gracias a todos/as los que hacéis posible este proyecto. Nuestra prioridad es el alumnado y sus necesidades formativas.

EL EQUIPO ESMAR

Manuel Tomás Ludeña

Se trata de una gran oportunidad para incrementar la formación y las opciones de empleabilidad del alumnado.

Una opción flexible y cómoda para conseguir simultáneamente dos carreras a un precio muy asequible.

por  | 30 junio, 2020 |

ESMAR incrementará su propuesta académica ofreciendo al alumnado la posibilidad de cursar “dobles” especialidades. Con ello, el alumnado puede optar a un itinerario formativo de gran interés.

El 72% de todos los profesionales de la música en Europa, Australia y Norteamérica se dedican a la docencia. La docencia es, sin lugar a dudas, la opción profesional más atractiva desde el punto de vista de la empleabilidad y lo más sensato si se quiere obtener un trabajo.

Pero nuestro alumnos/as tiene “alma de músico”, todos sueñan con ser intérpretes, disfrutan tocando y gozan con la música en su vertiente más artística. Por este motivo, aunque son conocedores de esta información, la gran mayoría de los estudiantes eligen la especialidad de Interpretación. Y nosotros les respetamos y les entendemos. Pero también pensamos en ellos.

Las dobles titulaciones van a mejorar sus opciones sin necesidad de realizar un gran esfuerzo lectivo ni un gran desembolso económico. Y lo más importante: Van a aprender muchas cosas que les servirán en el futuro. De esta manera, combinarán algo muy difícil de lograr: Disfrutarán tocando y aprenderán a dar clases.

Destacamos que estos itinerarios se caracterizan por:

  1. Mucha comodidad y flexibilidad. El alumnado solo tendrá que cursar tres asignaturas más en primer y segundo curso y lo podrá hacer de manera intensiva y en formato ONLINE.
  2. Contará con un profesorado de altísima calidad y experiencia.
  3. Solo supondrá un precio extra de 1.800 euros más por curso.

Con ello, se acabaron los dilemas y las elecciones. Ya no tendrás que elegir entre cursar lo que te gusta o lo que te conviene para encontrar empleo.

En nuestra web, encontrarás más información sobre esta opción formativa.

Si tienes alguna duda, contacta con nosotros.

ESMAR resuelve este dilema, todo es posible ya. Os esperamos.

Manuel Tomás Ludeña

Consultor Académico de ESMAR

Publicado en Por Manuel Tomás

ESMAR ha abierto el plazo para inscribirse en las pruebas de ingreso a las Enseñanzas Superiores de Música. Muchos estudiantes de música estarán valorando en estos momentos qué conservatorio superior elegir. Una decisión muy importante que va a marcar en gran manera el futuro profesional y personal de muchas personas. Debes acertar. En ESMAR te contamos 8 razones y media para que vengas con  nosotros:

  1. ¿Quieres formar parte de un proyecto de éxito? Más de 120 estudiantes de música nos eligieron ya en el primer curso de nuestro funcionamiento. Cada vez somos más. No te quedes atrás.
  2. ¿Quieres elegir tu propio profesor/a? En ESMAR tú mandas, tú eliges con quién quieres estudiar. E incluso nos puedes proponer tu propio/a profesor/a. Si no forma parte de nuestro claustro, podríamos llegar a un acuerdo.
  3. ¿Quieres tener tiempo libre? En un par de días cursarás todas las asignaturas. No hace falta que te pases toda la semana en el Conservatorio. Tenemos modalidades intensivas y las enseñanzas teóricas puedes cursarlas cómodamente desde tu casa.
  4. ¿Te gustaría tener mucho tiempo para tocar tu instrumento? Vas a tener mucho tiempo para el estudio individual y para todo lo demás.
  5. ¿Quieres formar parte de una gran orquesta y trabajar con los mejores directores del momento? La Orquesta Sinfónica ESMAR te permite disfrutar de una experiencia única, con directores de grandísima calidad, que están trabajando en las mejores orquestas profesionales del momento. Todo un lujo para ti.
  6. ¿Te gustaría que estuvieran pendiente de ti? En ESMAR no eres uno más. Tendrás a todo un equipo de profesionales dando respuesta a tus necesidades.
  7. ¿Quieres aprender lo que necesitarás para ser un profesional de la música? En ESMAR intentamos enseñarte lo que necesitas y no solo lo que sabemos. Si quieres vivir de la música, nosotros te acompañaremos para que lo consigas.
  8. No importa donde vivas. Si quieres estudiar en ESMAR, lo puedes hacer. Nuestras modalidades intensivas y las clases ONLINE te lo permiten. No existen fronteras ni limitaciones para nosotros.

¿Y la media razón? Si vienes, harás muy felices a todo nuestro equipo de profesionales y lo notarás, ¡haznos el favor!

Invierte en ESMAR e invertirás en tu futuro. Vale la pena.

EL EQUIPO ESMAR

Manuel Tomás Ludeña

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Empezamos a ver la luz al final de túnel. Durante estas últimas semanas, la principal preocupación de la sociedad ha sido sobrevivir a nivel individual y, como sociedad, garantizar el funcionamiento de los servicios esenciales entre los que está, naturalmente, la educación musical.

En esta primera fase, la respuesta del “sector musical”, tal como hemos expresado en anteriores artículos, ha sido espectacular. Conservatorios y escuelas de música han mantenido muy dignamente la calidad educativa por canales telemáticos. A pesar de que la interrupción de la actividad artística ha sido total, desde los balcones de toda España los músicos han defendido su actividad y han aportado la dosis de esperanza y vitalidad necesaria para que todos sigamos adelante. Hemos estado a la altura de las circunstancias. Por todo ello: ¡Misión cumplida!

Pero hemos cambiado de fase. Iniciamos ahora la tan ansiada “desescalada”. Y podemos observar en la sociedad cómo las prioridades y preocupaciones están cambiando. Evidentemente, seguimos muy asustados y las autoridades sanitarias nos recuerdan cada día los peligros de los “rebrotes”, pero también empezamos a valorar las consecuencias del “invierno económico” que todos los expertos vaticinan. Conscientes de esto último, los diferentes territorios pelean por salir lo más rápidamente de las fases duras del confinamiento y los distintos sectores productivos reivindican el inicio de la actividad a la mayor brevedad. Objetivo: Volver a la normalidad y mantener la actividad, los puestos de trabajo y los servicios tal como lo veníamos haciendo.

Y aquí viene la gran cuestión. ¿Cómo afectará la crisis de la Covid19 a la actividad musical? ¿Ya nada será igual como anuncian algunos? ¿Qué pasará con nuestras orquestas profesionales, conservatorios, escuelas de música y sociedades musicales?

No hay que olvidar que la Covid19 es un enemigo muy fuerte que puede afectar gravemente a la actividad musical. Una orquesta y una banda son objetivamente agrupaciones de personas que facilitan los contagios. Además, en el caso de la Comunitat Valenciana, el binomio música/fiesta hace más sangrante este impacto, lo hemos comprobado recientemente en la suspensión de todos los actos festivos. Por todo esto, tenemos un problema. Y gordo.

Intentar averiguar el futuro es siempre inútil y casi todos fracasan en ello. Pero debemos empezar seriamente a contemplar los posibles escenarios. Aunque en honor a la verdad, lo vamos a comprobar muy pronto, lo tenemos ya encima.

Creo que podemos imaginar dos escenarios posibles:

  1. La Covid19 deja de ser un problema porque las autoridades sanitarias han encontrado una vacuna o un tratamiento exitoso.

Si esto ocurre y además pronto, la sociedad olvidará con rapidez este episodio, en apenas unos meses la actividad comenzará a recuperarse lentamente y la única preocupación será salir lo antes posible de la grave crisis económica ocasionada por los meses que dure la paralización de la actividad. Y ya es mucho.

Pero, en este escenario, la actividad musical tal como la conocemos recuperará su estatus anterior rápidamente, no serán necesarios grandes cambios organizativos y estructurales en nuestras entidades musicales, no estará en peligro la manera actual de hacer las cosas. Continuaremos donde lo dejamos.

  1. La Covid19 es controlada pero no disponemos de vacunas y tratamientos efectivos para ello. Será necesario modificar los hábitos y las costumbres para garantizar la salud de las personas y los posibles rebrotes.

En este escenario, la cosa se complica. Nos jugamos aquí la más estricta supervivencia. Y se hace necesario buscar alternativas y soluciones para subsistir.

Tenemos el ejemplo del virus del SIDA. Después de más de treinta años entre nosotros y de cobrarse millones de víctimas, no hemos sido capaces de encontrar una vacuna o un tratamiento que lo elimine. Con muchos esfuerzos, hemos logrado convertirlo en una enfermedad crónica. Pero los cambios que ha producido en nuestro comportamiento, sobre todo el sexual, han sido brutales. Nada ha sido igual desde entonces.

A partir de la aparición del SIDA, comenzamos a hablar por primera vez del llamado “sexo seguro”. Las alternativas eran la castidad o la práctica sexual irresponsable, y ninguna de las dos era una opción realista ni viable.

Pues un poco de lo mismo puede pasar con la música. Por supuesto que la “castidad” musical no es una opción. Tampoco el mantenimiento de la actividad musical de manera irresponsable. Se impone necesariamente buscar una alternativa profiláctica de “música segura ante la Covid19”. Y aquí se deben centrar los esfuerzos.

Esta última semana ya hemos visto los primeros movimientos en este sentido. La Hochschule für Musik de Friburgo ha publicado la Estimación del Riesgo de Infección por Coronavirus en el ámbito de la Música de los profesionales del Instituto de Medicina para Músicos de Friburgo, de la Clínica Universitaria y de la Escuela Superior de Música de Friburgo (Freiburger Institut für Musikermedizin, Universitätsklinikum und Hochschule für Musik Freiburg). También hemos recibido otro documento firmado por las principales orquestas de Berlín en el mismo sentido.

https://www.esmarmusic.com/estimacion-riesgo-infeccion-coronavirus-ambito-musica/

¡Por fin alguien se mueve en la dirección correcta! El informe, que debe ser actualizado conforme avancen las investigaciones, incluye recomendaciones de gran valor y debe ser el inicio de muchos otros más que nos ayuden y den pautas y herramientas sobre cómo proceder si la Covid19 permanece entre nosotros agazapada, esperando una oportunidad para darnos otro zarpazo. Mientras no se encuentre una solución definitiva, no hay alternativa. Esta es una guerra cuerpo a cuerpo entre nosotros y el virus que debemos ganar sí o sí.

Por todo ello, debemos ser capaces de movilizar todos nuestros recursos en esta dirección, donde converja toda la sociedad; desde las administraciones públicas hasta las propias entidades musicales (conservatorios, escuelas de música, sociedades musicales, orquestas profesionales, etc.). Todos remando en la misma dirección. Esta es, según mi opinión, la primera prioridad, garantizar aquello que somos y asegurar que seguiremos existiendo.

Es evidente que también debemos ocuparnos de la crisis económica que ya está aquí y del impacto que va a tener en los sectores musicales: Desempleo, cierre de empresas, etc. Al igual que todos los sectores productivos, incluidos los sectores culturales, deberemos pedir a los poderes públicos que nos ayuden a paliar esta situación. La Covi19 está dejando a su paso una senda de destrucción económica que nadie, por sí solo, es capaz de revertir. Aquí deberemos estar también unidos en la reivindicación.

En definitiva, necesitamos conocimiento, investigación y gestión. Sobre todo, gestión. Sin duda, es el momento de los gestores que sepan articular y aplicar soluciones organizativas, utilización de las tecnologías y mucha creatividad para garantizar el funcionamiento de nuestras organizaciones musicales de todo tipo.

Disponemos de magníficos conservatorios públicos y privados, universidades, una red de sociedades musicales lideradas por la FSMCV que es una fortaleza enorme, un cuerpo de músicos jóvenes investigadores que han crecido exponencialmente en los últimos años, un Hospital de Manises que tiene una específica Unidad de la Salud del Músico, empresas consolidadas… Y mucho más. Pongamos todo esto en circulación. Trabajemos todos de manera coordinada con las administraciones y busquemos soluciones a estos problemas. La Comunitat Valenciana es música, siempre lo proclamamos, por eso hay que estar a la altura de las circunstancias.

No hay demasiadas alternativas. Si lo hacemos, demostraremos que nuestro sector contribuye a construir una sociedad más justa, solidaria y cohesionada. Pongámonos manos a la obra. El tiempo apremia y “la noche es oscura y alberga horrores”, como dicen en Juego de tronos.

Manuel Tomás Ludeña

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El oboe es noticia. Los comentarios vertidos sobre este instrumento musical en el programa El Hormiguero, dirigido por el famoso y exitoso periodista Pablo Motos, han suscitado diferentes reacciones. En primer lugar, la indignación del ramo, ya que todos los que tocamos el oboe nos hemos sentido aludidos, en cierta manera, y algunos ofendidos (no es mi caso). En las redes sociales, se han iniciado campañas para mostrar esta indignación, dar a conocer a nuestro insigne instrumento y dejar en evidencia la ignorancia del periodista y de sus colaboradores que, en honor a la verdad, la demostraron.

De los pocos segundos que duró la referencia, hay algunos aspectos que nos gustaría comentar. La vivencia de Pablo Motos fue durante mucho tiempo una manera de proceder en las sociedades musicales valencianas para repartir los instrumentos entre los educandos de las escuelas de música. Imagino que la historia que cuenta Pablo Motos acaecería en Requena, su pueblo natal, donde disfrutan de una agrupación centenaria de indudable valor artístico y social, la Sociedad Musical Santa Cecilia de Requena

Por lo que he podido averiguar, el profesor D. Daniel, que el periodista nombra, es un personaje real, nada más y nada menos que D. Daniel Martínez Marín, director de la Sociedad Musical Santa Cecilia de Requena entre 1977 y 1989, un maestro muy querido y de gran calidad humana y profesional. Y así sería, D. Daniel, al igual que la mayoría de los maestros de nuestras bandas, adjudicaba los instrumentos disponibles (y de manera gratuita) en función de las necesidades de la agrupación y no solo de las preferencias de los educandos. ¡Faltaría más, el interés colectivo por encima del interés individual! Una manera de proceder muy habitual. Otra versión era aquello de “tú a la trompeta, que tienes los labios adecuados para ello…” A mí me parece una anécdota muy entrañable. Si Pablo Motos quería el clarinete, se lo hubiera podido comprar él mismo. Si la sociedad musical le iba a prestar un instrumento gratuitamente, se debería conformar con lo que hubiera disponible y acoplarse a las necesidades del colectivo. Por lo tanto, que sean mis primeras palabras para defender a las sociedades musicales valencianas y poner en valor sus increíbles y más que centenarias aportaciones a la cultura musical en este país.

A mí me pasó lo contrario, yo quería el oboe y el maestro insistía en el clarinete. Me dijeron que, si quería el oboe, debería esperar un tiempo porque estaba comprometido en la banda de Utiel y tardaría unos meses. Y esperé. A lo mejor el oboe que Pablo Motos no quiso es el que me dieron a mí. Al fin y al cabo, Utiel y Requena no están demasiado lejos y los dos somos casi de la misma edad.

Pablo Motos no puede saber de todo, desde luego poco sobre el oboe. Y como él, muchas personas en nuestro país. Aprovechemos para pedirle, y así le damos la oportunidad de resarcirse ante los miles de oboístas españoles, que invite a un famoso/a oboísta. Por ejemplo, algún solista de la Orquesta Nacional de España o agrupación profesional similar y le dé la oportunidad de tocar el oboe en directo. Sería un gesto por su parte de grandeza y serviría para que nos reconciliáramos con él y con el El Hormiguero y “pelillos a la mar”. Comprobaría in situ que el oboe hace algo más que un simple “tiiiiiiiiiiiiiiiii” en una “canción”.

No va de broma. Pidamos todos a Pablo Motos que nos ayude a conocer mejor el instrumento. Ánimo, Pablo, ¡haznos ese favor! Un poco nos lo debes y sería un detalle muy bonito por tu parte.

Contengámonos los oboístas y demostremos nuestro sentido del humor. Tampoco es para tanto. ¡Pobres violistas si tuvieran que hacer caso a los hirientes chistes que sobre ellos vertimos el resto de la profesión! O también los buenos de los saxofonistas que aguantan muchas veces las bromas sobre el empleo de su instrumento en la música ligera y en las carpas de los circos. ¡Si somos nosotros los que más nos burlamos de nosotros mismos! Pero ahora ha sido diferente, lo ha hecho otro, un periodista famoso, en un programa de gran audiencia y nuestro honor ha sido mancillado. Ya lo decía mi abuela: “De los míos yo hablar pero nada escuchar”

La gran ignorancia del periodista ha sido la evidencia, pero insisto, es un programa de humor, donde por cierto se suele verter ironía sobre casi todo. Demostremos los oboístas que sabemos encajar esto con deportividad e intentemos aprovechar la situación y darle la vuelta.

Decía el colaborador del programa: “Yo no conozco a ningún famoso que se haya hecho famoso por tocar el oboe”. Tiene razón, los famosos que van a los reality shows y programas similares no suelen tocar el oboe, que exige largas horas de estudio, disciplina y preparación. Evidentemente, es otra manera de enfocar la vida, otros valores, donde la cultura artística es la protagonista. Y todo mi respeto a aquellos que van a hacerse famosos a la televisión, que cada uno haga lo que le dé la gana con su vida. Lecciones de moralidad, las justas. Desde luego, muchos en este país no tenemos como misión hacernos “famosos” sino al contrario, dar significado a nuestras vidas mediante la cultura y el arte. Y no creo que estemos tan equivocados. O puede que sí, ¡quién sabe!

En definitiva, recordemos aquello de “mejor que hablen de uno aunque sea para mal”. Aprovechemos la oportunidad para dar a conocer nuestro instrumento, demostremos sentido del humor y, al mismo tiempo, reivindiquemos siempre la cultura y el arte musical y, ¡cómo no!, a entidades muy respetables como la Sociedad Musical Santa Cecilia de Requena y a personas ilustres como D. Daniel Martínez Marín. No me cabe duda que hemos perdido a un gran oboísta, Pablo Motos es una profesional creativo e inteligente y hubiese demostrado estas mismas dotes con el oboe. ¡Lástima¡

Y poco más.

Manuel Tomás Ludeña